A los amigos de Videoclub del Mirador: Este habrá de ser nuestro
último envío de 2007 y por su intermedio queremos transmitirles varias cosas: En
primer lugar, les informamos que la exhibición de películas de nuestro catálogo
en Cinéfilo La Rueda Bar se reanudará a partir de la segunda quincena
de febrero del nuevo año. Más cerca de esa fecha volveremos sobre este
particular para proporcionarles mayores detalles acerca de cómo de desenvolverá
esta actividad a lo largo de 2008. En segundo término, y como no podía ser de
otra manera, les deseamos un año nuevo pleno en realizaciones personales y en
momentos de alegría y felicidad; que dicho período sea rico e intenso en cuanto
a vuestra relación con el Séptimo Arte, de tal manera que puedan ver y disfrutar
de más y mejores películas, esperando que algunas de ellas sean las que nutren
el atractivo catálogo de nuestro videoclub. Por último, hemos decidido que la
manera más atinada de despedirnos hasta dentro de algunos días, cuando hayamos
ingresado de lleno al bisiesto 2008, es compartiendo con todos ustedes una
excelente nota aparecida recientemente en el diario La Nación sobre un
grande del cine, ese ya "cuasi argentino" que, nada más y nada menos, lleva por
nombre Francis Ford Coppola. No dejen de leerla, es sumamente
extensa pero muy valiosa y viene bien para enterarse de cuál es la reflexión que
el director de El Padrino I, II y III - Apocalypse Now - Tucker, un hombre y
su sueño - Golpe al corazón y Drácula, entre otras, hace sobre su propia
obra y trayectoria como cineasta y sus planes actuales en torno a la realización
cinematográfica. Bueno, muchas felicidades y hasta el próximo contacto.
Regreso a las fuentes
Francis Ford Coppola
Después de diez años de ausencia, el director estadounidense vuelve al cine
con Youth Without Youth, un film de bajo presupuesto que finalmente lo
refleja. El gran cineasta en una entrevista desbordante de confesiones
íntimas.
http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/revista/nota.asp?nota_id=970487

Francis Ford Coppola tiene muchas señas particulares: barba, un par de
anteojos ahumados, un pañuelo al cuello y una boina. Cuando le cubre la cabeza,
se parece al Che Guevara. Con el cabello al descubierto, se parece más bien a un
mercenario.
Hoy no lleva la boina. Su cabello está impecablemente peinado en forma de
melena. El traje azulado le sienta de maravillas. Está confortablemente
arrellanado en un sofá del hotel parisino donde se realiza la entrevista. Tiene
el porte del jefe de una banda que ha vuelto a estar en la cima. Y, en el caso
de Coppola, las apariencias siempre dicen la verdad.
Personalmente, conocí al realizador de El padrino en 1997, durante la
promoción de El poder de la Justicia (The Rainmaker). Se lo veía silencioso y
taciturno, inexpresivo y desilusionado. La camisa desabotonada se le salía
descuidadamente del pantalón. Los periodistas lo desesperaban. Su film, adaptado
de un best seller de John Grisham, sobre un abogado que le inicia un juicio a
una multinacional, no le interesaba en absoluto. En realidad, esa película
terminaba un período negro de quince años. El director más prestigioso de la
década de 1970 había acumulado films por encargo para saldar una deuda de 30
millones de dólares contraída con el Chase Manhattan Bank tras el fracaso de su
film musical Golpe al corazón (One From the Heart, 1982) y la quiebra de su
estudio, American Zoetrope. "No sé qué voy a hacer –decía Coppola entonces–.
Pero sí sé que mis últimos films no fueron satisfactorios para mí. Ahora tengo
tiempo. Pero no sé qué haré con él."
Su potencia actual se mide por el uso de ese tiempo recobrado. Coppola ha
vuelto a ser un hombre apurado. Acaba de terminar su primera película en diez
años, Youth Without Youth, una adaptación de la novela de Mircea Eliade,
escritor e historiador de las religiones rumano. Se dispone a regresar a Buenos
Aires para empezar el rodaje de Tetro, un film autobiográfico sobre una familia
siciliana emigrada a la Argentina. El tiempo perdido lo obsesiona. "Debo volver
a trabajar. Por lo menos, una cinta por año."
Como los dinosaurios, el realizador estadounidense aparece y desaparece con
los terremotos que jalonan su carrera: éxito colosal con El padrino (1971),
rodaje homérico de Apocalypse Now (1979), ruina financiera con Golpe al corazón
(1982). Sólo una falla temporal le permitiría resurgir. Así, se propuso recobrar
el tiempo. "Durante todos estos años recordé esas películas: Cotton Club, El
padrino 3, Drácula, realizadas para pagar mis deudas. Pensé en mis hijos, y me
dije que no quería decirles en mi lecho de muerte que hubiera querido tener una
carrera diferente. Tenía 66 años, una edad en la que uno se instala en la
posición de un abuelo. Una edad en la que hay que vestirse de gala para
participar en una fiesta de una institución de caridad. Pero no quería nada de
eso; no quería morir. Mi deseo más intenso, ahora que era un cineasta de 66
años, era convertirme en un cineasta de 18 años. Y reconozco que es algo muy
difícil. Pero posible. De todas maneras, es eso o nada."
Fracasar nunca fue una opción para Coppola. Ha perfeccionado esa mentalidad
de samurái desde el rodaje de Apocalypse Now. En la cima de su poder, Orson
Welles, justo antes de abocarse a El ciudadano, no había conseguido montar su
adaptación de El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Coppola sí lo
logró. Los 238 días en Filipinas, enfrentando las guerrillas y soportando
tifones, le infundieron un sentimiento de invencibilidad. "Perdimos
progresivamente toda sensatez. Lo que estaba en juego era tanto que no teníamos
otra alternativa más que lograrlo. El secreto es ponerse en una tesitura mental
en la que ya no se puede imaginar el fracaso."
Para un hombre que ha triunfado sobre los elementos, ignorar las ofensas del
tiempo es una peripecia. Ya había escenificado esa zambullida en el tiempo en El
padrino 2 (el paralelismo entre el ascenso de Michael Corleone y el de su padre;
Apocalypse Now (la navegación por el Mekong de un grupo de soldados
estadounidenses se convierte en una búsqueda de los orígenes), y en Peggy Sue,
su pasado la espera (1986), donde una madre de familia vuelve al pasado para
vivir una vez más sus años de estudiante. Un reloj en el que las agujas giran al
revés es el leitmotiv visual de Youth Without Youth (Juventud sin juventud).
Para Coppola, trucar una imagen siempre ha sido una manera de actuar sobre la
realidad. "Siempre he creído que si uno se dedica apasionadamente a su trabajo,
éste modifica el porvenir. Cuando hice Tucker, en 1988, un film inspirado en la
historia real de un hombre que había querido construir su propia fábrica de
autos, todo el mundo me dijo: Tú eres como Preston Tucker; los grandes de
Hollywood no te permitieron construir tu propio estudio. Y algo todavía más
extraño. un año antes había hecho Jardines de piedra, un film que relata la
pérdida de un hijo. El primer día de rodaje, mi hijo murió en un accidente.
Finalmente, hice El poder de la Justicia, en la que un joven abogado demanda a
una multinacional. ¿Qué me ocurre entonces? Gano mi juicio de 20 millones de
dólares contra Warner Bros. por ruptura abusiva de contrato para una nueva
versión de Pinocho."
Coppola quería lograr una vez más en su vida lo que tantas veces había
logrado en el cine. Pero esta vez, con Youth Without Youth, ya no se trataba de
influir sobre el futuro. La novela de Mircea Eliade se la propuso una amiga de
la infancia, Wendy Doniger, especialista en sánscrito e historia de las
religiones de la Universidad de Chicago. Relata la historia de un profesor de
lingüística, en Rumania, y transcurre en 1938. Golpeado por un rayo, el profesor
milagrosamente rejuvenece y aprovecha el aplazamiento de su muerte para
proseguir sus investigaciones sobre el origen del lenguaje. "Con frecuencia,
Francis y yo hemos hablado de la mitología del tiempo –recuerda Wendy Doniger–.
En uno de sus guiones nunca producidos, hay un personaje con la capacidad de
detener el tiempo. Ese poder se le atribuía al personaje interpretado por
Kathleen Turner en Peggy Sue. Yo conocía bien el tema. Mircea Eliade estaba
obsesionado por el tiempo, particularmente por el fantasma de ser capaz de
detenerlo. Cuando era joven decidió acostarse un poco más tarde cada noche y
despertarse algunos minutos antes cada mañana hasta que lograra dormir solamente
una hora por noche. Pero al poco tiempo cayó enfermo y debió abandonar el
experimento."
La idea de un cine a escala más pequeña se la sugirió a Coppola la
experiencia de su hija Sofia, también convertida en cineasta con Las vírgenes
suicidas, Lost in Translation y María Antonieta. El propio Coppola produjo esos
films. El éxito artístico y comercial de su hija, en un momento en el que su
propia carrera parecía extinguida, fue muy difícil para el realizador. El paso
de una generación a otra significaba también la desaparición progresiva de él
mismo, que se había convertido en mentor y no en creador: "Estaba muy contento
por ella, pero me decía que yo mismo no había logrado hacer lo que deseaba".
Para no caer, con Youth Without Youth, en la situación de un cineasta famoso
que debe rodar un film de gran presupuesto, Coppola se puso en el lugar de un
estudiante de cine. Recorrió Rumania en 2005, en compañía de su nieta Gia,
buscando los lugares mencionados en la novela de Eliade. Le pareció que para
filmar una historia de rejuvenecimiento debía rodearse de un equipo joven,
reclutado localmente. Esta obsesión por la edad es el centro del documental
(Coda: Thirty years later) consagrado al cineasta y filmado por su mujer,
Eleanor Coppola, que fue presentado en octubre en el festival de Roma, donde se
estrenó Youth Without Youth. Los treinta años a los que alude el título hacen
referencia a otro documental de Eleanor Coppola, Hearts of Darkness: a
Filmmaker’s Apocalypse, que registra el destructivo rodaje de Apocalypse Now.
Coda... muestra a un cineasta obsesionado con la juventud. Cintas amateurs,
documentos inéditos en súper 8 sobre la familia, se muestran aquí por primera
vez. La conclusión es siempre la misma: Coppola jamás debió haber abandonado el
territorio de la infancia.
Coppola filmó Youth without Youth con la misma economía de medios que su
road-movie Dos almas en pugna (The Rain People, 1969): utilizando un camión de
filmación que le permitía rodar donde se le antojara, de manera casi
improvisada. Empezó a filmarla en abril de 1968 en Nueva Jersey, para dirigirse
hacia el Oeste, hasta Nebraska. Aunque el guión de la película estaba escrito,
las locaciones no habían sido determinadas de antemano. La idea de un camión de
filmación, superliviano y rápido, apuntaba a que no fuera localizable. Era algo
que producía un sentimiento de onmnisciencia: la idea de estar en todas partes y
de actuar sobre el espacio, tal como hoy sobre el tiempo, era su sueño. "En la
época del Padrino y de Apocalypse yo veía al director como un general cuyas
órdenes nadie podía discutir. He vuelto a ser el realizador que era en la
adolescencia, el jefe de una banda clandestina que no siempre sabe dónde situar
la cámara y que todo el tiempo formula preguntas."
En La conversación, Harry Caul (Gene Hackman), un detective privado, permite
que se cometa un asesinato por incomprensión. Traicionado por su equipo de
vigilancia, se sume en el mutismo. Al igual que todos los personajes de Coppola:
el capitán Willard de Apocalypse Now, Michael Corleone en El padrino 2, Harry
Caul es el álter ego del director, inalcanzable y perdido en su soledad. La
experiencia del rodaje de Youth... ha terminado de convencerlo: jamás volverá a
ser el cineasta demiurgo y triunfador de la época de Apocalypse Now, sino un
experimentador, desprovisto de certezas, perdido en sus sueños, acosado por
preguntas, abandonado por su tropa. "Creo que la carrera de Francis podría
compararse con la de Matisse, quien creó su obra más audaz después de los 80
años", estima en su documental Eleanor Coppola.
"El personaje del hombre solo me obsesiona", reconoce hoy el realizador de El
Padrino. "Ya era el tema de mi primer cortometraje. Filmé a un cincuentón, solo
en su cueva, comiendo latas de conserva. Ese hombre soy yo. Es la idea de que
tal vez no pueda ser un jefe de banda, sino un simple tipo solitario. La verdad
es que me robaron mi carrera. Y como me la robaron, tuve que acomodarme a un rol
para el que no estaba hecho. La gente no entiende que puedo hablar con tristeza
de El Padrino. Ese film es un fracaso personal. Me cambió la vida, pero no
necesariamente para mejor, aunque todo el mundo considere esas películas como un
logro artístico y comercial. Ese éxito me estancó, llevándome a hacer grandes
films comerciales cuando en realidad yo quería hacer pequeñas películas
artísticas, como Woody Allen. Como Bergman en su isla, con sus amigos. Un film
por año, en mi microcosmos; ésa era mi aspiración."
A fines de la década de 1960, Francis Ford Coppola era el primero en la fila
de una generación de cineastas que quería trasformar la industria
cinematográfica estadounidense, amenazada por el creciente poder de la
televisión. Después de dos films independientes, uno de horror, Dementia 13
(1963), y un film parcialmente autobiográfico, You Are a Big Boy Now (1966),
Coppola fue el primer director de su generación que firmó un contrato con un
gran estudio, para hacer El valle del arco iris (Finian’s Rainbow), una comedia
musical con Fred Astaire y Petula Clark. Se había establecido en San Francisco,
al margen de Hollywood, en busca de los fondos necesarios para crear su propia
productora, American Zoetrope. Por eso había firmado un acuerdo de desarrollo
con Warner Bros. Coppola pensaba que era posible una alianza con los estudios. A
ellos les tocaba maquillar las imágenes. A él, la elaboración de los prototipos.
Su objetivo era convertir a American Zoetrope en una estrella cuya luz fuera
suficientemente intensa para atraer a los nuevos talentos. Entre ellos, John
Millius, Carroll Ballard y el futuro realizador de La guerra de las galaxias,
George Lucas. "Francis era el gran caballero andante –dijo este último en una
entrevista con The New Yorker, en 1998–. El fue quien nos dio nuevas
esperanzas." John Millius tiene una visión aún más épica de Coppola: "Nos
repetía que éramos el Caballo de Troya. Pero eso no era del todo exacto. Francis
ya había transpuesto la entrada. Ninguno de todos ellos –Lucas,
Spielberg–hubiera existido sin la ayuda de Francis. El iba a convertirse en el
representante de un nuevo orden, de absoluta ruptura con el viejo orden. Con él,
los artistas tomarían el poder".
Coppola impresionaba a su pares, a Hollywood y a la prensa por su decisión y
autoridad. Después de El valle del arcoiris se lanzó a rodar un road-movie, Dos
almas en pugna (1969), producido con el dinero de la Warner, a pesar de la
reticencia de sus directivos.
La audacia de Coppola había sido adquirida cuando estudiaba arte dramático en
la Universidad Hofstra: "Lanzamos producciones ambiciosas y los responsables de
la facultad nos decían: no sean tontos, es algo demasiado pesado para
estudiantes. Pero para mí no era demasiado pesado ni difícil. Logramos concretar
todos nuestros proyectos".
El padre de Coppola, Carmine, un flautista de la orquesta de Arturo
Toscanini, había agregado al nombre de su hijo el de Ford, como homenaje a Henry
Ford. Ford fabricaba autos. También construía ciudades. "Todavía hoy me
preguntan qué haría con la fortuna de Bill Gates. Y yo invertiría 500 mil
millones de dólares para construir la ciudad del futuro. Sus ciudadanos no
trabajarían más. Estudiarían todo el día y harían deporte. El arte sería el
valor más importante." Para Francis Ford Coppola, la industria del cine no podía
perdurar sin un visionario capaz de reinventarla.
Ese sueño se derrumbó el 19 de noviembre de 1970. Ese día fue apodado "el
viernes negro" por el equipo de Coppola. La Warner decidió supervisar por su
cuenta el montaje de la primera producción de American Zoetrope, THX 1138, un
film de ciencia ficción realizado por George Lucas. Warner exigió también a
Coppola que devolviera el capital de desarrollo para los proyectos que aún no
habían visto la luz. El cineasta no tuvo más alternativa que aceptar la primera
oferta seria que le hicieron para poder salvar su empresa. Así, a su pesar,
consintió en dirigir un film de gángsters adaptado a partir de un best seller de
Mario Puzo.
El Padrino
El enorme éxito artístico y comercial de esa obra pertenece al reino de la
leyenda. Sin embargo, convirtió en víctima a su creador. La hermana de Francis
Coppola, Talia Shire, que encarna a la única hija de la hermandad Corleone,
comparó a su hermano con un actor a quien le dan un rol emblemático cuyo peso no
puede soportar. "Cuando uno interpreta a un personaje muy fuerte, cuando no
tiene hombros suficientemente sólidos como para soportarlo, queda aplastado."
Coppola jamás se recuperó del rodaje después del éxito de El Padrino. "Las
tres primeras semanas de rodaje creí que me despedían al final de cada jornada.
La Paramount se preguntaba seriamente si no se habría equivocado con el
director. Antes del estreno, yo seguía creyendo que ese film me costaría la
carrera." Y luego agrega: "En cierto modo, ese film me aniquiló. Me obligó a
seguir la dirección opuesta a la que me proponía. Yo quería escribir y dirigir
pequeños films originales. Tantas puertas se me podrían haber abierto después de
El Padrino... American Zoetrope podría haberse convertido en una empresa de
enorme importancia que revolucionara la producción cinematográfica. De repente,
tenía la posibilidad de hacer cosas inimaginables. Pero sólo lo logré una vez,
con La conversación. Y para eso tuve que aceptar hacer El padrino 2. Fue una
terrible frustración constatar que a nadie le interesaban mis proyectos
personales. Al aceptar El Padrino les di la espalda a los ideales que había
establecido al principio de mi carrera. En cambio, me concentré en grandes
producciones con presupuestos faraónicos. Me conocían por eso; quise hacerle
honor a mi reputación. Tomé el camino equivocado".
Ese gusto por el gigantismo, exacerbado por el rodaje de Apocalypse Now, se
convirtió en una obsesión. Persistió largo tiempo en ese error, convencido de
que seguiría siendo un hombre de superproducciones. El proyecto de realizar otro
film tan inmenso como su obra sobre la Guerra de Vietnam germinó en 1985,
durante la filmación de Peggy Sue. Titulado simplemente Megalópolis, ocupó a
Coppola durante casi veinte años. Para financiarlo, aceptó otros dos encargos,
Jack (1996) y El poder de la Justicia, ya que sus deudas habían crecido desde el
estreno de Drácula, en 1992. "Mi idea era que Nueva York es hoy lo que Roma era
en la antigüedad. Existen las mismas diferencias entre los grupos sociales, tal
como entre patricios y plebeyos o entre aristocracia y pequeña burguesía. Había
leído mucho sobre la Roma de la época de Cicerón. Lo que ocurre hoy en Nueva
York ya ocurrió antes en Roma: las luchas por el poder, las traiciones, la
codicia." Megalópolis se centra en dos personajes: el alcalde de Nueva York, que
pretende conservar el legado del pasado, mientras que un joven arquitecto aspira
a convertir la megalópolis en una ciudad del futuro.
Muchos actores empezaron a leer el guión escrito por Coppola. Entre ellos,
Russell Crowe, Nicolas Cage, Robert De Niro. En el mismo momento, el realizador
envió a Nueva York, a California y a Belice un equipo dirigido por Godfrey
Reggio, un ex seminarista convertido en documentalista. En la década de 1980,
Coppola produjo sus dos films más famosos: Koyaanisqatsi (1982) y Powaqqatsi
(1988), cuyo lirismo new age ganó seguidores entusiastas. William Friedkin,
realizador de Contacto en Francia y El exorcista, y amigo de Coppola, visitó el
set de Megalópolis, instalado en un hangar de Brooklyn: "En medio del hangar se
erguía una gigantesca maqueta de la ciudad imaginada por Coppola y por su
decorador, Dean Tavoularis. Yo no había visto jamás una maqueta tan
impresionante, salvo la del Museo Getty. El objetivo de Francis era recrear una
ciudad futurista sobre el modelo de Metrópolis, de Fritz Lang. Empezó a
reescribir el guión sobre la base de las sugerencias de los actores con los que
se había contactado. El proyecto se eternizaba".
Los atentados terroristas del 11 de septiembre, el día en que Coppola
regresaba a Nueva York, modificaron la naturaleza misma de su guión. Es
imposible imaginar una Nueva York del futuro sin integrar esa catástrofe.
Coppola nunca logró liberarse de esa limitación. Otro problema está relacionado
con las características de Coppola como guionista. Suele olvidarse que este
realizador genial es también un guionista superdotado. Pero ese talento suele
expresarse con dolor. Se pasó meses reescribiendo Apocalypse Now. Casi hasta
perder la razón y arrojar sus Oscar por la ventana. "Francis anda mal", escribió
Eleanor Coppola en su diario de filmación de Apocalypse Now.
Este agotador proceso de escritura también influyó en el caso de Megalópolis.
"Me pasé veinte años escribiendo ese guión. Era un problema. Pero, al mismo
tiempo, Tolstoi reescribió diez veces La guerra y la paz... ¿Por qué no podía
pasarme a mí? Y había otro problema. En una de las versiones, el personaje muere
antes de haber construido la ciudad del futuro. Tuve miedo de que mi vida
repitiera el film que quería rodar. Yo quería ver el futuro. Y, además, me daba
cuenta de que ese film costaría 80 millones de dólares. Y no tenía la fuerza de
mendigar esa suma. Megalópolis era una mujer que yo deseaba, pero que no me
quería. Youth Without Youth fue una mujer rumana en cuya compañía me fugué."
Por primera vez se pueden ver fragmentos de Megalópolis en el documental de
Eleanor Coppola. Son sorprendentes. La ciudad del futuro recuerda efectivamente
a la Metrópolis de Fritz Lang, con un vigor fulgurante y una vitalidad
estilística inolvidables.
El reino de los sueños de Coppola no encontrará jamás encarnación definitiva
en la pantalla. Sin embargo, se ha concretado en la vida real. El director
compró, en 1975, con su parte de ingresos producidos por El Padrino, un viñedo
en Napa Valley, a una hora de San Francisco. La adquisición de esa propiedad no
era una prioridad. Además, habían rechazado su primera oferta. Esa reacción
atizó su deseo. Quería tener ese viñedo fundado por un tal Gustav Niebaum, un
marino finlandés. Y finalmente lo consiguió. Incluso en el peor momento del
desastre de Golpe al corazón prefirió pagar sus deudas antes que ir a la
quiebra, para poder conservar su viñedo. Las ganancias de Drácula le permitieron
crecer. Hoy se ha convertido en uno de los más grandes y más visitados de la
región. El nombre de Coppola es hoy un imán para los turistas.
El relativo eclipse artístico del cineasta en la década de 2000 no oscurece
el éxito de la marca Francis Ford Coppola Presenta. Convertida en un imperio
financiero, en gran parte basada en la industria agroalimentaria, la empresa
agrupa los viñedos y las bodegas, una fábrica de pastas y de salsa de tomate,
complejos hoteleros en Belice y Guatemala, y una revista literaria, All-Story.
"Sería inexacto decir que soy rico. No. Soy inmensamente rico. ¿Acaso conoce
a algún cineasta que se haya alejado diez años del set para hacer fortuna en la
bolsa? Sin embargo, ésa es mi historia. El vino reemplazó a la bolsa, y me abre
las puertas del cine. Y a eso hay que agregarle las ganancias de Apocalypse Now,
cuyo negativo me pertenece. El film reporta más ganancias hoy que cuando se
estrenó. Siempre creí que un hombre de negocios debía dedicarse a ser artista.
Ahora estoy en situación de hacer lo que siempre soñé, es decir, de financiar
mis propios films, con toda independencia."
Cuando era niño, Francis Coppola le preguntó a su padre si él era el músico
más grande del mundo. "Claro que no..., están Mozart, Beethoven, Verdi..., y
muchos más antes que yo", respondió el padre. "Pero me había entendido. Lo que
yo quería saber en realidad era si él era el peor músico, y no era así. Poder
decir que mi padre se encontraba en la categoría intermedia era suficiente para
mí." Pero él mismo aspiró durante años a convertirse en el mejor director de
cine de la historia. "Era una idiotez –afirma hoy–. Existieron Pabst,
Eisenstein, Fellini. Pero sé que no soy el peor. Es evidente. No ser el peor
basta para hacerme feliz. Es una razón más que suficiente para seguir
trabajando."
Por Samuel Blumenfeld (Le Monde/LA NACION)
revista@lanacion.com.ar
Para saber más: www.imdb.com
El director y su obra:
Youth Without Youth (2007)
El poder de la Justicia (1997)
Jack (1996)
Drácula (1992)
El Padrino III (1990)
Historias de Nueva York (1989)
Tucker (1988)
Jardines de piedra (1987)
Captain Eo (1986)
Peggy Sue, su pasado la espera (1986)
Cotton Club (1984)
La ley de la calle (1983)
The Outsiders (1983)
Golpe al corazón (1982)
Apocalypse Now (1979)
La conversación (1974)
El Padrino II (1974)
El Padrino (1972)
The Rain People (1969)
El valle del arcoiris (1968)
You’re a Big Boy Now (1966)
Dementia 13 (1963)
Bellboy and the Playgirls (1962)
Tonight For Sure (1962)
Buenos Aires, la ciudad que lo enamoró
"¿Autobiográfica? No, no puedo decir que lo sea totalmente, porque si lo
hiciera, el fantasma de mi padre me perseguiría", declaró Francis Ford Coppola
cuando se le preguntó por el origen de Tetro, la película que comenzará a filmar
en la Argentina en febrero próximo y que contará con la actuación (aún sin
comunicación oficial) de Matt Damon, los españoles Javier Bardem y Maribel
Verdú, y los argentinos Leticia Bredice y Mike Amigorena. Se llegó a hablar de
Rodrigo de la Serna, pero aún estaría en negociaciones. "Está ciertamente
inspirada en cosas que vi cuando era chico, cosas que sentí. Es algo que me
gustaría conjurar ahora." El proyecto de Tetro, esa historia de hermanos y
padres que tiene como eje la inmigración italiana en el Río de la Plata, lo
trajo a nuestro país para instalar en el barrio de Palermo la productora
Zoetrope Argentina, en un hotel boutique de 550 m2 por el que pagó 900.000
dólares.
Desde que llegó, en un avión de línea, el sábado 9 de junio, el director de
El Padrino recorrió la ciudad en taxi, visitó anticuarios, conoció la
tradicional Feria de Mataderos, hizo varias filas para distintos espectáculos de
teatro, vio un partido de fútbol en la Bombonera y hasta fue condecorado como
Colifato ilustre por la radio La Colifata. Coppola no se perdió la oportunidad
de participar de la transmisión en vivo de la radio que llevan adelante internos
del hospital Borda. Y como un ciudadano más, su productora fue víctima de robo.
Ocurrió el 26 de septiembre pasado, cuando cinco hombres armados irrumpieron en
la casa y se llevaron muchas cosas, entre ellas, tres computadoras que incluían
el guión de Tetro. "Estoy muy furioso. Tenía muchas cosas, son 15 años de
trabajo. Se llevaron todos mis archivos, mis fotos, mis escritos", dijo Coppola
a un canal de noticias. En ese momento se especuló con que el cineasta haría las
valijas y se mudaría, pero, contra todo pronóstico, aseguró que se quedaría. Por
días, la noticia del robo del guión y de su copia de seguridad se hizo presente
en todos los medios. Se habló de una supuesta recompensa y de la puesta en venta
en un sitio de Internet del guión robado. Todo indicaba que el rodaje de Tetro
quedaría en la historia. Pero Coppola, en una clase abierta que ofreció el 3 de
noviembre en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización
Cinematográfica (Enerc), comentó: "Es muy deprimente que te roben y, si bien
perdí algunos datos, no perdí el guión de mi nueva película. Tengo copias". El
film, que según transcendidos tendrá como primer escenario el barrio de La Boca,
y se filmará en blanco y negro, contará con la fotografía de Mihai Malaimare y
la música del compositor platense Osvaldo Golijov. Ambos trabajaron con Coppola
en Youth Without Youth, su última película. Además, Tetro tendrá un staff
técnico casi enteramente argentino. No hay dudas. Buenos Aires lo enamoró. "Esta
ciudad tiene una relación muy particular con el arte. Uno abre cualquier puerta
de Buenos Aires y se encuentra con un espectáculo", comentó el director ,que
pronto dará la voz de "acción".
Fabiana Scherer
fscherer@lanacion.com.ar

http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/revista/nota.asp?nota_id=970487
VIDEOCLUB DEL MIRADOR
Ese otro cine, el que perdura
www.videoclubdelmirador.fullblog.com.ar