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Tiempos de Reflexión
Edición de febrero
El peso del agua se volvía insoportable para Duncan Otieno, quien tuvo que
detenerse por unos instantes para tomar un respiro. Dejó las dos cubetas repletas
del líquido en el suelo, alzó el sudado rostro al cielo y entreabrió los labios.
Lentamente intentó aspirar algo del oxígeno existente en aquella masa de aire
polvoriento y sofocante que reposaba permanentemente como una maldición sobre
Huruma, uno de los barrios bajos de Nairobi. El joven conocía a la perfección
este infierno en miniatura, que en mucho se parecía al resto de la ciudad: una
colección de casas amontonadas, repartidas al azar entre calles olvidadas que
conducían siempre al mismo lugar: la miseria. A sus veintidós años, Duncan no
conocía nada distinto a la pobreza y, por lo tanto, la desgracia de su vida era
algo que se tomaba con plena resignación, como una ley fundamental a la que nunca
podría escapar. Pero también ignoraba que a partir de ese momento la manera en la
que contemplaba su existencia comenzaría a cambiar.
Mientras intentaba recuperar el aliento, y no lejos de allí, una voz salía
atropelladamente y a borbotones de un aparato de radio más destartalado que el
puesto callejero en el que se encontraba colgado. El tendero apenas y le prestaba
atención, hallándose más ocupado en espantarse las moscas de su piel oscura. Sin
embargo, a Duncan aquella voz, que se perdía por segundos y volvía a aparecer
clara y radiante en diminutos lapsos, terminó por hechizarlo al ir narrando una
historia salida del imaginario de la selva.
El relato hablaba de un inmenso bosque, el cual un buen día fue tomado por
sorpresa por un incendio de tremendas proporciones. Todos los animales comenzaron
a huir, atemorizados por quedar atrapados entre las llamas. No obstante, se podía
observar que uno de ellos se negaba a abandonar el lugar. Se trataba del colibrí,
que volaba en dirección al río y luego de vuelta hacia el incendio, una y otra
vez, transportando toda el agua que podía almacenar en su pequeño pico. Desde una
distancia razonable, el resto de los animales se mofaba de él. "¿Qué haces?", le
preguntaban. "El fuego es demasiado grande, nunca lo podrás extinguir". Y
entonces el colibrí se volvió hacia ellos, respondiéndoles: "Hago lo que puedo".
Duncan no tenía ni la menor idea de que aquella fábula había sido recitada por
una paisana suya, la keniana Wangari Maathai, primera mujer africana en haber
recibido el Premio Nobel de la Paz. Lo único que tenía consciente es que, así
como el colibrí, él también se hallaba transportando agua -aunque sólo fuera para
apagar la abrasadora sed de su familia- y que sentía unas ganas terribles por
desplazarse al parque Uhuru, lugar desde el cual se habían transmitido las
palabras que acababa de escuchar por la radio, y en donde se llevaba a cabo la
edición más reciente del Foro Social Mundial.
Este foro se trata de una reunión anual a la que asiste una multitud de
activistas, movimientos sociales, redes, coaliciones y otras fuerzas progresistas
provenientes de todos los rincones del mundo que se oponen al neoliberalismo y
que proponen la implantación de un proceso de globalización alternativa. Fue
organizado por primera vez en el año de 2001 en la ciudad brasileña de Porto
Alegre como oposición a ese otro foro que se organiza anualmente en la localidad
suiza de Davos y que congrega a un grupo formado por jefes de estado y la elite
empresarial y financiera internacional.
Este año, el foro se celebró enteramente en el continente africano, más
precisamente en Nairobi, la capital de Kenia, lo que supuso un gran reto. No es
difícil imaginar las enormes las dificultades que en encierra la organización de
un evento de esta naturaleza en una de las áreas más pobres del planeta, donde
habitan, a su vez, las sociedades civiles más jóvenes, más reprimidas y menos
atendidas del orbe. Sin embargo, los organizadores del mismo lograron la
participación de cerca de cincuenta mil asistentes, entre los que se
distinguieron varias figuras reconocidas internacionalmente, como la misma
Maathai, el también Nobel sudafricano Desmond Tutu, Winnie Mandela, ex-esposa del
famoso Nelson y la dirigente Aminata Traoré. No obstante, hay que señalar que el
acontecimiento pasó casi inadvertido por la prensa internacional.
La ignorancia de Duncan era vasta y obviamente desconocía todos estos
antecedentes al llegar al parque Uhuru, donde se llevaban a cabo los festejos.
Una multitud colorida de personas bailaba, cantaba y lanzaba consignas sobre una
gran variedad de temas. Algunos de ellos nunca los había escuchado, como el
cambio climático, la condonación de la deuda a los países pobres o el comercio
desigual. Pero creyó comprender algo sobre otros, tales como el SIDA, las
migraciones, el maltrato a las mujeres, la lucha por la tierra y el combate
contra la pobreza. Entonces cayó en la cuenta de que tales problemas los vivía él
mismo en carne propia y que igualmente afectaban a muchas de las personas que lo
rodeaban. Pero, lo que era más importante, al parecer todos los allí reunidos, no
sólo se quejaban de tales males, sino que había venido mucha gente de fuera para
buscar solucionarlos. Esto le llenó de alegría el corazón, y muy pronto sintió
las ansias de unirse a la celebración. Y así, mientras movía su cuerpo al ritmo
de los tambores, se imaginaba a todo ese gentío congregado allí como una
gigantesca parvada de colibríes, todos buscando apagar un descomunal incendio,
todos aportando pequeñas cantidades de ayuda, todos haciendo lo poco que podían.
Con estas ideas damos inicio a la edición de febrero de Tiempos de Reflexión,
revista que este mes cumple seis años de existencia. A continuación se detallan
los textos que están incluidos en la presente entrega:
Hector Castillo, en su artículo "Hay bueyes que cruzan el pantano", nos habla
de ciertas conversiones "ideológico"-políticas de la vida nacional, haciendo una
reflexión acerca de la candidatura de Ana Rosa Payán. ¿Creerán estos personajes y
los dirigentes de los partidos que sus historias no se manchan cuando al mejor
postor aran en sentido contrario?
Jaime Martínez Veloz nos hace una extensiva invitación a reflexionar la
situación de Tijuana, brindándonos sus propuestas y puntos de vista para que "la
ciudad vuelva a sonreír de alegría y satisfacción".
"Para que el presupuesto alcance" es un artículo de Salvador Ordaz que
plantea la necesidad de acabar con la corrupción en México para alcanzar un
verdadero desarrollo, y señala que "es tiempo de exigir responsabilidades; es
tiempo de reconocer entre nosotros que la sociedad que no reclama, se corrompe".
Continuando con la crítica constructiva, Ordaz nos ofrece otro artículo: "Gobernar,
desafío de un gabinete...", en donde reflexiona acerca del arte de gobernar, y lo
hace en torno a tres características principales: pasión, sentido de
responsabilidad y mesura.
"La Reforma Constitucional" es el título del artículo que este mes nos brinda
Jesús Collins. A través de él nos señala la relevancia de que "el Estado del
siglo XXI reinvente su institucionalidad para servir mejor al desarrollo
socioeconómico y modifique la función de los aparatos de Estado para que se
conviertan en auténticamente públicos".
Víctor Manuel Barceló en su artículo "PEMEX, antes de que el futuro nos
alcance", hace un llamado a la reflexión acerca de los costos en los que incurre
la petrolera mexicana, que a "la abulia de algunos gobiernos le permite burlar
compromisos que no puede soslayar ninguna entidad que realice actividades
peligrosas y deteriorantes del medio ambiente en que se desenvuelve la vida
humana".
Roberto Simeon nos regala la primera parte de su reflexión histórica acerca
del sindicato. El autor hace hincapié en las causas de su origen y la importancia
que tiene esta asociación para la sociedad: "el sindicato es el tenso enlace de
conjunción dialéctica entre el desarrollo económico y el desarrollo social".
Cristián Frers nos habla acerca del cambio climático, mostrándonos evidencias
mundiales, para luego abocarse a la problemática que tiene Argentina en torno a
este importante tema. Frers nos hace reflexionar enfrentándonos con la realidad y
nos dice que "el calentamiento del planeta es un riesgo que no podemos
permitirnos el lujo de seguir desconociendo".
Luis M. Aguilar nos regala una reflexión acerca del mundo en el que vivimos,
acentuando la necesidad de dedicar tiempo para enriquecer nuestro espíritu,
señalando que "entre más tiempo dedique uno a actividades relacionadas con la
evolución de nuestro ser espiritual, más feliz y relajado se estará".
Al igual que hemos hecho a lo largo de estos seis años, las personas que
hacemos posible esta revista esperamos que los textos aquí reunidos sean de su
completa satisfacción. Y en nombre de todo este equipo de editores y
colaboradores, les doy las gracias por acompañarnos mes con mes y los invito a
que lo sigan haciendo en el futuro.
Marco Sakai
Editor
Para consultar los textos que aquí se mencionan, visite nuestra revista
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