Lo que el día 31 escribió la Dra. Vázquez en esta lista de Terraeantiqvae
dudando sobre la ecuación “Augusto princeps e imperator” me anima del todo a
contestar ahora a otra cuestión que planteó Josep Rossell en la de Arqueohispania
hace unos días, acerca de la posible inexactitud de algunas manifestaciones
hechas por la Dª Carmen Gasset (Presidenta de la Fundación de Estudios Romanos,
muy amante de Mérida y muy activa promotora de iniciativas arqueológicas, como me
consta) al presentar la recién inaugurada exposición emeritense de la que aquí se
habla: “AUGUSTO, FUNDADOR DE EMERITA”. (http://www.hoy.es/pg040327/prensa/noticias/Merida/200403/27/HOY-LOC-004.html,
Museo
Nacional de Arte Romano, del 30 de marzo a mayo de 2004), es decir, si Augusto
era de verdad el fundador de Mérida, lo que demuestra que Josep conoce el
problema subyacente.
Me ha detenido unos días, para comentar en un sentido crítico el enfoque de
esta muestra, la íntima preocupación por si las razones del ámbito personal deben
prevalecer e impedir el deseo –casi la obligación en mi caso– de puntualizar
cuestiones estrictamente científicas pretendiendo además no ser malinterpretada,
ni en el ámbito personal ni en el profesional.
Tras meditarlo, y sopesada también la amistad que me une hace muchos años con
el director y los conservadores del Museo de Mérida, pero también su probada
liberalidad científica, al final he decidido que sí, que el interés de la
precisión histórica será capaz de disculpar en este caso una intervención
crítica, en atención a las muchas personas que, leyendo la noticia o la
exposición misma, saquen la errónea conclusión de que es algo cierto y probado
que Augusto fue el fundador de una Mérida ‘ex novo’ en el año 25 a.C., como
tradicionalmente se ha venido repitiendo (y así aparece, por cierto, en todas las
páginas web sobre Mérida que he consultado) y en lo que esta exposición insiste
cuando en realidad no es algo seguro. Este verdadero axioma de la Arqueología y
la Historia Antigua hispanas no sólo dista de serlo, sino que
es lo más probable que Mérida, como Caesarea Augusta (obsérvese su doble
nombre) y otras famosas ciudades hispanas, existiera bastantes años antes de
Augusto. Sin ir más lejos, las excavaciones de Zaragoza de los últimos años cada
vez están probando más que, como en el mismo año 1987 (1989-1990) propuse,
tampoco ella fue una colonia augustea 'ex novo', y se van reconociendo
construcciones y materiales de entre 100-25 a.C., lo que hasta hace muy poco se
había rotundamente negado.
Curiosamente, cuando se anunció en el mes de enero esta exposición de Mérida
su título previsto era “LA IMAGEN DE AUGUSTO” (http://servicios.hoy.es/pg040117/prensa/noticias/Merida/200401/17/HOY-MER-044.html
: “La primavera traerá a Mérida una muestra dedicada al fundador de la ciudad,
denominada 'La imagen de Augusto', que será organizada por la Fundación de
Estudios Romanos bajo la dirección de José María Luzón, patrono de la
institución y catedrático de Arqueología clásica de la Universidad Complutense de
Madrid...”). Apenas dos meses después nos la encontramos
rebautizada como “AUGUSTO. FUNDADOR DE EMERITA”, esto es, poniendo de relieve un
interés posterior en recalcar sobre todo, no la figura del emperador mismo, sino
su condición de "fundador", en un lugar previamente vacío, de Mérida.
Alguna razón (no sé si exclusivamentre científica) habrá para este llamativo
cambio, pero no cabe duda de que, desde los datos existentes, la primera era
históricamente menos arriesgada, salvo que se haya aprovechado la exposición para
exponer y aclarar al visitante y al científico la invalidez de los 18 argumentos
que hasta ahora existen –y he publicado en diferentes ocasiones– para pensar más
bien que Emerita ya existía bastantes o muchos años antes de que Augusto asentara
allí dos veces a nuevos veteranos y le diera el rango colonial junto con la
capitalidad de la nueva provincia de Lusitania. Aunque no he visto aún la
exposición, es muy posible que estos detalles no se hayan mencionado en ella. Y,
bajo estos principios, me voy a limitar a relacionar aquí asépticamente esos 18
argumentos que a mi juicio
ponen en una duda razonable la fundación de Emerita por Augusto en el 25 a.C.,
en atención a los muchos aficionados, alumnos y profesionales que frecuentan esta
Lista, que podrán sacar sus propias conclusiones, y para que no parezca que se
otorga aquello que no se discute.
La evidencia sobre la inexacta traducción que se venía haciendo del
fundamental texto sobre Mérida de Dión Casio (infra, nº 3) (que encontré en
1986 gracias a mi amigo Michael Blech, del DAI, un gran experto en colonización
griega, cuando me prestó el libro recién aparecido de M. Casevitz) me incitó a
moverme y buscar otros indicios que apoyaran la preexistencia de Mérida, y eso
fue lo que hice desde 1986, aunque sabía lo difícil que es en España ir contra
corriente en un asunto indiscutido por “los maestros”. Y claro que los había,
bastantes hechos anómalos y sin explicar. La mayoría (11) los expuse en 1987
(1989), y otros en otras publicaciones posteriores. Ahora los enumero todos,
divididos en dos grupos: argumentos histórico-epigráficos y argumentos de orden
arqueológico, explicados lo más breve y claramente posible y
ordenados según el peso que les atribuyo (excepto el nº 18, que es de carácter
fundamental y cierra las reflexiones):
1) EL LUGAR ESTRATÉGICO DE MÉRIDA. Si no un vado propiamente, Mérida está
sobre un paso del Guadiana estratégico desde tiempo inmemorial, con una gran isla
central que facilita el paso del ancho río y permite incluso la celebración de
mercados en ella, eco sin duda de una práctica muy antigua. De hecho, Mérida
controla el eje de una ruta peninsular S-N prerromana tan vieja como la de
Sevilla y Ayamonte hacia Salamanca y León. Añádanse a ello la extraordinaria
fertilidad del lugar y las facilidades para el ganado. Es un lugar, pues, que
debió de ser habitado y transitado comercialmente en diversas épocas anteriores a
Roma. Aunque autores como J.J. Enríquez desde la Prehistoria han asegurado
rotundamente que el lugar estuvo habitado en todas las épocas excepto en la
romana anterior a Augusto (lo que por definición ya resulta extraño), es
lo más probable que el hábitat vetón correspondiente no haya sido aún
localizado. En 1995 (1997) sugerí que puede estar en torno a un posible santuario
federal vetón, bajo la elevada zona de El Calvario, al O. y cerca de la
confluencia del ‘Ana’ con el ‘Barraeca’, que casualmente es la zona menos
excavada, estudiada y puesta en valor de toda la ciudad.
2) LA ACTIVIDAD MUNICIPALIZADORA DE JULIO CÉSAR EN EL ENTORNO DE MÉRIDA.
Quizá ya desde su 'praetura' en la Ulterior (61-60 a.C.), pero con seguridad
tras las guerras civiles (45-44 a.C.), Julio César crea campamentos o refunda
diversas ciudades en un amplio radio en torno a Mérida. Así, todos los municipios
de la Beturia Céltica que en su honor llevan el epíteto de “Julios”: Seria
(Jerez de los Caballeros, BA), Segida (Burguillos del Cerro, BA), Nertobriga
(Fregenal de la Sierra, BA), Ugultunia (Medina de las Torres y sus otros
núcleos, BA) y Lacimurga (Encinasola, H). Además, al N, al S y al O están al
menos las ciudades de Ebora Liberalitas Iulia (Évora), Pax Iulia (Beja),
Norba Caesarina (c. Cáceres) y
“Praesidium” Iulium Scallabis (Santarem), siendo claramente estos dos
últimos de origen campamental, por no recordar que también Olisipo (Lisboa) se
llamó “Felicitas Iulia”. Ante tal cantidad de ciudades “Julias” al sur, al
norte y al oeste de Mérida, ¿es razonable pensar que César, él mismo un gran
estratega, ignorara y olvidara dejar con hábitat y control precisamente el lugar
y paso quizá más privilegiados de todos los citados?
3) EL TEXTO FUNDAMENTAL DE DIÓN CASIO. Se trata de LIII, 25, 8. Aquí dice Dión
Casio (senador que escribe en griego a comienzos del siglo III d.C.) que, hacia
el año 25 a.C., «...acabada esta guerra (la Cántabra), Augusto licenció a los
más veteranos de sus soldados, y les permitió ‘ktísai’ una ciudad en Lusitania y
llamarla Augusta Emerita...». Desde siempre y por todo el mundo, y especialmente
desde el [a veces] pernicioso Adolf Schulten en sus Fontes Hispaniae Antiquae
(t. V, 1940, p. 328), se ha traducido este verbo griego, ‘ktísai’, como “fundar
ex novo”. Sin embargo, a partir de la citada monografía de Michel Casevitz
(prestigioso catedrático de Griego de Lyon) de 1985 sobre el vocabulario de la
colonización griega, en la que me apoyé en 1987 (1989-1990), no se puede ya
ignorar que
‘ktísai’ había significado eso en los tiempos clásicos de la colonización
griega (siglos IX-V a.C.). Pero que, con el paso de los siglos, pasó a significar
“construir, edificar”, esto es, una ampliación urbana, una reedificación, una
remodelación significativa en una ciudad que perfectamente puede preexistir; de
la misma manera que el ‘ktístes’ ya no sería más el “héroe fundador”, sino “el
benefactor, el gran evergeta” (hay diversos ejemplos que Casevitz aporta sobre
este hecho, referidos a emperadores y ricos prohombres).
Así que, como escribí en su momento, aplicando esa novedad al texto que
tratamos, había que dejar de ver a Augusto como “el fundador de Mérida”. Y que es
así en el mismo autor se prueba cuando el propio Dión Casio, al hablar algo más
adelante (LIV, 23, 7) de las colonias fundadas por Augusto en la Península, en el
año 16-15 a.C., dice que “como en Galia, ‘fundó’ muchas ciudades”. Pero aquí
usa el término ‘apoikítso’, verbo que sí está unido al significado romano de
“colonia, colonizar”, y que no usó más atrás para Mérida. Como conclusión de esta
novedad filológica, el texto de Dión Casio, escrito setecientos años después de
que los griegos dejaran de fundar colonias ‘ex novo', debe traducirse y
encuadrarse en esta nueva óptica. Para decirlo en otros términos, científicamente
resulta obligado aceptar esta
novedad, y proceder con lo demás en consecuencia.
4) ¿MONEDAS DE UNA COLONIA, SIN COLONIA? En efecto, como es bien sabido, todas
las amonedaciones iniciales de la ciudad, denarios y quinarios de plata (que son
de época pues mencionan al legado Carisio) llevan como leyenda de la ciudad sólo
“EMERITA” y por sus reversos se pueden considerar aún moneda militar. Las series
en bronce con reversos “arado y yunta” (que son las expresivas de la deducción de
una colonia), que llevan el letrero AVG(usta) · EMER(ita) son todas posteriores,
de hacia 2 a.C., mientras que la decisiva palabra “COL(ONIA)”, no se acuña hasta
esa misma época. Se reconocerá que, si es verdad que era una colonia nueva y de
Augusto, resulta muy extraño que ambos grandes honores no se hagan constar de
ninguna manera en sus propias monedas hasta casi un cuarto de siglo después.
5) EL OTRO NOMBRE OFICIAL DE LA CIUDAD: “C · I · A · E ·”. Aunque el nombre
oficial en el Alto Imperio es “Colonia Augusta Emerita”, hay ONCE testimonios
epigráficos, oficiales y privados, en los que aparece con una “I” anterior, de
Iulia (que, como es bien sabido, era el ‘nomen’ o apellido de César y caracteriza
a sus fundaciones): “C(olonia) I(VLIA) A(ugusta) E(merita)”; así en el sello de
una tubería de plomo de la ciudad, en los sellos de tres ‘tegulae’, en la
dedicación de una palma al Genio de la Colonia, y en seis sellos sobre
sigillatas, posible encargo oficial, aparecidas en Mérida y en los alfares de
Tricio, en La Rioja (cf. estudios de Étienne, Bost y Le Roux, aunque no los
ponen en relación con César). Es evidente que estas pruebas de que Mérida tuvo el
epíteto IVLIA establecen un claro paralelismo
con todas las ciudades y la actividad cesariana en la zona a las que me he
referido ya en el argumento 2º, y resultará reforzada por el testimonio de
relevantes historiadores árabes (infra, nº 18).
6) LAS LEGIONES FUNDADORAS DE MÉRIDA: LEGIONES DE CÉSAR. Las legiones
“fundadoras”, V Alaudae (“de la Golondrina”) y X Gemina, son cuerpos
militares que las fuentes citan siempre en relación con Julio César, no con
Augusto. De hecho, en el orden de batalla para Munda (Bell. Hisp. 30) César
tuvo a su izquierda a la legión V (que él mismo reclutó a sus expensas en la
Galia Transalpina, hacia 55 a.C.) y a su derecha a la X (posiblemente formada,
según J.M. Roldán, con efectivos traídos por César a Hispania). Además, las
monedas donde ambas aparecen citadas (según A. Beltrán), poco representativas en
el conjunto monetal emeritense, tampoco son del año 25, sino del 2 a.C. Otro
retraso bien extraño si eran sus veteranos la causa y los protagonistas de la
supuesta “fundación ex novo”. Por otro lado, se dice
que estas legiones participaron en las guerras cántabras; pero es un argumento
circular, puesto que la afirmación descansa a su vez en las monedas militares de
Carisio (vid. nº 4), que no las mencionan.
7) UNA TRIBU ELECTORAL ANÓMALA EN AUGUSTO: LA “PAPIRIA”. Como se sabe, las
ciudades latinas y romanas se atribuían a una ‘tribus’ o “distrito electoral”,
a la cual pertenecían sus ciudadanos. Sabemos que en las fundaciones hispanas de
Augusto éste siempre usó la tribu “Galeria”. Sin embargo, Mérida estuvo adscrita
a la “Papiria”, que es una tribu rarísima en Hispania (sólo ella y Astigi, en
la Bética). Hay que recordar entonces que al menos la colonia romana de Narbo
Martius (Narbona), y Casandra en Macedonia, obras de César, pertenecieron también
a la Papiria (y véase su relación con el argumento que sigue). El mismo argumento
vale para Caesarea Augusta (Zaragoza), tampoco inscrita en la tribu Galeria,
sino en la también inusual ‘Aniensis’.
8) INSCRIPCIONES DE VETERANOS EMERITENSES ANTERIORES AL 25 A.C., Y DE OTRAS
LEGIONES. Resulta curioso, y nadie sabe explicar (excepto el viejo Ritterling),
por qué tenemos inscripciones funerarias de tres legionarios radicados en Mérida,
e inscritos en su tribu Papiria... años antes del 25 a.C.; son veteranos de
legiones que salieron de Hispania antes del 31 a.C., exactamente la XX y la XXX,
únicas de guarnición fija en la Ulterior antes de Actium. Así ocurre, por
ejemplo, con el epitafio del italiano C. Axonius (CIL II 22*), enterrado en
Elvas (a unos 65 km de Mérida), legionario de la legión XX perteneciente a la
tribu “Papiria” cuando su ciudad natal en Italia (Firmum Picenum) era de la
“Velina”, lo que demuestra claramente que el cambio de tribu se debe a su cambio
de domicilio, y que una “Emerita” ya
inscrita en tal tribu existía antes de su supuesta “fundación” (véanse las
monedas de Carisio con ese único letrero, nº 4).
9) EL TESTIMONIO DE SAN ISIDORO DE SEVILLA. Este famoso obispo hispalense del
siglo VI-VII d.C. y autor de una completa y prolija obra sobre “Etimologías”,
basado en Plinio el Viejo y en otros diversos autores antiguos, cuando habla de
la fundación de ciudades cita continuamente las palabras ‘conditor, condidit’
para referirse a los “fundadores” de las mismas. Sin embargo, cuando lo hace con
Mérida y Augusto utiliza ‘aedificare’, así: “Emeritam Caesar Augustus
AEDIFICAVIT... dans ei nomen ab eo quod ibi milites veteranos constituisset”
(Etym. XV, 1, 69). Según san Isidoro, pues, Augusto no habría fundado Mérida,
sino que la habría “edificado”, esto es “dado forma de gran ciudad”. Esto encaja
bastante bien con el sentido del verbo ‘ktítsai’ de Dión Casio, al que antes me
referí, en el
argumento nº 3.
10) LOS “VETERANI PATERNI” DE LOS AGRIMENSORES. Es aplicable también según
creo al caso de Mérida esta frase de Sículo Flaco, uno de los autores gromáticos
más importantes (ed. Thulin, 126), al definir el ‘aes miscellum’: «Praeterea
dicitur et ‘aes miscellum’. Ita evenit ut qui a divo Iulio deducti erant,
temporibus Augusti militiam repetissent» («Existe también otro tipo de
asignación (de tierras): la mixta. Así ocurrió con veteranos que habían sido
deducidos en época de César y que en época de Augusto fueron nuevamente
reenganchados; al regresar vencedores a sus tierras, las centurias de los
difuntos se repartieron a otros”). Éstos son los que Rudorff llama ‘veterani
paterni’ (epíteto que, por cierto, puede servir para otras ciudades que lo
llevan, como
Barcino). Se recordará que, para luchar en el 19 a.C. contra los residuos de
rebeldía cántabra, Agripa tuvo que recurrir a soldados “ya viejos y extenuados
por las continuas guerras”, y parece raro que se hable así de soldados que habían
sido licenciados y asentados sólo 6 años atrás. Pudo usar, pues, veteranos que
habían peleado ya bajo César.
11) EL SINOICISMO INDÍGENA EN MÉRIDA. Aunque no se ha solido destacar, sabemos
por un interesante párrafo de Estrabón (III, 2, 15) que Mérida fue en realidad
una ciudad de tipo sinoicístico, esto es, en la que convivían ciudadanos romanos
e indígenas. No es un tipo de hábitat propio para una fundación de veteranos de
tipo estrictamente militar; pero es que, además, el término utilizado por
Estrabón para Mérida, como he tenido ocasión de señalar detalladamente (2001), es
‘pólis’ (equivalente a ‘municipium’) y no ‘apoikía’ (el equivalente de
‘colonia’).
Esto en cuanto a textos históricos y epígrafes. Voy ahora con otros 7
argumentos que extraigo desde la perspectiva arqueológica:
12) ELEMENTOS PRE-AUGUSTEOS EN LA ARQUITECTURA Y LA ESCULTURA EMERITENSES. Fue
ésta una aguda observación debida a Henner von Hessberg (por entonces en
Heidelberg y ahora catedrático de Arqueología en la Universidad de Colonia),
cuando participamos en octubre de 1987 en el conocido coloquio del DAI-Madrid
“Stadtbild und Ideologie”, en torno a dos conceptos que lanzó Paul Zanker y que
a partir de ahí tuvieron en España unos inusitados aceptación y uso, que aún
duran: los de la “monumentalización” y la “marmorización” de Hispania. Pues bien:
Hessberg recalcó (para sorpresa de algunos), a partir del estudio de elementos
arquitectónicos y de capiteles emeritenses de caliza, que en Mérida «se
apreciaban formas y técnicas pre-augusteas o al menos previas a la
“marmorización” de Mérida», y que «los capiteles del llamado ‘templo de
Diana’ tenían un cierto sabor tardorrepublicano».
Paralelamente, W. Trillmich, experto en escultura y actual director del
Instituto Arqueológico Alemán en Berlín, creó la definición de «primera
generación del retrato emeritense» para aquellos retratos (bien conocidos de
muchos en la Lista, me imagino) realizados en caliza y estucados, los llamados
por él “arrabiati”, esto es, muy serios y realistas, llenos de arrugas y ceños
y nada idealizados, que no encajan bien en la iconografía augustea pero sí en la
tardorrepublicana.
En el mismo Coloquio (que se publicó en 1990), el arquitecto Michael Pfanner
añadió que podía observarse en la Península Ibérica una «gran ola de
monumentalización entre los años 50 y 25 a.C.». Todas ellas, como puede verse,
afirmaciones por entonces muy nuevas y que, desde distintos campos, encajaban con
una “Mérida cesariana”, que en la misma ocasión (octubre de 1987) yo estaba
sugiriendo.
13) UN ANFITEATRO APOYADO EN UNA MURALLA. Esta observación formaría parte de
otro curioso tema, antiguo en la bibliografía: el de la “Mérida pequeña” y la
“Mérida grande desde siempre”, suscitado desde que I.A. Richmond en 1930 observó
dos fases claras en la construcción de la ciudad. Lo que ahora nos interesa son
otros dos hechos: que en plena arena del anfiteatro (8 a.C.) se encontró hace
años un enterramiento romano, y que parte del muro oriental del edificio lo
constituye la propia muralla de la ciudad, ambos hechos por completo inusuales en
una ciudad planificada al detalle (véanse los núms. 14-15).
14) ASIMETRÍA DE LOS FOROS. Si se pretende que Augusta Emerita fue concebida y
planificada por Augusto de una vez, como colonia y como capital provincial de la
Lusitania, resulta extraño que los llamados “foro colonial” y “foro provincial”
mantengan entre sí una cierta desviación o asimetría, como si su planeamiento no
fuera coetáneo. Lo mismo cabe decir de la excentricidad del teatro con respecto
al foro (hecho que observó el prestigioso Pierre Gros, también en el coloquio de
Madrid ya citado).
15) ASIMETRÍA DEL PUENTE. Se repite que Mérida se fundó en función de su
justamente famoso puente, y que él fue “el eje vertebrador de su urbanismo”. En
este caso fue Pedro Mateos (hoy director del Consorcio de Mérida) el que observó
en 1994 y 1995 que el puente en realidad no se alinea con el decumano máximo de
la ciudad, como hubiera debido esperarse si todo el planeamiento fuera
coetáneo.
16) EXCAVACIONES RECIENTES EN EL FORO DE LA CALLE HOLGUÍN. Hace tres o cuatro
años tuve noticia fidedigna de que en las excavaciones que se practicaban en el
impresionante conjunto de la calle Holguín, en el conocido desde el siglo XVIII
como “foro provincial” (así le llamaba ya Manuel de Villena Moziño, autor de
excavaciones y dibujos de Mérida por orden de Carlos IV, entre 1792 y 1794),
habían aparecido niveles inferiores con estructuras domésticas. Aunque no conozco
los datos de la excavación, si el foro provincial se planificó, como sería
lógico, en la supuesta época fundacional augustea, el enorme edificio, sea
pórtico o templo, se hubiera levantado los niveles estériles que se defienden;
sin embargo, la existencia de casas anteriores, que serían amortizadas para la
nueva ordenación forense, indica que éstas tendrían que ser
pre-augusteas.
17) EXCENTRICIDAD COMO CAPITAL. Resulta también raro que, creada al menos
sobre el papel la provincia de Lusitania en el 27 a.C. (según el mismo Dión
Casio), dos años después el propio Augusto decida crear su capital en un extremo
de la misma; esto sugiere más bien que la ciudad estaba ya fundada. Parecería más
lógico, si se va a crear una nueva capital para una nueva provincia, ponerla en
un lugar más céntrico con respecto a ésta, lo que no es aquí el caso.
18) LAS DECISIVAS FUENTES ÁRABES. Desde 1987 vengo trabajando y defendiendo la
utilidad de las fuentes árabes para la España romana. En ese año, en el
repetidamente citado Coloquio “Stadtbild und Ideologie” (1987, publ. 1990),
luego en Gerión 1989 y finalmente de forma completa para Mérida, en un coloquio
del Museo a comienzos de 1999 (2001b), apelé a un autor tan importante como Ahmad
al-Razí (cordobés, 889-995 d.C.), cuya obra histórica fue traducida al castellano
y al portugués como “Crónica del moro Rasís”. Entre otras referencias, en su
cap. LXVI aporta un párrafo fundamental: «E Atavia (Octavio) mando adobar
(terminar) todas las cosas que Julio Çesar auia començado en España, e acabo a
Çaragoça, que es muy noble çibdat, e a Merida, semejante de Seuilla, e a Cordoua
de Beja...». Aunque en aquel momento ya
algún conocido investigador alemán trató esta fuente con desprecio, ello es un
craso error. Es una fuente histórica fiable, más próxima en el tiempo que
nosotros a la Antigüedad y que, sin decir lo mismo, viene a coincidir más o menos
con san Isidoro (supra nº 9).
En 1999, como dije, y a modo de ejemplo de la futura recopilación, reuní los
textos de 21 autores medievales árabes sobre Mérida, con novedades muy
interesantes, históricas y arqueológicas, para la ‘Emerita’ romana. Pero entre
ellos ahora destacaré sólo un texto fundamental (que reproducen 6 de dichos
autores) acerca de una tabla de bronce “en escuro latín”, y de una hermosa
inscripción de mármol que el gobernador Abd Allah ben Ta’laba, el constructor de
la celebérrima Alcazaba emeritense (835 d.C.) arrancó de donde estaba, “sobre la
mejor puerta de la çibdat” (esto es, la del río). El texto que estas
inscripciones contenían permite concluir, y así lo hice, que Mérida tuvo el
epíteto de “Iulia” y que su muralla fue construída por tramos de 8,35 m “a
cargo de los ciudadanos”, lo que indica sin duda un estatuto
municipal (‘municipium’ = de ’moenia capere’) y no colonial. Ya que lo que
diferencia a una colonia de un municipio, entre otras cosas, es “la común
participación en las cargas públicas, empezando por la construcción de las
murallas” (A. d’Ors, 1953, 140).
Es decir, que las fuentes árabes vienen a redondear y explicar todas las
“anomalías” anteriormente detalladas, y permiten sugerir que Mérida no sólo
existió antes de Augusto, probablemente como como un ‘praesidium’ militar
(incluso anterior a César), sino que bajo César Mérida fue en efecto una
verdadera ciudad, posiblemente un ‘municipium civium Romanorum’ con el nombre
de ‘Municipium Iulium Emerita’. Nada extraño, en fin de cuentas, si pensamos
que la otra gran ciudad de Lusitania, la actual Lisboa, era también lo mismo, el
‘Municipium Iulium Olisipo’...
Es conocida la ‘pietas’ filial de Augusto, por la cual procuró terminar todo
lo que César, debido a su temprano asesinato, había dejado comenzado. Así que, al
decidir entre Olisipo y Emerita que ésta sería la capital de la nueva
Lusitania, asumió los gastos de su elevación a colonia, siendo él el deductor
de dos asignaciones de veteranos de las guerras cántabras, una posiblemente hacia
25-21 a.C. y otra segunda en el 16-15 a.C., representado en este caso por su
yerno Agripa como ‘adsignator’ y evergeta (él regala al menos el teatro, en ese
año: es el mismo papel que para Zaragoza debió de jugar Germánico, y para
Corduba Marcelo, el sobrino y llorado heredero de Augusto). Pero el estatuto
colonial de Mérida no pudo llegar antes del 2 a.C., si fiamos en las monedas.
Pudo haber otras asignaciones de veteranos, y la historia arquitectónica es
otro problema sin dilucidar. Pero no se trata aquí de ello, sino de demostrar
cuántas razones existen, y de bastante peso si se toman como conjunto, para
pensar que, en realidad, Augusto no fue el “fundador” de Emerita.
********
Como conclusión, creo que quienes quieran seguir defendiendo que Mérida se
fundó sobre un lugar vacío, y que Augusto fue su primer y único “fundador”, como
en esta exposición se hace aun conociendo esta larga serie de argumentos
contrarios (por estar todos ellos publicados, y muchos expuestos in situ) puede
hacerlo, pero no saltando sobre todos estos obstáculos como si no existieran; y
debería, desde el punto de vista metodológico, dar debida explicación de ellos o
demostrar claramente su invalidez. Termino haciendo una leve referencia –por si
el lector quiere hacer alguna conclusión particular tras lo aquí leído– al
interesante debate paralelo sobre “la Historia en Internet” frente a “la Historia
seria”...
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA PARA ESTAS HIPÓTESIS:
Canto, Alicia Mª (1989): «Colonia Iulia Augusta Emerita: Consideraciones
en torno a su fundación y territorio», Gerión 7, 1989, 149‑205.
Ead. (1990): «Las tres fundaciones de Augusta Emerita», Stadtbild und
Ideologie. Die Monumentalisierung hispanischen Städten zwischen Republik und
Kaiserzeit (Coloquio del DAI-Madrid, octubre de 1987), Bayerische Akademie der
Wiss. Phil.‑Historische Klasse, Abhandlung 103, Munich, 1990, 289‑297.
Ead. (1997): «El mausoleo del Dintel de los Ríos de Mérida, Revve
Anabaraecus y el culto de la confluencia» (en colaboración con F. Palma y A.
Bejarano), Madrider Mitteilungen 38, 1997, 247-294.
Ead. (2001): «Sinoicismo y stolati en Emerita, Caesaraugusta y Pax:
Una relectura de Estrabón III, 2, 15», Gerión 19, 2001, 423-474. ( Cf. http://www.ucm.es/info/antigua/g2001.htm ).
Ead. (2001b): «Fuentes árabes para la Mérida romana», La islamización de la
Extremadura romana (Jornadas del Museo Nacional de Arte Romano, Mérida, 30-31 de
enero de 1999), Cuadernos Emeritenses nº 17, edd. F. Valdés y A. Jiménez,
Mérida, 2001, 11-86.
NOTA.- Me gustaría que estas reflexiones pudieran llegar a mucha gente, aunque
nunca podrán tener el mismo eco que la bibliografía tradicional de tantos años.
No dispongo todavía de una página propia activa en Internet (o, para ser más
precisos, dispongo de ella pero aún no la sé montar). Por lo que autorizo a
quienes tengan un espacio donde difundirlas para que las copien y las cuelguen en
él, bien entendido que citando la autoría, requisito no sólo legal sino también
ético, ya que este texto es una síntesis apretada de los cientos, quizá miles, de
horas de estudio e investigación que he dedicado a Mérida, y a lo largo de muchos
años (agradeceré que quienes lo hagan me informen de la URL correspondiente).
Saludos para todos, con mis deseos de una muy feliz Semana Santa.