Astures contra romanos

Los
arqueólogos ven indicios de un gran choque militar durante la romanización en la
vía Carisa
Fuente: José A. ORDÓÑEZ | La
Nueva España, Pico Homón de Faro (Lena)
Enlace: http://www.lne.es/secciones/cuencas/noticia.jsp?pIdNoticia=193974&pIdSeccion=39&pIndiceNoticia=8&
¿Hubo una gran batalla entre
astures y romanos en la vía Carisa en torno al 25 o 26 antes de Cristo? Ésta es
una de las incógnitas a las que se enfrentan Jorge Camino, Yolanda Viniegra y
Rogelio Estrada, los arqueólogos encargados de la campaña estival de
excavaciones en el campamento imperial del monte Curriechos y en el cercano
sistema de defensa indígena del pico Homón de Faro. Hasta el momento, la
investigación en el emplazamiento astur no ha dado pistas sobre un hipotético
choque militar a gran escala. Sin embargo, en el enclave romano sí que hay
algunos rastros que pudieran llevar hacia una respuesta positiva. Los
arqueólogos los estudiarán antes de ofrecer una tesis definitiva. Los romanos
lograron salvar la resistencia astur. Está probado. ¿Cómo? Ahí está la cuestión.
El conjunto formado por los dos
emplazamientos militares al paso de la vía Carisa por el límite entre los
concejos de Aller y de Lena puede considerarse como un teatro bélico en toda
regla. Siglo I antes de Cristo: a un lado, en lo alto del monte Curriechos, el
campamento romano situado a mayor altura (1.728 metros) de cuantos se han
encontrado en Europa hasta la fecha. Justo enfrente, a un kilómetro de distancia
en línea recta, el pico Homón de Faro, donde los indígenas plantearon la defensa
de los valles interiores del territorio que hoy es Asturias con un muro de 450
metros de longitud, por cuatro o cinco de alto y seis de ancho. Por entre ambas
fortificaciones discurre la vía Carisa, el camino construido por los legionarios
romanos para penetrar en el «corazón» de la Asturia transmontana.
La entrada a la región
fue defendida por cientos de guerreros
Otro de los aspectos que llama la
atención de la investigación que se lleva a cabo este verano en el entorno de la
vía Carisa pasa por determinar el número aproximado de guerreros astures que se
concentraron en el Homón de Faro para tratar de contener el avance romano. Los
arqueólogos aseguran que una estructura defensiva de 450 metros de longitud
lineal y cinco metros de alto no se construye ni se mantiene así como así, por
lo que apuntan a un contingente militar amplio, integrado por cientos de
guerreros indígenas llegados de los valles centrales asturianos. Erigir la gran
barrera prueba, a juicio de los expertos, la existencia de una cierta
organización de la población local y un sentimiento de identificación con un
territorio al que se quiere defender de las tropas invasoras.
Los arqueólogos mantienen,
además, que el sistema defensivo astur tenía un componente exclusivamente
militar y no corresponde a un ente de población estable, aunque lo fuese
solamente en época estival. Los astures subieron al Homón de Faro ex profeso
para luchar e impedir la invasión romana. Lo más probable es que construyeran el
gran muro al tener conocimiento del lento pero constante avance de los
legionarios por la vía Carisa. Todo el proceso les llevará varios meses de duro
trabajo, quién sabe si a contrarreloj, que, finalmente, se les vendría abajo
ante el imparable empuje imperial. La caída del Homón de Faro supuso el
principio del fin de la cultura astur en la región transmontana.
Los expertos esperan concluir la
investigación en el emplazamiento defensivo indígena del Homón de Faro en muy
pocos días y dedicarán el mes de agosto a profundizar en el conocimiento del
campamento romano. Esta labor se antoja fundamental para averiguar si el entorno
de la vía Carisa fue el escenario de la gran batalla que facilitaría el derrumbe
astur y la conquista romana de Asturias. La tesis definitiva verá la luz en
septiembre.
Defensa colaborará en la
interpretación militar del enclave
Los romanos sabían bien a dónde y
por dónde iban. Una línea recta imaginaria tirada desde el monte Curriechos
hacia el Norte llegaría directamente a Gijón. Los indígenas tampoco eligieron al
azar dónde hacerse fuertes. El Homón de Faro está en un punto especialmente
angosto de la vía Carisa, en una situación estratégica inmejorable desde el
punto de vista geográfico y militar.
La función de la plaza fuerte
indígena está bien clara: defender sus territorios del avance imperial desde su
misma «puerta», desde la cordillera. ¿Y la del campamento romano? Caben dos
interpretaciones. O bien entender el emplazamiento como una cabeza de puente del
avance al centro de la región o como una fortificación obligada por la férrea
oposición planteada por los guerreros indígenas. Los arqueólogos han encontrado
vestigios que pueden corresponder a una fortificación anterior que o bien fue
arrasada por los indígenas o abandonada con la llegada de un invierno que a
1.700 metros de altitud se presentaba insufrible para unas tropas poco
acostumbradas a rigores climáticos extremos.
Aunque la existencia de una gran
batalla, quién sabe si definitiva para vencer la resistencia de los astures, no
está comprobada, sí que parece seguro que, al menos, las estribaciones del monte
Curriechos y del Homón de Faro fueron el escenario, hace ya 22 siglos, de varias
escaramuzas entre invasores y defensores. Los arqueólogos han localizado entre
los restos del emplazamiento astur un notable arsenal de «balas» de piedra para
disparar con hondas. Se trata de cantos rodados de un notable tamaño y peso -en
torno a los cuatro kilos- que fueron trasladados ex profeso al lugar por los
guerreros astures.
Por otro lado, la distancia entre
las fortificaciones impedía a los romanos utilizar su artillería para vencer la
resistencia astur, por lo que, de existir, la batalla debió de librarse en un
espacio abierto de la zona. Cuerpo a cuerpo. Los arqueólogos no han encontrado
indicios que refieran a un hipotético asedio de la plaza defensiva astur por
parte de los romanos, aunque sí han localizado una zapa realizada por los
legionarios para tumbar la muralla. Una curiosidad: la forma en que se realizó
la operación permite asegurar que su autor fue un hombre diestro.
Con la caída de la fortificación
las tropas imperiales encontraron franco el paso hacia los valles del centro de
la región, hacia el verdadero «corazón» de la región que denominaron Asturia
transmontana. Una «bendición» para los sufridos legionarios de la Legión V
Alaudae, que completaron el paso de la Cordillera siempre a una gran altitud
para evitar caer en las posibles emboscadas que les pudieran tender los astures.
Así, una vez atravesado el puerto, los legionarios que construyeron la vía
Carisa siguieron ganando altura hasta llegar, por ejemplo, a la cumbre del monte
Curriechos, donde decidieron, si es que no se vieron obligados por los
indígenas, acampar.
Los arqueólogos al cargo de la
campaña en el entorno de la Carisa contarán con la colaboración del Ministerio
de Defensa para completar la valoración del enclave desde el punto de vista
bélico. Un experto militar visitará la zona en las próximas semanas para
interpretar el emplazamiento del campamento romano y de la gran muralla astur.
Su opinión pondrá sobre la mesa hipótesis de ataque y defensa para tratar de
averiguar lo que pasó en el monte Curriechos hace 22 años.
Las investigaciones, aunque han
ofrecido ya resultados muy relevantes, no han hecho más que comenzar. La vía
Carisa seguirá siendo un excelente camino para conocer un poco mejor la historia
antigua de Asturias y la de su romanización.
Enlaces
relacionados:
[PDF] EL EJÉRCITO Y LA ROMANIZACIÓN DE LOS ASTURES (Cod.
1680.93)
http://www.telecable.es/personales/iissaa/celta/astures.htm
http://www.lasalle.es/ciano/huellastur/la_huella_de_los_astures.htm
http://www.euskalnet.net/javidp/losastur.htm
http://www.celtiberia.net/articulo.asp?id=260
http://www.guiarte.com/noticias/muestracronica.asp?id=102&titulo=Huellas%20de%20astures%20y%20romanos
http://www.unicyber.org/viejo_reino/Introduccion.html