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Asunto:El Colibri, Ave del Amor
Fecha:Domingo, 8 de Octubre, 2000  22:06:17 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <anahuak @.............mx>

Querid@s Amig@s: 
Contraparte de las aves mas grandes y descendiente como todas de las 
serpientes, en su eterno trocar escama-pluma, los colibries no dejan de 
llamarnos la atencion porque son una quinta parte de su peso, puro corazon. 
Alter ego de Quetzalcoatl, su gemelo divino, como en otras mitologias, el 
colibri Huitzilopochtli es ciertamente la mas pequeña avechucha, el opuesto 
de Tlazolteotl, la zopilota, la de mas amplio tamaño y la llamada 
'devoradora de inmundicias' (carnales), que deviene en su simbolo como la 
purificadora, la perdonadora, la hermana que esta detras de la verdadera 
representacion del 'Señor de Chalma', el segundo santuario mas visitado de 
Mexico. Tezcatlipoca redivivo. El llamado Espejo Humeante, o Humo 
Espejeante... 
Ustedes disfruten de estas perlas de la tradicion mesoamericana y meshica 
(azteca)... 
Ricardo 
 
******* 
 
EL COLIBRÍ, AVE DEL AMOR Y DE LA GUERRA 
R. Ortiz F. 
 
Entre las muchas propiedades asombrosas que han llamado desde tiempos 
antiguos la atención sobre el colibrí, una de gran importancia pero tal vez 
no suficientemente vista se halla la de unir en sí dos ámbitos 
diametralmente opuestos, los cuales podemos resumir como el de la miel y el 
de la sangre, la luminosidad solar y la oscuridad que oculta los amores 
ilícitos, la vida en el paraíso después de una muerte heroica y la condena a 
la degradación y la enfermedad. Ubicando el papel del colibrí en cada uno de 
estos pares de opuestos, trataremos de dar una imagen de la dimensión 
esotérica que en la culturas prehispánica tenía y aún tiene en nuestras 
tierras el colibrí. 
 
EL PÁJARO DE LA GUERRA 
Quetzalcóatl y el colibrí 
 
Esta ave participa en dos actividades opuestas pero que muchas veces, en 
culturas antiguas como la azteca, aparecen conciliadas: la guerra y el amor. 
Dentro de la primera aparece de inicio vinculado, desde el nombre mismo, al 
dios Huitzilopochtli, la gran deidad azteca, el dios tribal que ordena y 
guía la peregrinación desde el mítico Aztlán en busca de una tierra donde 
fundar un imperio, y dentro del segundo aspecto, el amor y actividades 
afines, está asociado con la diosa Xochiquetzal, patrona de las flores y 
protectora de los amores ilícitos. El hecho de vincularse con dioses -y 
elevarse también a la categoría de divinidad- le permite precisamente volar 
en esas dos dimensiones antagónicas que se resuelven en unidad, la unidad 
del origen. 
 
Huitzilopochtli, una de las más altas deidades y a quien se le sacrificaba 
el mayor número de víctimas, dios solar guerrero, amo de la luz y el fuego, 
que lucha contra las fuerzas oscuras en el momento mismo de nacer, deriva su 
nombre -según la opinión general- del propio colibrí: 
 
"Huitzilopochtli es un nombre compuesto de dos, de Huitzilin, que es el 
nombre de aquella célebre avecilla que llaman chupamirto o chupaflores, y de 
opochtli, que significa cosa izquierda. Llamábanlo así porque su ídolo tenía 
en el pie izquierdo muchas plumas de esas avecillas". 
Francisco Javier Clavijero, Historia antigua de México, Porrúa, pág. 30. 
 
"Las traducciones que pudieran formarse, «mano izquierda de colibrí, ó 
colibrí izquierdo>>, no nos satisfacen. Quedan rastros de una religión muy 
antigua, en la cual eran adorados los animales; acaso en aquellla época el 
huitzitzili era el emblema del valor guerrero, y bajo esta forma el dios de 
la guerra... Entre los guerreros mexicanos había algunos muy temidos porque 
combatían con la mano izquierda. A estas dos ideas nos parece corresponder 
el nombre Huitzilopochtli, significando en realidad "el guerrero surdo, el 
surdo dios de la guerra", o tomando la voz huitzilopochtli en su sentido 
figurado, "el surdo precioso, el surdo distinguido, valioso, primoroso". 
Manuel Orozco y Berra, en Crónica mexicana, de Hernando Alvarado Tezozomoc, 
Porrúa, México, pág 512.   
 
Varios especialistas afirman que lo izquierdo se debe a que Huitzilopochtli 
se asignaba al sur del cosmos, que es la izquierda en relación al camino del 
sol de oriente a poniente. 
 
Ilustracion: El huitzitzili según el Códice Ramírez 
 
EL AVE DE LA DIOSA 
 
Xochiquétzal, diosa de las flores y del amor, creadora de la primera 
humanidad, intermediaria de los dioses. Realiza el primer acto sexual y 
tiene el primer parto (es una de las formas de la Diosa Madre). "Dicen que 
fue mujer del dios Tláloc, que la hurtó Tezcatlipoca, que la llevó a los 
nueve cielos y la hizo diosa del buen querer". Vivía en Tamoanchán, 
residencia del Árbol Florido. También habitaba un tiempo sobre la tierra y 
luego volvía a su lugar de origen. Fue la primera mujer que murió en la 
guerra. Tal vez por ello su templo con su imagen estaba al lado o dentro del 
de Huitzilopochtli, y los sacerdotes de este dios atendían el de la diosa. 
 
En las fiestas a Huitzilopochtli participaban las sacerdotisas de 
Xochiquetzal y los guerreros. En otra de las fiestas del dios guerrero 
participaban las parteras, y recordemos que para los aztecas y otros pueblos 
del México antiguo el que una mujer muriera en el parto era como morir en la 
guerra, dar a luz era para la mujer lo que para el guerrero era capturar un 
enemigo. Los guerreros, las huestes del dios colibrí, participaban junto a 
las sacerdotisas, las guerreras de amor de las diosas Xochiquetzal y 
Tlazolteotl (otra forma de la madre divina), que en realidad son lo que 
puede llamarse prostitutas rituales, es decir, su oficio es el de la 
sexualidad consagrada. En la fiesta que los tlaxcaltecas hacían a 
Xochiquetzal, se sacrificaba a "doncellas en memoria de los amores" y "se 
manifestaban las mujeres públicas ... que eran las que iban a las guerras 
con la soldadesca", según relata fray Juan de Torquemada. 
 
1 Durante la festividad de Atamalqualiztli para honrar a esta diosa, se 
adornaba el templo de Huitzilopochtli con enramadas y flores, entre las 
cuales aparecían bailando y bebiendo su miel jóvenes vestidos de pájaros y 
mariposas. En la festividad de Tepeihuitl, los pintores, las tejedoras, 
bordadoras y gente de otros oficios debía confesar sus pecados y hacer 
penitencias y baños rituales purificadores; a quienes eran remisos en esta 
obligación la diosa les mandaba como castigo "sarnas, bubas incurables y 
otras enfermedades contagiosas". 
 
La fiesta Atamalqualiztli: los colibrís en el Árbol Florido de Tamoanchán. 
La diosa Xochiquetzal personificada por una tejedora. 
 
El padre Sahagún, en su célebre Historia general de las cosas de Nueva 
España, registró que el huitzitzilin o colibrí era "medicinal. Para las 
bubas, comido, y el que los come nunca tendrá bubas; pero hace estéril al 
que los come" (libro XI, cap. 2). Las bubas son las lesiones de las 
enfermedades venéreas "y otras enfermedades contagiosas", las que mandaba la 
diosa en cuya fiesta participaban los guerreros colibrí y las 
sacerdotisas-alegradoras, los que se vestían de colibrí y bebían la miel de 
las flores con su largo pico (representación simbólica pero pública del acto 
sexual). 
 
1 Fray Juan de Torquemada, Monarquía indiana, (II), Porrúa, México. Desde 
los tiempos prehispánicos hasta los coloniales y contemporáneos encontramos 
que el colibrí es una de las supervivencias del mundo mágico, precisamente 
en el ámbito erótico-sexual. En todo ese tiempo el ave de la diosa ha 
conservado sus poderes y mucha gente sigue creyendo en ellos. Si 
Xochiquétzal y otras manifestaciones de la diosa primordial protegían los 
amores ilícitos, para asegurar amores no obtenibles de la manera socialmente 
aceptada se recurre al colibrí. 
 
A mediados del siglo XVII se encuentra vigente una práctica documentada en 
denuncias hechas ante el Tribunal de la Inquisición en varias ciudades del 
país. Se trata de la magia amorosa en que se utilizan las propiedades del 
chuparrosa como afrodisiaco en el sentido más amplio del término: para 
atraer a los hombres y a las mujeres, para que lo quieran a uno, "para 
mantener al mismo tiempo tres o cuatro galanes", para retener y conservar el 
amor de alguien, es decir, asegurar la fidelidad. La Inquisición perseguía 
esta costumbre como hechicería, y en archivos se encuentran no menos de 
veinte expedientes con cuyos datos se forma un cuadro preciso de esta que 
muchos llamarían superstición, cuadro en el cual se encuentran referencias 
de quiénes buscaban aprovechar las virtudes del colibrí, quiénes conocían 
sus secretos y podían proporcionar ese tipo de amuleto preparado 
adecuadamente (que eran por cierto los indígenas) y los fines que se 
pretendían, lo mismo que la parafernalia de objetos adicionales, actividades 
y conjuros que le dan a esta práctica el aire de misterio que rodea siempre 
a la magia y a los amores digamos irregulares, dimensión oculta que es 
obviamente refuerzo del poder atribuido a cierto objeto. 
 
"El pájaro se disecaba con sal, teniendo mucho cuidado para no alterar su 
preciado plumaje que contiene lo esencial de la fuerza mágica. Ciertas 
personas lo guardaban así ... Los que conocen mejor la práctica solicitan 
que el pájaro se vista; los pobres, para adornarlo, se contentaban con 
ponerle un listón rojo, el color del Sol. ... se le colocan sobre el pecho 
yerbas mágicas y se le envuelve con hilo de seda de todos colores. ... Se 
terminaba el adorno con perlas, corales u otras piedras. 
 
El uso más frecuente era hacer un amuleto envuelto en tela ... Las mujeres 
lo llevaban en el peinado, sobre una parte del cuerpo que tenía 
connotaciones eróticas como los senos, en el vestido y ... en la faja. Los 
hombres lo cargan en las bolsas, el cinturón o el zapato. ... Ciertas 
personas ... se contentaban con conservarlo en pequeñas cajas de madera, de 
metal, o tecomate". 
Noemí Quezada, Amor y magia amorosa entre los aztecas, UNAM, 1993, págs. 
101-2 . 
 
Magia, religión, sicología, mito, de todo hablarán quienes estudian estos 
fenómenos desde varias perspectivas. En esta práctica es evidente la 
vitalidad y movilidad de sectores marginados y de emociones reprimidas, 
generalmente por la prohibición que sobre ellas lanzan los poderes 
religiosos y políticos, o los recursos que se buscan cuando la situación y 
condición personales dificultan el logro de un objeto de deseo, pero también 
la pervivencia de una visión estética y ritual de la vida. 
 
El carácter de deidad que el huitzitzilin tuvo en el pensamiento de las 
culturas antiguas persiste en el colibrí de hoy, aún se le ve como un ser 
eminente en un mundo ideal, que puede ayudar a sobrepasar las dificultades 
de una situación material determinada, pero regida desde un reino 
espiritual. No podemos dejar de notar la intensidad con que se manifiestan 
después de siglos las ideas y sentimientos que se hallaban en lo profundo de 
creencias y ritos tan importantes en tiempos pasados. 
 
EL RENOVADO VUELO DEL COLIBRÍ 
 
El uso del chupamirto como afrodisiaco es una práctica vigente en nuestros 
días, tanto en ambientes urbanos como rurales, entre la población general de 
las grandes ciudades y entre los indígenas de zonas rurales. El mercado 
Sonora de la capital de la república -por ejemplo- es uno de los sitios 
donde, entre toda clase de hierbas y remedios conocidos y ocultos, puede 
obtener un colibrí quien padece males de amores. Las reglas, los fines y los 
elementos que aparecen en esta costumbre actualmente son casi los mismos de, 
por decir algo, el siglo XVIII. El chuparrosa se diseca, se usa hembra o 
macho según el solicitante sea hombre o mujer, se envuelve en tela y se 
adereza con yerbas o piedras talismánicas y se adorna con cintas de colores 
brillantes. En el mencionado mercado capitalino de Sonora se entrega el 
pajarito con la indicación de rezar los viernes en la noche, frente a un 
Cristo, junto con el "Padre Nuestro" y el "Ave María", la siguiente oración: 
 
"¡Oh chuparrosa divina, tú que das y quitas el néctar de las flores, tú que 
das vida e inculcas a la mujer el amor, yo me acojo a ti como a tus 
poderosos fluidos para que me protejas y me des las facultades de querer 
cuanta mujer yo quiera, ya sea doncella, casada o viuda. Pues te juro por 
todos los espíritus de los santos apóstoles no dejar ni un solo momento de 
adorarte en tu relicario sacrosanto, para que me concedas lo que yo te pido, 
mi chuparrosa hermosa". 
Recogido en Noemí Quezada, op. cit. (Para mujeres, sólo se dirá "hombres[s]" 
donde dice "mujer[es]"). 
 
En comunidades campesinas e indígenas aún desempeña también el colibrí estos 
ancestrales oficios y otros más: 
 
"Anuncia la llegada de visitas agradables de parientes y amigos. Se cree que 
es el mensajero de Dios, vigila el comportamiento de los hombres y entra a 
las casas para vigilarlos mejor. El polvo de colibrí se usa para el amor. 
También se piensa que protege a los vivos de las acechanzas de la muerte". 
"Se usan los huesos de colibrí molidos y esparcidos en la comida se dan a la 
persona deseada. Se llaman "polvos de Cupido". Se debe rezar durante trece 
días a las doce de la noche y sobre una olla con agua se llama por su nombre 
a la persona". Se deben tener prendidas tres velas rojas". 
Guido Munch, Etnología del Istmo veracruzano, UNAM, págs. 224 y 232. 
 
En Pachiquitla, localidad serrana del estado de Hidalgo, de lengua náhuatl, 
en casos de enfermedades consideradas de origen sexual "también utilizan 
para el tratamiento el pico del colibrí, con el cual tocan las heridas o 
pústulas del enfermo". 
Lucía Aranda K, "Los dos rostros de la divina Tlazolehécatl", III coloquio 
de historia de la religión en Mesoamérica, Barbro Dalhgren, comp., UNAM, 
1993, pág 150. 
 
En toda este ministerio que la religiosidad mexicana ha mantenido vivo, 
vemos el retorno del colibrí, esa manifestación divina que la religión 
antigua de México concibió como parte de las creencias acerca del destino 
humano después de la muerte, retorno y renovación que retratan los 
siguientes pasajes de viejos relatos: 
 
"La otra parte a donde se iban las ánimas de los difuntos es el cielo, donde 
vive el sol. Los que se van al cielo son los que mataban en las guerras y 
los cautivos que habían muerto en poder de sus enemigos... Y en el cielo hay 
arboleda y bosque de diversos árboles ... y después de cuatro años pasados 
las ánimas de estos difuntos se tornaban en diversos géneros de aves de 
pluma rica, y andaban chupando todas las flores así en el cielo como en este 
mundo, como los zinzones lo hacen". 
Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, Libro 
III, cap. III. 
 
Una distinta interpretación del nombre atribuye al colibrí la plena 
condición de dios: 
 
"La afilada espina del maguey que servía para el autosacrificio horadándose 
con ella las orejas y la lengua está representada por el colibrí, cuyo 
nombre náhuatl es uitzitzilin, palabra que literalmente significa "espina de 
turquesa" (uitztli, espina, y tzítzitl, turquesa; Rémi Simeon); es decir, 
espina preciosa o divina figurada por el agudo pico, siendo su cuerpo como 
un mango de turquesa. Así está figurado en el Códice Cospi, donde está 
descendiendo sobre el trono del Sol en el oriente. ... Es mensajero del 
sacrificio humano el colibrí que en purepecha se le llama tzintzuni, y como 
la ciudad de Tzintzuntzan fue un lugar de sacrificios, su nombre significa 
"lugar del dios colibrí mensajero", ... a tzintzuni se le agregó la 
partícula tza que da la connotación de rapidez, ... propia de los 
mensajeros, y se le dio la terminación an síncope de angá: estar erigido (en 
el templo), o sea deidad. 
 
Un colibrí de turquesa está libando la sangre humana, seguramente, en una 
copa de cerámica policromada encontrada en una tumba de Zaachila, Oaxaca". 
José Corona N., "Correcta interpretación de jeroglíficos, algunos pasajes de 
códices y figuras que aparecen en la cerámica", en I coloquio de documentos 
pictográficos de tradición náhuatl, UNAM, 1993. 
 
Obviamente, la relación con Huitzilopochtli avalaría esta visión del colibrí 
como un ave sanguinaria, relacionada con el sacrificio, aunque el nombre de 
espina de turquesa puede dársele simplemente porque su pico semeja una 
espina y porque hay colibríes de ese color. 
 
LA LECCIÓN DE UN SÍMBOLO 
 
El colibrí es un vehículo para expresar nuestra sacralización del mundo. Ese 
constante y fiel resurgir de la naturaleza lo expresaba una tradición 
indígena acerca de la desaparición periódica del colibrí de los vallles 
centrales de México, la cual recoge en sus crónicas el fraile Motolinía: 
 
"No quiero callar una cosa cierto maravillosa que Dios muestra en un 
pajarito de los cuales hay muchos en esta Nueva España, y aunque el pajarito 
es pequeñito, la novedad no es chica, mas muy de notar. El pájaro se llama 
uicicilin ... aunque es muy chiquito, tiene el pico largo y delgado, ... no 
se mantiene de semillas ni de moscas, mas de solamente se ceba y mantiene de 
la miel o rocío de las flores, y ansí anda siempre con su piquillo chupando 
las rosas muy sotilmente, volando sin se asentar sobre ellas, y ansí anda de 
unas flores en otras y de un árbol en otro; y como en esta tierra por el mes 
de octubre comienza la tierra a se agostar y secar las yerbas y flores ... 
faltándole el pajarito ... lugar competente a do pueda estar escondido en 
alguna espesura de árboles, ... en una ramita delgada apégase de los pies y 
pónese allí escondido a dormir y muérese, y estáse allí hasta el mes de 
abril, que con las primeras aguas y truenos como quien despierta de un sueño 
torna a revivir y sale volando a buscar sus flores ... 
 
Si Dios ansí conserva unos pajaritos y después los resucita, y cada año en 
esta tierra se ven estas maravillas, quién dudará sino que los cuerpos 
humanos, que son sepultados corruptibles, que no los resucitará Dios 
incorruptibles ... y manterná de la suavidad de su divina fruición y visión, 
pues a estos pájaros tan chiquitos ansí sustenta del rocío y miel de las 
flores, y viste de tan graciosa pluma... 
Fray Toribio Motolinía, El libro perdido, Conaculta, México, 1989, pág. 
611-12. 
 
Colibríes según el Códice Florentino 
 
Desde estas palabras de admiración y alabanza, escritas en el siglo XVI, 
encontramos ya la feliz convivencia de dos grupos de ideas acerca de lo 
divino y los hechos y objetos en que se manifiesta. La corriente de dos 
culturas trae hasta el día presente el vuelo trepidante, luminoso y siempre 
renovado del colibrí. 
 
La fuerza que despliega a pesar de su pequeño tamaño, ser mensajero divino, 
acompañar al sol, recoger en su cuerpo las almas de quienes murieron como 
héroes, reflejar en su cuerpo los más puros colores del iris, chupar el 
néctar para así vivir de lo más puro y dulce, sin posarse apenas en la 
tierra, y luego elevarse, son atributos que constituyen la lección del 
colibrí. 
 
Entonces, bueno será atender siempre esta exhortación que hoy repetimos con 
el poeta náhuatl:  
 
Oídlo: hace estrépito y gorjea en las ramas del Árbol florido. Está haciendo 
resonar sus cascabeles de oro y su sonaja el ave roja del colibrí. Para un 
día poder, ¿por qué no?, exclamar: He llegado acá: en las ramas del Árbol 
Florido soy floreciente colibrí, deleito mi nariz, con eso me alegro.   
 
 
******* 
 
 
En torno a Tezcatlipoca 
Enrique Martínez 
 
Tezcatlipoca, deidad precortesiana cuyo significado se ha traducido 
generalmente como espejo que humea; esto lingüísticamente no refleja más que 
una pequeñísima parte del misterio, enseñanza mística que encierra la 
deidad, ya que dentro de este concepto existen varias advocaciones tal como 
existen de la Virgen María (Lourdes, Guadalupe, etcétera). 
 
De Tezcatlipoca tenemos una de sus advocaciones en Cuetzpalli, la lagartija 
que se ligaba a Tezcatlipoca por su color gris piedra, su movilidad y la 
forma de letra S; en Cuetzpalli observamos la rapidez, capacidad de 
mimetización e inmovilidad cuando ésta es necesaria. 
 
Tezcatlipoca se representa como una figura humana con un pie más corto que 
otro, y este simbolismo era debido a la necesidad de una búsqueda del 
balance que los seres humanos deben hacer a través de sus vidas, evitando la 
volatilización del pensamiento, emociones, etcétera, ya que el acatl (caña) 
produce un humo sin corazón, de ahí que alguno de los sacrificios ofrecidos 
a Tezcatlipoca eran corazones de los más aguerridos hombres, la esencia pura 
de la guerra llegando al desbalance que se trataba de evitar, pues sólo se 
estaba manejando una energía y no hay que olvidar que el concepto 
Tezcatlipoca es la contraparte del concepto Quetzalcóatl, ya que sumándose 
ambos se transforman en la fuente de energía primigenia. Estas formas de 
pensamiento son muy semejantes a los del yoga Kundalini. 
 
Esta suma ya consolidada nos da las advocaciones del Tezcatlipoca 
evolucionado y con el balance armónico que otorga el supremo poder, y aquí 
estamos hablando del tecpatl o pedernal, con el cual se puede reiniciar el 
ciclo de Tezcatlipoca, pues con las chispas que produce el pedernal se 
inicia el fuego y el humo de nueva cuenta, ya en su forma más elevada 
Tezcatlipoca se convierte en la obsidiana, gema representativa de México. 
Esta gema, una vez pulida, es el espejo que permite penetrar al cosmos, ya 
que estos espejos eran colocados y debidamente orientados para poder ver los 
eclipses solares en forma indirecta. 
 
Estos fenómenos cósmicos afectan profundamente a los protegidos de 
Tezcatlipoca, pues los eclipses son conjunción de los dos cuerpos celestes 
de mayor influencia en nuestro planeta y tradicionalmente identificados con 
lo masculino y lo femenino. Así, la enseñanza del espejo de obsidiana es 
profundizar en nuestro propio cosmos, y el primer paso que en forma ritual 
se daba era la ceremonia en la cual se fumaba la pipa de la paz, ya que los 
elegidos hijos de Tezcatlipoca deben tener la paz y el equilibrio para 
vencer la volatilidad de sus pensamientos, para cristalizarlos en la mágica 
fuerza de la obsidiana. 
 
Para ver las ilustraciones visita 
http://www.elbuscador.com.mx 
 
******* 
 
Otras ilustraciones en la red: 
  
El Colibri 
Guestbook "El colibrí" Dibujo digitalizado 
http://afregoso.tripod.com/Colibri.htm 
 
Arte Colibri 
Colibrí Aportación de Gerardo Varela Cacho. 
http://www.arconet.es/users/marta/Colibri.htm 
 
Nazca-colibri 
http://www.civila.com/peruanisimo/linazca1.html 
 
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De 
http://www.arts-history.mx/animales/coli.html 
 
De hábitos diurnos, su vuelo en continuo movimiento aparecía asociado con el 
vigor. Símbolo de la juventud y renovación, se decía que hibernaba y que 
despertaba cuando el sol volvía a calentar, por lo que se creía que no 
moría. 
 
Joven guerrero del sol, mensajero de los dioses de la guerra. Existía un 
paraíso presidido por el sol, donde se pensaba iban los guerreros que habían 
muerto en el campo de batalla o en la piedra de los sacrificios, cuyo 
espíritu se convertía en colibrí. 
 
Forma que adoptaba el sol para tomar el néctar de las flores, era un símbolo 
del contacto sexual. Se decía que el sol y la luna habían formado la primera 
pareja, pero como no podían encontrarse en el firmamento, el sol se 
tranformaba en colibrí para ir a cortejar a la luna. 
  
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