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Asunto:El Vinculo / Juan Angel Moliterni / Centro Escuela Claridad
Fecha:Viernes, 22 de Septiembre, 2000  14:24:37 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <anahuak @.............mx>

El Vinculo  / Juan Angel Moliterni / Centro Escuela Claridad


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From: "Juan Angel Moliterni" <claridad@arnet.com.ar>
Date: Tue, 1 Aug 2000 10:36:10 -0300
Subject: El Vinculo

Saludos Fraternales de Corazon Ricardo:

El Vínculo

Al final del día son muy pocas las horas libres que tenemos. Apenas nos levantamos por la mañana solemos tomar un rápido desayuno y además pensando en los problemas de la oficina o lo que vamos a hacer luego. Vivimos en la "producción", nos estamos volviendo incapaces de detenernos un instante a tomar una taza de té en las mañanas, o de desayunos compartidos. Y la vuelta a la casa, la hora de reunirnos con los familiares o amigos, o simplemente de estar en silencio, terminamos mirando la televisión o con la computadora. Nos estamos olvidando del placer y la belleza del compartir, de contemplar una puesta de sol en silencio, de una comida que nos vincule a un amigo, al universo.

Cuando somos sensibles (no sensibleros), la cercanía con la presencia humana nos moviliza, nos alienta, comprendemos que es el otro el que siempre nos salva, nos realiza. Y si llegamos a una avanzada edad es porque otros nos han ido salvando la vida, incesantemente. Toda vez que nos perdemos un encuentro humano algo queda atrofiado en nosotros. Muchas veces somos incapaces de un encuentro real objetivo porque sólo reconocemos a los otros en la medida que definen nuestro ser y nuestro modo de sentir, o que nos son propicios a nuestros proyectos. Uno no puede detenerse en un encuentro porque está atestado de trabajos, de trámites, de ordenadores, de ambiciones, del "consumo". Entonces el otro ser humano no nos llega, no lo vemos. Uno se relaciona en lo abstracto, en lo subjetivo con los otros pero en lo objetivo y concreto tratamos a los demás como a "ordenadores funcionales". No vivimos esta relación de modo afectivo, es como si tuviésemos una "armadura" contra los acontecimientos humanos "desviantes" de la atención. Los otros nos molestan, nos hacen perder el tiempo. Lo que deja al hombre espantosamente solo, como un autista.

Para relacionarnos objetivamente con alguien, debemos aprender a escuchar. Y esto requiere fuerza emocional (inteligencia emocional). El escuchar requiere tener cualidades del carácter altamente desarrolladas tales como paciencia, estar abiertos y desear comprender. Es mucho más fácil actuar desde un nivel emocional bajo y dar consejos de alto nivel.

El tiempo de la vida no es el de la prisa de los relojes sino que guarda espacio para los momentos sagrados y para los grandes rituales. Un ritmo pausado en el que las experiencias y los acontecimientos marcan la vivencia fundamental de la existencia. Un acontecimiento esperado como la llegada de una celebración, por ejemplo la Navidad, donde todos participan de esa celebración. Ahora la humanidad carece de espacios recreativos, se ha acostumbrado a medir el tiempo de modo utilitario, en términos de producción. Y cuando no hay "nada que hacer", entonces: "hay que matar el tiempo".

En alguna parte del planeta todavía hay hombres que trabajan a un nivel más humano, frecuentemente en oficios y artesanías, y mientras lo hacen conversan entre ellos. En este sentido, son más libres que el hombre incapaz de resistirse a la televisión. Ellos tienen "momentos" en que se reúnen, simplemente, a contemplar el atardecer. Donde se preguntan sobre el sentido de la vida y de la muerte o se cuentan "historias".

"Historias" cargadas de significados, que son la experiencia de una vida remota intemporal, que iluminan el presente. Eliade dice: "cada concepción del mundo necesita ser vivida desde dentro para comprenderla, y el hecho de compartirla afianza la pertenencia y el vínculo entre los hombres. Cuando multitudes de seres humanos andan por las calles de las grandes ciudades sin saber de qué historia son parte, hacia dónde se dirigen y quiénes son (como "clonados"), el hombre pierde el vínculo delante del cual sucede su existencia.

Antes la gente cantaba por la calle, en las familias; los trabajadores cantaban en los andamios. La música se encontraba por todas partes. Sin embargo, paradójicamente, nunca se consumió tanta música como ahora. Paradójicamente, este "exceso" evita que la gente cante (palanca vital).

Se trata de compartir, de relacionarnos, relación es vida y la vida es relación. Compartir es dar de lo tuyo sin perder de lo tuyo. Esto se manifiesta por ejemplo, en la solidaridad, pero cuando la vida se siente como un caos (que no lleva a un nuevo orden, el caos humano genera más desorden, más de lo mismo), cuando ya no hay un PADRE a través del cual sentirnos Hermanos, el sacrificio pierde el fuego del que se nutre.

Krishnamurti decía: "A causa de que no amamos la Tierra y las cosas de la Tierra, sino que meramente las utilizamos, hemos perdido contacto con la Vida. Hemos perdido el sentido de la ternura, que es la respuesta a las cosas bellas, y sólo si renovamos esa sensibilidad podremos comprender en qué consiste la verdadera relación".

Cuando está el "otro", el "otro" me libra de mi. Y cuando vuelvo en sí, vuelven los miedos, los condicionamientos. El "otro" es quien me hace a mi, me construye. Siempre llevamos todo hacia uno. Vivimos en un universo virtual egocéntrico donde todo gira alrededor del propio ego. Digo virtual porque el universo real gira alrededor de la Luz, donde el amor es precisamente llevar la luz del sol a la vida del otro. Es por eso que juzgamos, comparamos, aceptamos o rechazamos, interpretamos, argumentamos, etc. Sin embargo, a la persona no le suceden cosas (visión ego­céntrica) sino que a un hecho le sucede una persona...

Pasamos años esperando minutos. Lo más importante de la vida, el YO SOY no me lo di, me lo dieron... Es por eso que le tememos al nacimiento y a la muerte. Son cosas que no se pueden controlar, por eso nos angustiamos frente a la muerte (y el nacimiento es tan traumático que no lo recordamos). No aceptamos el don. Y si lo recibí, lo tengo que dar. El don también obliga. La vida no da ni quita nada, la vida está dentro de uno. Si ganas la lotería, no significa que la lotería te lo dio sino que estaba dentro de ti ganarte la lotería (conciencia de prosperidad). Y si algo no está dentro de ti, lo puedes construir.

Un anciano va a ver a su doctor: "Tengo problemas con el baño" (se queja).

Doctor: - Bien, veamos: ¿Cómo está tu orina?

Anciano: - Todos los días a las siete, como un bebé.

- Bien: ¿Y cómo va tu evacuación?

- A las ocho en punto, todas las mañanas, como un reloj.

- Entonces, ¿cuál es el problema? (Pregunta el doctor).

- Es que no me despierto hasta las nueve.

Estás durmiendo, y es el momento de despertar. Donne decía que nadie duerme en la carreta que lo conduce de la cárcel al patíbulo, y que, sin embargo, todos dormimos de la cuna a la sepultura; o no estamos enteramente despiertos.

El camino del despertar es un viaje interior. La pregunta es: ¿Cómo saber viajar interiormente? Se trata de establecer un "puente" (antakarana) entre lo interno y lo externo, entre el cielo y la tierra. Y lo podemos hacer a través de la ética del carácter. La búsqueda de una vida más humana debe comenzar por la educación. Gandhi llama a la formación espiritual, la educación del corazón, el despertar del alma. La técnica es la capacidad de la persona de eliminar el "oficio" (lo aprendido, condicionante) a través de la relajación, la observación pasiva y sin juicio, la imaginación creadora, el recuerdo de sí (o auto-recuerdo) y el sentido de la verdad. La técnica es importante pero no es principal. Los valores humanos son lo principal. Debes confiar en que algo va ha acceder al exterior (de tu cúmulo de impresiones o recursos internos depositados en tu interior), basta con estar presente. Hacer es una acción con contenido, no es algo mecánico. Es por eso que para hacer realmente antes hay que ser, y para ser antes hay que saber. Se trata entonces de saber ser, comprender y saber hacer. Así, al igual que un buen artista, cada vez es diferente, cada concierto es diferente, aunque sea la misma obra. Lo que hace falta es un "instrumento" adecuado y afinado. Para el buen artista no importa si la cosa es profunda o no, lo importante es contar la realidad, el hecho tiene su propia profundidad. Algo de adentro pugna por salir. Es nuestro impulso religioso, la necesidad del vínculo. Un Nuevo Tiempo espiritualmente muy rico está a las puertas de la humanidad, es hora de tomar una decisión.

Aprender a través del espejo de los demás significa que al reconocer la perfección del otro, te pondrás en contacto con la tuya. Al poner a los demás en contacto con su potencial de integridad, percibes la tuya. Al reconocer la profundidad del otro, descubres tu propia profundidad. Al reconocer la singularidad del otro (en vez de controlar a los demás) te permitirá reconocer y demostrar tu propia singularidad.

"Lo humano del hombre es desvivirse por el otro hombre" decía E. Levinas. El conocimiento de otras culturas otorga la perspectiva necesaria para mirar desde otro lugar, para agregar (integrar) otra dimensión y otra salida a la vida. Es vital que el hombre vuelva a encarar los valores humanos y trascendentes, eligiéndolos con la libertad interior. La sabiduría es fidelidad a la condición humana. Finalizando inicialmente: "Lo que busca con el bastón el ciego es la Luz no el camino" (H. Mujica).

Juan Angel Moliterni

CENTRO ESCUELA CLARIDAD
República Argentina
e-mail: claridad@arnet.com.ar
SITIO WEB: http://www.geocities.com/union_global/red_luz.html