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Asunto:ojo-Has Llegado a Casa / Puro Gozo / Que es la Meditacion? / Osho
Fecha:Viernes, 29 de Septiembre, 2000  05:05:22 (-0600)
Autor:Ricardo Ocampo <anahuak @.............mx>

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HOY EN RedLuz 
 
From:     "Malena Sotomayor" <mes@...> 
Date:     Thu, 28 Sep 2000 20:41:02 -0500 
To:     "Anahuak" <anahuak@...> 
Subject: has llegado a casa..... 
 
¿Qué es meditación? 
 
Atestiguar: el espíritu de la meditación 
Osho : http://sp.osho.com/med1yulti1.htm 
 
Meditar es una aventura, la aventura más grande que la mente humana puede 
acometer. La meditación consiste simplemente en ser; ser sin hacer nada, sin 
acción, sin pensamiento, sin emoción. Simplemente eres, y ello es puro gozo. 
¿De dónde viene ese gozo si es que no estás haciendo nada? No viene de 
ninguna parte, o viene de todas partes. No tiene causa, ya que la existencia 
está hecha de esa sustancia llamada gozo. 
 
Cuando no estás haciendo nada en absoluto -ni corporalmente, ni mentalmente, 
ni a ningún otro nivel-, cuando toda actividad ha cesado en ti y simplemente 
eres, simplemente estás siendo, eso es meditación. No puedes hacerla, no 
puedes practicarla; solamente tienes que entenderla. 
 
Siempre que puedas encontrar tiempo para solamente ser, abandona toda 
acción. Pensar también es hacer, la concentración también es hacer, la 
contemplación también es hacer. Aunque sólo sea por un instante, si no estás 
haciendo nada y estás en tu centro, completamente relajado, eso es 
meditación. Y una vez le hayas cogido el truco, puedes permanecer en ese 
estado tanto tiempo como quieras, hasta que finalmente puedas permanecer en 
ese estado las veinticuatro horas del día. 
 
Lentamente, cuando te hayas dado cuenta de cómo tu ser puede permanecer 
imperturbable, puedes entonces empezar a hacer cosas, manteniéndote atento a 
que tu ser no se altere. Esa es la segunda parte de la meditación. Primero 
aprender a ser, después aprender a llevar a cabo pequeñas acciones -como 
limpiar el suelo o ducharse- pero manteniéndote centrado. Después podrás 
hacer cosas más complicadas. Por ejemplo, yo te estoy hablando, pero mi 
meditación no se interrumpe. Puedo seguir hablando, pero en mi propio centro 
no hay ni tan siquiera un murmullo; sólo silencio, un silencio absoluto. 
 
Por tanto, la meditación no está en contra de la acción. No hay que huir de 
la vida. Simplemente te enseña una nueva forma de vivir, te conviertes en el 
centro del ciclón. 
 
Tu vida prosigue, y en realidad lo hace más intensamente, con más alegría, 
más claridad, más creatividad, con mayor visión; sin embargo estás por 
encima, eres sólo un espectador que contempla desde la cima de la colina 
todo lo que está ocurriendo a su alrededor. 
 
Tú no eres el hacedor, eres el observador. 
 
Ese es el secreto de la meditación, que te conviertes en observador. 
 
El hacer continúa a su propio nivel, no hay problema en eso: cortar leña, 
sacar agua del pozo... Puedes hacer cualquier cosa, ya sea pequeña o grande; 
sólo hay algo que no está permitido hacer: no debes perder tu centro. 
Esa consciencia, esa observación, debe permanecer absolutamente clara e 
inmutable. 
 
En el judaísmo hay una escuela mistérica rebelde llamada Jasidismo. Su 
fundador, Baal Shem, era un individuo extraño. Solía regresar del río a 
mitad de la noche. Tenía esa costumbre, pues en el río, de noche, había 
absoluta calma y quietud. Allí solía sentarse, simplemente, sin hacer nada, 
observándose a sí mismo, observando al observador. Una noche, cuando estaba 
de regreso, al pasar frente a la casa de un hombre rico se cruzó con el 
guarda apostado en la puerta. 
 
El guarda, extrañado porque cada noche, exactamente a la misma hora, pasaba 
este hombre, salió y dijo: «Perdóname por interrumpirte, pero ya no puedo 
contener más mi curiosidad que me azuza día y noche, cada día. ¿Qué es lo 
que haces? ¿Por qué vas al río? Muchas veces te he seguido y allí no hay 
nada. Te sientas allí durante horas y a media noche regresas». Baal Shem le 
contestó: «Ya sé que me has seguido muchas veces, porque la noche es tan 
silenciosa que puedo oír tus pisadas. Y sé que cada día te escondes detrás 
de la puerta. Pero no eres el único que tiene curiosidad, yo también. ¿A qué 
te dedicas?». 
 
El guardián dijo: «¿Que a qué me dedico? Soy un simple vigilante». 
Baal Shem exclamó: «¡Dios mío, me has dado la palabra clave! ¡Yo también lo 
soy!». 
 
El guarda respondió: «No lo entiendo. Si eres un vigilante deberías estar 
vigilando alguna casa, algún palacio. ¿Qué estás vigilando allí, sentado en 
la arena?». 
 
Baal Shem dijo: «Hay una pequeña diferencia: tú vigilas para que nadie pueda 
entrar en el palacio; yo vigilo a éste vigilante. ¿Quién es éste vigilante? 
Ese es el esfuerzo de toda mi vida: me vigilo a mí mismo». 
 
El vigilante dijo: «Extraña ocupación. ¿Quién va a retribuirte?». 
 
«Es tal la dicha, tal la alegría, tan inmensa la bendición, que es, en sí 
misma, una recompensa. Todos los tesoros no son nada comparados con uno solo 
de estos momentos», contestó Baal Shem. 
 
El vigilante dijo: «Es extraño. He estado observando toda mi vida y nunca 
tuve una experiencia así de hermosa. Mañana por la noche iré contigo; 
enséñame. Porque yo sé cómo vigilar; pero parece ser que debe hacerse en 
otra dirección; tú observas en una dirección distinta». 
 
Sólo hay un paso, y ese paso tiene que ver con la dirección, con la 
dimensión. Podemos focalizarnos sobre lo exterior, o bien cerrar nuestros 
ojos al exterior y permitir que toda nuestra consciencia se centre 
interiormente; y entonces sabrás; porque eres un conocedor, eres 
consciencia. Nunca la has perdido. Simplemente la tienes enredada en mil y 
una cosas. Deja de dirigir tu atención a todas partes, permite que la 
consciencia repose en ti y habrás llegado a casa. 
 
El núcleo esencial de la meditación, su espíritu, es aprender a atestiguar. 
Un cuervo grazna... tú lo escuchas. Son dos cosas: objeto y sujeto. Pero, 
¿acaso no ves al testigo que observa a ambos, al cuervo y al que escucha? Y, 
sin embargo, hay alguien observando a ambos. Es un fenómeno sumamente 
simple. 
 
Estás viendo un árbol: tú estás ahí, el árbol está ahí; pero, ¿no encuentras 
algo más? Y es que tú estás viendo el árbol, y hay un testigo en ti que está 
viendo que tú estás viendo el árbol. 
 
Observar es meditación. Lo que observes es irrelevante. Puedes observar 
árboles, puedes observar un río, puedes observar las nubes, puedes observar 
a unos niños jugando a tu alrededor. Observar es meditación. Lo que observes 
no es importante; el objeto no es la cuestión. 
 
La naturaleza de la observación, la cualidad de ser consciente y estar 
alerta, eso es la meditación. Recuerda: meditación significa consciencia. 
 
Cualquier cosa que hagas con consciencia es meditación. No se trata de la 
acción en sí, sino de la cualidad que le imprimas a la acción. Andar puede 
ser meditación si lo haces estando alerta. Estar sentado puede ser 
meditación si estás sentado alerta. Escuchar a los pájaros puede ser 
meditación si escuchas con consciencia. Escuchar el sonido interno de tu 
mente puede ser meditación si permaneces alerta y vigilante. 
 
Lo esencial es permanecer consciente. Entonces cualquier cosa que hagas será 
meditación. 
 
El primer paso para ser consciente es ser sumamente observador de tu propio 
cuerpo. 
 
Poco a poco uno toma consciencia de cada gesto, de cada movimiento. Y a 
medida que te vas volviendo consciente empieza a ocurrir un milagro: muchas 
cosas que solías hacer antes simplemente desaparecen, tu cuerpo se vuelve 
más relajado, más armónico, una profunda paz empieza a reinar en tu cuerpo, 
una música sutil vibra en tu cuerpo. Después, empieza a darte cuenta de tus 
pensamientos; el mismo proceso ha de seguirse con los pensamientos. Son más 
sutiles que el cuerpo y, desde luego, más peligrosos. Cuando seas consciente 
de tus pensamientos, te sorprenderá descubrir lo que está sucediendo dentro 
de ti. Si escribes lo que está sucediendo en tu mente a cada momento, te 
llevarás una gran sorpresa. No creerás lo que está ocurriendo en tu 
interior. 
 
Pasados unos diez minutos, léelo: ¡verás que hay un loco dentro de ti! Al no 
darnos cuenta, toda esa locura nos arrastra como una corriente de fondo. 
Afecta a todo lo que haces y a todo lo que no haces; afecta a todo. 
 
¡Y la suma total de ello es lo que será tu vida! Por tanto hay que 
transformar a este loco. Y el milagro de la consciencia es que no necesitas 
hacer nada excepto ser consciente. 
 
El propio fenómeno de observar lo cambia todo. Poco a poco la locura 
desaparece, poco a poco los pensamientos empiezan a encajar dentro de una 
pauta; ya no hay más caos, se convierte en un cosmos. Entonces, prevalece 
una paz más profunda. Cuando tu cuerpo y tu mente estén en paz, verás que 
están en armonía el uno con el otro, que hay un puente. Ya no corren en 
direcciones distintas, no cabalgan sobre caballos distintos. Por primera vez 
hay acuerdo, y ese acuerdo es de una ayuda inmensa para trabajar en la 
tercera etapa, que consiste en ser consciente de tus sentimientos, emociones 
y estados de ánimo. 
 
Ésta es la etapa más sutil y la más difícil, pero si puedes ser consciente 
de los pensamientos, sólo es un paso más. Se necesita una consciencia más 
profunda para empezar a reflejar tus estados de ánimo, emociones y 
sentimientos. Una vez seas consciente de estas tres cosas, todas ellas se 
unen en un mismo fenómeno. Y cuando estas tres cosas sean una, funcionando 
juntas perfectamente, en armonía, podrás sentir su música: se han convertido 
en una orquesta. Entonces se llega a la cuarta etapa, la cual no está en tus 
manos lograr. Ocurre por sí misma. Es un regalo, una recompensa para 
aquéllos que han recorrido las tres etapas anteriores. 
 
La cuarta etapa es la consciencia suprema que le convierte a uno en un ser 
despierto. Uno se vuelve consciente de su propia consciencia. Esta es la 
cuarta etapa, lo que hace que uno sea un buda, el que está despierto. Sólo 
en ese despertar se llega a saber lo que es el estado de beatitud. 
 
El cuerpo conoce el placer, la mente conoce la alegría, el corazón conoce la 
felicidad. El que alcanza la cuarta etapa conoce la beatitud. Esa dicha 
suprema es la meta de sannyas, de un buscador, y la consciencia es el camino 
para ello. 
 
Lo importante es que estés alerta, que no olvides observar, estar 
observando... observando... observando. 
 
Y poco a poco, a medida que el observador se vaya haciendo más sólido, 
estable, inquebrantable, se produce una transformación: desaparecen las 
cosas que estabas observando. 
 
Por primera vez el propio observador se convierte en el observado, el que 
mira se convierte en lo mirado. 
 
Has llegado a casa..... 
 
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irradiando luz  con mucho amor.... Malena 
 
"Confio y actuo segun la orientacion de mi alma, todos los dias" 
"Cuando hay suficientes plumas en el ala, el pajaro esta listo para volar, y 
cuando las alas 
graciosamente se sincronizan, se da el vuelo ". 
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