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Palabras
del Editor.
Nelson Jiménez Vivero
Ensayo Abierto
La cultura como milagro
Gabriel
Zaid
Charco Profundo
Mauricio Otero (Chile)
Blanca Caballero (Cuba)
Leda García (Costa
Rica)
Daniel J. Montoly Castillo (Rep. Dominicana)
Beatriz Martinelli
(Argentina)
Fernando Luis Pérez Poza (España)
Nubes Grises
Ricardo d. Mastrizzo, Argentina.
Marcelo D. Ferrer, Argentina.
Fanny
Garbini, Argentina.
Dorin Popa, Rumanía
Manuel Lozano, Argentina
Alma
Libre. Dancory, Venezuela
MARCELO LUNA. Argentina.
Elisa Menendez. Estados
Unidos.
Remolinos
Marcelo Luna y Jan Loomis
Vranov.
Pablo de Casamanita
Ricardo Gomez Vecchio, Argentina.
Julia
Wong Kcomt, Perú.
Gabriela Botbol, Argentina.
Elisa Ramírez
Gutiérrez
Susana Luna
El Caldero
Julia WonG Kcomt
Leo Zelada
Maestros
Nicolás Guillén, Cuba.
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Palabras del
Editor
Las flores no ven, no hablan, no se mueven; sin embargo, atraen la
atención. ¿Cómo romper la inercia de una flor?
Hay palabras que por su uso común son rechazadas por los poetas por temor a
ser tildados de cursis. Va entonces el artista a la búsqueda de vocablos
difíciles y escribe un críptico poema incomprensible. Ambos extremos son
fatales. La idea ha de superar la forma, las imágenes literarias han de ser
herramientas del pensamiento para dejar ver lo que no se quiere decir sino hacer
sentir al otro. Una carta informa, un poema, transmite. Existe una gran
diferencia, la palabra siempre es un símbolo, porque representa algo que en
realidad no es, simboliza un concepto, pero en la poesía la palabra toma su
propio valor más allá de lo que explica el diccionario. Ella se transforma en un
elemento preciso de un paisaje, se transfigura y nace perfecta con un objetivo
único. En mi humilde opinión las palabras comunes son mejores aliadas en la
acción creadora, son como las flores: no ven, no hablan, no se mueven; pero
atraen la atención. Romper su inercia es el secreto. Luego se desbocan solas, se
reproducen como bacterias.
Nelson Jiménez Vivero
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Charco Profundo.
Confeso
Una roca que de pronto deja ver sus venas
su luz corriente en neón
el pasmo de los finos filamentos del amor
en vocablos que esperan surgir del fondo
como movibles mármoles que fluyen
hacia un mar de helados ecos de almas muertas
que rompen la escarcha con sus besos
que sus sienes ahuecadas en los laberintos
donde
la nada vio pasar a Dios
y tembló para siempre
como la caída de la ciudad horriblemente plateada
como un diamante opaco que estalla en los ojos
Ayyyy!...Dios, estoy sollozando tu pavor
como el recién nacido de la muerte que penetra en la caverna húmeda de
soledad
y sus pies descalzos moja tu gemido hermoso
tu quejido como de viuda, de mi amante
que en negra desolación me enlutó el rostro
esta roca de carne dolorosa que derrama el tumor de los abismos
en el día del fin
que ya llegó y te derrota el musgo blanco
con tres estremecimientos de velar el alba
con el alma
Ahy, está amaneciendo y tengo un río de huesos triturados
como viruta de tu amor y llanto
Y te perdono, porque eres mi padre
y eres oscuro
como yo
Padre.
Mauricio Otero, poeta chileno.
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Absurdo
Me he quedado dormida
con un ojo inmovil y muerto.
Estoy
escondida en la cama
para buscar un espacio
dentro de la casa grande
He
colocado hormigas
alrededor de mi lecho
para que avisen, cuando hayan
visitantes prestos.
Ellas se acercan y dicen
si los
sonidos logran
fundirse con naturalezas muertas
o con pájaros
exóticos.
Por las paredes suben un ejército de muñecas
que se convierten
enseguida
en cilindros de azabaches.
He colocado cerrojos, aldabas,
candados y flores
pero no he podido llenar
mi sombrero de bastones.
No
quiero ademán vacío, ni cubierto de oraciones,
quiero un reino y unas
flores para acabar contigo.
No puedo pedirle al fuego, ni puedo clamar al
aire,
Y menos dejar abierta la botella de recuerdos.
Me he quedado
dormida
Con un ojo inmóvil y muerto.
Blanca Caballero, Miami.
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EL MINUTERO
Qué terrible rutina la del reloj,
siempre cansando el paso
de su aguja
en el rincón derecho
del hastío.
Alguna vez fui como él,
circular en mi memoria
de mariposa herida.
LEDA GARCIA PEREZ
COSTA RICA
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Encuentro con la locura.
A Leopoldo Marma Panero.
Va conmigo la luz podrida cuando doy un paso,
pero no
puedo transcribirla
o encontrar palabras sin sangre
que
rueden su importancia.
Después del ladrido disperso,
los perros se vuelven
signos,
espíritus airados
que no se contentan con la
tinta,
y exigen el fuego de las eras furiosas.
Oigo sus dedos irreductibles
habitar la redondez de la
memoria;
se hunden despacio en la locura,
se concentran en
las noches mal heridas.
!La lluvia!... !La lluvia!
La lluvia tersa sus pieles de
tambor,
sus gotas me persiguen,
hacen graffiti de agujeros
húmedos
en mi pecho abandonado.
Me abro al precipicio desarmado de retóricas;
perdido me
reinvento en las orillas.
La sombra es baja e insondable.
En el lomo irreal de un reflejo,
ocupo la
cordura;
leyendo mis ilegibles ojos muertos
he sido
mudo,
he sido loco,
ahora me otorgo un permiso a
sufragar
mi inocencia.
Callo y otorgo un voto de
silencio.
Daniel J. Montoly Castillo, USA.
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TRANSITANDO
camino despacio
no es conocida la ruta
aún
así
alguien que no soy
yo
la ha transitado
las piedras
filosas
como recién nacidas
marcan los pasos
es justo el sufrimiento
debe dejar huella
cada paso
recordará el pie
cada
pie
la huida
difícil tránsito
entre ese alguien que no soy yo
y
ésta
que creo conocida
I.C.Q. 13093216
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LA MEMORIA
memoria
atrapas todo de mí
ocupas los lugares reservados
dejo el alma en reposo
acaricias mi
piel
el
sudor
el
calor
los
gemidos
la ronca voz
tus grandes
manos
aprietan mis huesos
la curva de la
cintura
tiene el ángulo de tu brazo
el aliento humedece
los muslos
palomas
al vuelo te encierran
el movimiento es elocuente
la danza
anuda
y no
cesa
no cesa
Beatriz Martinelli, Argentina.
I.C.Q. 13093216
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Man in blue
A Reinaldo Arenas
Yo te escribía tres mentiras
guajiras Yemallá,
y Ochún jugaba
con
las negras mariposas
que surfeaban en las lámparas:
hogares de genios
cosmopolitas.
Nos drogábamos los espíritus
con vainas oscuras
y
perniciosas
que dan ataques de alegría
sin ser días festivos.
De lo
profundo
se desplomaban las voces
de las gallinas existenciales
que
dejaban huevos agridulces
en las retinas salobres.
¿Qué más
quería?
¿Volar cometas con cielo nublado?
-No, las rosas
no caminaban
Yemallá
era tu sequito de Orishas
los que danzaban-.
Los tambores
gritaban lunes
feriado con balsas
y Key West era el paraíso:
el Canaán
de los nuevos israelitas
transeúntes del trópico.
En su arena
blanca
soñábamos levantar chozas
de rumbas, son y salsas borregas
para
turistas incautos.
No fue así,
por ello te escribo
tres mentiras
mediáticas:
Estoy bien,
no te necesito,
déjame la puerta abierta
por
las noches cuando duermas...
No me preguntes si vuelvo
que esas cosas no
se dicen
a estas alturas
cuando las nubes lucen sus calvas
y los
dólares parecen ser cuervos.
Daniel Montoly, USA.
© 2002
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¿QUIÉN ERES TÚ?
Por qué huyes de mí, por qué destilas
ese ácido oscuro de soledad y
tristeza
que también late en las raíces del ciprés
y se despeña lento por
los huesos
hasta inundarte de moho la médula.
Ha llegado el tiempo de que tú y yo
hablemos claro y pongamos sobre la
mesa
el alma desnuda, clara, abierta, hasta fundir
esa amargura de esparto
que emborracha
el corazón y amortaja el sentimiento.
¿Quién eres tú? ¿Qué trozos de infinito
se unieron para concebir tu
esencia
y hacer pleno en la loca lotería del destino?
¿Sabes? Acaso
pudiste no ser
o quedarte atrapado para siempre
recorriendo el laberinto
huérfano
de la nada. O acaso si no hubieras nacido
seguirías vagando en el
humo avinagrado
del vacío, escarbando el azufre eterno
de un agujero negro
glacial y estúpido
que sólo sirve para esconder el vértigo
sin fin de la
muerte. ¿Quién eres tú?
Tal vez, si abrieras tu cerebro al infinito
y lograras detener por un
momento
ese caracol oscuro que te roba el tiempo
y se queda en ti como un
huésped camastrón
que se nutre de miseria, podrías volar
como un cometa
más allá del pensamiento,
tan lejos que si vas un poco más ya vuelves
o te
quedas colgado del cielo como un péndulo
para siempre. Tal vez. ¿Quién eres
tú?.
Tal vez sólo se viva a ratos, en el borde
azul de una ventana ciega,
rodando
de sueño en sueño, prisionero
de tu propio cuerpo. Tal vez
todo
sea un inmenso cabaret de cieno,
el váter donde dios hizo sus cosas
y
olvidó tirar de la cadena.
Pero ¿qué importa todo eso?
¿qué importa que los astros tiemblen
de
miedo? Estás aquí.
Todavía estás aquí, vivo y entero,
aferrado a la cola
enroscada del aire,
para sembrar tu voz
en cada trébol del sendero.
Julio 2002©Fernando Luis Pérez Poza
Pontevedra. España.
fpoza@navegalia.com
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Nubes Grises
LA VOZ DEL POETA NUNCA MUERE
Fallece el grito y el silencio, la sonoridad en el abrir de puertas,
la rajadura de las cosas, el pleito por mentir.
Pero la voz del poeta es inacabable,
quizás porque nació más allá del monte,
o de la retaguardia que Dios descuida.
Muere en el intento cuando intentar quiere
volar la hoja, pero no muere el invento
porque tiene el poeta algo de niño.
(las sombras pueden ser fantasmas de la realidad)
-Cáete hombre en el caminar, con tu segunda piedra
y tropieza en la tercera y la vigésima- dijo el poeta,
pero embandera sin banderas la libertad.
Toma el pan, el pecado, una entrada al cine o al circo de la vida.
Bebe el vino, dormita atardeceres siesteros de ríos,
digo, dijo, diremos poetas; no mueran.
La voz del poeta, no duerme,
dormita en bostezos entre una bitácora,
entre el miedo y la razón por los que aguardan sigilosos
con un brazo armado en contramano.
Él toma el fusil de pólvora y tinta oscura, el papel blanco de nube,
la trinchera del surco arado, la nostalgia, la Utopía,
una rosa no cortada y el teclado siempre brillante,
de franca hilera de dientes, sonrisa y labor.
Nunca cae abatido, nunca deja descansar
el pleito ordenado al grito libre.
Dejemos que caigan en el olvido; los de siempre,
aquellos históricos rostros borrachos y penas,
los que dolientes dejaron y dejan inacabables huellas de hambre,
dolor y muerte.
Le cantas al aroma del colegio, los sanos hospitales,
la vanguardia de cada futuro, y lanzas a la muerte indomable,
la única que renace.
Escríbete mañana de tu muerte sin mármol,
y descúbrete saber, por qué dolor lloran las espinas.
Ricardo d. Mastrizzo, Argentina.
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CARICIAS
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires,
Argentina.
¿Te han acariciado sin rozarte la piel?
Irradia el ser destellos
¿humanos?
Inmanejables, irrazonables
Suspiros enérgicos del material...
¿del que está hecha la vida?
¿Qué insubordina a tanta magia dormida?
¿Borrascas de otras vidas?
¿La adormecida sabiduría del alma
que irrumpe la monotonía?
Inanuciado anónimo segundo
que une el origen y el fin y el todo
desbordando destellos
que decapitan las astas agudas
del portal de la piel.
Brilla la mirada
se tensa la palma morando su entraña
no rosa sustancia.
Acelera el ritmo el pecho
se detiene el tiempo.
Alguien,
lejos,
toca tu cuerpo.
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TÁCTICAS Y ALGUNAS ESTRATEGIAS
acunaré niños
aunque no los conozca
hablaré con los ángeles
por si me escuchan
cortaré
rosas
de rosales
inventados
en los pies de la
Virgen
iré a dejarlas
caminaré entre las estrellas
y si encuentro la Luna
de su cara
oculta
me vestiré
parece difícil
casi imposible
pero prometí
tácticas
y algunas estrategias
como don Mario
acercaré esos dulces clamores
esas tiernas
miradas
que el río me regaló
caminaré por senderos
cubiertos de rojos robles
y la alfombra sepia
de los pinos
mis pasos acallará
me sentaré a la orilla del arroyo
y suavemente meceré en sus
aguas
el recuerdo de un anochecer
tejeré una manta
de pura lana de oveja
y con ella iré anudando los
recuerdos
que hilamos juntos
escucharé la música
que ambientó la noche
y tu voz y la
mía
en la copa de los árboles
nido construirá
será más fácil el recuerdo
más
cercano
más
húmedo
más...
Beatriz Martinelli, Argentina.
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SIN P