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He leído con sorpresa, nausea y preocupación
un poco de lo escrito sobre este asunto en las numerosas listas literarias.
Hasta el momento en silencio, como casi siempre, observando. Finalmente, al
borde la copa, tengo la urgencia de opinar.
PRIMERO. Estoy
absolutamente convencido que nadie, ni la autora del supuesto texto plagiado,
creen que Manuel Lozano realizó tal cosa. No por las diferencias de estilos, ni
otros valores. Simplemente porque es absurdo que un artista que ha demostrado
con su obra misma, extensa por cierto, que es capaz de hacer literatura, tenga
siquiera el impulso de copiar algo. Quien obtiene frutos abundantes de su
cosecha no tiene tiempo de robarle una hortaliza al vecino, ¿qué haría con
ella?. Todo el mundo aquí conoce que Lozano tiene suficiente misterio en
su poesía como para mantenerse él mismo inmerso en ella, decodificando a su
inteligencia las crípticas metáforas que escapan de sus laberintos.
SEGUNDO.
Las listas literarias han dejado de serlo, no sólo por este incidente, que lo
único que muestra bien claro es la naturaleza de nuestra primitiva especie, sino
porque la mayoría de las veces cada cual se ocupa de promover su propia poesía
sin leer la de los otros. Demasiados emisores sin orejas, entonces pierde el
sentido.
TERCERO. Hay mucha
literatura, tanta, que la vida no alcanza para leer una mínima parte de lo bueno
que se ha escrito. ¿Qué razón tiene perder tiempo leyendo mensajes interminables
y reiterativos que atacan a otros proyectando sólo frustraciones, miedos,
angustias? Si se desea hablar de cosas ligeras, ¿no es mejor ir un rato a un
salón de chat de adolescentes y dejar desarrollarse a plenitud el niño o el
monstruo que se lleva dentro? La vida es tan corta, el tiempo tan valioso. ¿No
es mejor aprovecharla en algo que nos haga crecer?
Ha llegado el vacío, mejor
dicho, lo hemos percibido, y ante la tensa calma de ese silencio, algunos
testarudos que no se conforman con tanta muerte, han comenzado a gritar
ingenuamente, para llenarlo. Yo los comprendo, a todos, pero creo que hay
mejores alternativas en las que puede pensarse para recuperar lo perdido.
Sinceramente,
Nelson Jiménez
Vivero
Editor de Poetas
2000
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