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Domingo
4 de mayo de 2008
Ciclo
A. Séptimo
Domingo de Pascua.
Evangelio:
Juan 17, 1-11
(Leccionario
Común Revisado)
Primera
Lectura: Hechos 1, 6-14
Salmo
Responsorial: Salmo 68, 1-10, 32-35
Segunda Lectura: 1º Pedro 4,
12-14, 5, 6-11
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EVANGELIO
Juan 17, 1-11
Traducción:
El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia.
Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires.
1990 |
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Después de hablar así, Jesús
levantó los ojos al cielo, diciendo: "Padre, ha llegado la hora: glorifica
a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad
sobre todos los seres humanos, para que él diera Vida eterna a todas y
todos los que tú les has dado. Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti,
el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra,
llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame
junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo
existiera.
Manifesté tu Nombre a los que
separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyas y tuyos y me los diste,
y ellas y ellos fueron fieles
a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras
que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y
han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo,
sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo
tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estoy más en el mundo, pero
ellos y ellas están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuida en tu
Nombre a aquellos y aquellas que me diste, para que sean uno, como
nosotros.
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LA
GLORIA
DE
DIOS
La vida de oración siempre se
realiza en una perspectiva de cruz y los consensos y la unidad que brotan de esa
oración, también son parte del desafiante compromiso de vivir en esa
perspectiva. La oración, siguiendo el modelo que nos propone Jesús de
Nazaret, tiene como objetivo
colocarnos siempre en el centro de todas las tormentas porque nos brinda la
perspectiva correcta de un trabajo de incidencia en las políticas públicas, en
promoción de derechos y dignidades, en acompañamiento a personas y grupos que
para los prejuicios y estigmas de nuestro mundo, son políticamente incorrectos.
Aquellos y aquellas que estamos
inmersos en las tareas que nos propone la crisis del vih y del sida sabemos muy
bien que la hora de la cual nos habla Jesús, el Cristo de Dios, es la cruz. La
gloria de ese modelo de Cristo, de sus discípulos y la gloria misma de Dios no
es otra que la cruz por amor a la justicia, a la inclusividad, a la mesa
compartida con las personas y grupos que viven en situación de vulnerabilidad al
vih y al sida y a todos los estigmas y exclusiones de nuestra sociedad y de
nuestras iglesias.
Muchas veces, en el transcurso de mi
tarea en el contexto de la epidemia del vih he solicitado tener la fuerza de
realizar la misma oración, el mismo pedido, tener la misma fortaleza. Reconocer
desde la oración que la hora a la cual nos conduce a todos aquellos y aquellas
que trabajamos en temas de derechos humanos, de reconocimiento de dignidades no
nos espera otra gloria que la coherencia de romper silencios que promueven
muertes y son signos de muchas complicidades y traiciones, de aquellos y
aquellas que queremos ser discípulos y discípulas del Jesús de Nazaret.
Ese Jesús de Nazaret, en contra de
todos los sentimientos de superioridad, exclusividad y de propiedad de Dios y de
las iglesias, proclama que solamente él recibió “autoridad” sobre todos los
seres humanos, incluyendo a las personas y grupos que viven con vih y con sida y
sobre todas y todos los estigmatizados del mundo. El Cristo de Dios, revelado en
Jesús de Nazaret, viene a dar vida a todos y todas, sin límites y sin
exclusiones. Esa es la gran autoridad que en la sombra de la cruz proclama
Jesús.
Nosotros y nosotras también tenemos
que levantar los ojos al cielo para contemplar en las utopías del sentido del
proyecto del Padre, el objetivo final de la encarnación de Jesús, de ese caminar
junto a las y los descalificados de los sistemas de pureza construidos con leyes
y reglamentos que oprimen el amor. Conocer a Dios no es un ejercicio
intelectual. Solamente al conocer las comuniones y amistades de Jesús de Nazaret
podemos conocer la naturaleza y voluntad de Dios. No hay otro camino para
conocer a Dios que la vida encarnada en el centro de todos los imperios y de
todos los poderes de ese mundo que se nieva a vivir de acuerdo a la voluntad de
Dios. En contra de ese mundo que no quiere cumplir la voluntad de Dios como se
cumple en el proyecto de su Reino.
Jesús de Nazaret glorifica en el
pasado a Dios a través de su encuentro con todo tipo de impuros de sistemas
teológicos varios, de oprimido por sistemas políticos e imperiales varios, de
marginados de comunidades y familias diversas. La vida eterna y las obras que se
le han encomendado a Jesús de Nazaret es vivir una teología transgresora, una
comunión escandalosa y una comunidad con comuniones sorprendentes. Esa es la
forma de glorificar a Dios en el pasado, en el presente y en el futuro. Nuestra
gloria no es un buen salario, no es tampoco un automóvil nuevo ni el último
CD de moda del intérprete que más
nos gusta. La
Vida eterna y la gloria a la cual estamos llamados y llamadas
pasa necesariamente por la cruz. No hay ninguna gloria digna de ese nombre, en
perspectiva de Jesús de Nazaret que no pase por la cruz que lleva a todas las
resurrecciones. No hay atajos ni caminos alternativos. Necesariamente nuestro
camino para que otros y otras tengan la posibilidad de una calidad de vida que
sea merecedora de la eternidad pasa por atrevernos a reconocer, que en la
epidemia del vih y sida, ha llegado la hora de glorificar a Dios rompiendo
silencios y asumiendo comuniones escandalosas.
A pesar de todo lo que pienso, de
todo lo que escribo, no tengo la certeza de atreverme a pedirle nuevamente a
Dios que me glorifique, que me de cruz.
Solamente ese sentimiento que solo encuentro en los momentos de oración
que me permiten elevar los ojos de esta realidad del mundo que se opone al
proyecto del Reino, puedo ver ese otro mundo que viene de todos los confines del
universo para adorar, es decir, poner en práctica aquello por lo que el Cordero
inmolado ha dado su vida.
En ese compromiso de oración, en ese
mirar más allá de esta realidad para descubrir la verdadera realidad del Reino y
en perspectiva de cruz quiero hacer mía una oración que sabe interpretar una
excelente artista argentina llamada Cipe Linkovky y que dice aquello que no me atrevo a
pedir: “Dios, No te voy a pedir lo que
todos y todas te pide, porque, seguramente, de eso no te queda nada. No te voy a
pedir la tranquilidad del alma, ni la del cuerpo, ni siquiera la fortuna y
tampoco la salud. Eso te lo piden tantos y tantas que seguramente no te queda
nada. A mí dame lo que te sobra, lo que se te rechaza, yo quiero la
intranquilidad y la tormenta. La insatisfacción y la pelea, y dámela para
siempre, que yo esté seguro para
siempre, porque no siempre tendré el coraje de pedírtelo de nuevo
“
Jesús de Nazaret manifiesta el
Nombre de Dios, es decir, su naturaleza y esa naturaleza que conduce a la vida
eterna es una naturaleza de comunión en la diversidad. Esa diversidad ha sido
entregada a Jesús, el Cristo de Dios, para que revele la naturaleza del Dios que
se atreve a ir en su comunión hasta la cruz impuesta por sistemas teológicos y
políticos que no quieren esas comuniones sino que proponen sistemas de
exclusiones y de jerarquías de honores y dignidades. Es el mundo que quiere
hablar de “la gente de bien” porque ese sistema necesita pensar en la existencia
de “gente de mal”. Son aquellos que hablan de las “clases altas” y de las
“clases bajas” como si las personas se las pudiera clasificar y colocar en sus
sistema, donde, por supuesto, yo estoy siempre en los puestos mejor ubicados.
Jesús nos revela un nombre y una
naturaleza de Dios que rompe nuestros sistemas de jerarquías y de clasificación
de personas y grupos. Por ese mundo que se opone al proyecto del Reino,
indudablemente Jesús de Nazaret no quiere ni puede rogar. Ruego por aquellos que
en comunión de cruz quieren construir esa otra realidad que nos revela nuestro
compromiso de oración y contemplación. Son aquellos y aquellas que saben que
detrás de algunas derrotas cuando promovemos justicia, solidaridad y equidad,
siempre esta presente Dios. La presencia real de Dios y la presencia real de
Cristo están sacramentalmente presentes en toda acción que lleva y conduce a
mayor dignidad, justicia y comunión entre todos los seres humanos que pertenecen
por derecho evangélico a Jesús de Nazaret, la verdadera imagen de Dios. Esa es
la unidad que buscamos al elevar nuestros ojos al cielo donde podemos contemplar
la imagen de la cruz que nos dice que con ese signo venceremos.
Para la revisión de vida
¿Nuestra oración revela nuestro
compromiso y nuestra búsqueda para que todos los seres humanos sean uno en
Cristo Jesús? ¿Las personas estigmatizadas y excluidas, que creen en Jesús de
Nazaret, sienten que nos estamos jugando la vida, el bienestar y la tranquilidad
en nuestro compromiso por construir un espacio de
inclusión?
Para la reunión de grupo
¿Cuáles son las formas de inclusión
que demuestran nuestra voluntad de vivir en la unidad de Cristo? ¿Podemos
considerar nuestras formas de inclusión un desafío a las teologías oficiales, a
las leyes de pureza ritual de las diversas ortodoxias que se expresan en
nuestras comunidades? ¿Nos atrevemos a levantar nuestros ojos al cielo y
contemplar esa otra iglesia de Dios que baja de ese mismo cielo y que no tiene
otras paredes que el amor y la gracia sorprendente de Dios, tal como lo revela
Jesús de Nazaret?
Para la oración de las y los fieles
Con la alegría de levantar nuestros
ojos al cielo y contemplar el proyecto del Reino de Dios, hecho visible en la
vida de Jesús de Nazaret, nos atrevemos a interceder por la iglesia, por el
mundo, y por toda la creación de Dios que espera que rompamos nuestros silencios
y clamemos para que ese Reino venga ya.
Se observa un breve
silencio.
Por todas las comunidades cristianas
y por todas y todos los que presiden su oración, para que puedan constantemente
desear vivir la gloria de Dios, en obediencia al proyecto que nos pide cada día
más solidaridad, más justicia, más inclusión y más equidad. Dios de vida
eterna
Por todos los pueblos oprimidos por
una deuda externa inmoral, violenta, y por un injusto sistema mundial de
comercio, para que tu Espíritu de cruz y resurrección, nos mueva a ser cada día
más prójimos, más próximos, más en comunión con todos aquellos que el mundo
oprime y excluye. Dios de vida eterna
Por aquellos y aquellas que no
encuentra un lugar en el mundo y en los sistemas para que puedan ver en nuestras
comunidades ese espacio de inclusión y equidad. Concédenos la fortaleza para
trabajar por el bienestar de todos tus hijos e hijas y ver en ese bienestar un
anticipo de la vida eterno a la cual llamas a toda la humanidad. Dios de vida
eterna
Por todas y todos aquellos que
trabajan para construir un mundo y una iglesia más sensible al clamor de las
personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida, para que
encuentren la fuerza y la imaginación para construir caminos de unidad, tanto
conocidos como desconocidos, tradicionales como nuevos, fáciles como difíciles.
Dios de vida eterna
Acepta nuestras oraciones y nuestra
contemplación de tu Reino y de tu identidad, y por amor de aquel que junto a Ti
ha sido crucificado, nos pueda conducir a la unidad de la Trinidad, y vivir en la diversidad
reconciliada como signo de la resurrección en la vida nueva que tu quieres que
vivamos en Jesucristo, tu Hijo, nuestro hermano y compañero de sueños y de
caminos. Dios de vida eterna
Oración comunitaria
Principio y meta de toda unidad: tu
Hijo, nuestro camino y nuestra verdad esta contigo en la gloria eterna de la
cruz que vence toda división, y toda jerarquía deshumanizante. Danos tal fe que
podamos ver su presencia y su fidelidad de caminar junto a nosotros y nosotras
hasta que hayamos puesto fin a este mundo que se opone a tu proyecto y podamos
vivir en la calidad de vida de tu Reino. Te lo pedimos por Jesucristo, que vive
y conduce contigo y con el Espíritu de la nueva vida, una sola fuente de unidad,
ahora y siempre.
Pastor
Lisandro Orlov
Pastoral
Ecuménica VIH-SIDA
Buenos
Aires. Argentina.