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 Domingo 19 de octubre de
2008.
Ciclo
A. VIGÉSIMO NOVENO DOMINGO DEL
TIEMPO ORDINARIO
Evangelio:
Mateo 22, 15-22
(Leccionario
Común Revisado)
Primera
Lectura: Isaías 45, 1-7
Salmo
Responsorial: Salmo 96, 1-9 [10-13]
Segunda Lectura: 1º
Tesalonisenses 1, 1-10
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EVANGELIO
Mateo 22, 15-22
Traducción:
El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia.
Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires.
1990 |
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En aquel tiempo los fariseos
se reunieron para sorprender
a Jesús en alguna de sus afirmaciones. Y le enviaron a varios discípulos
con unos herodianos, para decirle: "Maestro, sabemos que eres sincero y
que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la
condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de
nadie. Dinos qué te parece:
¿Está permitido pagar el impuesto al Cesar o no?". Pero Jesús, conociendo
su malicia, les dijo: "Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan
el impuesto". Ellos le presentaron un denario. Y él les preguntó: "¿De quién es
esta figura y esta inscripción?". Le respondieron: "Del César". Jesús les
dijo: "Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de
Dios". Al oír esto, quedaron
admirados y, dejando a Jesús, se fueron.
El Evangelio del
Señor. |
LA
AGENDA
DE
DIOS
Muchos grupos religiosos se acercan
a las Escrituras con una agenda escondida. Prejuicios y posiciones morales
preexistentes condicionan su forma de comprender el mensaje de Jesús de Nazaret.
Al igual que este grupo de que se le acerca, muchos utilizan hoy en día el
Evangelio con el objetivo de apoyar y fundamentar posiciones pastorales previamente asumidas.
La afirmación que introduce el
diálogo y que proclama que Jesús de Nazaret es Maestro y es sincero y que enseña con fidelidad el
camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque él no
se fija en la categoría de nadie, es en sí toda una confesión de enorme
significado, pero que en sus labios se transforma en una cínica ironía. Nada de
eso forma parte de sus convicciones y, muy por el contrario, encierra toda la
crítica que fundamenta la trampa en la que quieren hacerle caer. Saben muy bien
que el camino de Dios que enseña Jesús de Nazaret es muy opuesto a su sistema.
No tienen realmente miedo a la popularidad de este Maestro con el pueblo.
Tampoco le preocupa demasiado el ataque directo a su fuente de financiamiento y
poder económico cuando atacó a los mercaderes en el templo. En cambio les
escandaliza que no tome en cuenta la condición de las personas, ni que no se
fije en la categoría de nadie. Les resulta inaceptable que coma con y visite la
casa de pecadores y pecadores, y que además les anuncie una buena noticia de
inclusividad. Eso ya es demasiado.
Les escandaliza el anuncio que confirma
que ese espacio de liberación en el cual se cumple la voluntad de soberana de
Dios, que todos y todas llamamos Reino, pueda ser entregado a las y los
extraños, diferentes e impuros. Allí está el motivo suficiente y necesario para
planificar esta trampa de cruz y en ese aspecto se manifiesta su oposición a
este camino de Dios revelado por Jesús de Nazaret. Esa oposición y ese rechazo
constituyen la agenda secreta de sus enemigos.
Todas y todos los que estamos en
comunión con las personas y grupos vulnerables al vih y al sida, conocemos las
agendas escondidas de muchas personas y comunidades religiosas que también viven
ese escándalo. En público, muchos de estos líderes, asumen un discurso
políticamente correcto para el momento actual pero en privado tienen posiciones
totalmente opuestas y negativas al
anuncio de cualquier buena noticia de liberación y de inclusión a
aquellas personas que esos líderes continúan considerando desde una lectura
fundamentalista de las Escrituras como impuras e indignas del espacio que
llamamos Reino.
El núcleo de su escándalo no aparece
en la trampa. Ni una sola palabra sobre el camino de Dios puesto de manifiesto
por Jesús de Nazaret. Nada sobre una acción pastoral que no tiene en cuenta la
condición de las personas ni sus identidades. Nada sobre aquello que les
escandaliza realmente de las enseñanzas y prácticas de este Maestro, que no se
fija en la categoría de nadie y que no rotula a las personas. La pregunta se
plante desde una cuestión relativamente secundaria y en la que hay, dentro de
esa misma comunidad religiosa, diversidad de posiciones que no significan
rupturas en la unidad. Evitan astutamente poner en el debate aquellos temas
esenciales que hacen a la comprensión básica de las Escrituras y del mensaje del
Reino.
Tenemos que tener cuidado nosotras y
nosotros mismos de no correr el riesgo de considerar rápidamente y pasar por alto esta primera parte del
relato y caer en la trampa de centrar nuestra reflexión primordialmente en el
tema de los impuestos. El escándalo
de este relato está en esta introducción y en la promesa que el espacio de
liberación e inclusión del Reino esta abierto a personas que, a nuestro juicio y
usando exclusivamente la
Ley como parámetro de evaluación, no han hecho el esfuerzo
suficiente y que no han reunido los méritos necesarios como para ser los
destinatarios de las buenas noticias. Así piensan muchos grupos religiosos de
las personas que viven con vih.
Ese espacio de inclusión que
llamamos Reino no es una recompensa a esfuerzos o méritos sino que es un regalo
totalmente gratuito e inmerecido. La entrada en ese espacio no se negocia,
simplemente se acepta y se agradece. Nada más. Y esto es difícil de asumir
porque muchos y muchas quieren imponer leyes a cumplir para sentir que tienen
derecho y propiedad como para entrar en él. El perdón de Dios no se gana ni se
negocia. Es una iniciativa de aquel que nos ama, aún cuando estábamos lejos y
totalmente sorprendente y completamente inmerecida, puesta en las manos de todos
y todas sin fijarse en la categoría de nadie y sin rotular a las personas.
Para mayor escándalo, Jesús de
Nazaret, ofrece este espacio de comunión y justicia a personas que no son
obedientes ni disciplinados de acuerdo a nuestros criterios fundados en
mandamientos y leyes. Porque no nos gusta tanta inclusividad es que le tendemos
trampas al Evangelio de Jesús, el Cristo del Dios del Reino. Sentimos la
necesidad de domesticar el mensaje y colocarlo bajo el yugo de la Ley, tanto la de Dios como las
nuestras. Con esa actitud somos nosotros y nosotras, los aparentemente
convertidos, quienes nos hacemos desobedientes, tramposos y poco disciplinados.
Con nuestra necesidad de negociar con Dios el reconocimiento de nuestros méritos
y esfuerzos que nos dan derecho a sentirnos monopólicos y excluyentes herederos
y herederas del Reino. Somos nosotros y nosotras quienes usamos las leyes y
reglamentos como parámetro que toma en cuenta la condición de las personas y con
ello nos colocamos fuera de ese espacio donde pueden entrar los malos y buenos,
los limpios y sucios, los lindos y los feos. Esta es la trampa y este es el tema
realmente en discusión. No nos podemos ni dejemos distraer.
La misma pregunta los ubica en una
dimensión equivocada. Según las diversas traducciones preguntan si es legal, si
está permitido, si se debe pagar impuestos al imperio. En esta pregunta también
subyace la confusión entre el Reino de Dios y el Reino Secular. No son dos
espacios paralelos con funciones totalmente diferentes que no podemos dejar de
distinguir sin separar. Esta cuestión candente y conflictiva es colocada como
condición para entrar al espacio de la inclusividad y de la relación con Dios
cuando en verdad, es un tema que se
debate en el espacio en el que debemos mostrar nuestro compromiso con el prójimo
y con su bienestar. Esta no es una pregunta religiosa sino positivamente
política. No es el enfrentamiento de dos sistemas sino la complementariedad de
los dos reinos. Al imperio siempre le hemos de exigir mayor justicia, más paz,
más bienestar y equidad. Esa es parte de nuestra respuesta al amor gratuito de
Dios que siempre busca en nosotros la movilización en pro de la justicia. Dios
solamente nos pide un si de confianza y fe a su amor y compasión. Al imperio
debemos entregarle nuestra participación activa, visible, en la construcción de
un espacio donde los seres humanos puedan relacionarse como hermanos y hermanas.
Jesús de Nazaret conoce las agendas
secretas de los imperios y sus servidores. Además de saludarlos en forma un poco
descortés y tratarlos. en sus propias fauces. de hipócritas, les pide que le
muestren una moneda con la que pagan el impuesto al imperio. Aquí me pongo a
soñar. Aparentemente Jesús y sus discípulos no tienen una de esas monedas y
necesitan mendigarla. Aquí me viene a la memoria la figura de un gran
mendicante, la de san Francisco de Asís, quien en el contexto de una incipiente
cultura monetarizada, recomendaba a sus discípulos tener terror de tocar una de
todas las monedas porque para él representaban toda la injusticia y todas las
exclusiones y opresiones. ¿Será que Jesús de Nazaret le tiene el mismo horror de
tocar monedas, símbolos de tantas inequidades?
En el plano del Reino de Dios nunca
preguntamos si algo está permitido o si es legal hacer tal o cual cosa. Esa es
una pregunta que nace de nuestra idolatría de la Ley y de pensar que cumpliendo o
asumiendo ciertas conductas, agradamos a Dios. No necesitamos agradar a Dios
para ser convocados al Reino de la equidad y la justicia. Es totalmente gratuito
y lamentablemente esa misma gratuidad provoca rechazo. No podemos admitir la
generosidad del perdón paradójico de Dios. Vienen a nuestra memoria frases de
san Agustín quien dijo y dice: “Todos los
mandamientos de Dios se cumplen cuando queda perdonado todo cuanto no se ha
hecho” y también san Jerónimo quien agrega: “Somos pues justos cuando nos confesamos
pecadores, y cuando nuestra justicia se funda, no en nuestros méritos, sino en
la misericordia de Dios”
La Apología de la Confesión de Augsburgo afirma
que “Cristo, quien siendo sin pecado
sufrió el castigo del pecado y fue hecho víctima por nosotros y nosotras, quitó
a la ley el derecho de acusar y condenar a los que creen en él, porque él hizo
propiciación por ellos y ellas, a raíz de la cual ellos y ellas, son ahora
considerados justos y justas. Pero una vez considerados justos y justas, la ley
no puede acusarlos o condenarlos, aún cuando en realidad no haya satisfecho la
ley. En el mismo sentido, Pablo escribe a los colosenses (2, 10) “En Cristo
estáis completos y completas”.
Simplemente estamos llamados y llamadas a anunciar esta escandalosa buena
noticia en el plano del Reino de Dios. Porque a Dios solamente podemos
entregarle nuestra fe y nuestro sí a su acción.
En el plano del Reino secular está
muy bien pagar impuestos porque ese es nuestro compromiso de amor que busca la
justicia para nuestro prójimo. No nos salvamos por pagar impuestos sino que con
ellos procuramos el bienestar de nuestros hermanos y hermanas. Tenemos como
objetivo el respeto de las dignidades de todos los seres humanos y el cuidado de
la creación. Por supuesto que nuestros impuestos pueden ser utilizados en forma
indebida, pero esa discusión no afecta la inclusividad del Reino de Dios.
Es lógico para los seres humanos que
nuestra dignidad frente a Dios procede del pago de impuestos, de la monogamia,
de la abstinencia o de cualquier otra acción positiva que hacemos para proteger
por amor la dignidad de hermanos y hermanas. Lo que aún continua siendo ilógico
y muy poco natural es el aceptar con plenitud que Jesús de Nazaret en la cruz
llevó a cabo el gesto único y necesario en el cual se nos revela el profundo e
incondicional amor de Dios para con el mundo y para con todos nosotros y
nosotras. Desde esa cruz amamos incondicionalmente a nuestro prójimo y pagamos
impuestos y monitoreemos el uso de ese dinero haciendo incidencia en políticas
públicas porque es nuestra forma de
evangelizar la cultura en la cual estamos encarnados y encarnadas.
Para la revisión de vida
Existe una sola Palabra de Dios y
esa Palabra es una persona: Jesús de Nazaret, el Cristo del Dios del Reino y esa
es nuestra clave interpretativa de todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
¿Dónde he puesto el énfasis en mi escucha de la Palabra: en la Ley y los mandamientos o en el Evangelio
y la gracia?
Para la reunión de grupo
Las Escrituras, en especial en el
primer testamento, nos revela un Creador sumamente celoso que no admite la
construcción de ídolos. ¿No estaremos haciendo de nuestros esfuerzos, meritos y
prestigio nuevos ídolos que no nos permiten vivir en plenitud lo que debemos
entregar a Dios (la fe en acción de gracias) y que oscurece aquello que debemos
realizar en el plano político (servir a nuestro prójimo con el amor que busca
justicia)? Esta confusión de Reinos
¿no estará esterilizando nuestras vidas y entregas en uno y en el otro
espacio? ¿Esa afirmación que dice que la comunidad cristiana no debe meterse en
política no tendrá su nacimiento en la confusión y separación entre el Reino de
Dios y el Reino Secular?
Para la oración de las y los fieles
Confiando en tu promesa que nos
ofrece, a todas y todos los que estamos oprimidos por el pecado y las muchas
muertes, la reconciliación gratuita por medio de Cristo, que conseguimos por la
fe sola, nos atrevemos a interceder por todo el mundo, por tu iglesia extendida
y comprometida con este mundo, y por todas y todos los que esperan la
manifestación de tu presencia.
(Se hace un breve
silencio:)
Maestro que enseñas con fidelidad el
camino del Reino, sin tener en cuenta la condición de las personas y sin fijarte
en la categoría de nadie, concédenos el coraje de confiar en los méritos de
Cristo, que por causa de él Dios, que nos creo a su imagen y semejanza, quiere reconciliarse con todos y todas,
incondicionalmente. Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra.
Imagen de toda la creación, que nos
invitas a levantar nuestros corazones en la confianza absoluta en la
misericordia prometida a causa de tu Cristo, ayúdanos a vencer y superar las
fronteras de discriminación, opresión, y prejuicios que aún separan personas,
pueblos y naciones. Concédenos contemplar este mundo con tu amor y con tu
mirada, para que en comunidad nos podamos entregar a tu proyecto por un mundo
más fraterno y equitativo. Canten al Señor, bendigan su Nombre, día tras día, proclamen su
victoria.
Oración comunitaria
Camino visible al Reino, en Jesús de
Nazaret, tu Cristo hiciste visible tu gloria ante las naciones, al arrodillarte
ante los explotados y discriminados. Te pedimos que continúes actuando y
convocando a todos los puebles a recibir tu misericordia y reconciliación a fin
de que, todo el mundo al que amas tanto, pueda perseverar con fe clamando por la
llegada de tu Reino y confesando con sus labios y sus acciones, su plena
confianza en su presencia entre nosotros y nosotros. En el nombre de aquel que
enseña tú camino, sin tener en cuenta la condición de las personas y sin fijarse
en la categoría de nadie. Amén
Pastor Lisandro
Orlov
Pastoral Ecuménica
VIH-SIDA
Buenos Aires. Octubre
2008