27 Tiempo Ordinario (A) Mateo 21, 33 –
43
NO
DEFRAUDAR A DIOS
JOSÉ ANTONIO
PAGOLA
SAN SEBASTIÁN
(GUIPUZCOA).
ECLESALIA, 01/10/08.- La parábola de los
«viñadores homicidas» es tan dura que a los cristianos nos cuesta pensar
que esta advertencia profética, dirigida por Jesús a los dirigentes religiosos
de su tiempo, tenga algo que ver con nosotros.
El
relato habla de unos labradores encargados por un señor para trabajar su viña.
Llegado el tiempo de la vendimia, sucede algo sorprendente e inesperado. Los
labradores se niegan a entregar la cosecha. El señor no recogerá los frutos que
tanto espera.
Su
osadía es increíble. Uno tras otro, van matando a los criados que el señor les
envía para recoger los frutos. Más aún. Cuando les envía a su propio hijo, lo
echan «fuera de la viña» y lo matan para quedarse como únicos dueños de
todo.
¿Qué puede hacer ese señor de la
viña con esos labradores? Los dirigentes religiosos, que escuchan nerviosos la
parábola, sacan una conclusión terrible: los hará morir y traspasará la viña a
otros labradores «que le entreguen los frutos a su tiempo». Ellos mismos
se están condenando. Jesús se lo dice a la cara: «Por eso, os digo que se os
quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus
frutos».
En
la «viña de Dios» no hay sitio para quienes no aportan frutos. En el proyecto
del reino de Dios, que Jesús anuncia y promueve, no pueden seguir ocupando un
lugar «labradores» indignos que no reconozcan el señorío de su Hijo, porque se
sienten propietarios, señores y amos del pueblo de Dios. Han de ser sustituidos
por «un pueblo que produzca frutos».
A
veces pensamos que esta parábola tan amenazadora vale para antes de Cristo, para
el pueblo del Antiguo Testamento, pero no para nosotros que somos el pueblo de
la Nueva Alianza y tenemos ya la garantía de que Cristo estará siempre con
nosotros.
Es
un error. La parábola está hablando también de nosotros. Dios no tiene por qué
bendecir un cristianismo estéril del que no recibe los frutos que espera. No
tiene por qué identificarse con nuestras incoherencias, desviaciones y poca
fidelidad. También ahora Dios quiere que los trabajadores indignos de su viña
sean sustituidos por un pueblo que produzca frutos dignos del reino de Dios.
(Eclesalia Informativo autoriza y
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