25 Tiempo Ordinario (A) Mateo 20, 1 –
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BONDAD
ESCANDALOSA
JOSÉ
ANTONIO PAGOLA
SAN
SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
ECLESALIA,
17/09/08.- Probablemente era otoño y en los pueblos de Galilea se vivía
intensamente la vendimia. Jesús veía en las plazas a quienes no tenían tierras
propias, esperando a ser contratados para ganarse el sustento del día. ¿Cómo
ayudar a esta pobre gente a intuir la bondad misteriosa de Dios hacia
todos?
Jesús les contó una
parábola sorprendente. Les habló de un señor que contrató a todos los jornaleros
que pudo. Él mismo vino a la plaza del pueblo una y otra vez, a horas
diferentes. Al final de la jornada, aunque el trabajo había sido absolutamente
desigual, a todos les dio un denario: lo que su familia necesitaba para
vivir.
El primer grupo
protesta. No se quejan de recibir más o menos dinero. Lo que les ofende es que
el señor «ha tratado a los últimos igual que a nosotros». La respuesta
del señor al que hace de portavoz es admirable: «¿Vas a tener tú envidia
porque yo soy bueno? ».
La parábola es tan
revolucionaria que, seguramente, después de veinte siglos, no nos atrevemos
todavía a tomarla en serio. ¿Será verdad que Dios es bueno incluso con aquellos
y aquellas que apenas pueden presentarse ante él con méritos y obras? ¿Será
verdad que en su corazón de Padre no hay privilegios basados en el trabajo más o
menos meritorio de quienes han trabajado en su viña?
Todos nuestros esquemas
se tambalean cuando hace su aparición el amor libre e insondable de Dios. Por
eso nos resulta escandaloso que Jesús parezca olvidarse de los «piadosos»
cargados de méritos, y se acerque precisamente a los que no tienen derecho a
recompensa alguna por parte de Dios: pecadores que no observan la Alianza o
prostitutas que no tienen acceso al templo.
Nosotros seguimos
muchas veces con nuestros cálculos, sin dejarle a Dios ser bueno con todos. No
toleramos su bondad infinita hacia todos. Hay personas que no se lo merecen. Nos
parece que Dios tendría que dar a cada uno su merecido, y sólo su merecido.
Menos mal que Dios no es como nosotros. Desde su corazón de Padre, Dios sabe
entenderse bien con esas personas a las que nosotros rechazamos.
(Eclesalia Informativo
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