|
 Domingo 14 de septiembre de
2008.
Ciclo
A. VIGÉSIMO CUARTO DOMINGO DEL
TIEMPO ORDINARIO
Evangelio:
Mateo 18, 21-35
(Leccionario
Común Revisado)
Primera
Lectura: Génesis 50, 15-21
Salmo
Responsorial: Salmo 103, [1-7] 8-13
Segunda Lectura: Romanos 13,
8-14
|
|
EVANGELIO
Mateo 18, 21-35
Traducción:
El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia.
Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires.
1990 |
|
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y le dijo:
"Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano o hermana las
ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". Jesús le respondió: "No te digo
hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los
Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus
servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil
talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su
mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies,
diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo". El rey se compadeció,
lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor
encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo
del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'. El otro se
arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'. Pero
él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que
debía. Los demás servidores,
al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su
señor. Este lo mandó llamar y
le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías
también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara
todo lo que debía. Lo mismo
hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a
sus hermanos". El Evangelio del Señor.
|
SETENTA VECES
SIETE
En el contexto de la epidemia del
vih este pasaje se refiere específicamente a la comunidad de fe. Es ella el
objetivo del mensaje. Los opositores y enemigos a la proclamación de Jesús de
Nazaret no aparecen en esta escena. Todo el contenido de este episodio tiene a
los discípulos como objeto del mensaje y de la enseñanza. Somos nosotros y
nosotras, que pretendemos formar parte del pueblo de Dios las y los
destinatarios del un modelo de relacionarnos unos con otros.
La pregunta del apóstol Pedro, que
tanto en aquel tiempo como ahora, habla en nombre de todas nuestras dudas y en
nombre de todos nuestros temores frente a la sorprendente gracia de Dios, busca
encontrar una segura limitación a esa gracia. Detrás de la pregunta encontramos
la teología de la gloria que necesita para subsistir clasificar al mundo en los
nuestros y los extraños. Las y los buenos frente a las y los malos. Muchas de
las discusiones actuales dentro de las comunidades de fe que afectan a personas
y grupos en situación de vulnerabilidad al vih son un reflejo de esta pregunta.
Siempre queremos encontrar claros límites entre el bien y el mal, y por
supuesto, nosotros y nosotras somos los que trazamos esa línea.
En el trasfondo de este diálogo y de
los números propuestos al perdón resuena el pasaje del Génesis (Gn. 4, 24) que
establecía un límite a la venganza. Ahora se quiere establecer un límite al
perdón y tener una fórmula y un cronómetro que pueda medir y establecer hasta
dónde puede llegar la gracia de Dios. La respuesta destruye toda esa pretensión.
La gracia de Dios no tiene límites y nadie queda excluido o excluido de ese
perdón. Ese es el escándalo teológico que aún hoy discutimos en nuestros
reglamentos, derecho canónico, y estatutos eclesiásticos. Nuestras discusiones siempre tratan de
poner límites para que alguien quede fuera. Ese colocar fuera al diferente nos
da mucha seguridad y es como una autoafirmación de nuestros valores y de nuestro
valer.
Rápidamente, al leer este pasaje,
nos apropiamos del lugar del que perdona y nos cuesta muchísimo ubicarnos en el
lugar del perdonado. A pesar de que ese es el único lugar bíblica y
teológicamente posible, nos cuesta pensarnos como los perdonados por la
sorprendente gracia de Dios. Quizás la pregunta exige ser formulada a la
inversa: “Señor, ¿cuantas veces tendrá mi hermano y mi hermana que perdonar las
ofensas que le hacemos? Desde esa perspectiva todo cambia y adquiere otra
dimensión. Nosotros y nosotras, como personas y como comunidades somos las que
debemos pedir perdón. Esta realidad se hace visible en nuestro diálogo con las
personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih. No somos nosotros los
propietarios del perdón sino que somos las y los mendigos del perdón que viene
de la fuente de todos los perdones.
Frente a los muchos silencios,
complicidades, estigmas y prejuicios de los cuales somos responsables como
instituciones y personas no tenemos la valentía de pedir ser perdonados setenta
veces siete. Frente al sufrimiento vivido desde el comienzo de la epidemia por
hermanos y hermanas del mundo entero, seguimos guardando silencio. Las
cuestiones críticas suscitadas por la epidemia continúan guardadas en el closet.
En lugar de pedir un honesto y profundo perdón que podría transformar nuestra
forma de comprender las escrituras, nuestra forma de hacer teología y nuestra
manera de realizar una acción pastoral preferimos mostrar nuestras bondades y en
definitiva nuestro poder. Lamento que en lugar de pedir perdón setenta veces
siete por silencios y apoyo al estigma, ponemos como ejemplo las muchas camas
ocupadas en los hospitales y sanatorios cristianos por personas viviendo con vih
o con sida. Ese argumento no nos libera de nuestras responsabilidades de pedir
perdón por el mucho daño que nuestra forma de proclamar la gracia de Dios han
causado en personas y grupos vulnerables al vih y al sida. Ese argumento, que
puede tener un muy relativo valor en África, es totalmente irrelevante en
América Latina y no lo podemos aceptar. Es un claro ejemplo de un argumento que
busca evitar el pedir setenta veces siete perdón. Y solamente ese pedido de
perdón podrá transformar nuestra vida como personas y como comunidades de fe.
Siempre es muy difícil predicar a
los convertidos. Este es un pasaje que muestra esa dificultad. La parábola nos
muestra a un deudor de una suma impagable. La suma es una fantasía económica
como para resaltar la sorprendente gracia de Dios. El núcleo del relato no
es tanto el Reino sino el Rey que quiere arreglar cuentas con sus servidores, es
decir, con los funcionarios de su reino, es decir, con las diversas jerarquías
administrativas, tanto seculares como religiosas. Interesante esa palabrita
servidores que representa siempre funcionarios de diversas estructuras. No es
con todo el pueblo de Dios que se quieren arreglar las cuentas sino con sus
líderes.
El servidor o funcionario que tenía
la deuda odiosamente impagable pide algo muy razonable y lógico: “Señor, dame un
plazo y te pagaré todo”. Lenguaje que todas y todos conocemos con el tema de la
deuda externa impagable e inmoral de nuestros países. Pero el rey que es figura
de Dios se compadeció, lo deja ir y, además le perdona la deuda. Dios siempre y
en forma escandalosa va más allá de lo que lógicamente podemos pedir. El
funcionario no había pedido ese perdón. El rey en su sorprendente gracia toma la
iniciativa. Porque siempre la gracia es una inesperada iniciativa de Dios que
nunca responde y se adecua a ninguno de nuestros pedidos.
El siguiente párrafo de la parábola
refleja nuestras propias mezquindades. Frente a deudas ridículamente pequeñas
iniciamos discusiones bíblicas, teológicas y pastorales como para fundamentar
nuestras exclusiones, nuestros prejuicios y todos los estigmas que colocamos
sobre las vidas y existencias de hermanos y hermanas, tanto dentro de nuestras
comunidades de fe como aquellos y aquellas que por nuestra falta de compasión
han sido ubicados en los márgenes de la historia.
Considero que la epidemia del vih y
del sida esta quebrando las estructuras protectoras y las muchas cárceles en las
que teológicamente hemos colocado a personas y grupos que viven con vih y con
sida. No las hemos colocado allí, en nuestros placares de estigma y
discriminación a causa del virus, sino que les hemos colocado a causa de una
diversidad que no aceptamos, de identidades que aún hoy condenamos como resabio
de pensamientos pre-científicos. La epidemia del vih y del sida esta exponiendo
nuestras miserias y mezquindades.
La liberación de esa miseria bíblica
y teológica solamente se podrá superar si somos capaces y tenemos el coraje de
arrodillarnos a los pies de hombres y mujeres que viven con vih y sida, no
porque tiene el virus, sino porque son personas que hemos ofendido con nuestra
forma de leer las escrituras, de hacer teología y con nuestro accionar pastoral.
Tenemos que arrodillarnos setenta veces siete frente a esas diversidades de
estilos de vida y pedir que nos perdonen setenta veces siete.
Para la revisión de vida
Luego de haber reflexionado este
evangelio ¿puedo afirmar que: “…el amor de Dios viviendo en el ser humano, ama
a las y los pecadores, a los
miserables, a los necios y a los débiles a fin de hacerlos justos, buenos,
sabios y fuertes; de este modo, el amor de Dios más bien derrama y confiere lo
bueno? Por lo tanto las y los pecadores son bellos por ser amados, no son amados
por ser bellos”? (Martín Lutero. La Disputación de
Heidelberg. Conclusión 28)
Para la reunión de grupo
Que este Evangelio nos ayude a pedir
perdón, a perdonarnos a nosotras y nosotros mismos y unos a otros en amor y
justicia. Que la desconcertante misericordia de Dios nos ayude a vivir en la
desconcertante reconciliación de los hijos e hijas del Dios del Reino. Que
sepamos reparar todo aquello que necesitamos reparar ahora, decir las palabras y
hacer los gestos que hagan visible este perdón recibido, pedido y concedido. Que
todo nuestro conocimiento se fundamente en la gracia escandalosa de Dios.
Para la oración de las y los fieles
Espejos de todas las misericordias,
junto con todo el pueblo de Dios en Cristo Jesús, oramos por nosotras y nosotros
mismos para que aprendamos a perdonarnos, a recibir el perdón con alegría y
gratitud. Guíanos en el anuncio de tu misericordia sorprendente e ilimitada de
la cual somos reflejos.
Se hace un breve
silencio
Puerta de todas las inclusividades,
que nos convocas a ser testigos de tu amor creador, concédenos compartir en tu
iglesia y en la sociedad, con personas y pueblos diferentes, esa gracia reparadora de todas las
comuniones.
Puente que conduce a las
reconciliaciones respetuosa de las diversidades, autor de la unidad de toda la
humanidad, que nos llamas en esa diversidad a vivir en la reconciliación, en la
equidad y en la justicia que construyen los fundamentos de toda legitima paz.
Camino de vida, que defiendes todas
las dignidades, concede que aquellos que nos gobiernan y aquellos y aquellas que
presiden la oración de tu pueblo, nos conduzcan por las sendas transformadoras
de esta realidad para que pronto venga tu Reino y se cumpla tu
voluntad.
Trinidad de la diversidad, fortalece
a las personas y grupos vulnerables al vih y al estigma y la discriminación la
fuerza de perdonar nuestros silencios y complicidades, ahora y siempre. Amén.
Oración comunitaria
Modelo de todo perdón: haz que
descubramos la importancia que tiene para nuestras vidas el sabernos y sentirnos
perdonados y perdonadas por Ti, de manera que también perdonemos de corazón a
quienes que nos han ofendido. Por Jesucristo.
Fuente de vida, creador del ser humano, fundamento de la Existencia, del Amor y de la
escandalosa Gracia; acrecienta en nosotros y nosotras la conciencia de tener
nuestros fundamentos en tu Amor y en tu perdón, para que habiendo optado
radicalmente por el Bien y por el Amor, vivamos libres de toda culpabilidad
malsana. Por Ti, que eres el Amor, la Reconciliación y
la
Gracia.
Promotor de todo perdón, tú
manifestaste tu poder principalmente en mostrar misericordia y clemencia para
con todos y todas. Concédenos la plenitud de tu sorprendente gracia a fin de
que, buscando lo que tu has prometido, podamos compartir tu cruz y tu gloria
aquí y ahora. Te lo pedimos por aquel que nos ha mostrado el camino y la manera
de alcanzarlo, Jesús de Nazaret, tu hijo, nuestro hermano y compañero.
Pastor
Lisandro Orlov
Pastoral
Ecuménica VIH-SIDA
Buenos
Aires. Argentina
Septiembre
2008