Encontrar a Dios en la
sexualidad
México / Religión.
La sexualidad, en algunos ambientes religiosos, ha estado muy ligada
a lo prohibido, al pecado y reducida a la genitalidad (órganos
genitales, reproducción, etc.). Y por eso sorprende que pueda ser
relacionada con la espiritualidad y con Dios.
En este artículo quiero
aportar caminos para que la sexualidad humana sea vivida como un
camino de comunión también con Dios y como un aporte a la vivencia
de la religión.
ALGO
BÁSICO
1. La sexualidad en el ser
humano funciona de un modo muy distinto a la del animal. En el
animal todo es más automático y más mecánico, es decir, que si tiene
ganas de una relación sexual la busca, y si la encuentra y la tiene,
se siente satisfecho y ya. Para nosotros el asunto es mucho más
complejo. La sexualidad humana, que en parte es animal, es superior
a ella pues tiene que ver con el amor y los valores
humanos.
La sexualidad humana abarca
cuatro dimensiones:
· Dimensión biológica.
· Dimensión psicológica.
· Dimensión sociológica (ética).
· Dimensión espiritual.
Con esto vemos que la
sexualidad humana está relacionada no sólo con la reproducción
(mundo animal) sino también con el género y la identidad sexual, con
la manera de sentir, de ver el mundo, de vestir, caminar, amar,
relacionarse con los demás y con Dios. Todo el día la persona vive
su sexualidad y por eso puede dar y recibir cariño, afecto,
presencia, apoyo y escucha. Madurar sexualmente es trabajar estas
dimensiones.
2. El complejo
mundo de la sexualidad humana comienza desde que nacemos.
La niña y el niño, aunque no
tengan relaciones sexuales, son también seres sexuados. Y de un modo
tan fuerte que gran parte de lo que vivimos los adultos en la
sexualidad depende de nuestras primeras experiencias infantiles al
respecto. De ahí que sea tan importante educar bien a las y los
niños de esta dimensión integrando las cuatro dimensiones.
Por ello también es
importante recuperar nuestra historia sexual desde la infancia para
poder conocernos mejor.
3. La felicidad y
plenitud sexual implica cultivarlas.
En la mayoría de las
personas, la sexualidad es como lo que vemos en los terrenos
baldíos: matas, yerbas secas, gusanos, piedras, resequedad, ¿Por
qué? Porque ese terreno no ha sido cuidado, cultivado ni respetado.
Cuando atendemos nuestra sexualidad ésta llega a ser un jardín tan
bello que los demás admiran, disfrutan y refleja la vida de Dios.
Creemos que estamos destinados a ser terrenos baldíos tanto por la
falsa creencia de que la sexualidad no se cultiva, como por la carga
negativa de ciertos ambientes religiosos que creen que la sexualidad
es pecado. Se tiene una visión negativa, pero la realidad es que
somos tierra fértil que puede dar frutos si nos responsabilizamos de
ella.
Revisando el trabajo de
cultivar mi sexualidad les comparto algunas de las tareas que he
tenido que realizar:
· Revisar y cuestionar lo que aprendí sobre
sexualidad: lo que me dijeron que era malo y bueno, lo que
significaba ser varón, ser una mujer, lo que era el placer,
etc.
· De todo
lo que me enseñaron, desaprender lo que me daña a mí y a los
demás.
· Reaprender a expresar mis sentimientos y mis
ideas sobre la sexualidad y así reconocerme.
· Recuperar mi historia psico-sexual. Entrar
en el banco de datos de mi vida afectiva sexual para entenderme en
mi ser actual.
· Perdonar a otros y perdonarme.
· Conocer completamente mi cuerpo para perder
el miedo y valorarlo y cuidarlo. También reconciliarme con algunas
partes que no me gustaban.
· Construir otra imagen de mí mismo basada en
la autoestima y no en la desestima y el compararme con los
demás.
· Curar mis heridas sexuales.
Hasta aquí estas tres
reflexiones que me parecen básicas. Ahora pasemos a ver la conexión
de la sexualidad con la espiritualidad.
LA ESPIRITUALIDAD ES
UN DINAMISMO MÁS QUE DEVOCIONES
Muchas veces se ha confundido
la espiritualidad y la religión con devociones antiguas e impuestas
que tienen que ver poco con la vida actual de los creyentes. Pero
espiritualidad cristiana es el dinamismo (energía,) que el Espíritu
de Jesús estimula en nuestro interior para hacer lo mismo que él:
dar vida y recibirla, para entrar en común unión (comunión) con las
personas. Jesús recibía constantemente vida de parte de su Padre
(Abbá) y la daba especialmente a los que más sufrían.
Muchas espiritualidades no
toman en cuenta la vida de Jesús y por eso se desvían y terminan en
lo estéril. La vida de Jesús es central para que la espiritualidad
cristiana dé vida y sea fecunda.
La espiritualidad de Jesús es
la que nos hace superar el miedo o la flojera para hacer las tareas
que vienen señaladas más arriba y así cultivar y trabajar nuestra
sexualidad.
La espiritualidad nos ayuda a
descubrir que entre el placer y el compromiso hay lazos muy
estrechos.
Gracias a la espiritualidad
podemos reconocer que el amor sexual
tiene que ver más con una vida fructífera que con la
fertilidad; que la sexualidad es un eco de la
creación; que en las caricias del compartir sexual nos descubrimos a
nosotros mismos y somos llevados a descubrir una amorosidad que no
conoceríamos por nosotros mismos. ¿QUÉ NOS PUEDE
ENSEÑAR JESÚS SOBRE LA SEXUALIDAD?
Tomamos el Nuevo Testamento y
nos ponemos a pasar página tras página a ver qué encontramos sobre
la sexualidad. Es la primera sorpresa que encontramos. Sólo
encontramos alguna referencia suelta y meramente ocasional, siempre
de pasada que uno acaba concluyendo que el Evangelio "pasa" de sexo
y que, desde luego, el Dios que nos presenta Jesús no es morboso.
Al preguntarnos cómo afrontó
Jesús la sexualidad, lo que hay que dejar claro es que Jesús sintió
todo el mundo rico y complejo de la sexualidad y ni le tuvo miedo ni
se dejó atrapar por ella. Tuvo amistad intima tanto con hombres como
con mujeres. No era un misógino con miedo a la mujer. Hay varias
escenas donde se cuenta que Jesús se dejaba tocar y ungir por una
prostituta y Él no se lo prohibió. A Jesús le solían acompañar no
sólo los apóstoles sino también algunas mujeres como María
Magdalena, otra llamada Juana y otra Susana (Lc. 8, 1-3). No las
utilizó para su placer sino que las valoró en su dignidad en un
contexto machista.
Jesús sabía que lo
fundamental de la amistad es el auto descubrimiento que no es
simplemente compartiR las ideas, el trabajo o el descanso. El hecho
de tener sexo tampoco produce por sí mismo la amistad ni la
sostiene. La amistad brota porque alguien comienza la ardua tarea,
del auto descubrimiento, del comunicar la interioridad, e invita al
otro a hacer lo mismo (1).
Cuando se comparten los
sentimientos, cuando se vendan las heridas y los errores se dan a
conocer sin temor a represalias, cuando las lágrimas no tienen que
esconderse y la risa es auténtica, cuando se pone nombre a los
corajes y el afecto es sincero, la desnudez psicológica está
empezando a nacer y se vive la sexualidad.
La vida de Jesús reta a
solteros y a casados a lograr, más que un amor genital o una familia
biológica, una vida fructífera que va más allá de la fecundidad
biológica.
(1) Ideas tomadas del libro
Tu ser sexual de Fran Ferder y John
Heagle |