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 Domingo 7 de septiembre de
2008.
Ciclo
A. VIGÉSIMO TERCER DOMINGO DEL
TIEMPO ORDINARIO
Evangelio:
Mateo 18, 15-20
(Leccionario
Común Revisado)
Primera
Lectura: Ezequiel 33, 7-11
Salmo
Responsorial: Salmo 119, 33-40
Segunda Lectura: Romanos 13,
8-14
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EVANGELIO
Mateo 18, 15-20
Traducción:
El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia.
Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires.
1990 |
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En aquel tiempo dijo Jesús a
sus discípulos: Si tu hermano o hermana peca, ve y corrígelo en privado.
Si te escucha, habrás ganado a tu hermano o hermana. Si no te escucha,
busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la
declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la
comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como
pagano o publicano. Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra,
quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado
en el cielo
También les aseguro que si dos
de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el
cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre,
yo estoy presente en medio de ellos". El Evangelio del
Señor. |
MUCHAS
LLAVES
Contrariamente a lo esperado esta
será más una confesión que una meditación o reflexión sobre el texto dominical.
Reconozco que durante muchos días he estado luchando con el sentido y la
aplicación del contenido del evangelio. Me sentí realmente escandalizado por la
frase “considéralo como pagano o
publicano”. Esta frase destruía toda mi comprensión de la teología de la
cruz y de las consecuencias de las comuniones de Jesús de Nazaret. Podía muy
bien pensar en la diferencia entre el Jesús histórico y el Jesús de la fe, podía
encontrar muchas explicaciones que evitarán tomar en serio y profundamente esta
frase que no tenía para nada el suave y dulce escándalo del Evangelio sino el
escándalo de una lógica maltratada. Ha sido evidente que no podía hacer una
lectura literal de este pasaje pero me costó encontrar el camino.
De las muchas dificultades tenía
también la expresión “Si tu hermano peca contra ti…” tal como aparece en la
traducción de Reina Valera. Por suerte y siguiendo el consejo de la mayoría de
los comentarios, la traducción que utilizamos ha omitido esa expresión que está
ausente de la mayoría y mejores versiones del texto. Esto me reconcilio con
comentaristas y traductores porque saca el tema de la corrección fraterna del
pequeño y mezquino mundo de lo personal. Este fue el primer indicio que me llevó
a colocar toda la escena en clave del Reino. Las personas no pecan contra
nosotros ni aún contra las instituciones. El pecado que estamos llamados a
corregir son los pecados que impiden la floración del Reino en nuestra realidad
actual. El pecado que nos convoca a dialogar seriamente con hermanos y hermanas
es un pecado de incidencia en políticas públicas que rompe el círculo de la
meramente privado, personal o institucional. Esta corrección fraterna, este atar
y desatar tienen que ver con el Reino que nos anuncia y vive Jesús de Nazaret,
tanto el histórico como el de la fe.
Y ahora viene el tema del mayor
conflicto. No podía creer que Jesús de Nazaret, a quien confieso como el Cristo
del Dios del Reino, me llamara a discriminar, excluir, a vivir un espíritu de
xenofobia. Quienes acompañamos personas que viven con vih o con sida, esta
expresión nos puede llenar de terror. Es por ello que durante todos estos días
he pensado que no era ese el camino de comprensión del texto. Se me pide una
tremenda paciencia, un diálogo persistente, continuo, de diversos niveles para
terminar finalmente haciendo aquello que se hace en el antiguo régimen de
la Ley comprendida
en forma literal.
Este texto, indudablemente tiene el
grave peligro de comprenderlo y leerlo desde el poder y como legitimando a los
diversos Jerusalén en nuestra sociedad y comunidades de fe. De hecho esa
autoridad de atar en el cielo y desatar en la tierra se ha representado con el
símbolo de las dos llaves y de hecho se conoce esta propuesta de Jesús de
Nazaret como el poder de las llaves. Los comentarios discuten si ese poder fue
entregado a un pequeño grupo de discípulos como figura precursora de las muchas
jerarquías o si fue entregado a toda la comunidad. Esa discusión no me ayudaba
mucho porque en definitiva me hablaba del ejercicio de un poder de incluir y de
excluir.
Siempre tengo presente que de las
dos llaves, en general hemos usado predominantemente la de atar y muy pocas
veces la de desatar. Hemos hecho de este poder de las llaves el signo de poder
representado en escudos de ciudades, estados y de iglesias. En nombre de esa
llave de atar hemos emprendido cruzadas purificadoras en las cuales hemos
cortado cabezas alegremente y sin mayores escrúpulos. Usando esa única llave de
atar hemos prendido muchísimos y terribles fuegos de inquisición para defender
por caminos equivocados la fe y las instituciones que se han sentido dueñas de
esa predominante llave. Convocados por esa llave hoy muchos apropiadores de ese
poder convocan a marchas frente a congresos, cámaras de diputados y legislaturas
para que no se le concedan los mismos derechos a un porcentaje significativo de
ciudadanos y ciudadanas.
Este texto tenemos que ponerlo en
perspectiva del Reino y el objetivo que subyace en el mismo es la defensa y
protección de los más vulnerables a los sistemas de exclusión. El núcleo del
texto y la intención es encontrar reglas para que las personas no sean
fácilmente acusadas y excluidas. En nuestro diálogo con las personas y los
grupos en situación de vulnerabilidad al vih y sida esta perspectiva tiene mucho
sentido y significado. En el antiguo régimen, aquellos que tenían el poder,
podían muy fácilmente excluir por diversas consideraciones y argumentos. Se
podía excluir porque tenían una enfermedad que los catalogaba como creyentes de
segunda porque las enfermedades revelaban impurezas litúrgicas. Se podía excluir
porque no pertenecía a un determinado pueblo que se consideraba elegido y
excluyente. Se podía excluir porque era mujer en su período menstrual, o era
un esclavo o eunuco por no ser
perfecto. La lista era literalmente extensa. Esta necesitad de dialogo, de
diversas instancias, de múltiples intervenciones nos hablan de la voluntad de
complicar los procesos de expulsión y que aquellos y aquellas que se sienten
dueños de las llaves de atar no puedan actuar en forma arbitraria.
Pero aún permanecía la expresión:
“considéralo como pagano o publicano”. Me he preguntado que paradigma sigo para
esta consideración. Debo seguir las indicaciones del antiguo régimen o lo que se
me ha revelado en el nuevo régimen. En general hemos aplicado este texto en
perspectiva de una teología anclada en una mirada literal de las Escrituras. El
nuevo paradigma de Jesús me habla de tratar a paganos, gentiles, samaritanos,
mujeres, eunucos, enfermos, recolectores de impuestos, es decir, a toda la gama
de personas estigmatizadas por el antiguo régimen como compañeros de comidas. En
definitiva este texto lo puedo transformar desde esa lectura terrible de
exclusión en un texto de escandalosa exclusión. Debo considerarlos como paganos
y publícanos de la misma forma en que los consideraba Jesús de Nazaret. A
situaciones complicadas y difíciles debo insistir en la comunión.
Si tomo el ejemplo de Jesús de
Nazaret y sus comidas que le condujeron a la cruz ya que la mayor acusación de
los que tenían la única llave de atar era justamente de comer con paganos y
publícanos, no puedo ni quiero asumir otra conducta que no sea la de las comidas
de Jesús. En el contexto de la epidemia del vih y del sida, en el diálogo con
las personas que viven con vih y sida, a quienes muchos y muchas consideran
paganos y publícanos teológicos y pastorales, mi única y principal propuestas es
mayor celebración de comunión. La llave que estoy llamado a utilizar es la otra,
la llave y el poder de desatar, de liberar de los muchos y diversos estigmas que
han construidos nuestros sistemas de exclusión y esa llave y ese poder no puede
ser meramente teórico, tiene que hacerse visible en las mesas que son signos
precursores del Reino.
Este texto y cada una de sus
expresiones debemos comprenderlas y vivirlas en perspectiva del Reino que
siempre nos convoca desde el tiempo futuro y escatológico, como el paradigma de
las conductas y las acciones que transforman el presente de esta sociedad y de
esta iglesia. Ese Reino trascendente porque es la utopía eterna de que es
posible otro mundo y otra iglesia, nos convoca a una acción transformadora en el
nuevo espíritu, santificadora de cuanta toca, redentora de toda opresión y que
usa la llave de la liberación y todos los poderes de desatar estigmas y
exclusiones. Ese Reino que nos convoca a sostener la creación que gime ahora y
aquí por la manifestación de los hijos e hijas del nuevo paradigma de las
comuniones que más allá de todas nuestras lógicas siempre celebran las cenas de
la inclusividad.
Pastor Lisandro
Orlov
Pastoral Ecuménica
VIH-SIDA
Buenos Aires, septiembre
2008
Para la revisión de vida
El corazón de nuestra celebración
litúrgica se hace visible con el abrazo incondicional de la paz y allí
encontramos la promesa que nuestro creador estará en medio de nosotros y
nosotras. ¿Cómo participo en la restauración de las redes de solidaridad
quebrantadas por diagnósticos morales y prejuicios xenofóbicos? ¿Puedo pensar
que yo mismo puedo ser eses extraño y diferente, vulnerable a la mirada
juzgadora de las y los demás?
Para la reunión de grupo
¿Cómo son protegidas y cuidadas en
nuestras comunidades las personas vulnerables al estigma y la opresión? Las
comisiones que hemos creado para dialogar con personas y grupos excluidos, se
atreven a llegar a conclusiones realmente renovadoras o se limitan a repetir
viejas recetas usando autoritariamente la vieja llave de la excomunión con
nuevos argumentos.
Para la oración de las y los fieles
Por la Iglesia, para que sea una comunidad
que trabaja esforzadamente por la reconciliación entre personas y sociedades,
desde la justicia, la igualdad y la fraternidad. Roguemos al Señor. Muéstrame, Señor, el camino de tus
preceptos.
Por la comunidad mundial de
naciones, para que favorezca la concordia entre los pueblos. Roguemos al Señor. Instrúyeme, para que observe tu ley y la
cumpla de todo corazón.
Por la familia humana, para que
encuentre el camino de la paz, sin militarismos, terrorismos, fundamentalismos
ni violencias de ningún tipo. Roguemos al Señor. Condúceme por la senda de tus mandamientos.
Por las familias humanas, diversas y
únicas, para que faciliten el entendimiento entre padres, madres, hijos e hijos
y favorezcan la armonía entre sus miembros. Roguemos al Señor. Vivifícanos con tu
Palabra.
Por todas las personas, para que no
veamos el perdonar y ser perdonados como signo de debilidad sino como forma de
crecer en unas relaciones más humanas y profundas. Roguemos al Señor. Cumple con nosotros tu promesa.
Por todos nosotros y nosotras, para
que no seamos remisos a la hora de practicar y celebrar la acogida y el perdón
unos con otros. Roguemos al Señor. Aparta de nosotros y nosotras el oprobio
que tememos.
Para que perdonemos y sepamos
aprovechar todas las mediaciones por las que Dios nos da su perdón. Roguemos al
Señor. Vivifícame por tu justicia.
Oración comunitaria
Dios que por Jesús nos has dicho: "todo
lo que aten en la tierra, el Cielo lo tendrá por atado"; haz que tu Iglesia
sienta sobre sí la responsabilidad de ser generosa como Tú, y de no imponer a
tus hijos e hijas, nuestros hermanos y hermanas, "más cargas que las que pueden
soportar", haciéndoles experimentar que "donde está tu Espíritu está la
libertad". Por Jesucristo el Cristo que confesamos como nuestro Señor.
Misterio último, a quien
osamos imaginar como fuerza renovadora, liberadora y creadora de dignidades de
todo lo existente, como Fuerza suprema de la Vida, que promueve la convergencia de
todo hacia nuevas formas de Ser y de Vida. Danos imitar tu paciencia y tu
tolerancia. Danos espíritu de comprensión y libertad, para que sepamos siempre
perdonar y rescatar tu proyecto del Reino para el bien a todos nuestros nosotros
y nosotras. Te lo pedimos por Jesús, tu hijo, nuestro hermano.
Llave de la vida y de la inclusión,
tu conoces nuestros problemas y nuestras vulnerabilidades mejor que nosotras y
nosotros mismos. En tu amor y por tu voluntad de santificación, redención y
liberación, ayúdanos en nuestra confusión y, a pesar de nuestra debilidad,
haznos firmes en la fe y en el dialogo en la diversidad; te lo pedimos por tu
Hijo, Jesús, el Cristo del Dios de Reino, nuestro modelo y fortaleza.