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EVANGELIO
para el Domingo 10 de octubre 2004
28
º Tiempo Ordinario (Leccionario Católico Romano - Propio 23
Luterano Lucas
17,
11-19 (trad.
Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro,
Córdoba) |
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11 Yendo camino de Jerusalén, también
Jesús atravesó por entre Samaria y Galilea. 12 Cuando iba a entrar en una
aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos
13 y le dijeron a voces: -¡Jesús, jefe, ten
compasión de nosotros! 14 Al verlos les dijo: -Id a presentaros a los
sacerdotes.
Mientras iban de camino, quedaron
limpios. 15 Uno de ellos, viendo que se había curado, se volvió alabando a
Dios a grandes voces 16 y se echó a sus pies rostro a tierra, dándole las
gracias; éste era samaritano. 17 Jesús preguntó: -¿No han quedado
limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? 18 ¿No ha habido quien
vuelva para dar gloria a Dios, excepto este extranjero? 19 y le
dijo: -Levántate, vete, tu fe te ha salvado.
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UN IMPURO ENTRE LOS
IMPUROS
Para
poder comprender en toda su plenitud la escena tenemos que recordar que estamos
en presencia de un grupo de impuros litúrgicos. Los leprosos eran excluidos del
templo y de toda relación social por razones de impureza ritual ya que la
enfermedad era considerada como un signo de pecado y de castigo divino. No
existía en esa marginación ninguna idea de profilaxis médica o medida de
higiene. La creencia que relacionaba estrechamente enfermedad con pecado estaba
profundamente enraizada en las creencias populares. En medio de este grupo de
impuros litúrgicos nos encontramos con un representante de una impureza
teológica ya que los samaritanos eran considerados desde la perspectiva judía
como herejes ya que había sufrida la mezcla de creencias y de formas de leer y
observar la Ley. Por esta razón, Samaria era considerada por los judíos una
región heterodoxa, población de sangre mezclada y de religión sincretista.
Llamar a alguien 'samaritano' era, para los judíos del sur, uno de los mayores
insultos. El libro del Levítico prescribe cómo habían de comportarse los
leprosos o enfermos de la piel: «El que ha sido declarado enfermo de afección
cutánea andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: Impuro,
impuro! Mientras le dure la afección seguirá impuro. Vivirá apartado y tendrá su
morada fuera del campamento» (Levítico 13, 45-46). El concepto de lepra en
la Biblia dista mucho de la acepción que la medicina moderna da a esta palabra,
tratándose en muchos casos de enfermedades curables de la piel. El ir harapiento
y despeinado, con la barba tapada era la forma de hacer visible el duelo y la
penitencia. Muchas personas que viven con VIH-SIDA también sienten la misma
exclusión y en algunas situaciones se los considera muertos civiles.
En vista de ese contexto los
leprosos no se acercaron a Jesús, evidentemente un judía que iba hacia
Jerusalén, el centro de la ortodoxia y del poder religioso. Asumieron el sentido de impureza impuesto por los
otros, por los demás. Aceptaron el discurso hegemónico. Jesús al verlos, sin
imponer ninguna condición ni requisito,
les indica que cumplan aquellas disposiciones que marcan con mucha
claridad las Escrituras ya que una exclusión religiosa debía ser terminada por
la autoridad religiosa cuya función era certificar la reinserción en la
sociedad.
El relato no termina con ese
mandato. En el camino los diez leprosos quedan curados que de acuerdo con
aquella ideología, quedan perdonados y reconciliados con Dios y con la comunidad
de fe. Uno solo de ellos, el de la doble impureza, no llega hasta el sacerdote,
desobedece lo estipulado por la Ley y aún por el mandato de Jesús y con signos
de alegría y reconocimiento regresa al encuentro del mismo Jesús. Los otros
también eran como este samaritano “pecadores reconciliados” pero que por cumplir
en forma fundamentalista la Ley y aún entender como mandamiento la palabra de
Jesús no expresan el cambio interior que se ha producido sino que se conforman
con el cumplimiento externo de un mandato. Pierden de vista la realidad de la
gracia en el cumplimiento exacto de la Ley. La religiosidad farisea, tan
combatida en los evangelios, basaba la relación del ser humano con Dios en dos
pilares fundamentales: la obediencia ciega y el mérito. El ser
humano debía someterse totalmente a Dios, igual que un esclavo a su amo. Y la
manera de hacerlo era acatar la voluntad de Dios, manifestada en la Ley de
Moisés y en las innumerables tradiciones y costumbres que habían acabado por
tener más importancia que la misma ley escrita. Los fariseos renunciaban a todo
lo que pudiera considerarse libertad, capacidad de iniciativa, creatividad...
El doblemente impuro es
aquel que desobedece tanto la Ley como el mandato mismo de Jesús y regresa a dar
gracias y esta fe y esta desobediencia es la que salva. No es el cumplimiento de
la Ley que nos salva sino el reconocer la acción de la gracia de Dios en la vida
de cada uno de nosotros y nosotras.
Aquellos que siendo judíos
cumplieron el ritual religioso y con ello se sintieron puros y reconciliados por
el cumplimiento de un mandamiento, hicieron que la acción de Jesús quedara
excluida y olvidada. El cumplimiento de un mandamiento hacia imposible el ser
agradecido a Jesús porque todo el peso de la acción está puesto en el ritual de
cumplimiento externo. Lo que valía era el cumplimiento de aquello que mandaba la
Ley y no el corazón agradecido por la acción totalmente gratuita de Jesús. Solo
una lectura heterodoxa de la Ley puede salvar, la lectura heterodoxa de Cristo
Jesús, el Señor de la Vida y de la Ley.
En el contexto de la
epidemia del sida conocemos que solo el empoderamiento de las personas que viven
vih pueden ayudarnos a redescubrir la lectura heterodoxa de Cristo: la
lectura desde el saber amar a aquel que nos ama.
Para la revisión de
vida
-¿Tengo personas en el
círculo en que me muevo -o más allá- a las que he marcado para mí con una señal
de segregación o marginación por la mera sospecha de pertenecer a algún grupo
considerado vulnerable al vih-sida?
-¿Como cristianos, vivimos
en actitud de acción de gracias o en la búsqueda de méritos al cumplir los
mandamientos?
Para la reunión de
grupo
-Naamán no quería poner en
práctica lo que el profeta le había mandado para curarse, porque le parecía
demasiado simple; él esperaba algo más complicado, incluso espectacular...
¿Ocurre esto hoy día también?
-¿Quiénes son las personas
más pobres y marginadas (los actuales "leprosos") del entorno en que vivimos?
Describir los actitudes concretas con las que se les margina.
-¿Cuál es nuestra proyección
concreta hacia esos desvalidos?
Para la oración de los
fieles
-Para que descubramos los
motivos que tenemos para vivir en "continua acción de gracias" porque hemos sido
curados de nuestras exclusiones, roguemos al
Señor
-Por los modernos
"leprosos", los que la sociedad evita... para que nuestra fe rompa con esa
imposición social y demos testimonio de una fraternidad que salta fronteras y
prejuicios...
-Para que, como Jesús,
estemos atentos a recibir la sorpresa de la gratitud del diferente... y para que
nosotros mismos seamos siempre
agradecidos...
-Para que los cristianos
defiendan el derecho de las personas que viven con vih-sida y de todos los
excluidos, a buscar mejores
condiciones de vida y de
dignidad
-Para que, como recomienda
Pablo a Timoteo, en medio de la epidemia del vih-sida "hagamos memoria
permanente de Jesús", y hagamos memoria también de quienes le siguieron
fielmente, especialmente de aquellos y aquellas que han muerto de vih-SIDA de
estas últimas décadas...
-Para que prolonguemos
nuestra "eucaristía" que es nuestra más importante "acción de gracias", durante
toda la semana que comenzamos...
Oración
comunitaria
Dios Padre Nuestro, que en
Jesús nos has mostrado tu voluntad de que se rompan las barreras y fronteras que
nos separan, de que los "leprosos" de todos los tiempos sean curados de nuestras
exclusiones y se integren a la comunidad; danos una actitud abierta y acogedora
como la suya, que destruya los efectos de la marginación y nos ayude a construir
una ciudad humana para todos, de hijos de Dios, hermanos y hermanas sin
distinción. Por Jesucristo Nuestro Señor.