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EVANGELIO
27º Tiempo Ordinario – Propio 22 Lucas
17,
5-10 (trad.
Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro,
Córdoba) |
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5
Los apóstoles le pidieron al Señor:
-Auméntanos
la fe. 6 El Señor contestó:
-Si
tuvierais una fe como un grano de mostaza, le diríais a esa morera:
"quítate de ahí y tírate al mar", y os obedecería. 7
Pero suponed que un siervo vuestro trabaja de labrador o de pastor. Cuando
vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "Pasa corriendo a la mesa"?
8 No, le decís: "Prepárame de
cenar, ponte el delantal y sírveme mientras yo como; luego comerás tú".
9¿Tenéis que estar agradecidos al siervo porque hace lo que se le manda?
10 Pues vosotros lo mismo: cuando hayáis hecho todo lo que os han mandado,
decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que
hacer".
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POBRES SIERVOS
«Los
apóstoles le pidieron al Señor: -Auméntanos la fe. El Señor contestó: -Si
tuvierais una fe como un grano de mostaza, le diríais a esa morera: 'Arráncate y
tírate al mar', y os obedecería» (Lucas 17,5-6).
Con este
Evangelio queremos encontrar iluminación para entender nuestra acción pastoral
en el contexto de la epidemia del vih-sida y en la construcción de un mensaje
que eduque para la prevención, en una acción en defensa de la dignidad de
hermanos y hermanas y en la acción pastoral de compromiso y comunión con las
personas que viven con vih-sida.
El
centro de nuestra acción es la fe, aún la pequeña fe que muchas veces tenemos
pero que con la cual nos hemos propuestos de arrancar las montañas de la
separación, del estigma y de la exclusión para construir un camino aplanado
donde nadie tenga ningún inconveniente en acercarse a la mesa del Reino.
Muchos
comentaristas se han preguntado a qué monte se refiere Jesús en este pasaje.
Quizás se refería al monte santo de Jerusalén, sede del templo y centro de un
sistema religioso reaccionario, con una lectura fundamentalista de las
escrituras, legalistas, opresor de los grupos vulnerables y comprometido con
intereses políticos imperiales. Es muy posible que en nuestra tarea en la
Pastoral del vih-sida también tengamos en enfrentarnos con aquellos y aquellas
que tienen poder en la iglesia y que tienen una lectura de las Escrituras
también legalista y opresiva. Acompañar a las personas que viven con vih-sida,
muchas de ellas procedentes de grupos excluidos y estigmatizados por la misma
iglesia y no sólo por la sociedad, también significa un compromiso de cambiar
ese sistema de marginación.
Cuando
miramos a nuestro alrededor vemos a muchos bautizados tan cautos, tan
diplomáticos, que tienen siempre muy en cuenta la opinión de los poderosos y que
siempre creen que los oprimidos y excluidos tienen tiempo para esperar momentos
mejores. Los tiempos se acaban y el compromiso con la justicia y la solidaridad
es ahora. Un grano de fe en ese mundo
fraterno podría darnos la fuerza de mover las montañas de separación que
los que tienen poder han colocado entre nosotros y nosotras. Si viviéramos según
el evangelio, que siempre es la fuerza en la debilidad, el poder escondido y
silencioso, tendríamos la fuerza de cambiar esta realidad. Muchas veces no tenemos esta nueva fe
porque seguimos aferrados a la antigua fe. No nos atrevemos a romper con lo
conocido para adentrarnos en los caminos aventurados del Evangelio donde el
Espíritu sopla dónde y cuando quiere y nos lleva en forma creativa a siempre
nuevas formas de solidaridad.
Pobres,
libres, sin seguridades, sin poder, como Jesús. Sólo tiene fe quien se adhiere a
este estilo de vida evangélico. Quien no, tiene creencias que para casi nada
sirven. Y así no se puede cambiar el sistema.
La fe es
tarea, es un ubicarnos de un determinado lado en la construcción de un mundo más
fraterno, justo y creativo. Es una fuerza y una locura que nos regala Dios pero
que aceptamos como personas libres y responsables porque nos hemos enamorado del
proyecto de Dios para con nosotros, nuestra sociedad y la creación
entera.
Nosotros
somos los diáconos, los servidores de Cristo, en la construcción de una sociedad
y de una iglesia más inclusiva que sabe muy bien anunciar la buena noticia de la
justificación por la fe y por sola gracia que es la esencia misma del Evangelio
y de toda predicación. Una iglesia que en el contexto de la epidemia del
vih-sida y en su diálogo con los grupos vulnerables sabe muy bien separar y
diferenciar ley y evangelio.
Para la
revisión de vida
-El
justo vivirá por la fe... ¿Puedo decir yo lo mismo de mí mismo? ¿Es la fe el
principio que realmente orienta mi vida? ¿Soy en verdad una persona "de una fe"
que mueve las montañas del estigma y de la exclusión?
Para la
reunión de grupo
-Si el
justo vivirá por la fe... analicemos: qué porcentaje de nuestra propia vida
estamos conduciéndola así por motivos de fe, de forma que si perdiéramos la fe
inmediatamente nos conduciríamos de otro modo? Si ese porcentaje es pequeño,
significa que no es muy cierto en mi vida que el justo vive por la
fe.
-En qué
situaciones del mundo de hoy el cristiano consecuente debería ir a
contracorriente, fiado en su fe y no en lo que es usual en la sociedad
actual?
Para la
oración de los fieles
-Para
que sea la fe el principio que organice, anime e impulse nuestra vida,
roguemos al Señor.
-Para
que vivamos nuestro cristianismo como un seguimiento libre de Jesús: para creer
como él, afrontar la vida y la historia como lo hizo él, ser en verdad
discípulos y discípulas suyos...
-Para
que construyamos al Reino de Dios con entusiasmo, con pasión y, a la vez, con
simplicidad y humildad, conscientes de que ese trabajo es simplemente "lo que
debemos hacer en amor a toda la creación"...
-Para
que el Señor nos dé la humildad de los que "hacen lo que deben" sin sentirse
importantes ni dignos de agradecimiento ni recompensa...
-Para
que sean muchos los jóvenes que, con simplicidad y humildad, se sientan llamados
a un servicio total y desinteresado...
Oración
comunitaria
Dios,
Padre Nuestro, que en Jesús nos has mostrado el camino heroico del servicio y la
entrega con simplicidad y sin exigencias; libre para contigo y esclavos del amor
hacia nuestros hermanos y hermanas que viven con VIH-SIDA; haz que nosotros y nosotras, servidores
humildes, sencillos y fraternales, sin reclamar nunca lo que hacemos como una
deuda que tu tienes con nosotros, sin buscar reconocimientos de forma tal que
nuestra mano izquierda ignore lo que ha hecho de bien la mano derecha. Por
Jesucristo Nuestro Señor.