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EVANGELIO
para el 26 de septiembre de 2004. (Propio 21 Luterano)(C. 26º del Tiempo
Ordinario Católico) Lucas
16,
19-31 (trad.
Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro,
Córdoba) |
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19Había un hombre rico
que se vestía de púrpura y lino, y banqueteaba todos los días
espléndidamente. 20Un pobre llamado Lázaro estaba echado en el
portal, cubierto de llagas; 21habría querido llenarse el
estómago con lo que caía de la mesa del rico; por el contrario, incluso se
le acercaban los perros para lamerle las llagas. 22Se murió el
pobre y los ángeles lo reclinaron a la mesa al lado de Abrahán. Se murió
también el rico, y lo enterraron. 23Estando en el lugar de los
muertos, en medio de tormentos, levantó los ojos, vio de lejos a Abrahán
con Lázaro echado a su lado 24y lo llamó:
-Padre Abrahán, ten
piedad de mi; manda a Lázaro que moje en agua la punta de un dedo y me
refresque la lengua, que padezco mucho en estas llamas.
25Pero Abrahán le
contestó:
-Hijo, recuerda que en
vida te tocó a ti lo bueno y a Lázaro lo malo; por eso ahora éste
encuentra consuelo y tú padeces. 26Además, entre nosotros y
vosotros se abre una sima inmensa, así que, aunque quiera, nadie puede
cruzar de aquí hasta vosotros ni pasar de ahí hasta
nosotros.
27El rico
insistió:
-Entonces, padre, por
favor, manda a Lázaro a casa de mi padre, 28porque tengo cinco
hermanos: que los prevenga, no sea que acaben también ellos en este lugar
de tormento.
29Abrahán le
contestó:
-Tienen a Moisés y a
los Profetas, que los escuchen.
30El rico volvió a
insistir:
-No, no, padre
Abrahán, pero si uno que ha muerto fuera a verlos, se
enmendarían.
31Abrahán le
replicó:
-Si no escuchan a
Moisés y a los Profetas, no se dejarán convencer ni aunque uno resucite de
la muerte.
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COMENTARIO
DOS MESAS MUY DIFERENTES.
Quizás el centro de este
relato no sea ni Lázaro ni el rico sin nombre pero hecho muy visible en este
relato. Es muy posible que nuestra atención en medio de la epidemia del VIH-SIDA
esté centrada en las dos mesas y que significan estos dos proyectos tan
diferentes de sociedad y de iglesia. Una es la mesa de la exclusión presidida
por el rico sin nombre y la otra es la presidida por el Patriarca Abraham en la
cual se sientan los excluidos y estigmatizados.
Si bien el nombre Lázaro es
un derivado del hebreo 'el 'azar, que significa «Dios ayuda», pareciera
toda una ironía en este relato porque si consideramos esta escena con pautas de
la globalización, si hay alguien que pareciera no gozar de ese Dios que ayuda es
el excluido de la mesa abundante del rico anónimo. Este rico es el prototipo de
muchos de nuestros ejecutivos contemporáneos. Esos funcionarios exitosos y
eficientes de las grandes empresas nacionales, internacionales y
transnacionales. Parece salido de un aviso televisivo de venta de automóviles
modernos: bien comido, bien rodeado, bien vestido. Todo un exponente de esta
sociedad globalizada y de sus valores.
Lázaro o Dios-ayuda
«habría querido llenarse el estómago con lo que tiraban de la mesa del rico;
más aún, hasta se le acercaban los perros a lamerle las llagas.» Se ve que
los perros no tienen nuestros valores, que son más democráticos y no temen ser
amigo de los estigmatizados y excluidos. Las llagas son marcas visibles de su
condición de impureza religiosa y social. No es posible describir una mayor
marginación. Nada dice el evangelio de las creencias religiosas de este hombre,
ni si estaba preparado para observar los mandamientos o pautas morales
seguramente muy difíciles de sostener en su situación de calle. Seguramente las
dudas de Lázaro sobre la naturaleza compasiva de Dios para con los pobres,
excluidos y marginados tenían bastante fundamento.
En el más allá la situación
se revierte, las mesas cambian y los mensajeros de Dios ubicaron al excluido en
la mesa misma de Abrahán. Es interesante recordar que ángeles son los mensajeros
de Dios y hoy en día tenemos muchos mensajeros del Evangelio que están también
destinados a ubicar en la mesa de la inclusión a los excluidos. En la crisis del
vih-sida nos encontramos con los grupos vulnerables que tienen tantas razonables
dudas sobre la naturaleza de Dios. También nos encontramos con muchos mensajeros
que con sus mensajes y actitudes ponen en duda esa naturaleza incluyente y justa
de Dios tal como nos revela el modelo de mesa que nos ofrece el Reino. Los mensajeros también están destinados
a convocar a una nueva mesa, pero no en el más allá sino en el más acá que es
reflejo y primicia ahora de ese más allá que se nos propone como modelo de
acción, valores y comunión. El Reino es ahora y aquí el más allá de este modelo
de exclusión.
Esta escena nunca puede ser
alimento para la resignación. La gran tentación de la comunidad cristiana de
transformarse en baluarte de conservadurismo e inmovilismo siempre fiel a
tradiciones que ya no dicen absolutamente nada a nadie. Los mensajeros de Dios,
del Evangelio, nunca pueden anunciar resignación ni paciencia frente a
situaciones injustas tal como nos revela la epidemia del vih-sida.
Pero sigamos con la
parábola: «Estando en el abismo en medio de los tormentos, el rico levantó
los ojos, vio de lejos a Abrahán, con Lázaro echado a su lado, y gritó: -Padre
Abrahán, ten piedad de mí; manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y
me refresque la lengua; que me atormentan las llamas. Pero Abrahán le contestó:
-Hijo, recuerda que en vida te tocó a ti lo bueno y a Lázaro lo malo; por eso
ahora él encuentra consuelo y tú padeces. Además, entre nosotros y vosotros se
abre una sima inmensa; por más que quiera, nadie puede cruzar de aquí para allá
ni de allí para acá.». Entre la globalización y las mesas inclusivas del
Reino existe un abismo de valores. La parábola no puede terminar aquí con solo
un anuncio. Es necesaria una acción que haga visible ese anuncio. Esa acción no
puede ser un milagro sino una escucha renovada de la Palabra que en el
acompañamiento a las personas que viven con VIH-SIDA nos ayude a renovar la
iglesia y la sociedad.
Para un verdadero predicador
del evangelio esta no es una invitación a la resignación y pensar en las
estrategias del más allá donde todo cambiara y que mientras tanto debemos cargar
nuestra cruz aquí. Dios no arregla las injusticias en el más allá. El Evangelio
nos convoca a encontrar una respuesta aquí y ahora. Al igual que la bienaventuranzas esta
parábola no es una promesa a cumplirse en el futuro. Es un anuncio que tiene
sentido para el presente. Esta dirigida a los hermanos del rico anónimo, es
decir, a todos nosotros que vivimos muchas veces en el despilfarro y en la poca
conciencia sobre situaciones de injusticia y opresión.
El anuncio de escuchar a los
profetas continua siendo muy desagradable aún hoy para todos nosotros porque los
profetas decían cosas como: «Os acostáis en lechos de marfil, arrellanados en
divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo; canturreáis al son
del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas,
os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José. Pues
encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgía de los
disolutos» (Amós 6,4-7).
Para cambiar este mundo de
injusticia y exclusión no hace falta un milagro, hace falta conversión de los
ángeles (los mensajeros de Dios), de una sincera conversión de la misma iglesia
que pueda enfrentar la dinámica del dinero de las grandes empresas farmacéuticas
internacionales que privilegian la defensa de sus derechos de patentes frente a
tantos y tantas Lazaros que no pueden defender su derecho a la salud y a la
vida. Nuestra palabra evangélica tiene que hacer visible la presencia de tantos
Lazaros que están a las puertas de nuestra sociedad anunciando una palabra de
compromiso con tanto dolor y sufrimiento de las personas que viven con VIH-SIDA
y de exigencia de justicia para todos y todas.
Pastor Lisandro
Orlov