18 Tiempo Ordinario (A) Mateo 14, 13 –
21
DÃDLES
VOSOTROS DE COMER
JOSÉ
ANTONIO PAGOLA
SAN
SEBASTIÃN (GUIPUZCOA).
ECLESALIA, 30/07/08.- El evangelista
Mateo no se preocupa de los detalles del relato. Sólo le interesa enmarcar la
escena presentando a Jesús en medio de la «gente» en actitud de
«compasión». Lo hace también en otras ocasiones. Esta compasión está en
el origen de toda su actuación.
Jesús no vive de espaldas a la
gente, encerrado en sus ocupaciones religiosas, e indiferente al dolor de aquel
pueblo. «Ve el gentÃo, le da lástima y cura a los enfermos». Su
experiencia de Dios le hace vivir aliviando el sufrimiento y saciando el hambre
de aquellas pobres gentes. Asà ha de vivir la Iglesia que quiera hacer presente
a Jesús en el mundo de hoy.
El
tiempo pasa y Jesús sigue ocupado en curar. Los discÃpulos le interrumpen con
una propuesta: «Es muy tarde; lo mejor es “despedir†a aquella gente y
que cada uno se “compre†algo de comer». No han aprendido nada de Jesús.
Se desentienden de los hambrientos
y los dejan en manos de las leyes económicas dominadas por los terratenientes:
que se «compren comida». ¿Qué harán quienes no pueden comprar?
Jesús les replica con una orden
lapidaria que los cristianos satisfechos de los paÃses ricos no queremos ni
escuchar: «Dadles vosotros de comer». Frente al «comprar», Jesús
propone el «dar de comer». No lo puede decir de manera más rotunda. El
vive gritando al Padre: «Danos hoy nuestro pan de cada dÃa». Dios quiere que
todos sus hijos e hijas tengan pan, también quienes no lo pueden comprar.
Los
discÃpulos siguen escépticos. Entre la gente sólo hay cinco panes y dos peces.
Para Jesús es suficiente: si compartimos lo poco que tenemos, se puede saciar el
hambre de todos; incluso, pueden «sobrar» doce cestos de pan. Esta es su
alternativa. Una sociedad más humana, capaz de compartir su pan con los
hambrientos, tendrá recursos suficientes para todos.
En
un mundo donde mueren de hambre millones de personas, los cristianos sólo
podemos vivir avergonzados. Europa no tiene alma cristiana y «despide» como
delincuentes a quienes vienen buscando pan. Y, mientras tanto, en la Iglesia son
muchos los que caminan en la dirección marcada por Jesús; la mayorÃa, sin
embargo, vivimos sordos a su llamada, distraÃdos por nuestros intereses,
discusiones, doctrinas y celebraciones. ¿Por qué nos llamamos seguidores de
Jesús? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la
difusión de sus artÃculos, indicando su
procedencia).