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Asunto:[pastoralvihsida] Evangelio 29 de junio 2008
Fecha:Jueves, 26 de Junio, 2008  10:31:34 (-0300)
Autor:Lisandro Orlov <orlov @...............ar>

 

Domingo 29 de junio de 2008

Ciclo A.  Décimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Mateo 10, 40-42

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Jeremías 28, 5-9

Salmo Responsorial: Salmo 89, 1-4, 15-18

Segunda Lectura: Romanos 6, 12-23

  

 

EVANGELIO Mateo 10, 40-42

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: el  que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa.  El Evangelio del Señor.

 

 

EL ESCÁNDALO DE UN VASO DE AGUA FRESCA

 

La vida cristiana se ha visto siempre amenazada con tendencias hacia el ritualismo, la formalidad y en transformarse en un código de buenas maneras. Desde muy temprano y dentro de la misma iglesia surgieron tendencias que buscaban mantener la energía, los desafíos y el escándalo del Evangelio. Frente a una iglesia que se unía al poder imperial surge el movimiento monástico que se propone continuar viviendo la radicalidad del compromiso de fe y hacer concesiones. La Reforma criticará al monasticismo por haber limitado esas radicales exigencias a un grupo minoritario que pretendía vivir una vida más perfecta que los demás. La Reforma intenta rescatar la radicalidad del Evangelio para todos los bautizados y bautizadas. Esa perfección en el cumplimiento del Evangelio es una exigencia destinada a toda la comunidad de fe.

 

Dentro de la espiritualidad monástica y con el objetivo de evitar que nuestra lectura, escucha y acción que nace del Evangelio pierda su fuerza y su originalidad surgió aquello que se llama la lectura contemplativa de las Escrituras. Este método contemplativo de encuentro con la Palabra sigue diferentes caminos y etapas pero con la clara meta de mantener la presencia del Resucitado presente en la vida cotidiana. En una primera etapa se fundamenta en tomar en serio el texto, considerar aquello que conocemos sobre el mismo, los datos geográficos, históricos, cultural, etc. En un segundo momento llegamos a preguntarnos qué nos dice el texto a nosotros y nosotras y a nuestras comunidades. El tercer momento lleva el texto a la dimensión de la oración y nos enseña a cómo orar desde esa Palabra. Como consecuencia de este camino llegamos al último momento en el cual desde la meditación, la contemplación y la oración construimos una acción emergente de ese proceso.

 

En esa espiritualidad de radicalidad de la Palabra y de acciones visibles y concretas en la realidad cotidiana aparece la imagen del peregrino y del huésped que llama a las puertas de nuestras vidas y de nuestras comunidades. Uno de los grandes elementos en todas las reglas monásticas es la importancia concedida al extraño, el extranjero, el peregrino, el huésped que llama a la puerta. En el extraño y en la extraña se la interpretó y vivió como la llegada del Cristo a sus vidas y se establecía servirle y acogerle como se acogería al mismo Señor.

Hoy debemos preguntarnos dónde quedo nuestro amor y hospitalidad por el extraño y diferente que está a la puerta de nuestras comunidades y llama para que abramos nuestros corazones y mentes. Toda acción pastoral en el contexto del vih y del sida es parte de esa acogida al peregrino, al diferente, al vulnerable que no solo está golpeando a las puertas de nuestras existencias, sino que ya está instalado en medio de ella.

 

Como fundamento de nuestra acción pastoral en vih tenemos este texto esencial y al que debemos devolver toda su radicalidad y su escándalo. Nosotros y nosotras estamos llamados por nuestra vocación llevar la presencia de Jesús de Nazaret a todas y todos aquellos que nos reciben. Y esa presencia siempre es un escándalo de comunión, de amistad, de solidaridad. La contemplación siempre busca comprender la dimensión de esa presencia que nunca se limita a lo personal, individual o privado. La presencia del Cristo del Dios del Reino siempre tiene consecuencias comunitarias y políticas. No puede ni quiere quedar encerrado en la esfera de lo privado. Nuestra comunión con el Cristo de Dios es siempre el inicio de un proceso de comunión que se extiende en el espacio y en el tiempo abarcando cada vez más nuevos círculos y nuevos grupos vulnerables.

 

Pero esa presencia de Jesús en la vida de sus discípulos y discípulas viene siempre en compañía. Nunca es una presencia solitaria. El que recibe a Jesús de Nazaret como el Cristo del Dios del Reino también recibe a quien le envió. Pero el círculo de comunión no termina allí. Ese Jesús de Nazaret también se hace presente con la comunión de todas y todos aquellos que compartieron su mesa, esos huéspedes inesperados y teológicamente y políticamente extraños. Nuestra comunión con Dios es también comunión con todas aquellas personas que compartieron su comunión, tanto entonces como ahora.

 

Además estas comuniones tienen una dimensión de cruz. Se nos promete una recompensa de profeta si recibimos a una persona como profeta o profetiza. A pesar de que la palabra recompensa suena muy bien y nos produce alegría debemos recordar como han sido tratados entonces y ahora aquellos y aquellas que se atreven a ser verdaderamente profetas. Esa recompensa es cruz y no otra. Nada de teologías baratas de gloria sino la teología costosa de la cruz. Nadie es profeta o profetiza en su propia tierra y aquellos que estamos comprometidos en la promoción de derechos y dignidades en el contexto del vih y sida sabemos muy bien lo difícil que es ser profetas en nuestras propias comunidades. La comunión con Cristo, el asumir que nosotros mismo somos recibidos como el Cristo del Dios del Reino no puede esperar, por su escándalo, por sus denuncias proféticas de puertas y corazones cerrados a la presencia del huésped extraño, extranjero, diferente. Nuestra recompensa de recibir profetas por ser profetas no puede ser otra que la cruz del Cristo que reconocemos y proclamaos en la vida de Jesús de Nazaret.

 

El núcleo fuerte y duro de nuestra acción pastoral y de promoción de derechos y dignidades en el contexto de la epidemia del vih es un tema de justicia. Nuestra recompensa por recibir a una persona porque es justo también es una recompensa de cruz. La justicia que viene de Dios es siempre sorprendente porque nunca sigue los criterios de la razonabilidad humana. Proclamar esa justicia que ve pureza, santidad y dignidad donde otros solamente ven leprosos, enfermos, impuros, borrachos y glotones no tiene otro destino que asumir la recompensa de Jesús de Nazaret por sus sorprendentes comuniones.

 

Toda acción de servicio, de diaconía, de promoción social de las comunidades cristianas nace de esta voluntad de vivir hasta el extremo la cruz de Cristo y alcanzar un vaso de agua fresca a aquellas personas a las que nadie considera dignas de un vaso de agua fresca. Ese gesto de extender nuestra mano con un vaso de agua fresca es la desafiante comunión con aquellos y aquellas que otros y otras consideran como extraños, diferentes y externos a nuestras comunidades o como infiltrados y descalificados a un nivel más bajo en nuestras propias comunidades. Debemos mantener el carácter de denuncia profética de este gesto de compartir con aquellos considerados externos a nuestras comunidades y extraños a la comunión con Dios. Cada una de nuestras palabras, pensamientos y acciones en la pastoral del vih y sida tiene que tener ese carácter de desafío y escándalo de públicamente y asumiendo la recompensa del profeta y del justo en Dios, ofrecer nuestra plena e incondicional comunión con el sediento de comunión.

 

¿Quiénes son estos pequeños? Últimamente me he peleado mucho con los diversos comentarios de los textos evangélicos pero hoy me he reconciliado con uno de ellos. En general es muy posible que esos pequeños sean los mismos discípulos. Hasta aquí no habría mayor escándalo ni riesgo de cruz. Es un desafío que los discípulos sean colocados entre los grupos vulnerables. Esa si es una excelente perspectiva. Nos ubica en un plano que nos obliga a bajarnos del caballo y colocarnos al mismo nivel de los grupos vulnerables que queremos acompañar y con los que queremos establecer desafiantes comuniones. Pero existe una segunda posibilidad y el comentario con el que me he reconciliado dice que  los pequeños podrían ser y cito textualmente: “los paganos convertidos pero aún más aquellas y aquellos despreciados por los líderes judías en las iglesias (¿o podrían ser los convertidos no circuncidados, o los cristianos excluidos de las iglesias por razones disciplinarias?[1] Me sorprendió y me encanto la última propuesta: cristianos y cristianas excluidos de las iglesias por razones disciplinarias. Ese es un aporte sumamente rico, desafiante y prometedor para nuestra decisión de asumir todas las cruces en nuestra comunión y compromiso con las personas y los grupos vulnerables al vih y al sida. Esta posibilidad de interpretación me ha dado vueltas en mi cabeza porque no sabía que teníamos de nuestra parte testimonios tan sólidos e importantes.

 

Sabemos ahora que ese gesto de extender nuestra mano para alcanzar una vaso de agua fresca a uno de los que el mundo y algunas comunidades de fe consideran pequeños tiene una dimensión de comunión visible con aquel que nos ha transformado a nosotras y nosotros mismos en signos de su comunión, en signo de comunión con Aquel que le envió y en signo de comunión con todos aquellas y aquellos con los cuales ellos han comulgado. Este vaso de agua fresca dada a un pequeño social, ¿no será también un sacramento ya que nos promete la gracia de la recompensa de cruz por profetas y por justos?

 

Para la revisión de vida

¿Cuál es el vaso de agua fresca que estamos dispuestos a uno de estos pequeños que forman parte de los grupos vulnerables al vih o al sida? ¿Puede ese vaso de agua fresca calmar la sed de amor, esperanza e inclusividad de las y los muchos sedientos ubicados a las puertas de nuestras comunidades de fe?

             

Para la reunión de grupo

 

Para la oración de las y  los fieles

Con todo el pueblo de Dios en Cristo Jesús que nos llama a ser su presencia en los caminos de esta vida y en la existencia de otros y otras, oremos por nuestras comunidades de fe, por aquellos y aquellas que presiden su vida de oración para que esa vida se transforme en la presencia de Aquel que nos envía.

 

Se hace un breve silencio.

 

Fuente de reconciliación y paz, tu concede la bienvenida a todos y todas concediendo tu gracia y tu justicia. Transforma a tu iglesia en ese espacio y en esa comunidad donde todos encuentran un santuario donde su dignidad y sus derechos humanos son reconocidos y promovidos, aún de aquellos y aquellas que por razones disciplinarias han sido excluidos de sus propias comunidades. Cantaremos eternamente el amor del Señor.

 

Tu corazón y tu mesa han mostrado siempre una radical y bendecida hospitalidad. Transforma nuestras vidas y nuestras comunidades en un vaso de agua fresca que pueda calmar y saciar la sed de comunidad en que viven las personas en situación de vulnerabilidad al vih y sida. Cantaremos eternamente el amor del Señor.

 

Tu sabiduría y su presencia nos convoca a proclamar tu Reino de gracia y de justicia y que tu Espíritu nos conceda la fortaleza de pedir la recompensa de cruz prometida a todas y todos tus profetas y a todas y todos aquellos que se comprometen con la justicia. Cantaremos eternamente el amor del Señor.

 

Hogar de los que buscan un hogar, concédenos la valentía de ser tu voz para proclamar esperanza, reconciliación, comunión más allá de todas las barreras, las fronteras y los abismos que hemos construido. Aleja nuestros miedos, prejuicios y silencios y transfórmanos en tus profetas y profetizas. Cantaremos eternamente el amor del Señor.

 

Oración comunitaria

Vaso de agua fresca para todas y todos los que te aman, tú has preparado recompensas gozosas que van más allá de lo que podemos pensar. Derrama en nuestro corazones tu corazón y en nuestras mentes tu mente para que amándote sobre todas las cosas podamos amar sobre todas las cosas a nuestro hermanos y hermanas que el mundo considera pequeños y así alcanzar juntos y juntas tus promesas que sobrepasan todos nuestros deseos. Te lo pedimos por tu Hijo, nuestro Cristo y  nuestro camino y  morada. Amén

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires.

Argentina

 



[1] Bonnard, Pierre. L’Evangelie selon Saint Matthieu” Commentaire du Nouveau Testamente. Delachaux et Niestle. Neuchatel (Suisse) 1970. Pág. 150. Esta es una traducción personal.  Existe traducción al castellano de este comentario bíblico




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