14 Tiempo Ordinario (A) Mateo 11, 25 –
30
TRES
LLAMADAS DE JESÚS
ANTONIO
PAGOLA
SAN
SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
ECLESALIA,
02/07/08.- Un día Jesús sorprendió a todos dando gracias a Dios por su éxito con
la gente sencilla de Galilea y por su fracaso entre los maestros de la ley,
escribas y sacerdotes. «Te doy gracias, Padre… porque has escondido estas
cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla». A
Jesús se le ve contento. «Sí, Padre, así te ha parecido mejor». Esa es la
manera que tiene Dios de revelar sus «cosas».
La
gente sencilla e ignorante, los que no tienen acceso a grandes conocimientos,
los que no cuentan en la religión del templo, se están abriendo a Dios con
corazón limpio. Están dispuestos a dejarse enseñar por Jesús. El Padre les está
revelando su amor a través de él. Entienden a Jesús como nadie.
Sin
embargo, los «sabios y entendidos» no entienden nada. Tienen su propia
visión docta de Dios y de la religión. Creen saberlo todo. No aprenden nada
nuevo de Jesús. Su visión cerrada y su corazón endurecido les impiden abrirse a
la revelación del Padre a través de su Hijo.
Jesús termina su oración, pero sigue
pensando en la «gente sencilla». Viven oprimidos por los poderosos de
Séforis y Tiberíades, y no encuentran alivio en la religión del templo. Su vida
es dura, y la doctrina que le ofrecen los «entendidos» la hacen todavía
más dura y difícil. Jesús les hace tres llamadas.
«Venid a mí todos los que estáis
cansados y agobiados». Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que
sienten la religión como un peso, los que viven agobiados por doctrinas que les
impiden captar la alegría de la salvación. Si se encuentran vitalmente con
Jesús, experimentarán un alivio inmediato: «Yo os aliviaré».
«Cargad con mi yugo… porque es
llevadero y mi carga ligera». Es la segunda llamada. Hay que cambiar de
yugo. Abandonar el de los «sabios y entendidos» pues no es llevadero, y
cargar con el de Jesús, que hace la vida más llevadera. No porque Jesús exige
menos. Exige más, pero de otra manera. Exige lo esencial: el amor que libera de
lo que hace daño a las personas.
«Aprended de mí, que soy manso y
humilde de corazón». Es la tercera llamada. Hay que aprender a cumplir la
ley y vivir la religión con su espíritu. Jesús no «complica» la vida, la hace
más simple y humilde. No oprime, libera para vivir de manera más digna y humana.
Es un «descanso» encontrarse con él. (Eclesalia Informativo autoriza y
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