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Asunto:[pastoralvihsida] Evangelio 22 de junio 2008
Fecha:Viernes, 20 de Junio, 2008  12:18:38 (-0300)
Autor:Lisandro Orlov <orlov @...............ar>

 

Domingo 22 de junio de 2008

Ciclo A.  Décimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Mateo 10,24-39

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Jeremías 20, 7-13

Salmo Responsorial: Salmo 69, 7-19 [11-15] 16-18

Segunda Lectura: Romanos 6,1b-11

  

 

EVANGELIO Mateo 10, 24-39

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo dijo Jesús: “El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño. Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa!

No le teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.

Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. Al que me reconozca abiertamente ante los seres humanos, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los seres humanos.

No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; y así el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

El Evangelio del Señor.

 

YA NADA PUEDE DETENERNOS

 

Jesús de Nazaret no engaña a sus discípulos ni a nosotros. Desde un comienzo les explica muy bien los riesgos que el compromiso de promoción del Reino puede tener en las vidas de quienes asumen ese proyecto. Pero si bien esta advertencia que afirma que el discípulo no es más que el maestro y que el servidor ha de tener el mismo tratamiento que su dueño, debemos recordar que esta afirmación se hace en el contexto de una comunidad que celebra la resurrección. La última palabra la tiene la nueva vida y la nueva convivencia entre los seres humanos y en su relación comunitaria con Dios. Y desde esa perspectiva tenemos que comprender este diálogo y ese es el fundamento de nuestro atrevimiento en desafiar estructuras de poder. No tenemos miedos en desafiar a los poderes y poderosos porque tenemos una perspectiva que va más allá de las coyunturas actuales.

 

Aquellos que acompañamos a personas que viven con vih o sida y esas mismas personas también sabemos que en la medida que nos comprometamos con el proyecto transformador del Reino también hemos de vivir un caminar similar. Si bien nuestro destino es similar al de nuestro Maestro, tenemos que hacer una gran distinción. Con y en Jesús de Nazaret el Reino esta en medio de nosotros y nosotras. Nuestras vidas es un testimonio de esa presencia. El sufrimiento de Jesús, el Cristo de Dios, es el sufrimiento de aquel por el cual el Reino se hace próximo. Nuestro sufrimiento es a consecuencia de ser llamados a testificar esa proximidad.

 

Todo sufrimiento como consecuencia de ser signos y testigos de ese Reino de amor que busca la justicia es vivido en la perspectiva de la resurrección. No buscamos el ayuno por el ayuno, o el sufrimiento por el sufrimiento, porque el Dios del Reino no ama el sufrimiento gratuito.

 

En esa perspectiva de resurrección se nos invita a no tener miedo que muchas veces nos producen las poderosas estructuras de poder. No estamos llamados a ser prudentes. Estamos llamados a ser atrevidos y atrevidas. Nuestras vidas deben confesar abiertamente el Reino. No tenemos que tener miedo de quebrar los silencios y los susurros. Sabemos que muchas de nuestras comuniones con las personas y grupos vulnerables al vih y al sida son un riesgo pero estamos llamados a que nada quede oculto. Esas comuniones peligrosas no pueden quedar en secreto y en la oscuridad. Estamos llamados a proclamar desde lo alto de nuestras casas y de nuestras iglesias nuestra perspectiva nueva, nuestras radicales inclusividades, nuestras comuniones sin fronteras.

 

Es por ello que tenemos que proclamar en nuestro diálogo con todas las personas que viven con vih o sida: ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Aquí radica nuestro concepto de dignidad, respeto y comunión. Cada una de las personas y grupos que viven con vih o sida son mucho más importantes que los pájaros que se venden por unas monedas. Nosotros y nosotras no estamos dispuestos a vender ni dejar caer a nuestros hermanos y hermanas que viven con vih o sida porque a los ojos de nuestro Padre que está en el cielo, tienen valor, dignidad y esperanza. Por eso rompemos los pactos de silencio, las complicidades del susurro y de todas las oscuridades que empañan y comprometen un claro anuncio del Reino que ya está en medio de todos nosotros y nosotras.

 

En el contexto de la epidemia del vih y del sida no estamos llamados a tener miedo en gritar nuestro evangelio de inclusividad y de transformación, de liberación, justicia y comunión. Junto y con todos los grupos de la sociedad civil, de la cual formamos parte como iglesias, reconocemos abiertamente ante todos los seres humano el proyecto del Reino al cual nos hemos hecho servidores. Ese Reino, por voluntad de Dios, debe revelarse tanto en palabras gritadas desde lo alto de nuestras casas y templos como en las acciones visibles de nuestro compromiso pastoral. Y nada ni nadie nos puede imponer un temor que nos pueda paralizar en nuestra misión apostólica de testigos del Reino. Esa valentía en confesar el proyecto del Reino trae una comunión de confesiones. Proclamar los misterios del Reino tiene como consecuencia que nuestra Fuente de Vida a su vez confiese su presencia y comunión con nuestras vidas y acciones.

   

La escena termina con la aclaración de un malentendido. Esta aclaración es el mejor antídoto contra todas las teologías de prosperidad y de gloria. Es sorprendente la claridad y fuerza con la cual Jesús de Nazaret nos pone en guardia contra toda idea de un Mesías pacificador y romántico. Nuestro bautismo y nuestro compromiso de fe nos colocan radicalmente en un espacio de comunión y acción diferente a todos los otros espacios. Las oposiciones, muchísimas veces, surgen de nuestro entorno más directo y cercano. No tenemos que buscarles demasiado lejos. Todas y todos los que trabajamos en la crisis desatada por el vih y sida sabemos muy bien que los principales obstáculos en nuestras comuniones con personas y grupos en situación de vulnerabilidad del vih y sida proceden de nuestro entorno más íntimo. Es muy fácil relacionarnos con las personas de identidad trans, con las y los usuarios de drogas, con los y las trabajadoras sexuales. Es muy difícil relacionarnos con los líderes de nuestras comunidades de fe. Es a ellos a los que estamos llamados a no tenerles miedo pero ese no tener miedo tiene un precio. Asumir el mismo camino de cruz de nuestro Maestro. Nuestro amor y respeto de estructuras institucionales o familiares no pueden ser un obstáculo a la radical comunión de las mesas de Jesús de Nazaret.

 

Si somos hacedores de políticas públicas en vih y sida, tanto en la sociedad como en las iglesias, también estamos llamados a seguir el camino de la cruz. Desafiar a los que tiene poder teológico o ideológico desde una perspectiva de radical inclusividad tiene un costo público. La cruz no es una cuestión privada y personal. Ese camino siempre es público y comunitario.

 

En perspectiva de resurrección debemos asumir la cruz de Cristo para mostrar que no tenemos miedo en la construcción del Reino. Estamos dispuestos y dispuestas a dar nuestras vidas, no por cualquier motivo, sino por el proyecto de Jesús de Nazaret y de ello debemos estar  fanáticamente convencidos y dispuestos.

 

Para la revisión de vida

            ¿Tengo miedo a la cruz? ¿Sufro en mi vida alguna forma de persecución? ¿Temo a la persecución, aunque sea en su forma mínima de «temor al qué dirán»? ¿O, como Jeremías, sigo adelante convencido y sin temor a la cruz?

 

Para la reunión de grupo

La cruz, la persecución por el evangelio... forman parte de la existencia cristiana. ¿Qué cruz, qué persecución por el evangelio? ¿Cuándo se puede decir que estamos ante una persecución por el evangelio? ¿Cuáles son sus causas? ¿Qué cruz y qué persecución no tienen que ver con el evangelio?

 

Para la oración de las y los fieles

Con todo el pueblo de Dios en Cristo Jesús, oremos por aquellos y aquellas que asumieron el riesgo de confesar públicamente su compromiso de fe.

 

Se hace un breve silencio.

 

Tú que eres la fortaleza que nos libera de todos los miedos, sostén a tu pueblo para que tenga la valentía de caminar por tus caminos, de abrir las puertas que tu has abierto y compartir tu de vida sin condiciones, con toda libertad y gratuitamente.

 

Tú que haces llover sobre justos y pecadores, sin distinción y sin exclusión, ayúdanos a proclamar con palabras y obras que tu Reino ya está en medio de nosotros y nosotras. Que tu Espíritu nos permita romper todos los silencios y todas las complicidades, sin temer cargar todas las cruces de la solidaridad y la justicia.

 

Renueva nuestro compromiso de fe para que sepamos romper con todos los lazos de amistad, familia e instituciones que limitan nuestra libertad para proclamar tu Evangelio. No permitas que nuestros silencios y nuestros susurros nos lleven por caminos de oscuras complicidades.

 

Unidos con la nube de todas y todos aquellos testigos, mártires y confesores que dieron sus vidas para que tu Reino estuviera al alcance de nuestras manos, y que su ejemplo y testimonio nos fortalezcan en el camino de tu cruz.

 

 

Oración comunitaria

            Tú que eres el Camino, la Verdad y la Vida, te pedimos que camines siempre a nuestro lado para que nunca cedamos ante las dificultades y reveses de la vida, sintamos siempre tu fuerza animándonos y sigamos trabajando con ilusión y alegría, cada día, para construir tu Reino. Por Jesucristo.

 

            Misterio del Ser, que has permitido que viniéramos a la existencia tal como somos: como seres corporales y espirituales, en unidad y diversidad, limitados en el tiempo y en nuestra capacidad. Queremos asumir adultamente y con coraje esta nuestra forma de ser. Te expresamos nuestra decisión de asumir adultamente nuestras responsabilidades ante las limitaciones y los propios problemas que nos rodean. Como lo hizo Jesús de Nazaret, nuestro modelo, nuestro Maestro y nuestro dueño.

 

 

Puerta de todas las bienvenidas,

Mesa de todas las comuniones,

            sin extraños ni extranjeros,

            sin diferentes ni raros

Concédenos tu espíritu

            para no transformarnos en barreras

            ni en fronteras.

Rompe nuestros silencios

            y nuestras complicidades

            con sociedades e iglesias

            que ponen fronteras en  sus mesas

            y barreras en sus corazones

            y se cierran a los extraños y extrañas,

                        que están a las puertas de nuestros espacios

            y de nuestras vidas.

Que tu Amor nos una en los lazos

            de unidad de radical incondicionalidad

Llévanos a ofrendar nuestras vidas

            para que todos y todas tengan vida.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires

Argentina

 

 





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