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Domingo
22 de junio de 2008
Ciclo
A. Décimo Segundo Domingo del
Tiempo Ordinario
Evangelio:
Mateo 10,24-39
(Leccionario
Común Revisado)
Primera
Lectura: Jeremías 20, 7-13
Salmo
Responsorial: Salmo 69, 7-19 [11-15] 16-18
Segunda Lectura: Romanos
6,1b-11
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EVANGELIO
Mateo 10, 24-39
Traducción:
El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia.
Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires.
1990 |
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En aquel tiempo dijo Jesús:
“El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño. Al
discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al
dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa!
No le teman. No hay nada
oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.
Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que
escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los
que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel
que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. ¿Acaso no se
vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de
ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.
Ustedes tienen contados todos
sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. Al
que me reconozca abiertamente ante los seres humanos, yo lo reconoceré
ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que
está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los seres humanos.
No piensen que he venido a
traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada.
Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre
y a la nuera con su suegra; y así el hombre tendrá como enemigos a los de
su propia casa.
El que ama a su padre o a su
madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija
más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es
digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida
por mí, la encontrará.
El Evangelio del
Señor. |
YA NADA PUEDE
DETENERNOS
Jesús de Nazaret no engaña a sus
discípulos ni a nosotros. Desde un comienzo les explica muy bien los riesgos que
el compromiso de promoción del Reino puede tener en las vidas de quienes asumen
ese proyecto. Pero si bien esta advertencia que afirma que el discípulo no es
más que el maestro y que el servidor ha de tener el mismo tratamiento que su
dueño, debemos recordar que esta afirmación se hace en el contexto de una
comunidad que celebra la resurrección. La última palabra la tiene la nueva vida
y la nueva convivencia entre los seres humanos y en su relación comunitaria con
Dios. Y desde esa perspectiva tenemos que comprender este diálogo y ese es el
fundamento de nuestro atrevimiento en desafiar estructuras de poder. No tenemos
miedos en desafiar a los poderes y poderosos porque tenemos una perspectiva que
va más allá de las coyunturas actuales.
Aquellos que acompañamos a personas
que viven con vih o sida y esas mismas personas también sabemos que en la medida
que nos comprometamos con el proyecto transformador del Reino también hemos de
vivir un caminar similar. Si bien nuestro destino es similar al de nuestro
Maestro, tenemos que hacer una gran distinción. Con y en Jesús de Nazaret el
Reino esta en medio de nosotros y nosotras. Nuestras vidas es un testimonio de
esa presencia. El sufrimiento de Jesús, el Cristo de Dios, es el sufrimiento de
aquel por el cual el Reino se hace próximo. Nuestro sufrimiento es a
consecuencia de ser llamados a testificar esa proximidad.
Todo sufrimiento como consecuencia
de ser signos y testigos de ese Reino de amor que busca la justicia es vivido en
la perspectiva de la resurrección. No buscamos el ayuno por el ayuno, o el
sufrimiento por el sufrimiento, porque el Dios del Reino no ama el sufrimiento
gratuito.
En esa perspectiva de resurrección
se nos invita a no tener miedo que muchas veces nos producen las poderosas
estructuras de poder. No estamos llamados a ser prudentes. Estamos llamados a
ser atrevidos y atrevidas. Nuestras vidas deben confesar abiertamente el Reino.
No tenemos que tener miedo de quebrar los silencios y los susurros. Sabemos que
muchas de nuestras comuniones con las personas y grupos vulnerables al vih y al
sida son un riesgo pero estamos llamados a que nada quede oculto. Esas
comuniones peligrosas no pueden quedar en secreto y en la oscuridad. Estamos
llamados a proclamar desde lo alto de nuestras casas y de nuestras iglesias
nuestra perspectiva nueva, nuestras radicales inclusividades, nuestras
comuniones sin fronteras.
Es por ello que tenemos que
proclamar en nuestro diálogo con todas las personas que viven con vih o sida: ¿Acaso no se vende un par de pájaros por
unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el
consentimiento del Padre que está en el cielo. Aquí radica nuestro concepto
de dignidad, respeto y comunión. Cada una de las personas y grupos que viven con
vih o sida son mucho más importantes que los pájaros que se venden por unas
monedas. Nosotros y nosotras no estamos dispuestos a vender ni dejar caer a
nuestros hermanos y hermanas que viven con vih o sida porque a los ojos de
nuestro Padre que está en el cielo, tienen valor, dignidad y esperanza. Por eso
rompemos los pactos de silencio, las complicidades del susurro y de todas las
oscuridades que empañan y comprometen un claro anuncio del Reino que ya está en
medio de todos nosotros y nosotras.
En el contexto de la epidemia del
vih y del sida no estamos llamados a tener miedo en gritar nuestro evangelio de
inclusividad y de transformación, de liberación, justicia y comunión. Junto y
con todos los grupos de la sociedad civil, de la cual formamos parte como
iglesias, reconocemos abiertamente ante todos los seres humano el proyecto del
Reino al cual nos hemos hecho servidores. Ese Reino, por voluntad de Dios, debe
revelarse tanto en palabras gritadas desde lo alto de nuestras casas y templos
como en las acciones visibles de nuestro compromiso pastoral. Y nada ni nadie
nos puede imponer un temor que nos pueda paralizar en nuestra misión apostólica
de testigos del Reino. Esa valentía en confesar el proyecto del Reino trae una
comunión de confesiones. Proclamar los misterios del Reino tiene como
consecuencia que nuestra Fuente de Vida a su vez confiese su presencia y
comunión con nuestras vidas y acciones.
La escena termina con la aclaración
de un malentendido. Esta aclaración es el mejor antídoto contra todas las
teologías de prosperidad y de gloria. Es sorprendente la claridad y fuerza con
la cual Jesús de Nazaret nos pone en guardia contra toda idea de un Mesías
pacificador y romántico. Nuestro bautismo y nuestro compromiso de fe nos colocan
radicalmente en un espacio de comunión y acción diferente a todos los otros
espacios. Las oposiciones, muchísimas veces, surgen de nuestro entorno más
directo y cercano. No tenemos que buscarles demasiado lejos. Todas y todos los
que trabajamos en la crisis desatada por el vih y sida sabemos muy bien que los
principales obstáculos en nuestras comuniones con personas y grupos en situación
de vulnerabilidad del vih y sida proceden de nuestro entorno más íntimo. Es muy
fácil relacionarnos con las personas de identidad trans, con las y los usuarios
de drogas, con los y las trabajadoras sexuales. Es muy difícil relacionarnos con
los líderes de nuestras comunidades de fe. Es a ellos a los que estamos llamados
a no tenerles miedo pero ese no tener miedo tiene un precio. Asumir el mismo
camino de cruz de nuestro Maestro. Nuestro amor y respeto de estructuras
institucionales o familiares no pueden ser un obstáculo a la radical comunión de
las mesas de Jesús de Nazaret.
Si somos hacedores de políticas
públicas en vih y sida, tanto en la sociedad como en las iglesias, también
estamos llamados a seguir el camino de la cruz. Desafiar a los que tiene poder
teológico o ideológico desde una perspectiva de radical inclusividad tiene un
costo público. La cruz no es una cuestión privada y personal. Ese camino siempre
es público y comunitario.
En perspectiva de resurrección
debemos asumir la cruz de Cristo para mostrar que no tenemos miedo en la
construcción del Reino. Estamos dispuestos y dispuestas a dar nuestras vidas, no
por cualquier motivo, sino por el proyecto de Jesús de Nazaret y de ello debemos
estar fanáticamente convencidos y
dispuestos.
Para la revisión de vida
¿Tengo miedo a la cruz? ¿Sufro en mi vida alguna forma de persecución? ¿Temo a
la persecución, aunque sea en su forma mínima de «temor al qué dirán»? ¿O, como
Jeremías, sigo adelante convencido y sin temor a la cruz?
Para la reunión de grupo
La cruz, la persecución por el
evangelio... forman parte de la existencia cristiana. ¿Qué cruz, qué persecución
por el evangelio? ¿Cuándo se puede decir que estamos ante una persecución por el
evangelio? ¿Cuáles son sus causas? ¿Qué cruz y qué persecución no tienen que ver
con el evangelio?
Para la oración de las y los fieles
Con todo el pueblo de Dios en Cristo
Jesús, oremos por aquellos y aquellas que asumieron el riesgo de confesar
públicamente su compromiso de fe.
Se hace un breve silencio.
Tú que eres la fortaleza que nos
libera de todos los miedos, sostén a tu pueblo para que tenga la valentía de
caminar por tus caminos, de abrir las puertas que tu has abierto y compartir tu
de vida sin condiciones, con toda libertad y gratuitamente.
Tú que haces llover sobre justos y
pecadores, sin distinción y sin exclusión, ayúdanos a proclamar con palabras y
obras que tu Reino ya está en medio de nosotros y nosotras. Que tu Espíritu nos
permita romper todos los silencios y todas las complicidades, sin temer cargar
todas las cruces de la solidaridad y la justicia.
Renueva nuestro compromiso de fe
para que sepamos romper con todos los lazos de amistad, familia e instituciones
que limitan nuestra libertad para proclamar tu Evangelio. No permitas que
nuestros silencios y nuestros susurros nos lleven por caminos de oscuras
complicidades.
Unidos con la nube de todas y todos
aquellos testigos, mártires y confesores que dieron sus vidas para que tu Reino
estuviera al alcance de nuestras manos, y que su ejemplo y testimonio nos
fortalezcan en el camino de tu cruz.
Oración comunitaria
Tú que eres el Camino, la
Verdad y la
Vida, te pedimos que camines siempre a nuestro lado para que
nunca cedamos ante las dificultades y reveses de la vida, sintamos siempre tu
fuerza animándonos y sigamos trabajando con ilusión y alegría, cada día, para
construir tu Reino. Por Jesucristo.
Misterio del Ser, que has permitido que viniéramos a la existencia tal como
somos: como seres corporales y espirituales, en unidad y diversidad, limitados
en el tiempo y en nuestra capacidad. Queremos asumir adultamente y con coraje
esta nuestra forma de ser. Te expresamos nuestra decisión de asumir adultamente
nuestras responsabilidades ante las limitaciones y los propios problemas que nos
rodean. Como lo hizo Jesús de Nazaret, nuestro modelo, nuestro Maestro y nuestro
dueño.
Puerta de todas las
bienvenidas,
Mesa de todas las
comuniones,
sin extraños ni extranjeros,
sin diferentes ni raros
Concédenos tu
espíritu
para no transformarnos en barreras
ni en fronteras.
Rompe nuestros
silencios
y nuestras complicidades
con sociedades e iglesias
que ponen fronteras en sus
mesas
y barreras en sus corazones
y se cierran a los extraños y extrañas,
que
están a las puertas de nuestros espacios
y de nuestras vidas.
Que tu Amor nos una en los
lazos
de unidad de
radical incondicionalidad
Llévanos a ofrendar nuestras
vidas
para que todos y todas tengan vida.
Pastor
Lisandro Orlov
Pastoral
Ecuménica VIH-SIDA
Buenos
Aires
Argentina