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Domingo
15 de junio de 2008
Ciclo
A. Décimo Primer Domingo del
Tiempo Ordinario
Evangelio:
Mateo 9,35-10,8 (9-23)
(Leccionario
Común Revisado)
Primera
Lectura: Éxodo 19, 2-8a
Salmo
Responsorial: Salmo 100
Segunda Lectura: Romanos 5,
1-8
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EVANGELIO
Mateo 9,35-10,8 [9-23]
Traducción:
El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia.
Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires.
1990 |
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En aquel tiempo, Jesús
recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas,
proclamando la
Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades
y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban
fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a
sus discípulos: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la
cosecha”.
Jesús convocó a sus doce
discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de
curar cualquier enfermedad o dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles
son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Juan;
luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé;
Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el
Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
A estos Doce, Jesús los envió
con las siguientes instrucciones: “No vayan a regiones paganas, ni entren
en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas
perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de
los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos,
purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido
gratuitamente, den también gratuitamente”. El Evangelio del
Señor.
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DERECHOS DE
CIUDADANÍA.
Durante mucho tiempo me llamó la
atención la persistencia y la obstinación de Jesús de Nazaret en su intento de
convertir, reformar, transformar estructuras que sostienen sistemas opresivos.
Ese entrar y salir de las sinagogas de su tiempo, con la esperanza de instalar
en ese espacio una comprensión profética de las Escrituras, construir una
comunidad más inclusiva, promover todas las dignidades y romper con sistemas de
pureza y de jerarquías que destruían libertades. Pero creo que en esa
obstinación hay un mensaje para quienes hemos emprendido desde el vih y desde el
sida la aventura de construir otra iglesia y otra sociedad. Es en ese espacio en
el que debemos ser signos proféticos de un proyecto
alternativo.
Claramente vemos que la presencia de
Jesús de Nazaret debe haber sido fuertemente irritativa para los piadosos de su
tiempo. Se hace presente en todas las sinagogas de diferentes tiempos y espacios
pero no se queda callado. Es en la misma boca del lobo que proclama
la Buena Noticia del
Reino. Nosotros y nosotras también tenemos el mismo desafío. Proclamar una buena
noticia para las personas y grupos vulnerables por el estigma y la marginación
al vih o al sida. Hablar allí, en las muchas bocas del lobo de nuestras
comunidades de fe que hay una buena noticia para los hombres que tienen sexo con
hombres, para las y los usuarios de drogas, para los y las trabajadoras
sexuales, para todas las personas que viven con vih y con sida. Nuestro más
grande desafío es convencer a los convertidos que es posible una buena nueva
para todas las personas.
Además de proclamar la buena
noticia, Jesús de Nazaret la hace visible, porque como consecuencia inmediata de
su proclamación cura enfermedades y dolencias. Esa curación es un escándalo. Es
el signo más patente de la presencia del Reino en medio de espacios hostiles. La
enfermedad en aquel entonces como ahora, en la mentalidad religiosa de muchas
personas, está relacionada con el castigo, el pecado, sistemas de impurezas y de
conductas permitidas o prohibidas. Las personas enfermas o con dolencias eran y
son miradas por muchos y muchas como sospechosos y en definitiva tratados como
ciudadanos de segunda categoría. El gran milagro de las curaciones de Jesús de
Nazaret no tiene que ver en primer lugar con la salud sino con los derechos de
ciudadanía. Curar es reintegrar en plenitud de derechos en la comunidad tanto
social como religiosa. Esas curaciones signos del Reino y de su inclusividad son
el centro del escándalo y serán seguramente parte del camino hacia la cruz.
Desde ese espacio de opresión y de
exclusión, Jesús de Nazaret contempla a la multitud y, llamativamente no ve en
ellas sus manchas y arrugas. La fuente de su compasión de la multitud es que la
contempla fatigada y abatida por sistemas de pureza teológica que excluyen y
marginan. Su compasión no tiene que ver directamente con la naturaleza de la
multitud sino con el carácter del sistema que las fatiga y las abate. Nosotros y
nosotras, que caminamos junto con las personas que viven con vih y sida también
conocemos esos sistemas que abaten y fatigan, y sabemos que esos sistemas son
tanto sociales como religiosos.
Jesús de Nazaret tiene compasión
porque esa multitud no tiene un
liderazgo confiable, transparente y valiente. No es un liderazgo que
anuncia las Buenas Noticias del Reino sino que, en gran parte, es un liderazgo
que sostiene y apoya con omisión o silencios cómplices sistemas que dan
preferencia a las vacas gordas en lugar de las ovejas fatigadas y abatidas. Es
por ello que debemos sostener en nuestro trabajo pastoral con las personas que
viven con vih una presencia constante como un aguijón en esos espacios
responsables de estigmas y exclusiones. Es allí que debemos producir los cambios
y las conversiones.
Es por ello que nos pide que oremos
con intensidad y con prisa para que haya mejores y más líderes dispuestos a
romper todos los silencios. La cosecha es abundante y dispersa porque la
multitud de personas que viven con vih y con sida no ven un liderazgo desde las
comunidades de fe que las apoye en sus esfuerzos de trabajar en redes. Las
multitudes mismas se han tenido que organizar con total ausencia de los líderes
de las comunidades de fe. Somos muy pocos y muy pocas que continuamos anunciando
la buena noticia de la sanación de las heridas sociales, teológicas y pastorales
que son signos del Reino.
También me llama la atención la
lista de los pocos y limitados discípulos que logran reunir Jesús de Nazaret.
Las listas de nombres varias y tiene diversas alteraciones pero todas comienzan
con aquel discípulo que lo negó tres veces y todas terminan con aquel que le
traicionó y luego se arrepintió. Es ese grupo vulnerable y débil el que esta
llamado y tiene el poder y la misión de expulsar los espíritus impuros del
estigma y la marginación y de curar todas las heridas de las dignidades que han
sido descalificadas en el ejercicio de sus derechos de ciudadanía. Nosotros y
nosotras que trabajamos en el contexto de la epidemia del vih y sida, tenemos
que tener la franqueza y la humildad de reconocer nuestra vulnerabilidad a las
presiones, al murmullo, al comentario irónico, al cinismo de muchas situaciones,
pero sabemos con claridad que somos llamados a ser testigos de que es posible
otro mundo y otra iglesia.
Esos discípulos al igual que
nosotros y nosotras tenemos una hoja de ruta, instrucciones muy precisas para
evitar peligrosas tentaciones. Me ha sido siempre difícil comprender y muchas
veces he querido no ver estas indicaciones que me parecían muy poco inclusivas y
para nada universales. Recién ahora, a partir de mi experiencia en el vivir,
acompañar y jugarme entero en el diálogo y comunión con las personas que viven
con vih o con sida he comprendido este texto. ¡Se ha hecho la luz en mi
vulnerable cabeza! Se muy bien que de la tentación de desertar de las sinagogas
de mi comunidad de fe y de irme a otros espacios más cómodos y fáciles. Debo
confesar y reconocer que me resulta más fácil el diálogo y la cooperación con
los hombres que tienen sexo con hombres, con las personas de diversas
identidades sexuales, con el liderazgo de las trabajadoras sexuales, con las y
los usuarios de drogas y con muchas personas que viven con vih y con sida que
con mis propios colegas. Ahora entiendo esta advertencia a los discípulos porque
estoy seguro que también a ellos, como lo vemos de diversos pasajes del mismo
evangelio, el diálogo y la aceptación de paganos y samaritanos era mucho más
fácil y fluida que el diálogo con los lideres de las comunidades de fe a la cual
pertenecía Jesús de Nazaret y estos mismos vulnerables discípulos. Estamos
enviados a ir a las ovejas pérdidas en medio de sistemas fundamentalistas de
comprensión de las Escrituras, de sistemas de pureza ética excluyentes y
opresores en que viven muchas ovejas del pueblo de Dios
Es allí donde tenemos que tener la
valentía y el poder del Espíritu para proclamar que el Reino de los Cielos está
cerca y que la curación de los estigmas y las marginaciones es posible, que
aquellos y aquellas que considerábamos muertos sociales o muertos pastorales son
invitados al gozo de la nueva vida fundamentada en la sola fe en el Cristo de
Dios al cual llegamos por una pura gracia gratuita e incondicional. Demos
gratuita e incondicionalmente aquello que recibimos cada día gratuitamente: la
gracia de la nueva vida en la fe en la proyecto de Jesús de Nazaret. ¡Qué
hermosa buena nueva para anunciar a las personas y grupos en situación de
vulnerabilidad al vih y al sida pero que desafío para las convertidos y
convertidas de hoy y de siempre!
Para la revisión de
vida
La mirada de Jesús de Nazaret sobre
las multitudes fatigadas es hoy tan necesaria como entonces. En una sociedad
caracterizada por el prejuicio y los estigmas diversos que se manifiesta en
abuso verbal, violencia física, prejuicios religiosos, restricciones de
viaje, las personas que viven con
vih y con sida pueden sentirse como parte de esa multitud fatigada y abatida.
¿Cuál es mi propuesta y mi estrategia para cambiar esa situación y ese
sentimiento?
Para la reunión de grupo
¿Es posible pensar que esa multitud
fatigada y abatida compuesta por las personas y los grupos vulnerables a la
epidemia del vih pueden tener un ministerio específico para con nosotros y
nosotras y para con nuestras comunidades de fe?
Para la oración de las y los fieles
Junto con todas las multitudes
fatigadas y abatidas y con toda el pueblo de Dios en Cristo Jesús presentamos
nuestras oraciones para que las buenas noticias del Reino sean proclamadas hoy a
todas y todos nosotros.
Se hace un breve
silencio.
Sostén de todos aquellos que están
fatigados y abatidos, te rogamos para que las voces de esperanza y justicia no
sean acalladas. Bendice a aquellos y aquellas que se atreven a romper silencios
y complicidades para anunciar tu Reino en los espacios de opresión. La misericordia del Señor permanece para
siempre y su fidelidad por todas las generaciones.
Unimos nuestras voces y corazones
para pedir por la paz, la fortaleza y la valentía de aquellos que trabajan para
terminar con todo terrorismo, violencia, opresión, injusticia para que en toda
tu creación resuene el anuncio de las buenas noticias en la cual la paz y la
misericordia se unen a la justicia y la equidad de género. La misericordia del Señor permanece para
siempre y su fidelidad por todas las generaciones.
Te encomendamos ante tu mirada de
compasión a aquellas personas que necesitan ser curadas de sus heridas sociales
y religiosas. Envía pastores confiables, transparentes, fieles y con el coraje
de anunciar tu Evangelio a tiempo y a destiempo. La misericordia del Señor permanece para
siempre y su fidelidad por todas las generaciones.
Te alabamos por la multitud y
diversidad de testimonios de la presencia de tu reino en las cruces asumidas por
mártires, santas y santos, confesores y fieles de todos los tiempos y todo
lugar. Envía tu Espíritu de sabiduría y paciencia para que perseveremos en
nuestras comunidades con la fuerte esperanza de sus transformaciones y de
nuestra conversión al compromiso de bautismo. La misericordia del Señor permanece para
siempre y su fidelidad por todas las generaciones.
Oración comunitaria
Mirada de compasión, tú nos has
llamado a ser tus discípulos, raza de sacerdotes del nuevo mundo y de la buena
nueva para dar testimonio de tu Evangelio. Concédenos ser líderes fieles a ese
llamado y a esa vocación para que todo el mundo y todas las personas en
situación vulnerable al vih y al sida, fatigadas y abatidas puedan levantar sus miradas y
confiar en que en un mañana diferente, confiando en tu promesa. Te lo pedimos
por Jesús, tu Cristo, nuestro hermano y nuestro líder.
Pastor
Lisandro Orlov
Pastoral
Ecuménica VIH-SIDA
Buenos
Aires.
Argentina