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Asunto:[pastoralvihsida] Evangelio Mateo 9, 35-10,8
Fecha:Sabado, 21 de Junio, 2008  10:55:05 (-0300)
Autor:Lisandro Orlov <orlov @...............ar>

 

Domingo 15 de junio de 2008

Ciclo A.  Décimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Mateo 9,35-10,8 (9-23)

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Éxodo 19, 2-8a

Salmo Responsorial: Salmo 100

Segunda Lectura: Romanos 5, 1-8

  

 

EVANGELIO Mateo 9,35-10,8 [9-23]

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”.

 

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Juan; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

 

A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: “No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente”. El Evangelio del Señor.

 

 

DERECHOS DE CIUDADANÍA.

 

Durante mucho tiempo me llamó la atención la persistencia y la obstinación de Jesús de Nazaret en su intento de convertir, reformar, transformar estructuras que sostienen sistemas opresivos. Ese entrar y salir de las sinagogas de su tiempo, con la esperanza de instalar en ese espacio una comprensión profética de las Escrituras, construir una comunidad más inclusiva, promover todas las dignidades y romper con sistemas de pureza y de jerarquías que destruían libertades. Pero creo que en esa obstinación hay un mensaje para quienes hemos emprendido desde el vih y desde el sida la aventura de construir otra iglesia y otra sociedad. Es en ese espacio en el que debemos ser signos proféticos de un proyecto alternativo.

 

Claramente vemos que la presencia de Jesús de Nazaret debe haber sido fuertemente irritativa para los piadosos de su tiempo. Se hace presente en todas las sinagogas de diferentes tiempos y espacios pero no se queda callado. Es en la misma boca del lobo que proclama la Buena Noticia del Reino. Nosotros y nosotras también tenemos el mismo desafío. Proclamar una buena noticia para las personas y grupos vulnerables por el estigma y la marginación al vih o al sida. Hablar allí, en las muchas bocas del lobo de nuestras comunidades de fe que hay una buena noticia para los hombres que tienen sexo con hombres, para las y los usuarios de drogas, para los y las trabajadoras sexuales, para todas las personas que viven con vih y con sida. Nuestro más grande desafío es convencer a los convertidos que es posible una buena nueva para todas las personas.

 

Además de proclamar la buena noticia, Jesús de Nazaret la hace visible, porque como consecuencia inmediata de su proclamación cura enfermedades y dolencias. Esa curación es un escándalo. Es el signo más patente de la presencia del Reino en medio de espacios hostiles. La enfermedad en aquel entonces como ahora, en la mentalidad religiosa de muchas personas, está relacionada con el castigo, el pecado, sistemas de impurezas y de conductas permitidas o prohibidas. Las personas enfermas o con dolencias eran y son miradas por muchos y muchas como sospechosos y en definitiva tratados como ciudadanos de segunda categoría. El gran milagro de las curaciones de Jesús de Nazaret no tiene que ver en primer lugar con la salud sino con los derechos de ciudadanía. Curar es reintegrar en plenitud de derechos en la comunidad tanto social como religiosa. Esas curaciones signos del Reino y de su inclusividad son el centro del escándalo y serán seguramente parte del camino hacia la cruz.

 

Desde ese espacio de opresión y de exclusión, Jesús de Nazaret contempla a la multitud y, llamativamente no ve en ellas sus manchas y arrugas. La fuente de su compasión de la multitud es que la contempla fatigada y abatida por sistemas de pureza teológica que excluyen y marginan. Su compasión no tiene que ver directamente con la naturaleza de la multitud sino con el carácter del sistema que las fatiga y las abate. Nosotros y nosotras, que caminamos junto con las personas que viven con vih y sida también conocemos esos sistemas que abaten y fatigan, y sabemos que esos sistemas son tanto sociales como religiosos.

 

Jesús de Nazaret tiene compasión porque esa multitud no tiene un  liderazgo confiable, transparente y valiente. No es un liderazgo que anuncia las Buenas Noticias del Reino sino que, en gran parte, es un liderazgo que sostiene y apoya con omisión o silencios cómplices sistemas que dan preferencia a las vacas gordas en lugar de las ovejas fatigadas y abatidas. Es por ello que debemos sostener en nuestro trabajo pastoral con las personas que viven con vih una presencia constante como un aguijón en esos espacios responsables de estigmas y exclusiones. Es allí que debemos producir los cambios y las conversiones.

 

Es por ello que nos pide que oremos con intensidad y con prisa para que haya mejores y más líderes dispuestos a romper todos los silencios. La cosecha es abundante y dispersa porque la multitud de personas que viven con vih y con sida no ven un liderazgo desde las comunidades de fe que las apoye en sus esfuerzos de trabajar en redes. Las multitudes mismas se han tenido que organizar con total ausencia de los líderes de las comunidades de fe. Somos muy pocos y muy pocas que continuamos anunciando la buena noticia de la sanación de las heridas sociales, teológicas y pastorales que son signos del Reino.

 

También me llama la atención la lista de los pocos y limitados discípulos que logran reunir Jesús de Nazaret. Las listas de nombres varias y tiene diversas alteraciones pero todas comienzan con aquel discípulo que lo negó tres veces y todas terminan con aquel que le traicionó y luego se arrepintió. Es ese grupo vulnerable y débil el que esta llamado y tiene el poder y la misión de expulsar los espíritus impuros del estigma y la marginación y de curar todas las heridas de las dignidades que han sido descalificadas en el ejercicio de sus derechos de ciudadanía. Nosotros y nosotras que trabajamos en el contexto de la epidemia del vih y sida, tenemos que tener la franqueza y la humildad de reconocer nuestra vulnerabilidad a las presiones, al murmullo, al comentario irónico, al cinismo de muchas situaciones, pero sabemos con claridad que somos llamados a ser testigos de que es posible otro mundo y otra iglesia.

Esos discípulos al igual que nosotros y nosotras tenemos una hoja de ruta, instrucciones muy precisas para evitar peligrosas tentaciones. Me ha sido siempre difícil comprender y muchas veces he querido no ver estas indicaciones que me parecían muy poco inclusivas y para nada universales. Recién ahora, a partir de mi experiencia en el vivir, acompañar y jugarme entero en el diálogo y comunión con las personas que viven con vih o con sida he comprendido este texto. ¡Se ha hecho la luz en mi vulnerable cabeza! Se muy bien que de la tentación de desertar de las sinagogas de mi comunidad de fe y de irme a otros espacios más cómodos y fáciles. Debo confesar y reconocer que me resulta más fácil el diálogo y la cooperación con los hombres que tienen sexo con hombres, con las personas de diversas identidades sexuales, con el liderazgo de las trabajadoras sexuales, con las y los usuarios de drogas y con muchas personas que viven con vih y con sida que con mis propios colegas. Ahora entiendo esta advertencia a los discípulos porque estoy seguro que también a ellos, como lo vemos de diversos pasajes del mismo evangelio, el diálogo y la aceptación de paganos y samaritanos era mucho más fácil y fluida que el diálogo con los lideres de las comunidades de fe a la cual pertenecía Jesús de Nazaret y estos mismos vulnerables discípulos. Estamos enviados a ir a las ovejas pérdidas en medio de sistemas fundamentalistas de comprensión de las Escrituras, de sistemas de pureza ética excluyentes y opresores en que viven muchas ovejas del pueblo de Dios

 

Es allí donde tenemos que tener la valentía y el poder del Espíritu para proclamar que el Reino de los Cielos está cerca y que la curación de los estigmas y las marginaciones es posible, que aquellos y aquellas que considerábamos muertos sociales o muertos pastorales son invitados al gozo de la nueva vida fundamentada en la sola fe en el Cristo de Dios al cual llegamos por una pura gracia gratuita e incondicional. Demos gratuita e incondicionalmente aquello que recibimos cada día gratuitamente: la gracia de la nueva vida en la fe en la proyecto de Jesús de Nazaret. ¡Qué hermosa buena nueva para anunciar a las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida pero que desafío para las convertidos y convertidas de hoy y de siempre!

  

Para la revisión de vida

La mirada de Jesús de Nazaret sobre las multitudes fatigadas es hoy tan necesaria como entonces. En una sociedad caracterizada por el prejuicio y los estigmas diversos que se manifiesta en abuso verbal, violencia física, prejuicios religiosos, restricciones de viaje,  las personas que viven con vih y con sida pueden sentirse como parte de esa multitud fatigada y abatida. ¿Cuál es mi propuesta y mi estrategia para cambiar esa situación y ese sentimiento?

             

Para la reunión de grupo

¿Es posible pensar que esa multitud fatigada y abatida compuesta por las personas y los grupos vulnerables a la epidemia del vih pueden tener un ministerio específico para con nosotros y nosotras y para con nuestras comunidades de fe?

 

Para la oración de las y  los fieles

Junto con todas las multitudes fatigadas y abatidas y con toda el pueblo de Dios en Cristo Jesús presentamos nuestras oraciones para que las buenas noticias del Reino sean proclamadas hoy a todas y todos nosotros.

 

Se hace un breve silencio.

 

Sostén de todos aquellos que están fatigados y abatidos, te rogamos para que las voces de esperanza y justicia no sean acalladas. Bendice a aquellos y aquellas que se atreven a romper silencios y complicidades para anunciar tu Reino en los espacios de opresión. La misericordia del Señor permanece para siempre y su fidelidad por todas las generaciones.

 

Unimos nuestras voces y corazones para pedir por la paz, la fortaleza y la valentía de aquellos que trabajan para terminar con todo terrorismo, violencia, opresión, injusticia para que en toda tu creación resuene el anuncio de las buenas noticias en la cual la paz y la misericordia se unen a la justicia y la equidad de género. La misericordia del Señor permanece para siempre y su fidelidad por todas las generaciones.

 

Te encomendamos ante tu mirada de compasión a aquellas personas que necesitan ser curadas de sus heridas sociales y religiosas. Envía pastores confiables, transparentes, fieles y con el coraje de anunciar tu Evangelio a tiempo y a destiempo. La misericordia del Señor permanece para siempre y su fidelidad por todas las generaciones.

 

Te alabamos por la multitud y diversidad de testimonios de la presencia de tu reino en las cruces asumidas por mártires, santas y santos, confesores y fieles de todos los tiempos y todo lugar. Envía tu Espíritu de sabiduría y paciencia para que perseveremos en nuestras comunidades con la fuerte esperanza de sus transformaciones y de nuestra conversión al compromiso de bautismo. La misericordia del Señor permanece para siempre y su fidelidad por todas las generaciones.

 

Oración comunitaria

Mirada de compasión, tú nos has llamado a ser tus discípulos, raza de sacerdotes del nuevo mundo y de la buena nueva para dar testimonio de tu Evangelio. Concédenos ser líderes fieles a ese llamado y a esa vocación para que todo el mundo y todas las personas en situación vulnerable al vih y al sida, fatigadas y  abatidas puedan levantar sus miradas y confiar en que en un mañana diferente, confiando en tu promesa. Te lo pedimos por Jesús, tu Cristo, nuestro hermano y nuestro líder.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires.

Argentina




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