10 Tiempo Ordinario (A) Mateo 9, 9 –
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LO
PRIMERO, LA MISERICORDIA
ANTONIO
PAGOLA
SAN
SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
ECLESALIA, 04/06/08.- La escena es insólita.
Para los sectores más religiosos de Israel, un escándalo inadmisible. Jesús está
en casa de Mateo, sentado a la mesa con los suyos. Pero no están solos.
«Muchos publicanos y pecadores» acuden al banquete y «se sientan con
Jesús y sus discípulos». Jesús queda sumergido en un ambiente de
«pecadores». El relato señala que son «muchos». Todos se sientan a
la misma mesa, entremezclados con sus discípulos.
La acusación de los
sectores más religiosos es inmediata. ¿Por qué actúa Jesús de manera tan
escandalosa? Los «pecadores» son gente indeseable y despreciada, causa de
los males que sufre el pueblo elegido. Lo mejor es excluir a los que no viven de
acuerdo con la Alianza, por ejemplo, el grupo de los «recaudadores» o de las
«prostitutas». ¿Cómo se permite un hombre de Dios acogerlos de forma tan
amistosa?
Jesús no hace caso de
las críticas. Todos están invitados a su mesa porque Dios es de todos, también
de los excluidos por la religión. Estas comidas representan su gran proyecto de
un Dios que ofrece a todos su salvación: su misericordia de Padre no puede ser
medida ni explicada por los hombres de la religión.
Jesús responde a las
acusaciones descubriendo la hondura de su actuación. En primer lugar, su manera
de mirar a quienes, por razones diferentes, no viven a la altura moral de
quienes actúan conforme a lo prescrito. Los ve como «enfermos». Más
«víctimas» que «culpables». Más necesitados de ayuda que de condena. Así es la
mirada de Jesús.
En segundo lugar, su
modo de acogerlos. «No necesitan de médico los sanos, sino los enfermos».
Lo primero que necesitan no es un maestro de la ley que los juzgue, sino un
médico amigo que los ayude a curarse. Así se veía a sí mismo: no como un juez
que dicta sentencias, sino como un médico que viene a buscar y salvar a quienes
se encuentran «perdidos».
Este comportamiento no
es la actuación simpática de un profeta bueno. Aquí se nos está revelando cómo
es Dios. Por eso dice Jesús: Dejaos de acusaciones y «aprended» en mi
actuación lo que significan las palabras de Oseas: Dios quiere misericordia
antes que ofrendas y culto.
Si no aprendemos de
Jesús que lo primero para Dios es siempre la «misericordia», nos falta
algo esencial para ser sus discípulos. Una Iglesia sin misericordia es una
Iglesia que no camina tras los pasos de Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y
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