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Asunto:[paraguainee] EL PERIÓDICO DE CATALUNYA. Catalán. Fracasos ling üísticos catalanes
Fecha:Viernes, 27 de Marzo, 2009  22:04:58 (+0100)
Autor:Joan Moles i Carrera <moles.joan @.....com>

27/3/2009  LA POLÍTICA PARA NORMALIZAR EL USO DEL CATALÁN

Fracasos lingüísticos catalanes

Una respuesta fácil es echar siempre las culpas de la falta de éxito al enemigo externo, sean inmigrantes, españoles o Bruselas

• Para no repetir campañas que no logran sus objetivos, hay que reflexionar sobre lo que hacemos mal
 
ALBERT Branchadell*

Con un año de retraso, el Institut d'Estudis Catalans y la Societat Catalana de Sociolingüística que preside Joaquim Torres organizan una serie de actos en ocasión del 25° aniversario de la ley de normalización lingüística de 1983. En estos cinco lustros, la política lingüística catalana ha conocido éxitos notables y también ha cosechado fracasos rotundos. Precisamente estos días están de actualidad diferentes iniciativas que tienen en común el ilustrar ciertos fracasos.

En primer lugar, la política lin- güística catalana no ha logrado contrarrestar una norma de uso muy enraizada entre los catalanes, la llamada "norma de adaptación" o "de convergencia", que los sociolingüistas más militantes llaman "de subordinación". En la Encuesta de Usos Lingüísticos del 2003, el 70,6% de las personas entrevistadas manifestaron que si se dirigen a alguien en catalán y les responde en castellano, entonces prosiguen la conversación en esta lengua. Y, al parecer, en la encuesta del 2008 (cuyos resultados todavía no son públicos) el porcentaje ha aumentado.

CITANDO estos datos, la Generalitat ha puesto en marcha la campaña Encomana el català, que, según Bernat Joan, secretario de Política Lingüística, tiene como principal objetivo "sensibilizar a la población que sabe hablar catalán para que mantenga la lengua en aquellos contextos en que la suele cambiar, por ejemplo, con personas que la entienden pero no la hablan". En realidad, esta campaña no es más que la reedición de campañas anteriores. Ya en 1982 la Generalitat impulsó una campaña que tenía un objetivo calcado: "fomentar el uso del catalán por parte de quienes lo sabían hablar, siempre que sus interlocutores lo entendieran aunque no pudiesen utilizarlo". Y todas las campañas posteriores (desde Depèn de vostè hasta Dóna corda al català) comparten la misma apelación a la responsabilidad de los catalanohablantes.

EN segundo lugar, la política lingüística catalana tampoco ha logrado garantizar el derecho que proclamaba la ley de 1983 de expresarse en catalán en todos los ámbitos, incluidas las relaciones con las empresas privadas. Esta cuestión fue regulada explícitamente en el artículo 27 del estatuto del consumidor, que establece que las empresas y los establecimientos "deben hallarse en condiciones de poder atender a los consumidores cuando se expresen en cualquiera de las lenguas oficiales de Catalunya", reproducido después en la ley de política lingüística de 1998, y elevado a rango estatutario en el 2006 (en términos más exigentes). Según Joan Carles Vilalta, director general de Turisme, la Generalitat habría puesto en marcha una campaña de inspección en bares y restaurantes, para hacer cumplir un precepto que cualquier consumidor de tallats sabe que, a pesar de tanta legislación al respecto, no se respeta en infinidad de establecimientos metropolitanos.

En tercer lugar, la política lingüística catalana no ha conseguido elevar el listón de la presencia del catalán en el cine, que sigue a ras de suelo después de 26 años de estimular y fomentar con "medidas adecuadas" el doblaje y la subtitulación en catalán de películas no catalanas, según la redacción de la ley de 1983.

El conseller de Cultura de la Generalitat, Joan Manuel Tresserras, acaba de presentar las bases de la futura ley del cine de Catalunya, que en el apartado lingüístico no es más que una actualización (con un encomiable sesgo hacia la subtitulación) del decreto aprobado por la Generalitat al calor de la ley de 1998 y derogado en 2000 ante la inexpugnable oposición de las majors.

En cuarto lugar, la política lin- güística catalana no ha logrado que el catalán sea una lengua oficial de las instituciones europeas (ni de las españolas). El pasado 10 de febrero se celebró el 21° aniversario de la aprobación por el Parlament de Catalunya de una petición al Parlamento Europeo pidiendo que declarase el catalán lengua oficial de las instituciones comunitarias (algo que, por cierto, no ha sido nunca competencia del Parlamento Europeo). En aquel momento, las instituciones europeas tenían 9 lenguas oficiales. Hoy tienen 23 y el catalán no es (ni debe ser) una de ellas, como Hans-Gert Pöttering, el presidente del Parlamento Europeo, se encargó de recordarnos en su reciente visita a Barcelona.

En el 2004 los catalanes lograron que el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, hiciera gestiones al respecto ante el Consejo Europeo, pero todo quedó en una especie de agua de borrajas simbólica y el Gobierno español no tiene intenciones de remover el asunto, pese a esos 25 diputados de un partido catalán hermanado con el PSOE que en las elecciones europeas del 2004 proclamaba que "los y las socialistas catalanes proponemos que el catalán sea reconocido como lengua oficial de la Unión Europea".

¿POR QUÉ tanto fracaso acumulado? Una respuesta fácil es echar siempre las culpas al enemigo externo, sean las pautas diglósicas heredadas del franquismo, los inmigrantes recalcitrantes, las irreductibles majors, el secular uniformismo español o la incomprensión de Bruselas. Pero si no queremos estar toda la vida repitiendo campañas idénticas sin lograr ninguno de sus objetivos, valdría la pena que reflexionáramos sobre lo que hacemos mal, con el fin de que la dosis de rectificación necesaria ponga coto a la frustración colectiva.

* Profesor de la Facultad de Traducción e Interpretación de la UAB

http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=598699&idseccio_PK=1006

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27/3/2009  LA POLÍTICA PER NORMALITZAR L'ÚS DEL CATALÀ

Fracassos lingüístics catalans

Una resposta fàcil és donar sempre la culpa de la falta d'èxit a l'enemic extern, siguin immigrants, espanyols o Brussel.les

• Per no repetir campanyes que no aconsegueixen els seus objectius, s'ha de reflexionar sobre el que fem malament

ALBERT Branchadell*

Amb un any de retard, l'Institut d'Estudis Catalans i la Societat Catalana de Sociolingüística que presideix Joaquim Torres organitzen una sèrie d'actes en ocasió del 25è aniversari de la llei de normalització lingüística del 1983. En aquests cinc lustres, la política lingüística catalana ha conegut èxits notables i també ha tingut fracassos rotunds. Precisament aquests dies estan d'actualitat diferents iniciatives que tenen en comú il.lustrar certs fracassos.

En primer lloc, la política lin- güística catalana no ha aconseguit contrarestar una norma d'ús molt arrelada entre els catalans, l'anomenada "norma d'adaptació" o "de convergència", que els sociolingüistes més militants anomenen "de subordinació". A l'Enquesta d'Usos Lingüístics del 2003, el 70,6% de les persones entrevistades van manifestar que si es dirigeixen a algú en català i els respon en castellà, llavors prossegueixen la conversa en aquesta llengua. I sembla que a l'enquesta del 2008 (els resultats de la qual encara no són públics) el percentatge ha augmentat.

CITANT aquestes dades, la Generalitat ha posat en marxa la campanya Encomana el català, que, segons Bernat Joan, secretari de Política Lingüística, té com a principal objectiu "sensibilitzar la població que sap parlar català perquè mantingui la llengua en aquells contextos en què la sol canviar, per exemple, amb persones que l'entenen però que no la parlen". En realitat, aquesta campanya no és res més que la reedició de campanyes anteriors. El 1982 la Generalitat ja va impulsar una campanya que tenia un objectiu calcat: "Fomentar l'ús del català per part dels que el sabien parlar, sempre que els seus interlocutors l'entenguessin encara que no poguessin utilitzar-lo". I totes les campanyes posteriors (des de Depèn de vostè fins a Dóna corda al català) comparteixen la mateixa apel.lació a la responsabilitat dels catalanoparlants.

EN segon lloc, la política lingüística catalana tampoc ha aconseguit garantir el dret que proclamava la llei del 1983 d'expressar-se en català en tots els àmbits, incloent-hi les relacions amb les empreses privades. Aquesta qüestió va ser regulada explícitament a l'article 27 de l'estatut del consumidor, que estableix que les empreses i els establiments "s'han de trobar en condicions de poder atendre els consumidors quan s'expressin en qualsevol de les llengües oficials de Catalunya", reproduït després en la llei de política lingüística del 1998, i elevat a rang estatutari el 2006 (en termes més exigents). Segons Joan Carles Vilalta, director general de Turisme, la Generalitat hauria posat en marxa una campanya d'inspecció en bars i restaurants, per fer complir un precepte que qualsevol consumidor de "tallats" sap que, malgrat tanta legislació en aquest sentit, no es respecta en infinitat d'establiments metropolitans.

En tercer lloc, la política lingüística catalana no ha aconseguit elevar el llistó de la presència del català al cinema, que continua arran de terra després de 26 anys d'estimular i fomentar amb "mesures adequades" el doblatge i la subtitulació en català de pel.lícules no catalanes, segons la redacció de la llei del 1983.

El conseller de Cultura de la Generalitat, Joan Manuel Tresserras, acaba de presentar les bases de la futura llei del cine de Catalunya, que en l'apartat lingüístic no és res més que una actualització (amb un encomiable tendència cap a la subtitulació) del decret aprovat per la Generalitat a l'empara de la llei de 1998 i derogat el 2000 davant de la inexpugnable oposició de les majors.

En quart lloc, la política lingüística catalana no ha aconseguit que el català sigui una llengua oficial de les institucions europees (ni de les espanyoles). El 10 de febrer passat es va celebrar el 21è aniversari de l'aprovació pel Parlament de Catalunya d'una petició al Parlament Europeu demanant que declarés el català llengua oficial de les institucions comunitàries (una cosa que, per cert, no ha estat mai compe- tència del Parlament Europeu). En aquell moment, les institucions europees tenien 9 llengües oficials. Avui en tenen 23 i el català no és (ni ha de ser) una d'aquestes, com Hans-Gert Pöttering, el president del Parlament Europeu, es va en- carregar de recordar-nos en la visita que va fer fa poc a Barcelona.

El 2004 els catalans van aconseguir que el ministre espanyol d'Afers Estrangers, Miguel Ángel Moratinos, fes gestions en aquest sentit al Consell Europeu, però tot va quedar en una espècie de foc d'encenalls simbòlic i el Govern espanyol no té intencions de remoure la qüestió, tot i els 25 diputats d'un partit català agermanat amb el PSOE que a les eleccions europees del 2004 proclamaven que "els i les socialistes catalans proposem que el català sigui reconegut com a llengua oficial de la Unió Europea".

¿PER QUÈ tant fracàs acumulat? Una resposta fàcil és donar sempre les culpes a l'enemic extern, siguin les pautes diglòssiques heretades del franquisme, els immigrants recalcitrants, les irreductibles majors, el secular uniformisme espanyol o la incomprensió de Brussel.les. Però si no volem estar tota la vida repetint campanyes idèntiques sense aconseguir cap dels seus objectius, valdria la pena que reflexionéssim sobre el que fem malament, per tal que la dosi de rectificació necessària posi terme a la frustració col.lectiva.

*Professor de la Facultat de Traducció i Interpretació de la UAB

http://www.elperiodico.cat/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAT&idnoticia_PK=598699&idseccio_PK=1006