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Asunto:[paraguainee] =?utf-8?Q?Aguyje=2C_ch?= =?utf-8?B?ZSBpcsWpIFRvbcOh?= =?utf-8?Q?s_Palau?=
Fecha:Viernes, 9 de Marzo, 2012  12:58:52 (+0000)
Autor:=?utf-8?B?TWlndWVsIMOBbmdlbCBWZXLDs24gR8OzbWV6?= <=?utf-8?B?TWlndWVsIMOBbmdlbCBWZXLDs24gR8OzbWV6?= >

Aguyje, che irũ Tomás Palau

Paraguay perdió anteayer a uno de los intelectuales de mayor prominencia en las últimas décadas; sociólog o de profesión, intelectual de una lucidez envidiable, c on alto compromiso con las transformaciones sociales, pol íticas, económicas e históricas que precisa el país, alta responsabilidad cívica: nos dejó el gran compatrio ta Tomás Palau, fundador y directivo de Base de Investig aciones Sociales.
A Tomás lo conocí en las caldeadas luchas de los movimientos estudiantiles de la Universida d Nacional de Asunción (UNA) de los años ’90 en que l uchábamos por la Reforma Universitaria, cuando intentáb amos sacudir y desempolvar esta casa de estudios tan corr ompida y caída en la más profunda mediocridad e inercia ; Palau era uno de los contados profesores progresistas q ue nos apoyaban en las luchas por las transformaciones qu e llevábamos adelante, intentando construir una universi dad que responda a los intereses genuinamente nacionales y se ponga en la vanguardia para las transformaciones&nbs p; necesarias.
En el año 2000 me comprometí escribir la historia del Centro de Estudiantes Universitarios del Interior (CEUNIRA) y del movimiento estudiantil en gener al de la  década de los ‘90. Mi inexperiencia tot al en el área en que quería incursionar y la necesidad de asesoramientos me llevaron al obligado puerto: la casa de Tomás, en Asunción. Recuerdo que cuando le planteé mi idea y le solicité que me ayudara para vertebrarla, me dijo: es fácil, Miguelito (es así como me llamaba é l y su compañera, la también amiga Virina), tenés que preparar un índice para empezar –me sugirió. No podí a entender su orientación; yo había aprendido que el í ndice de un trabajo se construía al final, después de c ulminar la totalidad del trabajo, pero mi asesor me plant eaba lo contrario. El índice, Tomás? –le interrogué. – Sí, el índice, me volvió a señalar. En unos minu tos me ayudó a verter en el papel las ideas que tenía e n la mente, y en tres semanas el modesto librito estuvo t erminado. Cuando fui avanzando un poco más en el arte de urdir palabras en textos me di cuenta de que mi gran ami go me había indicado lo que en el proceso de la escritur a se llama pre-escritura, es decir, un borrador de lo que se escribirá.
He tenido la suerte de compartir en mu chas ocasiones con Tomás, las veces que necesitaba infor maciones en el área de las ciencias sociales era la fuen te más segura e inevitable. Hablaba sin rodeos y sin gua rdarse nada para sí, pensaba como actuaba y actuaba como pensaba, como se autodefinía un gran hombre latinoameri cano. He participado en varias charlas y talleres con él , hemos realizado hace unos años un taller sobre Metodol ogía de investigación científica, que era una de las à ¡reas de su vasta formación.
A fines de diciembre de 2010 nos invitó con mi compañera de vida e hijos para festejar 15 años de nuestra boda en su casa de campo, en Guairá, y estuvimos ahí casi dos días. Fue la última vez que compartí distendidamente con él y su familia. Preparamos un asado de cerdo, degustamos unos tragos y co mo siempre compartimos muchos proyectos. Era una persona muy atenta, hasta detallista. Cuando íbamos a salir de s u casa en la mañana el día 31 de diciembre, me observó que iba a conducir con una sandalia. De súbito me recla mó –como un padre protector- que no podía conducir co n ese calzado ya que representaba peligros, y tuve que es cuchar la voz de la sapiencia y me la cambié por unos za patos.
“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay otros qu e luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda la vida, esos son imprescindibles”,  r eflexionaba Bertolt Brecht. Tomás es de esas personas im prescindibles. Los sectores más desprotegidos de la soci edad, los indígenas, los trabajadores, los hombres y las mujeres del campo y la ciudad  han perdido a un gra n luchador y la intelectualidad paraguaya está de luto.
Aguyje ndéve, che irũ Tomás, opa mba’e rehejáva oréve rehe.

Miguel Verón
9 de marzo de 201 2