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Asunto:[El-Ornitorrinco] EL ORNITORRINCO 22
Fecha:Domingo, 13 de Abril, 2003  22:10:51 (-0500)
Autor:ricardo ayllon <ornitorrinquito @.......com>

el ornitorrinco veintidós

REVISTA LITERARIA

 

el fuego y la palabra

 

Poesía de Maurizio Medo

 

LIMBO PARA SOFÍA

 

a Cris, eternamente

 

 “Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad”

Robert Desnos.

 

La palabra o su revés todo pelado,

Un Sol de Brujas conjurado en lo nocturno

O la ficción donde revientan fatuos fuegos:

Los poemas jamás hurtan su luz,

En lo blanco,

Su sombra,

Espíritu o materia

Es un astro brillando sobre residuos de hermosura Afuera Dos

Lágrimas arquean el tallo de un rosal.

 

Le contemplas como si tu mirar fuera otra espina

Pero yo vuelvo a mi poema

No puedo arriesgar en el silencio

Si sobrevivieras con mi sonora obscenidad

Tal vez comprenderías

Ahora no desames mis instancias

-Ahí se concentran las esencias.

Mi poema podría ser el estallido de un látigo en tu herida

Y también tu dolor

Lo inasibles en él son tus ojos de absynto

O esa reflexión callada que evoca

La combustión más explosiva del absurdo:

El corazón -Humana Capital de mis dolencias

Edificada en la superficie de un absurdo mayor:

El Amor.

Pero yo vuelvo a mi poema

 

Si abdico negaría todo cuanto hay de impronunciable

Y, sí, Amor es una bella palabra

La devoción del poema surge también desde esta bella palabra

En otra margen del silencio

 

No en el revés todopelado que vil la contradice

Cuando creemos hallar en los crepúsculos

Algo más hermoso y perecible de lo que nombramos

Poema

 

2.

La permanencia de dos cuerpos

Opuestos a la hermosura de sus sombras

Aún cuando neguemos al espíritu

Es la intuición de la Belleza como algo inmaterial

Y al encendernos como dos minúsculos cerillos

Raspados en un impromptu contra el suelo

Nos hace imaginar que las cenizas

Fueron las flamas de un cavernario fuego

Ese fuego podría ser el aura que bordea

Tu menuda desnudez

Debo morder con suavidad esa sustancia

Cuando tiendas a nutrirte con mi savia

O pensar - pon la mano en el mentón

Y modela, muñequita- o pensar, decía

En un placer que horade hasta las superficies minerales

Y con hilos de agua talle el aire

Para reconocernos

Aún cuando ya no sepamos nuestros nombres

 

3.

Decir que habito aquí obnubilado por el odio

Y la pequeñez de un amor que baila

Sobre un organillo con manivela rota

Mi lenguaje -

Es lo que hace del poema una bella mentira

Como si aguantara el peso del paranoico celo

De tantas noviecitas enfermas de ilusión

O de aquel otro de un kilate mayor:

La del moribundo que voló solo hacia el solo

Tras el sol - antes que Ícaro y los Wright -

Y cayó

Piel abajo

Sin detener lo abismal de su caída

 

Su rostro amoratado podría ser la asfixia

De lo vivo en la parquedad de un poema

Horóscopo giratorio que mira a la Poesía

En bóvedas celestes y permanece inmóvil

Oyendo el ronroneo de un gato callejero

Donde “los Hijos de los Dioses uniéronse

Con las Hijas de los Hombres

Engendrándoles los héroes”

 

Pero, ya lo intuimos,

De los mitos sólo sabe el gato

 

Yo bostezo a duras penas en esta Villa

Tres veces coronada

Herido por tu belleza como antaño

Aunque lo niegue ahora con tu doble

El inválido artificio de este poema

 

4.

Mi poema es aquel cielo al cual se ofrecen

Plegarias y sahumerios

Tan insignificante como una arruga en tu pañuelo

Si crees que su cumbre está en las bóvedas celestes

Mira abajo, muñequita,

Y verás como no alcanza ni la altura de tu ombligo

Pero, ojo linda,

Jamás será remanente de un naufragio

Relente de las horas

O festín secular de larvas y gusanos.

 

5.

A veces callo el poema

La luz fatiga el tacto

Queda suelto como un hilo

Y no sé como atar

La palabra y el deseo

 

Debo vivir bajo el eco del silencio

Divina Oscuridad de la Poesía -

Con quien celebramos a ciegas nuestro Pacto

 

la entrevista

 

LA VIGENCIA DE MARK

 

Llegó al Perú para casarse pero también para consolidar sus investigaciones  a través de los cuentos y novelas de escritores nacionales. De lo que no sospechaba era de la bienvenida que le darían los años noventa el día previo a su matrimonio y su apasionamiento por el tema de la violencia. A estas alturas el norteamericano Mark Cox tiene la mejor bibliografía sobre la violencia política en la narrativa andina, y se ha involucrado tanto con este país que a veces se siente más peruano que el Pisco Sour.

 

escribe Luis Lagos

 

Corría el año 92 del siglo pasado y Mark Cox tenía toda la miel en el cuerpo el día previo a su boda. Ese jueves la ciudad olía a cortes de luz, asesinatos selectivos y toques de queda. Viajaba por la avenida Wilson, en el centro de Lima, cuando desde la ventana observaba cómo un hombre, revólver en mano, disparaba al aire varios tiros, fugando o persiguiendo a alguien desconocido. Mark olvidó por un momento los preparativos de su matrimonio y se le vino a la mente su tesis sobre ‘La violencia y las relaciones de poder en la narrativa andina desde 1980’, presentada a su alma máter, la Universidad de Florida en los Estados Unidos.

Y aún no había visto nada. Cuando atravesaba la avenida Arequipa en San Isidro, la radio le trajo la noticia completa de la intervención militar a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos impartida por el gobierno fujimontesinista, donde hacía una semana había empezado a revisar bibliografía sobre el tema de la violencia política; y cuando llegaba al Óvalo Gutiérrez de Miraflores, la explosión de Tarata le reventó los oídos y le dijo que era urgente llegar a casa pronto, pues tanto alboroto le había hecho olvidar que su futura esposa también estaba embarazada. Entonces no cabía duda, estaba enamorado de Silvia, y el tema que había elegido para sus investigaciones lo seducía con sus mejores armas.

Precisamente fue en la tierra de Bill Gates donde descubre los primeros indicios de la violencia a través de las novelas de Manuel Scorza, de las cuales extrajo la esencia necesaria para continuar sus investigaciones. Posteriormente, ya en Lima, conoció en 1990 a Esteban Quiroz, promotor de Lluvia Editores, y a Zein Zorrilla, escritor de Huancavelica que a punta de charlas le brindó todos los ingredientes necesarios para animarse a publicar algo sobre el tema. Por eso, luego de innumerables tertulias con escritores de todo calibre en el 2000, publica El Cuento Peruano en los años de Violencia bajo el sello de la Editorial San Marcos, y actualmente posee la bibliografía más completa sobre el tema y  entre sus autores de culto figuran Dante Castro, Julián Pérez, Walter Ventosilla, el puneño Feliciano Padilla, José de Piérola, el cajamarquino Alfredo Pita, los cusqueños Luis Nieto Degregori, Mario Guevara Paredes y Juan Alberto Osorio, Sócrates Zuzunaga de Ayacucho y, según nos cuenta su biblioteca, ya rebasó los cien ejemplares y se propone proyectos más ambiciosos. Así que siempre está dispuesto a escuchar acerca de un nuevo autor que usted, estimado lector, tenga en sus dominios.

Pero el asunto no fue tan sencillo. En los noventas este tema sacaba chispas. Todavía recuerda que una tarde en el jirón Quilca estaba buscando libros de Tomás Escajadillo y Víctor Zavala Cataño, dos autores directamente involucrados con las luchas políticas, cuando recibió un “¡Lárguese!” por parte del dueño de la librería quien estaba harto de tanto rollo revolucionario y muertes en cada esquina. Claro, Mark se asustó doblemente y de paso su metro ochentaiocho de estatura empezó a encontrar respuestas sobre por qué la gente consultada evadía el tema y le contestaba con silencios. Más aún si su aspecto traducía un personaje que no tiene características peruanas.

 

Luego de este preludio y después de una botella de Inca Kola -no toma cerveza como acostumbramos nosotros-, la pregunta sale al natural y sin que nadie la invite en un ambiente que te pide un buen tenedor y un cuchillo a la una de la tarde.

 

¿Cuál es la imagen que te has creado de la violencia política a través de tus estudios literarios?

Hay muchas perspectivas y creo que todavía no tengo una opinión concisa sobre este tema a pesar que ya tengo cien autores, 150 cuentos y 50 novelas, y sin contar las obras de los prisioneros de guerra.

Debes tener toda una historia de la violencia política por la narrativa que has consultado...

Al igual que la sociedad peruana, este tema es fascinante justamente porque no hay una sola historia. Algunas versiones son positivas y muchas son negativas cuando se refieren a Sendero Luminoso, y hay una gran mayoría de obras que están escritas desde el punto de vista de las víctimas, es decir, las rondas campesinas y otros civiles por ejemplo.

¿Que te parece el Perú, Mark? Y por favor no te sientas comprometido a responder bien por tu esposa Silvia, que es peruana.

No. El Perú es un país único. Ha dado y sigue produciendo hombres extraordinarios.

Ha pasado por soluciones de izquierda y derecha, hasta por medidas radicales...

                ¿Y cuál ha sido para ti el resultado de todo esto?

                No lo sé, no soy científico social. Sólo puedo decirte que ha habido mucho sufrimiento y me he dado cuenta que uno de los problemas para que el Perú no salga del subdesarrollo es la fricción social que existe entre las razas y las etnias.

¿Somos un país racista?

 

Y aparece un seco de res previa ocopa a la arequipeña y se interrumpe la respuesta, y Mark me confiesa que le encantan los anticuchos, el cebiche y que la bebida de sabor nacional sienta bien con las comidas. También me cuenta que a veces no entiende ciertas expresiones callejeras a pesar de su buen español. Coge sus cubiertos, mira el ají sin interés, y se anima a decirme que tiene tanta vinculación con el Perú que a veces se siente peruano, “Aunque todo tiene su límite” aclara; sonríe y le clava la primera estocada a la carne jugosa del segundo delicioso que nos convoca en la mesa. Insisto, a pesar que la pregunta puede aguar un poco la sazón: “¿Somos un país racista, Mark?”. Pasa la carne, me mira fijamente, toma otro sorbo de Inca Kola y responde con un sí rotundo justo cuando en el otro lado del mundo Bagdad ha caído en manos de los Estados Unidos y sus aliados. Viene el postre.

 

la disertación

 

CARLOS OQUENDO DE AMAT Y LA FURIOSA INMOLACIÓN

DE LAS VANGUARDIAS SIN MODERNIDAD

 

escribe David Abanto Aragón

 

CUESTIONES PRELIMINARES            

 

Nuestro vanguardismo, como ha examinado Luis Monguió, resultó ecléctico (fusionando Cubismo, Futurismo, Dadaísmo, Creacionismo, Ultraísmo, Surrealismo, etc.) y heterodoxo (sin “deshumanizarse” en el sentido de José Ortega y Gasset). No tuvimos escuelas vanguardistas; el único grupo que tuvimos, sólo en parte y bastante heterodoxo, fue el del indigenismo puneño de los hermanos Alejandro y Arturo Peralta (este firmaba Gamaliel Churata), el activismo de Alberto Hidalgo y César Moro (seudónimo espléndido significando la autarquía, el imperio de sí mismo sin ataduras ni bautismo de Alfredo Quíspez Asín) se dio fuera del Perú, su ortodoxia tuvo otros escenarios: Buenos Aires, México, París,... A pesar de ello, o quizá precisamente por ello, el Perú cosechó poemarios notables que le otorgan el cetro de la poesía vanguardista en español, y un lugar destacado en la poesía post vanguardista.

Así, entre las dos guerras mundiales, la poesía peruana alcanzó su máximo esplendor hasta ahora. Pero conviene tener presente la distinción establecida por Guillermo de Torre entre la “aventura” y “la vuelta al orden” como fases de desarrollo del arte contemporáneo para ubicar y situar de modo más preciso la creación de Carlos Oquendo de Amat (Puno, 1905 – España, 1936) un extraordinario poemario en todos sus aspectos logradísimo: 5 metros de poemas (1927) con relación a la vanguardia.

Podemos afirmar que la “aventura” es el impulso vanguardista, con todo el riesgo de la exageración, siendo la nota distintiva del período 1915-1930, y la “vuelta al orden” es la búsqueda del equilibrio entre la tradición y la ruptura, con el riesgo que se pierda la óptica de la Modernidad y se cultive una arte “tradicional”, predominando entre 1930-1945.

En este contexto debemos señalar que el primer libro completamente moderno, obra de César Vallejo (Santiago de Chuco, 1892-París,1938) fue el poemario Trilce (1922),la expresión más genial y radical del período vanguardista en toda el área hispánica que efectuó la renovación más profunda y original de la poesía en castellano.

Además el aliento vanguardista nutrió a grandes poetas de relieve hispánico: Martín Adán (seudónimo de Rafael de la Fuente Benavides, Lima, 1908-1985) con un texto libérrimo entre la poesía y la narración La casa de cartón (1928); César Moro (Lima,1903-1956) máximo exponente del Surrealismo en la poesía castellana escribió en francés y español; y Emilio Adolfo Westphalen, con dos poemarios fulgurante que asimilan heterodoxamente el automatismo surrealista: Las ínsulas extrañas (1933) y Abolición de la muerte (1935). También habría que añadir los aciertos artísticos de Gamaliel Churata en El pez de oro (1957, compuesto entre 1924-1930) con ribetes de genialidad, pero sin cuajar plenamente; los del desigual Xavier Abril, primer exponente orgánico, aunque no plenamente ortodoxo del Surrealismo; y los de los hermanos Ricardo y Enrique Peña Barrenechea para constatar la fecundidad para la conquista de un lenguaje poético contemporáneo en verso libre y en prosa, para la utilización de recursos visuales, así como para la presentación del libro como objetivación del lenguaje estético.

 

PRECISIONES SOBRE LA VIDA DEL POETA

 

El mayor estudio sobre la vida de Oquendo es el publicado en 1998 por el conocido poeta también puneño José Luis Ayala: Carlos Oquendo de Amat. Cien metros de biografía, crítica y poesía de un poeta vanguardista itinerante. De la subversión semántica a la utopía social. Sin embargo de Carlos Oquendo de Amat, se siguen difundiendo y mal algunos datos dispersos sobre su vida, su único  y extraordinario poemario y “la alta palmera de unas frases suyas” como dice un verso de su autoría. Marginal, errabundo, hético el poeta ha provocado que se edificara y difundiera una “leyenda” sobre su vida, favorecida esta por el hecho que solo publicó un libro a los 22 años de edad (lo había escrito entre los 18 y 20 años con gran precocidad para la maestría poética) y pasaron nueve años sin que se editara nada a no ser tres poemas en Amauta (y en 1929, siete años antes de morir). Conocida su filiación comunista, su participación en actividades políticas que ocasionan su detención en prisión y posterior destierro, se ha especulado sobre si dejó de escribir por ello, cuando al parecer nunca fue un activista destacado.

Hasta se ha propagado la “leyenda” que lo hace morir en España defendiendo o dispuesto a defender a la República frente al fascismo franquista. Leyenda que corre el peligro de sustituir a la realidad (incluso la edición de Munilibros de 5 metros de poemas en 1986 la asume en la solapa, —dice así: y constituyó una edición pensada para una gran audiencia). Bastaría constatar que Oquendo murió el 7 de marzo de 1936 y que la Guerra Civil comenzó a fines de julio, meses después, para detectar el “error”. Y no se puede atenuar el error aseverando que Oquendo por sus ideas comunistas (que las tenía, indudablemente) deseaba colaborar con la República, porque fue a España a un hospital para tratarse la tuberculosis, no fue a faenas políticas ni menos a luchar.

Es importante corregir este tipo de desfiguración de los hechos que puede prestarse a propaganda ideológica y a la distorsión de la lectura literaria de sus textos. Si puede entenderse que se otorgue simbolismo revolucionario al fusilamiento de Federico García Lorca, dado que efectivamente lo aniquiló la brutalidad fascista (tan repudiable, y en este caso nefasta, para España), no cabe, estimamos, adulterar información sobre la vida y la muerte de nuestro Oquendo para otorgarle grandeza humana y artística. 

Dos observaciones fundamentales, al respecto, por un lado, consideramos camino equivocado el de distinguir, por motivos ideológicos y éticos, entre la literatura profunda e intrascendente (consideremos el desatino del escritor Ernesto Sábato al motejar de “lúdico” y “gratuito”, despectivamente, a Jorge Luis Borges, oponiéndolo al “hondo” León Tolstoi o al “problemático” Franz Kafka); por otro, creemos que la primera virtud de una obra literaria, previa a la valoración de cualquier otro mérito, es su plenitud verbal. Añádase a ello la inherente ambigüedad de la literatura, la conveniencia de que no sea ortodoxa ni definida ideológicamente, sino plurisignificativa en sus connotaciones, con una grandeza simbólica y no sólo verbal.

Recordemos que por la línea de la valoración ética e ideológica crece la censura y la inquisición;  se elogia en demasía a Pablo Neruda, Pear S. Buck, Aleksandr Soljenitsin; se excluye a James Joyce, Bertolt Brecht, Ezra Pound o León Tolstoi (para citar las exclusiones bastantes diversas). En las valoraciones literarias deben pesar las obras y no la vida de los autores; en este caso, convendría una historia de la literatura sin nombres ni fechas —ni ideologías agregaríamos en extremo—, como soñara Paul Valery y, luego, Borges. En primer lugar, las obras no coinciden, muchas veces, con las ideas concientes del autor. En segundo lugar, la valoración estética no debería depender de la ética ya que podemos leer con gusto obras de otras mentalidades y sensibilidades, contrarias muchas veces a nuestras opiniones y costumbres; la valoración ética ha demostrado ser más miope que la estética (ya no condenaríamos a Erasmo, Gustave Flaubert o Charles Baudelaire) para dictaminar lo que realmente enriquece a la humanidad.

 

ACERCA DE LA OBRA

 

Siempre debemos lamentar la insuficiente divulgación que ha padecido la poesía de Oquendo de Amat. Hasta fines del 60 el acceso a su palabra creadora se reducía a dos textos, infaltables en las antologías: “Madre” y “Poema”. Cinco décadas sin que nadie reeditara 5 metros de poemas. Omisión especialmente grave ya que dicho poemario, además de contener 19 composiciones (si contamos la Biografía que oficia de epílogo, estableciéndose así una igualdad entre el número de poemas y el de años que tenía Oquendo), todos memorables en mayor o menor medida, constituye como señala Marco Martos, “un objeto estético en sí mismo”. En toda nuestra poesía no existe un libro en el que de modo tan pleno e íntegro todos los elementos (contenido, disposición de los versos y estrofas, diagramación, tipografía, carátula, etc.) participen del sentido integrador y el goce estético global que transmite. Plenitud significativa. Inclusive, como ha hecho notar Ricardo González Vigil, tendríamos que mencionar el caso de Blanco de Octavio Paz no solo publicado medio siglo después sino menos radical y expresivo en su textura.

El poeta Pedro Cateriano tuvo que ver con la reedición reducida pero respetuosa de la edición original de 1969  (contiene el hermoso pasaje del discurso de Mario Vargas Llosa al recibir en 1967 el Premio Rómulo Gallegos, en el que nuestro gran novelista rindió tributo a la “magia verbal” de Oquendo, precipitando el “rescate” de Oquendo) y en 1980, a cargo de Petróleos del Perú y sus Ediciones Copé, entregó en edición facsimilar que reproduce tal cual (con formato y todo) la edición príncipe de 1927 enriquecida con la inclusión de una hoja suelta de los cuatro poemas sueltos que se conocen de Oquendo con lo que resultaba a la fecha la obra poética completa (ya publicada antes por Abelardo Oquendo y Mirko Lauer como parte de la antología Vuelta a la otra margen pero sin conservar exactamente la diagramación, etc.). Luego en 1986 la colección Munilibros conmemorando el cincuentenario del deceso de Oquendo reeditó el excelente poemario en formato pequeño, pero siguiendo el ejemplo de la edición fascimilar de Copé (ofrece también en hoja suelta las composiciones restantes de Oquendo) y  a modo de prólogo ostenta una semblanza de Oquendo a cargo de Alberto Tauro. Luego han aparecido varias ediciones en el Perú y otros países, e inclusive en 1998 se dio a conocer nuevos poemas inéditos de Oquendo en el monumental estudio de José Luis Ayala dedicado al lírico puneño.  

Una observación fundamental: la revisión de la edición facsimilar permite apreciar a cabalidad la fuerza expresiva de 5 metros de poemas y afirmar y confirmar en forma definitiva su entraña plenamente vanguardista, mucho más acusada que la de Trilce o La casa de cartón. Pero menos personal e intransferible que Vallejo o Adán, Oquendo de Amat acoge con mayor nitidez y amplitud las propuestas vanguardistas. El disminuir el formato no afecta mayormente la fidelidad, a  no ser porque la “cinta” (sirvámonos de la connotación cinematográfica que explicaremos luego) o “cáscara” (según el epígrafe del volumen) desplegada ya no mide exactamente cinco metros, como sí ocurre en la edición original.

Con acierto Estuardo Núñez apunta que la obra de Oquendo “resume la inquietud total de una época social en la poesía peruana, cuando se produce la ruptura entre dos tipos de poesía de la vanguardia y se define una etapa nueva en la literatura peruana”. Publicada en pleno auge de la vanguardia peruana (1929), condensa el tránsito de la herencia postmodernista (José María Eguren y Abraham Valdelomar) a la cristalización vanguardista.

Núñez registra contactos fundamentales con el Futurismo, las audacias y exploraciones tipográficas de Guillaume Apollinaire, el Dadaísmo (que debemos vincular con el “disparate puro” de la clasificación presentada, en esos años por José Carlos Mariátegui), el Ultraísmo, el Surrealismo y el Indigenismo poético de cuño puneño.

De manera similar a los grandes modernistas que sintetizan rasgos de diversas escuelas finiseculares (Impresionismo, Simbolismo, Decadentismo, Pre-rafaelismo, etc.), Oquendo reúne magistralmente múltiples canteras vanguardistas. Poder de condensación que lo torna lisa y llanamente vanguardista, sin especificaciones de escuela o credo unilateral, aunque en sus últimos poemas parezca inclinarse hacia el Surrealismo.

Debemos mencionar, al respecto, las similitudes existentes entre dos composiciones de 1923 (señaladamente “cuarto de los espejos”, en grado menor “Poema del manicomio”) y los textos de Trilce: nexo probable con el libro que consolidó la vanguardia en el Perú.

 

LA DOBLE CARACTERIZACIÓN DE  5 metros de poemas

 

Oquendo no se limita a ser moderno en el vocabulario, el tema o la superficie tipográfica. Posee sensibilidad moderna; por eso, su poesía es tan intensa y radicalmente vanguardista. Vallejo tenía razón al sostener que la poesía nueva es cuestión de sensibilidad y no de vocabulario o acrobacias formales. En un artista auténtico y original la técnica brota de una necesidad expresiva. Al respecto Mariátegui argumentó reflexiones  y observaciones dignas de ser traídas a colación: “No podemos aceptar como nuevo un arte que no nos trae sino una nueva técnica. Eso sería recrearse en el más falaz de los espejismos actuales. Ninguna estética puede rebajar el trabajo a una cuestión de técnica. La técnica nueva debe corresponder a un espíritu nuevo también. Si no, lo único que cambia es el parámetro el decorado. Y una revolución artística no se contenta de conquistas formales.” (Arte, Revolución y Decadencia. Amauta N° 3,  pp. 3-4, Lima, noviembre de 1926).

En el caso de Oquendo nada más revelador que la supervivencia de lo antiguo (equivalente en sus versos a lo “primitivo”, “lo espontáneo”, lo “bello natural” —en el sentido de tomado de la naturaleza, el paisaje y las emociones primordiales—) en hábil unión con lo moderno (de corte civilizado, cosmopolita y artificial, conforme a una óptica “futurista” que celebra la belleza de las máquinas y las metrópolis).

Demostrando que sus recursos expresivos no son un simple tributo servil a la moda, sino gozosa contemplación (no destruida por la amargura de “Cuarto de los espejos”, “Poema del manicomio” y “Film de los paisajes”) del espectáculo de la vida, tanto rural como urbano.

Esto lo podemos palpar analizando la doble caracterización que el libro asume. Por un lado tenemos la advertencia “abra el libro como quien pela una fruta”, asimila el carácter plegable de las hojas a la forma que adquiere la cáscara de una fruta que se pela; con la cual se instalan connotaciones de prestigiosa tradición estética (la belleza como promesa de un sentido oculto debajo de la “cáscara”), haciendo de la poesía algo tan cotidiano y naturalmente apetecible como una fruta. Por otro lado, el título 5 metros de poemas abre un complejo espectro de sugerencias, todas ellas de gran Modernidad: exageración burlesca de la mentalidad burguesa y capitalista que todo lo contabiliza y comercializa, hasta tornar factible que se llegue a vender poemas por metros como si fueran telas, alambres, etc. (recordemos que el libro en verdad mide cinco metros, si desplegamos sus páginas); importancia del objeto, en un orden de valores deshumanizado; se destaca la materia y sus dimensiones verificables, en lugar del contenido espiritual de la poesía; semejanza entre los pliegues de las hojas del poemario y los metros plegables que usan carpinteros, constructores, etc.; alusión a la estructura cinematográfica del libro, de tal modo que nos encontraríamos ante el metraje de una cinta ya que en cine se habla de cortometrajes y largometrajes; esta cuarta posibilidad es la que demora más en imponerse al lector. Las otras tres están afirmadas antes de ingresar al cuerpo del libro, mediante el título, la advertencia y el pliegue de las páginas. En cambio la cuarta se nos revela en el cuerpo mismo del poemario, terminando por ser la principal, a la postre.

 

“BAJO EL SIGNO DEL CINE”

 

La lectura de 5 metros de poemas nos permite apreciar como Oquendo conceptúa la poesía como una aventura que le permite liberarse de las penurias de la vida cotidiana para adentrarse en un mundo maravilloso, concibe también la Modernidad como una gran aventura libertadora que da acceso a un mundo de perspectivas ilimitadas. Es por eso que el poemario consta de una sola hoja plegable y está organizado como una sesión cinematográfica.

Son muchos los elementos “cinematográficos” en 5 metros de poemas: el metraje, la carátula con referencias histriónicas, la forma de cinta de las páginas desplegadas, los poemas “Réclame” (donde se compra “5 metros de poemas” para la luna). “Compañera”, “Film de los paisajes”, “New York”, “Puerto” y “Amberes”, además de la página de 10 minutos de intermedio. Se menciona algunos mitos de la “fabrica de sueños” de Hollywood: Valentino, May Pickford, el “western”,... Todo ello equipara el poemario con una función cinematográfica; a cada texto con un cortometraje, y a cada imagen (uno o dos versos en la mayoría de los casos) con un plano fílmico.

Por el momento solo podemos apuntar la genialidad de Oquendo al adoptar esta organización cinematográfica. El lenguaje del cine es el que mejor encarna lo que explora el vanguardismo en diversos medios de secular milenaria tradición (poesía, teatro, novela, pintura, danza, escultura, etc.). Dinámico, múltiple, totalizador, el lenguaje del cine cuenta con el ojo móvil de la cámara y la plasticidad ilimitada del montaje para mezclar todas las perspectivas, tiempos (flashback, cámara lenta, etc.) y espacios, uniendo la imagen, el sonido, la actuación, etc. En este sentido, todas las artes del siglo XX son o intentan ser “cinematográficas”. De ahí que Oquendo, al adoptar una técnica cinematográfica (como lo ha abordado Carlos Germán Belli), expresara magistralmente el meollo de la nueva sensibilidad.

 

ENVÍO

 

Lector: 5 metros de poemas expuso lo mejor de una sensibilidad poética catapultada por el desarrollo del mundo de la imagen tecnologizada, a la vez que mostraba un imaginario simultáneamente atado todavía al mundo rural andino (“Aldeanita” título que rehace el de “Aldeana” del libro de Vallejo Los heraldos negros, convendría estudiar como Vallejo ayudó a Oquendo a trascender todo regionalismo declarativo y ornamental, paralelamente cómo acertó, al igual que Vallejo, a expresar una sensibilidad raigalmente andina, adversa a la deshumanización de las urbes y al capitalismo en su fase industrial imperialista) como a la producción cosmopolita de los países industrializados. Que tanto el cine como la fotografía se convirtieran rápidamente en los soportes de mayor difusión y éxito local, además de sinónimos de Modernidad, lo prueban las pugnas que ocasionaron las crónicas cinematográficas tempranas de la revista Colonida (1915-1916), el breve boom del cine peruano en la segunda y tercera décadas del siglo XX y sobre todo la calidad del ejercicio de la fotografía de ese momento. Precisamente, una estupenda foto de Martín Chambi (1891-1973), también puneño como Oquendo, ilustra de alguna manera, lo que significó la llegada de la máquina al mundo básicamente rural y premoderno del Perú y, por extensión, las vanguardias artísticas y sus proyectos de transformación a una realidad sin Modernidad. La foto se titula La primera motocicleta de Mario Pérez Yánez y está tomada en Cusco en 1930, apenas unos años antes de la muerte del joven Oquendo. Feliz propietario de su moto nueva, Mario Pérez Yánez aparece trepado en una Indian de considerable cilindrada y en cuyo manubrio flamea una banderita peruana impulsada por el viento. El piloto simula concentración en la ruta, solo que... la moto está detenida, como atrapada en un tiempo ajeno, inmóvil sobre una calle de tierra, desde la cual miran unos niños descalzos y empobrecidos, deseosos e intrigados. Nosotros volvamos la vista a las imágenes y escenas de las composiciones de 5 metros de poemas y constatemos que la vocación de escritor, asumida en el caso de Oquendo, según las acertadas palabras de Vargas Llosa, como “una diaria y furiosa inmolación” no fue un anacronismo desfasado sino una invitación intacta a la vida plena forjada con la mejor arma que pudo esgrimir contra la muerte: la palabra poética.

 

Lima, octubre del 2002.

 

los libros, las revistas

 

Escribe Ricardo Ayllón

 

Dante Lecca. HABLAR DE LOS CAMINOS

Ediciones MHST. Chimbote, 2002. 81 pp.

 

Lo social en la poesía del chimbotano Dante Lecca (1957) constituyó en sus primeros libros un fuerte vínculo temático. Luego brindó el saludable equilibrio que anima el manejo de las imágenes, el paisaje cotidiano y aquella intensidad que fortalece la arremetida constante de la realidad. En Hablar de los caminos, volumen que resultara finalista en el COPE de Poesía 1999, Lecca nos brinda un acendrado tono espiritual, producto de su nueva visión del mundo. Dividido en cinco acápites, este libro atraviesa un violento éxodo físico y reflexivo azuzando en todo momento nuestra potencialidad emotiva.

 

KORDILLERA. Revista Cultural

Nº 9. Año 4. 2003. Huarás. 12 pp.

Director: Omar Robles Torre

 

Gracias a una visión que busca ser objetiva con información simultánea del ande y la costa ancashina, reconocemos que Kordillera es actualmente casi única en su género. El presente número trae como notas de fondo un amplio reporte sobre la actividad rockera en Huarás, una visión panorámica de la poesía chimbotana de los noventa y la reveladora semblanza de Aquiles Rondán, reciente ganador del IV Salón de Arte del Banco Wiese de Huarás. Notas críticas complementan el número: “Impacto cultural del sismo: Treinta años después” (Marcos Yauri Montero) y “Cultura y democracia: …aquí no pasa nada” (Ernesto Toledo). Y que en creación: un cuento infantil de Carlota Yauri y poesía de Manuel Cerna.

 

Olger Melgarejo. MAÑANA A ESTA HORA

Ediciones El Acantilado. Lima, 2002. 105 pp.

 

La reciente experiencia subversiva, el frenesí de la picardía infantil o aquella oralidad que refuerza la visión particular del hombre andino, entre otras particularidades temáticas, producen en este volumen de cuentos de Olger Melgarejo (Aija, 1949) afinidades con las de Óscar Colchado y Macedonio Villafán en su Región (Ancash). No obstante, Melgarejo parece afirmar el pulso en el resplandor de las rasgaduras vivenciales, sujetándose de esa manera al significativo caudal estético que ofrece la perspectiva andina en el Perú.

 

el ornitorrinco                                                                         Abril del 2003.

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Telef. (01) 4640683.

 

 



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