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Resulta
muy interesante para las madres, sobretodo para las primerizas, contar con
un libro bien documentado que describa el desarrollo de las habilidades
del bebé. La madre, por su parte, puede ir anotando los distintos puntos
de interés del desarrollo del niño a medida que van ocurriendo.
Al principio,
posiblemente le pasará por la cabeza escribir todo lo que va observando en
su hijo, pero con el tiempo pueden surgir dificultades, y al final es
posible que olvide anotar muchos detalles, e incluso que deje de
hacerlo.
Sin embargo,
todas las madres, incluidas las que no disponen de tiempo para tareas tan
gratificantes, son y serán siempre las mejores detectives para notar la
presencia de deficiencias en sus bebés, e incluso en niños un poco más
mayores, cuando se acercan a los 3 años.
La pregunta
que muchos padres y educadores se hacen es: ¿ hay algún sistema para
detectar que algo no marcha correctamente? Este conocimiento permitiría
reforzar los argumentos de las madres en el momento de expresar sus
preocupaciones.
La respuesta
es sí, hay diversos sistemas para detectar que algo no marcha
correctamente en el desarrollo del niño. Hemos de tener en cuenta además,
que éste desarrollo no se inicia en el nacimiento; hay un sinfín de
momentos y circunstancias que influyen en él desde el momento de la
concepción, y estos detalles sólo los puede desvelar la madre. Es por ello
que insistimos en la necesidad de hacer caso a todas las madres cuando
dicen que algo le pasa a su hijo o hija.
La presencia
de cualquier señal de advertencia debería servir para alertar y acudir a
un profesional y para hacer que éste pueda hacer su trabajo sin más
dilación. Los padres quieren una respuesta lo más clara posible. No tienen
miedo a empezar otro reto, por grande que sea. Lo que no quieren es
retrasar la puesta en marcha del plan que hará mejorar a este hijo o a
esta hija.
Vamos a
señalar a continuación algunas señales "prácticas" que pueden indicarnos
que existe alguna deficiencia, tanto en bebés como en niños un poco más
mayores, y que por tanto pueden tener algún problema que hay que
desentrañar.
- El escaso
contacto visual del bebé con sus padres.
- El bebé
"demasiado bueno", que duerme constantemente
- La falta
de reacción del bebé ante las voces y otros sonidos.
- La
asimetría en el movimiento de los miembros: el lado derecho e izquierdo
del cuerpo deben ser igualmente fuertes y activos durante el primer año
de vida.
- Demora
notable en muchos o casi todos los hitos comúnmente aceptados relativos
al desarrollo motriz (sentarse, gatear, caminar...)
- Demora
notable de la sociabilidad: no participa en juegos simples, no dice
adiós, no juega a ocultarse...
- No
desarrolla el empleo del lenguaje dentro de los límites de tiempo
adecuados.
- Evolución
social tardía: dificultad para compartir o comunicarse con sus padres.
Un niño o una niña que sistemáticamente elige compañeros de juego
menores que él/ella quizás está expresando la necesidad de contar con
más tiempo para crecer. Este aspecto del desarrollo es uno de los más
importantes cuando se evalúa el grado de preparación del niño para
ingresar en la escuela.
- Los
movimientos corporales inmaduros y la falta de control de los
movimientos de los músculos grandes empleados en actividades tales como
saltar a la cuerda, atajar una pelota, o de los músculos pequeños que
rigen actividades tales como cortar, sostener un lápiz entre los dedos o
pintar. En general los niños de cinco años pueden subir y bajar
escaleras alternando los pies.
- "Movimientos desbordados": cuando el niño mueve partes del cuerpo
que no intervienen en una actividad determinada, por ejemplo, cuando
agita los brazos al subir una escalera, mueve la lengua cuando pinta,
mueve rítmicamente los pies cuando está sentado armando un rompecabezas.
Estos movimientos, comunes en los preescolares, constituyen un síntoma
de inmadurez neurológica en los niños más mayores.
- Dificultad
para distinguir la mano derecha de la izquierda a partir de los cinco o
seis años.
- El niño
que se distrae con facilidad; sus periodos de atención son muy breves.
Este niño no puede permanecer quieto y prestar atención, especialmente
cuando forma parte de un grupo.
- Dificultad
para coordinar los ojos con las manos. Para descubrir la inmadurez
existe un test que consiste en copiar formas, lo cual exige una
integración de la motricidad fina visual y motriz.
Estas
señales o pistas servirán con eficacia desde el nacimiento hasta los
seis-siete años, edad en la que habrá de conseguir unos logros diferentes,
para los cuales se precisa un nivel determinado de vista, oído, tacto y
sus correspondientes movimiento, habla y manualidad.
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