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Dentro de las
actividades del proyecto de Aprendizajes Tempranos, Método AT de nuestra
empresa, ha interesado mucho la información sobre el paseo, o ruta
investigadora. ¿Ha de ser diario?, ¿se debe ir despacio y explicando?,
¿puede llevarse a cabo en la vida familiar igual que en la escuela?.
Es un motivo
de alegría ver que padres y educadores profesionales se entusiasman con
las actividades que proponemos para favorecer el entorno de hijos y
alumnos. En concreto, esta ruta investigadora, como la llamamos,
constituye un regalo de los más preciados, aunque también el más laborioso
e, incluso, difícil de preparar.
¿Qué es el
paseo?. ¿Cómo le puedo sacar el mayor partido?.
El paseo
es una actividad que facilita el conocimiento directo de los
objetos, a través de todos los sentidos -incluido el movimiento-, en
orden a aumentar considerablemente el vocabulario y, por ello, el nivel
cultural de los niños y de sus familias.
Al salir de
paseo ampliamos -¿diez, cien, mil veces?- las posibilidades de
información, de estimulación física, intelectual y social. Movimiento,
lenguaje, manipulación y relación social están en acción. Hay modelo y
oportunidad. Bueno, esto es lo que creemos; pero...¿los hay
realmente?.
A causa de la
prioridad que se da a la adquisición de los hábitos básicos, y a la
preparación de los grandes aprendizajes - matemáticas, lectura, escritura
y expresión oral - hemos comprobado que es preciso, además, dar a los
niños la oportunidad diaria de adquirir más vocabulario -no verbal sino
real-. Y este nuevo vocabulario, adecuadamente vivenciado, pueden
emplearlo en la vida corriente, no sólo para quedar mejor en pruebas y
evaluaciones, sino para enriquecer continuamente la comunicación, con
otros compañeros, con su familia, y abrirse a nuevos intereses.
El paseo
debe conseguir un triple objetivo: SENSORIO-MOTRIZ, COGNITIVO, SOCIAL.
Ya vemos que
es una actividad ambiciosa. Esto quiere decir que los padres o el educador
ha de prepararlo cuidadosamente, presentándolo con estilo y de modo claro.
Sugerimos una forma concreta para llevarlo a cabo con
éxito.
La
información que demos en el paseo tiene que estar muy organizada;
sugerimos 10 objetos por recorrido. El nombre de los objetos debe
ser el más exacto posible, aunque nos parezca demasiado complicado -a los
adultos-; probablemente tengamos que pedir ayuda a algún jardinero,
biólogo, arquitecto, etc.
Los
itinerarios del paseo deben estar establecidos de antemano para evitar
la improvisación; se trata de que los niños se familiaricen con todos
estos objetos. Idealmente, el paseo debe realizarse diariamente, y
el tiempo empleado puede girar alrededor de los diez minutos. Sin embargo,
aunque esta frecuencia es posible mantenerla en la escuela, no lo es en
familia; por ello, puede variarse, realizarse con una frecuencia adecuada,
sea la que sea.
Deben
nombrarse los objetos en voz alta, con entusiasmo, claramente y con
rapidez, sin detenernos para dar largas explicaciones; los niños
quieren el dato, exacto, conciso y único.
En el proceso
de aprendizaje, la velocidad y el placer están directamente vinculados, no
subestimemos las posibilidades de los niños que siguen esta actividad. La
práctica perfecciona a los educadores, y cuanto más claro sea el estilo, o
método empleado, más se captará la atención de los niños, y más les
influirá la información recibida.
En la medida
de lo posible, hay que hacer el mismo paseo, al menos diez veces,
con la misma rutina. Después de la décima vez, ya se inicia la nueva ruta,
con informaciones distintas.
Insistimos:
para convertir el paseo en actividad humana estimuladora hay que
prepararse bien. Aceptar a niños -y también adolescentes- como son,
confiar en su deseo de aprender, darles el modelo preciso, exacto y con
intensidad; para después jugar a reconocerlo y, al fin, asimilarlo y
retenerlo en la memoria de modo estable.
Propónganse,
para empezar, cada vez que salgan de paseo, un aumento de vocabulario,
dejando definitivamente palabras como árbol, perro, casa, hombre, tienda,
empleando EN SU LUGAR: encina, pequinés, cortijo andaluz, Juan Valls
Juliá, charcutería.
El reto
grandísimo del paseo está en poner un nombre a cada objeto que se capta
por los sentidos. A medida que los niños crecen y saben más, el
vocabulario y la explicación se hacen más y más detallados. Sus
conversaciones, sus escritos, lecturas e intereses desembocarán en una
auténtica cultura.
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