Después de haber leído un libro, vivido una aventura, realizado un
trabajo, compartido un tiempo de convivencia, etc., hay unos momentos evocadores
-¡qué maravilla es la evocación!- en los que, de forma intencionada o de forma
espontánea, cada persona, desde muy pequeña – dos, tres años-, va reconstruyendo
las escenas.
Este ejercicio es algo normal y, a la vez, extraordinario, sorprendente,
hasta el punto que podemos revivir el instante
pasado.
A lo largo de la Historia (la grande y la pequeña) se ha ido dando un
variadísimo anecdotario. Quizás podrá servirnos para situarnos en esta tarea que
hoy empezamos –un libro sobre el desarrollo inteligente de la memoria en los
once primeros años de vida-, recordar un comentario de un discípulo de Avicena
(Ibn Sina):
“En verdad, no había nada sorprendente en que los testigos de su vida
fueran sensibles a su poder de trabajo: en los polvorientos caminos o bajo los
oros de palacio, a veces a caballo incluso, hallaba siempre la concentración
necesaria para proseguir su obra. Pero lo que turbaba por encima de todo a
quienes le trataban, era su prodigiosa memoria.
“Desde que había cumplido veinte
años trataba de filosofía, de astronomía, de matemáticas o de medicina, y
nunca había sentido la necesidad de consultar una nota o una obra.
“Mucho más tarde, evocando este período, me confió: -Estaba entonces en la cima de mi erudición,
había leído todos los libros dignos de serlo, sabía la ciencia de memoria; desde
entonces sólo había ido madurando en mí-. No pude impedirme volver a pensar
en la frase que, nueve años antes, había pronunciado el emir Nuh “El Segundo”:
-Alá concede el don a quien quiere-”.
(Avicena. Gilbert Sinoué. Ediciones B. 1995.
Barcelona).
Ya vemos que los dos primeros pasos en el desarrollo de la memoria
–siempre expresándonos de forma directa, operativa-,
son:
Revivir el instante.
Dejar madurar lo captado y memorizado.
El primer paso nos hace disfrutar las mismas sensaciones, físicas,
cognitivas, conductuales, espirituales; de alguna manera es espontáneo, podemos
“convocar” estos recuerdos con mayor o menor intensidad, incluso bloquearnos
para que no vengan.
El segundo paso es un proceso mucho más complejo, puesto que implica la
comprensión de lo vivido o captado y el aprendizaje de cómo usarlo para nuestra
conveniencia, no de forma automática sino inteligente, es decir para resolver
problemas.
Por eso, hemos puesto debajo del título las siguientes acciones: ver, comprender, analizar, porque
resumen los dos primeros pasos que acabamos de decir, y permiten dar el gran
salto que constituirá la auténtica memoria:
Un recurso para la inteligencia.
....................
Otro dato histórico. Hace años, en una entrevista realizada por Toni
Piqué, en aquel entonces periodista de LaVanguardia, a uno de los autores (Juan
Valls Juliá), formuló, entre otras,
las siguientes preguntas:
‑ Usted dice que el niño pequeño es un
"cerebro con patas" (lo
dijo él como recurso periodístico).
‑ Sí, y es verdad. El
cerebro puede almacenar 125 x 10 a la 12 hechos. O sea, 1.250 billones. Y, a
medida que se investiga, se ve que esa capacidad tiende a
infinito.
‑ ¿Hablamos del cerebro de
un recién nacido?
‑ Sí. Tiene esa capacidad
desde el primer día de nacimiento. Tiene un potencial de inteligencia mayor que
el que jamás usó Leonardo da Vinci.
‑
¡Caramba!
‑ Y la cantidad de hechos
acumulables aumenta con el ejercicio y así crece la
inteligencia.
‑ ¿Inteligencia o
archivo?
‑ En el sentido de
posibilidades de poder manejar muchos datos cuando a una determinada edad se
desarrollen las capacidades de razonar y de asociar conocimientos. La
inteligencia es producto de la habilidad de leer ‑desde los 12 meses‑, la
habilidad de hablar o leer uno o varios idiomas ‑también desde los 12 meses‑, la
cantidad de conocimiento enciclopédico ‑desde los 8 meses‑ y la habilidad de
captar cualquier cosa presentada adecuadamente ‑ desde los 18 meses: gimnasia,
baile, tocar un instrumento...
‑ ¿Cómo desarrollar ese
potencial?
‑ Es preciso hacer una
tarea preventiva del desarrollo neurológico y de la educación. Hay que empezar
cuanto antes. El aprendizaje se inicia demasiado tarde, cuando muchas
capacidades se han perdido y su rehabilitación se hace muy difícil. Comenzar
antes.
‑ ¿Crece el cuerpo pero no
el cerebro?
‑ El crecimiento
significativo del cerebro se acaba a los seis
años.
‑ Es decir, que a partir de
los seis años ya es difícil introducir nuevos datos en el
cerebro.
‑ No, pero la facilidad
para retenerlos es mucho menor. El cerebro está mucho mejor preparado para
recibir la información antes de esa edad. Pasada esta época, el cerebro continúa
creciendo, pero su crecimiento no es ya expansivo. Mire, el archivo funciona muy
bien cuando se estrena, pero una vez estrenado, los nuevos datos deben seguir un
camino más complicado que al principio y algunos aspectos de la nueva
información no se recogen claramente.
‑
Claro.
‑ El ejemplo más
comprensible es el de la lengua. Cuando se aprende la lengua materna entre los
cero y cinco años, el niño tiene un vocabulario y una sintaxis. Pero, sobre
todo, tiene la frecuencia propia del idioma, aquello que permite decir: "este
niño es catalán, es francés"... Luego se puede aprender otra lengua, en el
sentido de dominar su vocabulario, su sintaxis y su pronunciación, pero ya no
puede lograrse esa "frecuencia" propia del otro idioma. Por bien que se hable el
nuevo idioma, siempre pueden decirle: "hablas muy bien el inglés, pero no eres
inglés, eres catalán o francés" o lo que sea. Y esto ocurre con todo. Con los
datos y con la técnicas: música, matemáticas...
‑ ¿Matemáticas para un niño
de ocho meses?
‑ Su cerebro está preparado
para ello. Sobre las matemáticas en concreto le diré que son la base de toda
ciencia y su uso preciso y habitual es muy importante para prevenir el fracaso
escolar.
‑ ¿Matemáticas y qué
más?
‑ Un correcto aprendizaje
de la lectura, otro instrumento de primera necesidad, y un conocimiento general
extenso, a través de hechos de la naturaleza y de una manipulación directa de
objetos.
‑ Explíquese un poco
más.
- Hay una relación muy
íntima entre el desarrollo neurológico, los resultados del aprendizaje y el
proceso educativo posterior. El niño debe recibir mucha información por la
vista, por el oído, por el tacto, con el movimiento... No se trata de una simple
estimulación sensorial, porque debe
ir cargada de contenido, puramente factual. Si al niño se le dice "esto es una
mariposa nocturna", lo aprenderá sin problemas. En este caso se le da una
información con un soporte clarísimo: el nombre del animal con su forma y todo
lo demás.
En efecto, este interesante diálogo, hace más de diez años, ha ayudado a
muchos padres y educadores a comprender más y mejor el papel de la facultad
memorística en el conjunto de los aprendizajes.
.................................................
Tenemos dos extremos al considerar la
memoria:
·
en
uno, que es archivo de datos –hechos-.
·
en
el otro, que es una facultad que ha de complementarse con la inteligencia y la
voluntad. En una palabra, la vida del pequeño, igual que la del mayor, consiste
en una serie ininterrumpida de problemas a solucionar. Y, para ello, contamos,
además de otros medios, con la memoria.
La crisis del aprendizaje memorístico –como archivo- ya ha pasado. Sin
embargo, la conclusión ha sido clara: la memoria hay que ejercitarla, no como un
valor en sí mismo, sino en función de la inteligencia, es decir como
recurso.
Y...no nos olvidemos que estamos hablando de educación. O sea, que
cualquier medio, recurso, acción, valen lo que valga el fin para el que se
emplea. Si el uso de la memoria da paz, alegría, servicio, a uno mismo y a los
demás, estamos en el buen camino. En caso contrario, aunque se use con éxito
personal, se causará un daño, produciendo a la corta o a la larga un
desequilibrio. Y esto no lo deseamos ni lo
recomendamos.
No debemos terminar esta introducción sin hacer mención de un aspecto que
trataremos con más detenimiento en uno de los capítulos: Interés y facilidad.
No cabe duda que todos queremos resolver los problemas que se nos van
presentando. Pero ya no está tan claro que todos estemos dispuestos a realizar
esfuerzos, buscar y preparar los medios, superar las tensiones, nerviosismos y
temores.
Desde el primer momento en que iniciemos la lectura de este libro, es muy
muy muy conveniente que decidamos pasar la barrera de la comodidad o el
conformismo. Esperamos que sea posible, gracias a la estructura de este libro,
que llegue a hacer fácil lo difícil, porque siempre lo tomaremos como un juego.
Nos haremos como niños, pues para ellos no existe la vergüenza, el temor o la
dificultad. Esto son “cosas” que aprenden de algunos mayores y que les van
convirtiendo en niños y niñas disminuidos anímicamente, acomodados en una
habitación que llamamos –NO PUEDO-.
Como es habitual en nosotros –y revolucionario, en cualquier caso-, en el
trabajo que realizamos aparecerán progresivamente CUATRO MARCOS del desarrollo
de la personalidad. Esta clave integradora y al mismo tiempo analítica es un
medio estupendo para aprender a sacar partido de nuestras relaciones como
educadores y para potenciar todos y cada uno de los aspectos de la vida de los
niños.
Para que las bases queden muy claras añadimos a esta introducción, que es
como la parte cero –punto de partida- unos epígrafes que encuadrarán todas las
actuaciones, sean las familiares o las escolares. No queremos olvidar que una
publicación con contenido educativo salta de la familia a la escuela y de la
escuela a la familia, pues todos tenemos estas dos realidades, sea cual sea
nuestro estilo de vida. ¿Acaso no queremos desempeñarnos en cada una de estas
dos realidades con igual calidad?
(continuará).