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Hay que
afinar los sentidos para observar mejor. Es de todos sabido que las
personas observadoras tienen ventaja sobre las demás en la vida
práctica.
Decimos que
los seres vivos se distinguen por sus sentidos. El perro por su olfato
("observa con la nariz"). En los pájaros predomina la vista, ya que en el
aire los olores se esfuman rápidamente, y en las alturas ni siquiera
existen. El hombre observa principalmente con la vista, y si queremos
practicar nuestra capacidad de observación debemos empezar con este
sentido.
Sin embargo,
no hay que olvidar que el ser humano desarrollará sus capacidades en la
medida en que consiga mejorar en todos los sentidos a la vez, pues
cada uno recibe información de los otros, y así consiguen poner de relieve
todas y cada una de las características del objeto observado.
Hay que
recordar también que es más fácil habituarse a observar si las impresiones
que recibimos son completamente nuevas. Los objetos y situaciones nuevas
atraen mucho más nuestra atención e interés que los cotidianos. Esto es
una realidad psicológica: ¿podría pintar con detalle el papel pintado de
su comedor?. La mayoría de gente no lo consigue a pesar de verlo cada día,
simplemente porque no lo ha "observado".
Vamos a
repasar un poco cómo podemos potenciar el desarrollo de nuestros sentidos
y, a la vez, de la capacidad de observación:
Empecemos con
la lectura, que es un medio de gran importancia, y así como la
descripción oral y escrita, ya que agudizan el poder de observación,
intensifican la memoria verbal, y a la vez disciplinan la visión al reunir
la búsqueda visual con la verbal existente. Se educa así el pensamiento
ambidiestro, por la implicación de ambos hemisferios.
Proponemos un
ejercicio muy completo: pedir a alguien que observe detenidamente un
objeto para después, sólo mediante su descripción verbal, los demás
consigan adivinarlo.
El
dibujo es también un medio ideal para ensayar la capacidad de
observación. ¿Por qué?. Porque nos obliga a observar el objeto línea por
línea, punto por punto. Por el contrario, al mirar una cosa de forma
acostumbrada, vemos la imagen entera, sobrecargada de detalles sin darnos
cuenta de ninguno. Dibujar exige mirar cuidadosamente y observar tanto los
detalles como las relaciones espaciales.
También el
oído nos sirve para observar. Goethe inventó ejercicios para
comprobarlo y lo escribió en su libro "Campaña en Francia", fruto de una
noche de insomnio en que se dedicó a escuchar los diversos sonidos,
calculando la distancia, el lugar de procedencia, la fuente, sus
significados, etc.
El sentido
del tacto juega también un papel importante, y es sorprendente cómo
puede llegar a desarrollarse la capacidad de observación a través de este
sentido tal y como nos lo demuestran las personas ciegas. Un ejercicio
recomendable es jugar a reconocer objetos con los ojos cerrados,
creándonos nuestra imagen mental de él.
En cuanto a
los sentidos del olfato y el gusto, se puede llegar a desarrollar
hasta el grado que consiguen las personas dedicadas a "oler" tabaco o a
catar café, vino, aceite, etc. Estas personas saben decir si el café es de
una marca u otra, de dónde procede, cómo se elaboró, etc.
Sugerimos
a continuación otro ejercicio, a modo de paseo y que puede servir de
modelo a concretar en distintas formas según las personas con las que
pensamos realizarlo, los materiales de que dispongamos y las
circunstancias en que nos encontremos. Hay que hacerlo a modo de juego,
divertido, pues así es como mejor se aprende. Al terminar el paseo,
podemos hacernos preguntas como estas:
- ¿Cuántas
ventanas hemos visto?
- ¿En dónde
estaban situadas?
- ¿Cuántas
paradas hemos hecho?
- ¿De qué
color es el suelo del comedor, o de los lavabos?
- ¿Cómo era
la regadera que vimos en el jardín?
- ¿Llevaba
corbata el camarero?
¿Quién se
anima?
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