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La
alimentación, uno de los cuatro hábitos básicos que han de adquirir los
niños , constituye uno de los principales "tormentos" de la educación
infantil, al menos en numerosos casos: ¡ Cuantas situaciones familiares se
hacen difíciles por no tener un correcto estilo educativo en las
comidas!
Es, pues,
interesante conocer algunos datos que nos proporcionan los pediatras,
siempre atentos a las necesidades de cada niño, y también algunos
criterios educativos a seguir a las horas de las comidas.
La falta de
apetito en los niños puede ser un problema. No hay duda de que puede ser
síntoma de alguna enfermedad o de algún trastorno orgánico y es lógico que
preocupe a los padres. Pero... ¡atención!, los niños captan también esta
preocupación, y si la demostramos en demasía, ya tienen el camino fácil
para conseguir todo lo que quieran: mimos y atenciones sin cuento. Esta
situación, mantenida, lleva a un despotismo, muchas veces sobre la madre,
contra la cual nos ponen alerta los pediatras y médicos de
familia.
Los padres
dejarían de preocuparse si supieran lo poco que requiere un niño durante
su segundo y tercer año. En los casos más difíciles, y siempre bajo el
control del pediatra, se pueden establecer dietas con unos requerimientos
alimenticios mínimos que aseguren el buen desarrollo del niño, y adaptadas
a los gustos de los más pequeños.
Para que la
hora de las comidas se desarrolle sin conflictos, sugerimos a los padres
una serie de consejos, que se han experimentado con éxito cuando existe un
principio claro de autoridad en la familia y, más aún, cuando el padre y
la madre actúan al unísono:
- Fijar la
hora de la alimentación y no dar "refrigerios" entre ellas.
- Calcular
la duración de las comidas en un máximo de 20 minutos. Luego apartar lo
que ha sobrado y dejar que el niño/ la niña se levante de la mesa. Lo
que haya quedado se reserva para la siguiente comida.
- Dar
pequeñas cantidades de comida cada vez. Cuando el pequeño ha terminado,
se le sirve más si así lo desea.
- ¡Importante!: dar por finalizada la comida tan pronto como
comience a jugar con ella.
- Evitar dar
demasiada importancia a la comida, tratando de averiguar qué es lo que
el niño/ la niña desea comer o le gustará más. Atención -¡una trampa!-:
a pesar de que le pedirá muchas veces una comida distinta, lo más
probable es que no desee otra comida, sino el estímulo que genera una
conducta provocativa. Los niños quieren jugar si ven que el adulto está
indeciso.
Estas normas
son difíciles de seguir, pero hay que dirigirse al verdadero objetivo, que
es conseguir que la alimentación sea un área de placentera comunicación. A
la hora de aplicarlas es posible que se intensifique la lucha por la
autonomía y afecte al área de la disciplina. ¿Estarán entonces los padres
preparados para actuar con ventaja y de forma interesante?
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