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Queremos
hacer más rico, más dinámico el proceso educativo, la educación de cada
uno de los hijos. Pero... el ámbito educativo ha carecido siempre de
flexibilidad para enriquecerse de los descubrimientos científicos de otros
campos afines o paralelos. Entre ellos, uno de los más importantes es el
de la influencia del sistema nervioso en la conducta humana; los técnicos
la llaman neuropsicobiología.
Es evidente
la interacción que podemos establecer entre el aprendizaje en la primera
infancia y el desarrollo y la estructuración del cerebro en este período.
Ahora bien, ¿qué garantías tenemos? ¿qué pautas sigue el cerebro
humano?
Mientras en
el ámbito científico han sido constantes y evidentes los avances
establecidos, la posible influencia de los mismos en el campo del
aprendizaje, desde los primeros meses de la vida, y por tanto en el de la
educación, ha sido, en un sentido amplio, prácticamente nula.
Sin embargo,
los científicos y estudiosos del tema han sabido ofrecer a padres y
educadores profesionales unos puntos clave, que deberían servir como
pautas claras y modélicas -verdaderas leyes de funcionamiento- para
una intervención educativa en la primera y segunda infancia:
1. Cuanta
más estimulación e información, mejor.
Cuanto más y
mejor estimulación reciba el cerebro del niño en su periodo de formación,
más rápida y más completa será su organización neurológica y,
consecuentemente, más altas serán sus capacidades para aprender, para usar
lo recibido.
2. La gran
capacidad de adaptación.
Justamente
ésta ha sido la capacidad del cerebro humano que le ha permitido
evolucionar desde niveles primitivos -como un animal- hasta otros
verdaderamente elevados. Y aún más: los que ahora puede tener -hoy- es o
puede ser una simple caricatura si los comparamos con los que podrán
desarrollarse en la medida en que los estímulos del medio le "obliguen" a
complicarse más y más.
3. Los
períodos críticos.
Otro de los
puntos clave es el que se refiere a los períodos críticos en la formación
de la estructura de nuestro cerebro. La organización cerebral no se
produce de forma gradual e indefinida: existen momentos especialmente
buenos.
Si en estos
cortos períodos de tiempo no recibimos la estimulación necesaria, quizá
ciertas capacidades no puedan desarrollarse jamás. Los especialistas en el
tema son concluyentes a este respecto. ¿Quién no recuerda las niñas lobo,
el salvaje del Aveyron, o los casos tan dramáticos como el de Genie, la
niña californiana que su padre ató a la pata de una cama durante 12 años?
Consideremos
que a los seis años el cerebro humano alcanza el 90 por ciento de su peso,
lo cual nos da idea de lo extremadamente avanzada que se encuentra, a esa
edad, la consolidación del desarrollo cerebral.
4. La
potencialidad que puede convertirse en capacidad.
Por último,
hay que tener en cuenta la enorme capacidad potencial en cuanto al
aprendizaje. Este inmenso torrente de posibilidades es tan amplio que,
aunque consiguiéramos estimular el cerebro de un niño desde su nacimiento
continua e intensamente, nos sería imposible saturar sus capacidades
potenciales. De hecho, sólo llegamos a desarrollar una ínfima parte de las
posibilidades de nuestro cerebro.
Conclusión
para animarse a hacer un cambio.
En los
primeros años de vida, los más importantes en la construcción del cerebro
humano, la intencionalidad y la sistematización de las intervenciones
pedagógicas es realmente muy escasa. La mayoría de las acciones educativas
que se producen presentan un sentido de transitoriedad, estableciéndose el
criterio generalizado de que hay que esperar a edades posteriores para
iniciar al niño en un ámbito de aprendizaje claramente intencional y
sistematizado.
¿Qué hay que
hacer? Conocer las leyes del cerebro y aplicarlas. No poner más límites
que los que establezca el amor y el respeto a la iniciativa de cada niña,
de cada niño.
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