|
Advertencia Desde
hace un par de boletines, el proveedor de este servicio (www.elistas.net)
está adjuntando publicidad en nuestros envíos. Neurología y Aprendizaje
S.L. lamanenta este hecho y manifiesta que no tiene ningún tipo de control
sobre estos anuncios, por lo que no los apoya, ni suscribe en modo
alguno.
Varios autores, ya desde 1940, han descrito la hiperactividad
como un conjunto de trastornos del aprendizaje y de la conducta de
unos niños cuya capacidad intelectual es generalmente normal, y en algunos
casos superior. Los niños que sufren este tipo de trastornos constituyen
una población muy variada, tanto en los síntomas que presentan como en los
ambientes en los que se desenvuelven. Quizás por esto a estos trastornos
se les ha dado diferentes nombres como síndrome del niño hipercinético o
hiperactivo, dislexia del desarrollo, trastornos específicos del
aprendizaje, disfunción cerebral mínima, etc.
Los niños afectados presentan unas manifestaciones externas que
inquietan a padres y maestros, como la dificultad - al menos así lo
parece- de centrar la atención en alguna tarea, permaneciendo poquísimo
tiempo en ella. En la escuela todas las dificultades son más evidentes,
por ejemplo: la comprensión de un texto, las técnicas del cálculo
aritmético, el juicio crítico, todo trabajo de memorización, etc. les es
más difícil. En resumen, pues, los síntomas que más llaman la atención son
las dificultades en el aprendizaje, los trastornos de la memoria y la
falta de concentración.
Para poder encontrar las causas, y posteriormente los
remedios o terapia, es preciso aplicar el "criterio integrado" con una
visión global de la persona, valorando los diferentes aspectos del
desarrollo: neurológico, pedagógico, psicológico y antropológico. El hecho
de que haya dificultades en algunos de estos aspectos - no tiene porqué
ser sólo el neurológico- indica no que haya un bloqueo en la personalidad
en formación, sino que es necesaria una reorientación en aquel
aspecto.
En
la gran mayoría de los casos, lo que se necesita es precisamente
trabajar sobre aquel aspecto que falla, resaltando, al mismo tiempo,
los aspectos que van bien. En ningún caso puede ayudarse a nadie con
afirmaciones - desgraciadamente todavía presentes- como:-"Si te abriesen
la cabeza, se vería que está llena de serrín"-, -"Eres un cabeza hueca"-,
-" Eres tan torpe que nunca llegarás a nada"-.
El
conocimiento de las etapas por las que pasa el desarrollo del Sistema
Nervioso, para que el individuo perciba con cada sentido, tenga
coordinación en sus movimientos y domine su esquema corporal
derecha-izquierda, está dando mucha luz a todos estos trastornos que han
amargado la vida a padres, hijos y maestros. Es cierto que, en alguna
medida, la biología interviene en los niveles de desarrollo de la
inteligencia. Es decir, las diferencias tan patentes tienen una base
genética, pero no son definitivas. El cerebro es capaz de responder
a las exigencias del medio ambiente y asegurarse las máximas oportunidades
de supervivencia, sobretodo si desde los primeros momentos rodeamos al
niño de estímulos y experiencias. Nacemos con el potencial necesario para
la comprensión. Todo ha de ser aprendido a fin de que el cerebro, con su
inmensa dotación de neuronas, construya nuestro propio mundo de imágenes y
sonidos, de texturas y sabores. Esta es una gran verdad que nos anima y
nos hace avanzar.
Las siguientes afirmaciones han de hacernos pensar en el daño
que podemos hacer a niños y niñas que tengan estas manifestaciones. El
mal está en sacar la conclusión de que no hay posibilidades, o que no
existe el potencial de inteligencia para superar esta situación. La causa
puede estar en el sistema nervioso, o probablemente, como ya hemos dicho,
en otros marcos del crecimiento.
- La
hiperactividad, con sus diversos nombres, ha sido objeto de severas
críticas por diferentes autores, ya que es una denominación genérica, en
la que se han englobado gran variedad de trastornos de la percepción y
conductuales. Dice mucho, y no dice nada, si no la valoramos
teniendo en cuenta la personalidad global del niño.
- Los
estudiantes que fracasan han de ser ayudados, no etiquetados. No es raro
encontrarse con alumnos, a veces con hijos, que comentan: "Hago lo que
puedo. Lo intento con todas mis fuerzas. No tengo la culpa si he
nacido tonto".
- En las
escuelas esto se hace más evidente, incluso los profesores y educadores
llegan a afirmar: "ya conoce el dicho: no se pueden pedir peras al
olmo. Pues eso sería cosa fácil comparada con la tarea de enseñar a
algunos alumnos que nos llegan". Estos comentarios dan lugar a una grave
injusticia.
¿Hay alguien
que dude que, ante estas situaciones, se produzcan defectos en la
afectividad y en la autoestima? Los niños o adolescentes afectados se
sienten incomprendidos por sus padres y maestros, y desarrollan
sentimientos de inferioridad en relación con sus hermanos y hermanas, así
como con sus compañeros, inseguridad, apatía por el estudio, estrés y
ansiedad.
Todo ello
constituye a menudo un problema serio para los educadores mejor
intencionados y bien formados. Y para los niños todo ha pasado como si
hubieran quedado estancados o hubieran hecho un retroceso a años
anteriores.
No nos
dejemos engañar: existe una discrepancia entre el potencial de
aprendizaje del niño y su pobre rendimiento escolar. Y, precisamente, en
esta gran paradoja tenemos la clave para encontrar la vía de solución, el
camino hacia el éxito.
|