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La educación en el seno de la familia es algo natural, en gran
parte espontáneo, movido por el amor y por la responsabilidad nacida a
raíz de este amor. Ahora bien, la complejidad de la tarea se hace
pronto evidente.
Se
va despertando así, en los padres, hermanos mayores -si los hay-, y otros
parientes y amigos que frecuenten la familia, un deseo de hacerlo bien, de
evitar errores y, lo que es aún mejor, de llegar a tiempo. Y esta actitud
da lugar a los llamados planes de acción familiares. Una pregunta debería
estar en el origen:
¿Qué manifestaciones de la vida de la niña, del niño debemos
tener en cuenta para saber si su personalidad se desarrolla libremente?
Nos ha dado siempre buen resultado observar unos aspectos del marco
psicológico del niño o de la niña. La seguridad personal le da al niño el
valor y la energía necesarios para salir al paso de cualquier tarea; le
permite esperar vencer, tener éxito, y el niño actúa en consecuencia con
estas expectativas. Estamos seguros de que esta actitud se debe al deseo
humano de quedar bien o, dicho de otro modo, de salir bien librado. En
nuestro equipo intentamos dejar siempre claro que éste éxito consiste en
hacer las cosas bien, con una finalidad; para estar contento y para servir
mejor a los demás, las dos cosas a la vez, dando a la educación de este
ser humano una jerarquía de valores y un sentido trascendente.
Los planes de acción familiares se pueden hacer teniendo en cuenta
estos tres grandes entornos o influencias en la vida de los niños
que le permitirán reforzar su autoestima y tener éxito:
- Relación con sus hermanos: En el supuesto de que tenga
hermanos, debemos proponernos que sus relaciones sean naturales,
espontáneas, con toda la franqueza posible, sin compararles jamás. Los
hermanos son, han de ser, unos educadores indirectos; para ello, lo
principal es que sean verdaderamente los padres que lleven el peso de la
educación del niño, y no pasen esta responsabilidad a ningún hijo.
Además, cada hijo ha de sentirse atendido en la medida que lo
necesita, de modo pleno, sin oír una posible excusa acerca de la
prioridad de su hermano. Otra decisión de los padres es mirar a sus
hijos, uno a uno, con la confianza brillando en sus ojos, aunque el hijo
tenga la más tremenda de las limitaciones.
- Conversaciones de los padres: Entre ellos, con otros
padres, o en reuniones de tipo familiar o escolar. En nuestro trabajo
del consultorio pedagógico solemos decir que los hijos se ven como les
ven los padres; esto puede ser una horrible trampa, en la que el niño
queda apresado, frenando su inteligencia y torciendo su vida en tanto en
cuanto estos comentarios son tristes, dolidos o desanimados.
Cuando
hablamos por teléfono, ¿sabemos que éste puede ser un traidor?, ¿seguro
que no hay nadie más escuchando?, ¿no podría decir las cosas,
expresarme, de otro modo?, ¿qué uso se hará de estos comentarios?
Sabemos que es muy difícil escapar a la tentación de comentar los
problemas sobre el hijo o sobre la hija, sea con quien sea, pero es
preciso evitarlo; sólo cuando se tiene la completa seguridad de que no
está escuchando y que su objetivo es encontrar claramente la solución,
estaría permitido hacer comentarios. Animamos a conseguirlo, a
introducir firmemente este criterio en los planes de acción
familiares.
- Favorecer las actividades de éxito: Este último aspecto
a cuidar, quizás más fácil en apariencia, favorece continuamente la
autoestima de cada hija o hijo. ¿Quién no quiere el
éxito?
El ser humano desea siempre perfeccionarse; de modo que hace con
más frecuencia y mayor satisfacción aquello que le va saliendo bien.
Esto, poco a poco, consigue en el niño -y, ¡cómo no!, en cualquiera- más
seguridad en sí mismo, más ánimo; actitud mejorada que beneficiará todo
su hacer. Por ello, cuando decimos que hay que facilitar que realice sus
actividades de éxito no le estamos mimando, sino afianzando y
fortaleciendo las actitudes necesarias para el
aprendizaje. Por tanto, tengamos
mucho cuidado cuando decidimos privarle de estas actividades, pues la
medida será, en muchos casos, perjudicial; lo mejor es concederle la
posibilidad de aumentar el tiempo dedicado a ella, si se comporta bien
en lo que se establece como obligatorio.
¿No parece
todo esto muy lógico? ¿Cuándo se van a remodelar los planes de acción
familiares?
Si los niños
son aún pequeños, tengamos este lema: empieza ya, prontísimo: el
niño es el padre del hombre, la niña es la madre de la
mujer.
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