De: Domingo Diaz
[mailto:domingo@amycs.es]
Enviado el: Jueves, 08 de Mayo de
2008 02:44 p.m.
Para: 'Domingo Diaz'
Asunto: El "Tsunami
Silencioso" por El Gusticiero
Querid@s:
Me permito la libertad
de enviaros el texto que ha publicado hoy mi buen y desconocido amigo El
Gusticiero en su blog. No tiene desperdicio. Aunque no se trata del tipo de
texto ni de literatura espiritual a la que estamos acostumbrados, cuántos
textos espirituales llevo leídos con menos mucha sustancia que éste. Espero que
lo disfrutéis. Más sobre el Gusticiero en www.elgusticiero.blogspot.com
En servicio y con amor.
Domingo Diaz
EL TSUNAMI SILENCIOSO
¿Quitaría usted el alimento a una familia para pasar un fin
de semana en la playa? ¿Se llevaría las reservas de alimentos de un pueblo
entero para pasar una semana de vacaciones en el Caribe? No, me dirá, usted no
haría nunca eso… pero lo está haciendo, sin saberlo o sin ser consciente
de ello, pero lo está haciendo. Solo tiene que dejar trabajar al mercado, al
tan apreciado y valorado libre mercado.
El primer mundo quiere combustible y puede pagarlo, luego
quememos el arroz, el trigo, el maíz, lo que sea, aunque haya que quitárselo de
la boca y de las manos a la gran masa de indigentes anónimos que puebla la
mayor parte del planeta, y fabriquemos combustible con ello, podemos pagarlo.
Además son negros, o a lo sumo de color (¿de qué color?)…y están lejos,
muy lejos.
Es pura lógica de mercado, puro pensamiento liberal, puro
occidente, todo legal. Nadie irá a la cárcel por ello, eso es lo triste. Eso de
que las fuerzas del libre mercado todo lo equilibran y lo regulan es una
falacia que han inventado los ricachones del primer mundo para seguir
expoliando, y el caso de los biocombustibles es uno de los múltiples ejemplos
para hacerlo, pero hay otros, y tan sangrantes como estos (más es muy difícil).
La lógica del sistema capitalista es como las leyes de la
mecánica clásica, las cuales solo rigen para velocidades muy inferiores a las
de la luz y no funcionan a altas velocidades, que es el estado normal de
funcionamiento del universo. De la misma manera, el sistema capitalista solo
sirve, en el mejor y más optimista de los casos y hasta cierto punto, en
sociedades educadas, democráticas, con cultura política, con valores, en fin,
en cuatro rincones del planeta, cada vez más reducidos y fortificados. Fuera de
estas arcadias felices, el llanto y el crujir de dientes; y no hay alternativa,
o eso es lo que nos quieren hacer creer los que nunca han intentado otra cosa
que estar en el lado lleno de la balanza del libre mercado.
El primer mundo necesita combustibles ya que casi cada semana
tenemos, por ejemplo, un gran premio de motociclismo o de fórmula 1, y tenemos
que ir por decenas de miles en nuestros vehículos particulares para asistir a
la carrera en directo, porque podemos pagarlo y otra solución atentaría contra
nuestras libertades (sagrada palabra en nombre de la cual se justifica todo
tipo de tropelías) y eso no estamos dispuestos a consentirlo, aunque para ello
tenga que escasear el arroz en Brasil o tengan que desforestarse junglas en
Indonesia o Paraguay. Ese es el libre mercado, el sistema económico único, que
no tiene alternativa, esto o el caos. El Gusticiero está seguro que en Darfur
preferirían el caos.
Mientras, el “Tsunami” del hambre y la pobreza, y
su secuela de desesperación, ignorancia y humillación crónica, arrasan en
silencio, no ya las costas sino toda la piel del planeta. Pero no, para el
primer mundo no existe un problema si no sale en la televisión, o sea que los
poderes fácticos lo tienen fácil, futbol, famosos y películas, y se resolvió el
problema por la técnica del avestruz. Mientras tanto se construyen enormes
pistas de esquí en el desierto con el dinero del sobrevalorado petróleo para
atraer al turismo. Dios mío, quiero creer, necesito creer que otro mundo es
posible, o mejor quiero luchar, necesito luchar para que otro mundo sea
posible.
El Gusticiero