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Asunto:[mutantes] EL UNIVERSO HOLOGRAFICO ¿EXISTE LA REALIDAD OBJETIVA?
Fecha:Martes, 9 de Enero, 2007  13:38:56 (-0600)
Autor:Presidencia Corporativa <gglezl @..................mx>

ESTA ES LA EXPLICACION CIENTIFICA DE CÓMO ESTAMOS 
 
TODOS RELACIONADOS Y FORMAMOS UNA UNIDAD: UNO. 
 
  
 
  
 
De: Graciela Wartelski [graciela.wartelski@...] 
 
Enviado el: Domingo, 10 de Diciembre de 2006 09:22 a.m. 
 
Asunto:El Universo Holográfico; ¿Existe La Realidad Objetiva? - Por Brian 
Steensma - bx@... - http://www.gaianxaos.com 
 
  
 
En 1982 tuvo lugar un acontecimiento notable. En la Universidad de Paris, un 
equipo de investigación dirigido por el físico Alain Aspect realizó el que 
podría ser uno de los experimentos más importantes del siglo XX. Ustedes no 
oyeron hablar de ello en las noticias de la noche. De hecho, a menos que 
tengan la costumbre de leer prensa científica probablemente no habrán oído 
mencionar a Aspect, pese a que muchos creen que su descubrimiento podría 
cambiar la faz de la ciencia. 
 
  
 
Aspect y su equipo descubrieron que, bajo ciertas circunstancias, partículas 
subatómicas como los electrones son capaces de comunicarse instantáneamente 
entre sí independientemente de la distancia que las separe. No importa si se 
están separados 10 pies o 10 mil millones de millas.  
 
  
 
De alguna manera, una partícula parece saber siempre lo que está haciendo la 
otra. El problema que hay con este hecho es que viola el principio de 
Einstein tanto tiempo mantenido de que ninguna comunicación puede viajar más 
rápido que la velocidad de la luz. Como viajar más deprisa que la velocidad 
de la luz equivale a romper la barrera del tiempo, tan intimidante panorama 
ha originado que algunos físicos intenten salirle al paso con elaboradas 
maneras de explicar algunos de los hallazgos de Aspect. Pero ha inspirado a 
otros a ofrecer explicaciones aún más radicales.  
 
  
 
El físico de la Universidad de Londres David Bohm, por ejemplo, cree que los 
hallazgos de Aspect implican que la realidad objetiva no existe y que, a 
pesar de su aparente solidez, el universo es un fantasma de corazón, un 
holograma gigante espléndidamente detallado.  
 
  
 
Para comprender por qué Bohm hace tan sorprendente aseveración, primero hay 
que saber un poco de hologramas. Un holograma es una fotografía 
tridimensional hecha con la ayuda de un láser. 
 
  
 
Para hacer un holograma, el objeto a fotografiar primero es bañado por la 
luz de un haz láser. Después, se hace rebotar un segundo haz láser 
reflejando la luz del primero y el patrón de interferencia resultante (la 
zona en la que confluyen ambos haces láser) es captado sobre una película. 
 
  
 
Cuando se revela la película, parece una maraña de luz y líneas oscuras 
desprovista de significado. Pero tan pronto como se ilumina la película 
revelada mediante otro haz láser, aparece una imagen tridimensional del 
objeto original.  
 
  
 
La tridimensionalidad de tales imágenes no es la única característica 
notable de los hologramas. Si se corta por la mitad el holograma de una rosa 
y después se lo ilumina con un láser, se observa que cada una de las mitades 
sigue conteniendo la imagen entera de la rosa.  
 
  
 
Además se observa que, aunque se vuelvan a dividir esas mitades, cada 
fragmento de la película siempre contendrá una versión más pequeña pero 
intacta de la imagen original. A diferencia de las fotografías 
convencionales, cada parte de un holograma contiene toda la información que 
posee el todo.  
 
  
 
Esa naturaleza del “todo en cada parte” del holograma nos proporciona una 
manera completamente nueva de entender la organización y el orden. Durante 
la mayor parte de su historia, la ciencia occidental ha trabajado bajo el 
condicionamiento de que la mejor manera de entender un fenómeno físico, ya 
se trate de un átomo o de una rana, es diseccionarlo y estudiar sus partes 
respectivas. 
 
  
 
El holograma nos enseña que algunas cosas del universo posiblemente no 
permiten ese enfoque. Si intentamos dividir algo construido 
holográficamente, no obtendremos las piezas de las que se compone, sólo 
obtendremos “todos” más pequeños.  
 
  
 
Este convencimiento indicó a Bohm otra manera de entender el descubrimiento 
de Aspect. Bohm cree que la razón por las que las partículas subatómicas son 
capaces de permanecer interconectadas independientemente de la distancia que 
las separe no se debe a que se emita y reciba alguna clase de misteriosa 
señal, sino a que su separación es una ilusión. Alega que, en algún nivel 
más profundo de la realidad, tales partículas no son entidades individuales, 
sino que en realidad son extensiones del mismo “algo” fundamental. 
 
  
 
Para permitir que se visualice mejor lo que quiere decir, Bohm brinda la 
siguiente explicación.  
 
  
 
Imagínense un acuario que contuviera un pez. Imaginen que, además, son 
incapaces de ver el acuario directamente, por lo que su conocimiento acerca 
de él proviene de dos cámaras de televisión, una situada de frente al 
acuario y la otra tomándolo de costado. 
 
  
 
Como atienden a dos pantallas de televisión, podrían asumir que los peces 
que ven en cada pantalla son dos entidades separadas. Después de todo, como 
las cámaras están colocadas en ángulos diferentes, cada una de las imágenes 
será ligeramente diferente. Pero si siguen observando los dos peces, 
terminarán por darse cuenta de que hay cierta relación entre ambos.  
 
  
 
Cuando uno se da vuelta, el otro a su vez también hace algo levemente 
distinto, pero que se corresponde; cuando uno mira de frente, el otro 
siempre mira de costado. Aunque no se perciba todo el panorama de la 
situación, se podría llegar a concluir que los peces deben estar 
comunicándose instantáneamente, pero está claro que no es el caso.  
 
  
 
Según Bohm, esto es precisamente lo que pasa entre las partículas 
subatómicas del experimento de Aspect. Lo que nos está señalando la conexión 
entre partículas subatómicas, aparentemente más rápida que la velocidad de 
la luz, es que hay un nivel de realidad más profundo del que no estamos 
exentos, una dimensión más compleja que la nuestra, análoga al acuario. 
Además, consideramos separados a objetos como las partículas subatómicas 
porque sólo estamos observando una porción de su realidad.  
 
  
 
Estas partículas no son “partes” separadas sino facetas de una unidad más 
profunda y fundamental que, en última instancia, es tan holográfica e 
indivisible como la rosa antes mencionada. Además, dado que todo lo que hay 
en la realidad física está compuesto por estos “espectros”, el propio 
universo en sí mismo es una proyección, un holograma.  
 
  
 
Además de esa naturaleza espectral, un universo como ese poseería otros 
rasgos más que perturbadores. Que la aparente separación entre las 
partículas subatómicas sea ilusoria supone que, en un nivel más profundo de 
la realidad, todas las cosas que hay en el universo están infinitamente 
interconectadas.  
 
  
 
Los electrones de un átomo de carbono de cualquier cerebro humano están 
conectados con las partículas subatómicas que componen cada salmón que nada, 
cada corazón que late y cada estrella que centellea en el cielo.  
 
  
 
Todo lo interpenetra todo y, pese a que la naturaleza humana pueda pretender 
categorizar, caracterizar y subdividir los diversos fenómenos del universo, 
todas las clasificaciones son necesariamente artificiales porque al final lo 
único que existe en la naturaleza es una red sin fisuras. 
 
  
 
En un universo holográfico ni siquiera el tiempo o el espacio pueden seguir 
siendo considerados como algo básico. En un universo en el que, en realidad, 
nada está separado de ninguna otra cosa, conceptos tales como la 
localización se quiebran; el tiempo y el espacio tridimensional, al igual 
que las imágenes del pez en las pantallas de TV, también deberían ser 
considerados proyecciones de un orden más profundo.  
 
  
 
En su nivel más profundo, la realidad es una especie de superholograma en el 
que tanto pasado como presente y futuro coexisten simultáneamente. Esto 
sugiere que, contando con las herramientas adecuadas, debería ser posible 
incluso que algún día se accediese a un nivel superholográfico de la 
realidad del que se obtuviesen escenas de un pasado remoto. 
 
  
 
La pregunta de qué más contiene el superholograma tiene un final abierto. 
Admitido en interés del argumento que el superholograma sea la matriz de la 
que ha surgido todo lo que existe en nuestro universo, y que, por lo menos, 
contendrá a todas las partículas subatómicas que hayan existido o existirán, 
contendrá todas las configuraciones posibles de materia y energía, desde los 
copos de nieve a los quásares, desde las ballenas azules a los rayos gamma. 
Debe ser considerado como una especie de almacén cósmico de “Todo Lo Que 
Es”.  
 
  
 
Pese a que Bohm concede que no tenemos manera de saber qué más pueda yacer 
oculto en el superholograma, se aventura a decir que no tenemos razón alguna 
para asumir que no contenga todavía más. O, como propone, quizás el nivel 
superholográfico de la realidad sea una “mera fase” más allá de la cual 
subyacería “una infinidad de desarrollo ulterior”.  
 
  
 
Bohm no fue el único investigador que encontró evidencia de que el universo 
es un holograma. Trabajando de manera independiente en el campo de la 
investigación cerebral, el neurofisiólogo de Stanford Karl Pribram también 
está convencido de la naturaleza holográfica de la realidad.  
 
  
 
Pribram fue atraído al modelo holográfico por el enigma de cómo y dónde se 
almacenan los recuerdos en el cerebro. Durante décadas, numerosos estudios 
han venido demostrando que los recuerdos, más que estar confinados en una 
localización especifica, se encuentran dispersos por todo el cerebro.  
 
  
 
En una serie de experimentos realizados en los años 20 del siglo XX que 
marcaron hitos en esta investigación, el científico del cerebro Karl Lashley 
descubrió que, independientemente de qué parte del cerebro de una rata 
extirpase, le era imposible impedir que ésta recordase cómo realizar tareas 
complejas que había aprendido con anterioridad a la cirugía. El único 
problema era que nadie podía presentar un mecanismo capaz de explicar esta 
curiosa naturaleza del almacenamiento de memoria del “todo en cada parte”.  
 
  
 
Ya en los 60, Pribram descubrió la holografía y se dio cuenta de que había 
encontrado la explicación que los científicos del cerebro habían estado 
buscando. Pribram cree que los recuerdos no están codificados en las 
neuronas ni en pequeñas agrupaciones de éstas, sino en patrones de impulsos 
nerviosos que van entrecruzándose por todo el cerebro de la misma manera que 
la interferencia de los patrones de luz láser van entrecruzándose por toda 
la superficie de un fotograma que contenga una imagen holográfica. En otras 
palabras, Pribram cree que el propio cerebro es un holograma.  
 
  
 
La teoría de Pribram también explica que el cerebro humano pueda almacenar 
tantos recuerdos en tan poco espacio. Se estima que el cerebro humano tiene 
la capacidad de memorizar del orden de 10 mil millones de bits de 
información durante una vida humana promedio (lo que equivale a la cantidad 
de información contenida en cinco colecciones completas de la Enciclopedia 
Británica).  
 
  
 
En la misma línea se ha descubierto que, aparte de sus restantes 
propiedades, los hologramas poseen una asombrosa capacidad para almacenar 
información; simplemente con cambiar el ángulo con el que chocan dos láseres 
en un fotograma de película fotográfica, es posible grabar muchas imágenes 
diferentes sobre la misma superficie. Está demostrado que un centímetro 
cúbico de película puede contener aproximadamente 10 mil millones de bits de 
información.  
 
  
 
Nuestra habilidad prodigiosa para recuperar con rapidez cualquier 
información que nos haga falta del gigantesco almacén de nuestros recuerdos 
sería más comprensible si el cerebro funcionase según principios 
holográficos. Si un amigo te pide que le digas lo que te venga a la mente 
cuando dice la palabra “cebra”, no necesitas transitar por intrincados 
atajos para recorrer algún tipo de gigantesco archivo alfabético cerebral a 
fin de llegar a una conclusión. En lugar de esto, saltan a tu mente de 
manera instantánea asociaciones como “rayas”, “equino” o “animal nativo de 
África".  
 
  
 
Verdaderamente una de las cosas más asombrosas relativas al proceso del 
pensamiento humano es que cada fragmento de información parece establecer de 
manera instantánea una correlación con algún otro (es decir, con todos los 
demás fragmentos de información), en lo que constituye otro rasgo intrínseco 
del holograma. Esto se debe a que cada parte de un holograma está 
infinitamente interconectada con cualquier otra parte del mismo, en lo que 
quizás sea el ejemplo supremo de la naturaleza de un sistema correlativo.  
 
  
 
El almacenamiento de memoria no es el único enigma neurofisiológico que se 
hace más abordable a la luz del modelo holográfico del cerebro de Pribram. 
Otro es cómo es capaz el cerebro de traducir la avalancha de frecuencias que 
recibe a través de los sentidos (frecuencias de luz, de sonido, etc.) en el 
mundo concreto de nuestras percepciones. Precisamente lo que mejor hace un 
holograma es codificar y decodificar frecuencias. De la misma manera en que 
el holograma funciona como una especie de lente, un dispositivo de 
traducción capaz de convertir un borrón de frecuencias, en apariencia 
carente de significado, en una imagen coherente, Pribram cree que el cerebro 
también contiene una lente y que utiliza principios holográficos para 
convertir matemáticamente las frecuencias que recibe a través de los 
sentidos en el mundo interior de nuestra percepciones.  
 
  
 
Un cuerpo de evidencia impresionante respalda el uso por parte del cerebro 
de principios holográficos para realizar sus operaciones. De hecho, la 
teoría de Pribram ha ido ganando un apoyo creciente entre los 
neurofisiólogos.  
 
  
 
El investigador ítalo-argentino Zucarelli extendió recientemente el modelo 
holográfico al mundo de los fenómenos acústicos. Intrigado por el hecho de 
que los humanos sean capaces de localizar la fuente de los sonidos sin mover 
la cabeza, aunque sólo tengan un oído, Zucarelli descubrió que los 
principios holográficos pueden explicar esta habilidad. 
 
  
 
Zucarelli también ha desarrollado la tecnología del sonido holofónico, 
técnica de grabación capaz de reproducir situaciones acústicas con un 
realismo sobrecogedor.  
 
  
 
La creencia de Pribram de que nuestros cerebros construyen una realidad 
matemáticamente “sólida” porque confían en los impulsos procedentes de un 
dominio de frecuencias dado también ha recibido una importante cantidad de 
apoyo experimental.  
 
  
 
Se ha descubierto que cada uno de nuestros sentidos es sensible a un rango 
de frecuencias mucho más amplio de lo que previamente se sospechaba.   
 
  
 
Los investigadores han descubierto, por ejemplo, que nuestros sistemas 
visuales son sensibles a las frecuencias de sonido, que nuestro sentido del 
olfato es una parte dependiente de lo que ahora se denominan “frecuencias 
cósmicas”, y que hasta las células de nuestro cuerpo son sensibles a un 
amplio rango de frecuencias. Tales hallazgos apuntan a que sólo en el 
dominio holográfico de la conciencia tales frecuencias son fragmentadas y 
clasificadas en percepciones convencionales.  
 
  
 
Pero el aspecto del modelo holográfico del cerebro de Pribram que más nos 
hace hervir la mente es lo que sucede cuando se lo conjuga con la teoría de 
Bohm. Porque si la concreción del mundo no es sino una realidad secundaria y 
en realidad lo que está “ahí” es un borrón holográfico de frecuencia y, si 
el cerebro también es un holograma que selecciona y extrae de ese borrón 
sólo algunas de esas frecuencias, transformándolas matemáticamente en 
percepciones sensoriales, ¿en qué se convierte la realidad objetiva?  
 
  
 
Por decirlo con sencillez, deja de existir. Como han señalado 
tradicionalmente las religiones orientales, el mundo material es Maya, una 
ilusión y, pese a que podamos pensar que somos seres físicos que se mueven 
por un mundo físico, esto también es una ilusión.  
 
  
 
En realidad somos “receptores” que van flotando por un mar caleidoscópico de 
frecuencias y lo que extraemos de ese mar y transcribimos como realidad 
física no es sino un canal más de los muchos extraíbles del superholograma.  
 
  
 
Esta nueva y chocante imagen de la realidad, síntesis de las perspectivas de 
Bohm y Pribram, constituye lo que se ha dado en llamar el paradigma 
holográfico y, pese a que muchos científicos lo hayan recibido con 
escepticismo, ha galvanizado a otros. Un grupo pequeño pero creciente de 
investigadores creen que este modelo de la realidad podría ser más exacto 
que el que hasta ahora nos ha aportado la ciencia. Es más, algunos creen que 
podría resolver algunos misterios que nunca antes pudieron ser explicados 
por la ciencia, instituyendo incluso lo paranormal como parte de la 
naturaleza.  
 
  
 
Numerosos investigadores, incluyendo a Bohm y a Pribram, han reparado en que 
numerosos fenómenos parapsicológicos resultan mucho menos incomprensibles 
bajo los términos del paradigma holográfico.  
 
  
 
En un universo en el que los cerebros individuales en realidad son partes 
indivisibles de un holograma superior y en el que todo está infinitamente 
interconectado, la telepatía consiste sencillamente en acceder al nivel 
holográfico.  
 
  
 
Obviamente así es mucho más fácil entender cómo puede viajar la información 
desde la mente de un individuo “A” a la de otro individuo “B” que esté en un 
punto muy distante y ayuda a comprender numerosos enigmas de la psicología 
pendientes de resolución. En particular, Grof opina que el paradigma 
holográfico brinda un modelo para entender muchos de los fenómenos más 
sorprendentes que experimentan los individuos durante los estados alterados 
de conciencia. 
 
  
 
Para más información sobre la naturaleza de la realidad holográfica, ver  
 
  
 
http://www.gaianxaos.com/holographic_reality_of_being.htm 
 
  
 
  
 
  
 
 
 
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