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Asunto:[mutantes] CEREMONIA DE LUZ (Sueño)
Fecha:Viernes, 25 de Noviembre, 2005  10:13:02 (-0600)
Autor:Gustavo Gonzalez Lewis <gglezl @..................mx>

CEREMONIA DE LA LUZ         (Sueño)


Estaba en un lugar extraño, era un lugar tropical y yo iba caminando por un
sendero, acompañada por el Chamán, vestido con su ropa ceremonial, sus
collares y llevaba colgado de un hombro, un morral de piel pequeño.  El me
iba explicando que yo había sido invitada esa noche para ‘observar’ pero no
para participar en la ceremonia que iba a realizarse.  Me dijo que era muy
importante, que era la Ceremonia de la Luz, y que se efectuaba una vez, cada
que en el cielo se formaba una alineación especial, que solamente ellos, los
chamanes, conocían.  De nuevo me repitió que era una ceremonia muy especial,
que solamente algunos tenían el honor de vivir y que yo era una invitada.



Realmente no sabía bien qué estaba haciendo ahí, pero acompañé al Chamán por
el sendero, a través de un bosque con impresionantes árboles, muy altos, con
troncos muy gruesos y la fronda de unos se unía con la de los otros,
formando una especie de cúpula.  Ahora casi había oscurecido, no se veía
casi nada cuando alguien le pasó al chamán una antorcha, que alumbró el
camino.



Llegamos a un espacio abierto en el que estaba reunida una gran multitud,
todos vestidos de blanco, con sus atuendos típicos de manta y sus mantas
bordadas para protegerse del frío.  En el centro habían dejado un amplio
espacio vacío y estaban preparados unos troncos para encender una hoguera.
En una de las orillas de ese espacio vacío, había unos petates que nadie
ocupaba.  Hacia allá nos dirigimos y el chamán me dijo que me sentara ahí y
no me moviera. Estás aquí solamente para observar, me repitió.



Entonces él y dos hombres empezaron a hablar, decían lo mismo, en un
dialecto y por supuesto no entendía lo que decían, pero ‘supe’ que invocaban
a Dios y a la Madre Tierra, a los hermanos elementales, para que bendijeran
la ceremonia y a todos los ahí presentes. Empezaron a danzar haciendo sonar
los cascabeles que llevaban en sus tobillos, a la vez que se empezaron a
escuchar unos tambores que marcaban el compás, de forma suave, muy rítmico.
Conforme iban girando, los hombres se iban uniendo a la danza, hasta que
sentadas solamente estábamos las mujeres.  Los tambores fueron bajando el
ritmo hasta desaparecer y los hombres se sentaron.



El Chamán y los otros dos hombres, volvieron a implorar la bendición de
todas sus deidades y volvieron a danzar, dando la vuelta como hicieron
anteriormente, invitando a las mujeres a unirse a la danza.  Los tambores
marcaban otro ritmo diferente y los pasos también eran diferentes, más
armoniosos, más suaves.  Al terminar, las mujeres volvieron a sentarse.



Repartieron unas velas y pidieron que no fueran encendidas sino hasta que el
Chamán lo indicara.  Esos tres hombres seguían recitando palabras y
caminando por todo el círculo, deteniéndose a veces ante alguien a quien le
daban a beber de una jícara, solamente un trago de un líquido lechoso y
espeso.



Volvieron a sonar los tambores llevando otro ritmo diferente, más vivo, más
fuerte y los tres hombres iniciaron la danza con más energía y hombres y
mujeres se unieron a ellos.  Esta danza era una combinación de fuerza y
suavidad, ellos mostraban pasos enérgicos y ellas, danzaban armoniosas.
Parecían sombras fantasmales danzando en el bosque.



El Chamán se detuvo un momento y encendió su vela: era la señal para que
todos encendiéramos la que teníamos en nuestras manos.  Todos los
asistentes, incluyendo los que danzaban, teníamos una vela encendida y en
ese momento, los tambores cambiaron el ritmo de nuevo, era más rápido, más
enérgico, más entusiasta y todos danzaban, dando vueltas en torno a los
troncos.  No sé cómo explicar la sensación que llegó a mí, sentía algo en mi
pecho, una especie de opresión ligera que detenía mi aliento, estaba como
esperando algo, un suceso especial.  Ellos seguían esa frenética danza, con
una energía extraordinaria, sin equivocar los pasos, sin perder el
equilibrio, sin detenerse, girando, girando... Le emoción se acumulaba en mi
corazón, mis sienes palpitaban y de pronto me sentí parte de ellos.  Ya no
estaba separada, ya no estaba sentada, ya no estaba observando.



Un grito del Chamán me hizo recuperar el control y seguir observando.  Las
velas fueron arrojadas a la hoguera.  Algunos se acercaron para encenderla
apropiadamente y pronto las llamas empezaron a verse entre los troncos.
Ellos seguían danzando, formando parte de la hoguera misma, como si fueran
llamas que bailaban, llamas azulosas, llamas amarillas o naranja, que
parpadeaban, bailaban, se unían y se separaban y volvían a unirse.



Cuando las llamas alcanzaban la altura de un hombre, los tambores aminoraron
el ritmo, la gente empezó a danzar más tranquilamente, hasta que tambores y
hombres se detuvieron... ellos cayendo rendidos al suelo.  Nadie se movía,
no se escuchaba ni un ruido, excepto el producido por el fuego majestuoso.



No sé cuánto tiempo pasó hasta que el Chamán se levantó y todos empezaron a
hacer lo mismo.  El Chamán se acercó a mí y me preguntó:  ¿Qué fue lo que
viste?

Le expliqué qué había visto y él me dijo: ¿Qué más?



Me quedé pensando y respondí: Es una demostración de qué somos, del poder
del sonido, del poder del movimiento, del poder de la luz, pero más que
nada, esta Ceremonia de la Luz es valiosa e importante porque no solamente
nos muestra que somos una chispa de luz, sino que al unirnos, unificarnos,
podemos ser una hoguera y tener toda la fuerza del Cosmos.  Al  unificarnos,
volvemos a ser UNO:



Entonces ve, me dijo el Chamán, y narra la historia.

Saludos cariñosos de Rita Calderón



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