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Asunto:[mutantes] Como una Pompa de Jabón - Historia Real - Noviembre 19 76
Fecha:Viernes, 14 de Mayo, 2004  12:53:02 (-0600)
Autor:Gustavo Gonzalez Lewis <gglezl @..................mx>

QUE TENGAN UN FELIZ FIN DE SEMANA.

Saludos cariñosos de Rita Calderón



De pronto sentí como si estuviera flotando, era una sensación extraña pero
agradable.  No tenía peso, era ligera y redonda.  Brillaba con luces de
colores por dondequiera que me viera.  Me sentía como una brillante,
transparente y colorida pompa de jabón, que se paseara bajo el sol.



Entonces me sentí atraída hacia un extraño túnel, con su entrada oscura.
Ahí se veían unas guías metálicas sobre paredes oscuras y hasta el fondo,
arriba muy alto, se veía una luz muy brillante. Quise entrar pero no estaba
segura...



Me quedé observando el material del túnel, que  en parte era brillante y en
parte color fuego.  El techo era oscuro o por lo menos desde donde yo me
encontraba, ya que no alcanzaba a verlo bien.  El piso, desde  donde yo
estaba  era liso, muy brillante y me imaginé que estaba un poco engrasado,
como  para que pudiera  deslizarme por él muy suave y rápidamente.



No supe en qué momento exactamente me dejé seducir por la curiosidad y entré
al túnel. Empecé a  sentir en mi estómago una especie de vacío, como el que
se produce cuando se baja vertiginosamente, sólo que yo iba subiendo.  Era
yo solamente una bola de luz que flotaba, no era sólo mi cabeza sino toda yo
y flotaba,  me sentía brillar y me sentía muy ligera, como si no tuviera
ningún peso.  Me sentía y me veía como una luminosa pompa de jabón.



Iba a gran  velocidad al principio y en seguida disminuyó, ya podía ver más
claramente no sólo las luces brillantes y el colorido opaco del túnel.
Ahora podía ver personas... personas que se encontraban en el túnel, en
ambos extremos pero no podía ver cuántas eran o qué hacían.  Al flotar veía
a las personas difusas y sus voces me llegaban como de muy lejos.  No podía
calcular qué distancia había entre ellas y el lugar en donde yo flotaba.
Nada de eso me perturbaba, pues estaba en un estado de tranquilidad y
aceptación que me extrañaron.  ¿Qué estaba sucediendo?



Tenía una extraña sensación como de no estar.  No me sentía, era yo pero no
tenía cuerpo, ni peso, ni sentía ninguna emoción excepto quizá curiosidad.
¿A dónde me conduce este túnel y quiénes son las personas que están allá
arriba? Empecé a sentir euforia, alegría y mucha paz y cada vez brillaba
más.



Me iba acercando a la luz y conforme lo hacía, me sentía todavía más llena
de júbilo, muy feliz.   Era tan agradable... y entonces escuché con claridad
que alguien me decía:



-No, regresa, todavía no te corresponde... tienes que regresar.



En ese éxtasis en el que me encontraba, no sentía ningún deseo de regresar.
Quería seguir adelante, hacia la luz.



-No, no sigas; tienes que volver allá abajo.



Entonces vi a quien hablaba, era una tía muy querida que había fallecido
recientemente.   La observé y me dije: no puede ser tía Pompy, porque ella
ya no está con nosotros.



Ella insistió con más energía:



-Rita, qué no te acuerdas de tus hijos?  No puedes seguir, tienes que
regresar con ellos.



Sentí como un golpe en la parte de la nuca y como si se me hubiera escapado
el aliento y exclamé:



-¡Mis hijos!  Tengo que regresar...  y en ese instante,  sentí un fuerte
tirón que me hizo empezar a bajar por el túnel.  Ahora iba más rápidamente y
volví a sentir vacío en el estómago.



Estaba en medio de una luz tenue y me di cuenta de que estaba flotando en la
sala de operaciones.  Un doctor anotaba algo en un expediente, mientras que
otro recogía y contaban el instrumental, junto con una enfermera.  Un tercer
doctor, creo que el anestesiólogo, estaba  haciendo algo en una esquina y
les decía a los otros:



-Les traje dulces de Silao, los tengo en el coche y en cuanto pueda me
escapo para recogerlos.



Mientras tanto, me acerqué al médico que escribía y vi que ponía: Hora de
Defunción  - 11:10  y empezaba a escribir algo debajo.    ¿Hora de
Defunción? ¿De quién?



Giré la cabeza para ver quién estaba en la mesa de operaciones y  era yo que
estaba sobre la plancha.  Estaba ahí acostada y entonces exclamé: ¡Pero si
yo no estoy muerta!



De pronto, sentí otro fuerte tirón y como si hubiera sido ‘engullida’ por
algo.  Como si una especie de sifón se hubiera formado y me hubiera atraído
y pude darme cuenta que estaba en mi cuerpo, había entrado de nuevo. ¡Estoy
en mi cuerpo, puedo sentirlo! Y lancé un fuerte  suspiro y aunque mantenía
los ojos cerrados,  sentí la presencia de alguien que se había acercado y
me decía:



-Señora, qué susto nos dio, pensamos que la habíamos perdido.



Era el doctor que había estado escribiendo y que al oírme suspirar, se
acercó para ver qué sucedía.   Los muertos no suspiran y tampoco abren los
ojos.



En ese momento pude decirle al doctor lo que me había pasado y cómo había
oído sobre los dulces que el otro médico había traído de Silao, todavía en
broma dije que yo también quería.  Asombrados, se habían acercado a mí y la
enfermera tomaba mis signos vitales, mientras que el primer médico, el
cirujano, me auscultaba.



-Señora, está usted muy bien –dijo el cirujano-.  Ni siquiera vamos a
pasarla a Recuperación, sino que la llevarán a su cuarto en un momento.   Se
acercó a donde estaba el expediente y arrancó la última hoja y entonces
dijo:-  ¡Qué bueno es tenerla de vuelta con nosotros!



La comprensión de lo que había sucedido me llegó poco a poco y todavía estoy
asimilando mis sentimientos así como agradeciendo a Dios por la oportunidad
de regresar para cuidar de mi familia.  Y pude comprobar que nadie se va
antes de tiempo, sino cuando es el momento que  Dios ha decidido.

Saludos cariñosos de Rita Calderón





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