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Asunto:[mutantes] Discursos apocalípticos de Jesús.
Fecha:Miercoles, 25 de Febrero, 2004  18:15:39 (+0100)
Autor:José García Álvarez <jogalvarez @..........net>

  
Discursos apocalípticos de Jesús. 
  
 
  
 
Ahora, han vuelto a ser perseguidos como en tiempos ya pasados, pero son mis
sandalias y estandartes. Yo deposito de nuevo en ellos mi confianza y allí donde
estén, iré. Les daré ánimo, paz y empuje, para terminar su trabajo. Pronto, muy
pronto, será lo que ha de ser y pasará lo que ha de suceder. 
 
                                                                 JESÚS 
 
  
 
  
 
  
 
Mucho antes de que Juan escribiera su Apocalipsis en la isla de Patmos, y en los
últimos días de la predicación de Jesús el Cristo, éste revelará a sus discípulos
una serie de hechos futuros que sucederían al final de esta Generación. El
objetivo de estas manifestaciones era que estuvieran preparados y alerta para no
dejarse sorprender por los acontecimientos que sucederían en vísperas del cambio
de Ciclo del planeta Tierra. 
 
  
 
Estas revelaciones están contenidas en los Evangelios. Con una transcripción
parecida en los de Mateo, Marcos y Lucas. El de Juan no contempla este discurso,
pero sí la promesa de los Consoladores, los Espíritus de la Verdad, que ya han
manifestado su presencia en los tiempos actuales, y sobre todo, en las últimas
décadas, han recordado a los seguidores de Cristo todo lo que Él dijo, guiándoles
a toda la verdad y anunciándoles las cosas venideras. También han argüido al
mundo con respecto al pecado, a la justicia y al juicio. Pero, el mundo no ha
querido escuchar, reflexionar y rectificar, y sólo unos pocos han creído que
estos "Abogados" sean los Ángeles Extraterrestres. 
 
  
 
Los Discursos Apocalípticos de los Evangelios confirman las vicisitudes
postreras de esta Humanidad decadente, reflejadas por Juan en su libro profético,
y la mayoría de las profecías predichas por Jesús ya se han cumplido. Sólo quedan
unas pocas, prontas a realizarse, en el inmediato porvenir. 
 
  
 
  
 
La interpretación global: 
 
  
 
           Es evidente que, cuando Jesús les dijo que no quedaría piedra sobre
piedra del templo de Jerusalén, sus discípulos quedaron intrigados. Prueba de
ello es, que algunos de ellos aprovecharon un aparte para preguntarle al Maestro,
cuándo sucedería eso y cuál sería la señal de su venida y del fin del mundo. 
 
  
 
Jesús amaba mucho a sus discípulos, y sabiendo que todos ellos iban a reencarnar
en el siglo XX, no quería que ninguno se perdiera porque alguien lo engañara,
como sucedería con muchos. Les dio, pues, una serie de señales e indicaciones,
correspondientes a unos hechos ubicados en los Tiempos Finales, y en las vísperas
del final del Ciclo de este planeta. En las fechas en que se revisan estas
líneas, ya han sucedido casi todos, y los pocos que quedan, están prontos a
suceder. 
 
  
 
Véanse los hechos predichos como señales y su correspondencia en el devenir de
este siglo, próximo a terminar:  
 
  
 
  
 
1ª SEÑAL: "Oirían hablar de guerras y se levantarían pueblo contra pueblo y
reino contra reino". 
 
  
 
          Ya han tenido lugar guerras grandes, guerras pequeñas, otras muchas de
entidad menor, de las que apenas hay rumores, porque los medios informativos no
las consideran importantes para su audiencia o los reporteros no pueden llegar o
informar, pero que no dejan de producir multitud de víctimas cotidianamente.  
 
  
 
Es verdad que la guerra, desgraciadamente, ha sido frecuente en toda la historia
de la Humanidad, pero, también es cierto, que en el transcurrir del tiempo, este
disparate sangriento ha ido aumentando en cantidad, intensidad y generalidad. El
deseo acuciante de este espécimen loco y homicida ha sido, permanentemente, el de
poseer armamentos cada vez más mortíferos, sofisticados y totalmente eficaces,
para hacer más grandes a los enemigos las destrucciones y mortandades. 
 
  
 
En el siglo XX, el progreso tecnológico ha conseguido un salto espectacular en
la capacidad bélica de matar y destruir. Ahí están las dos Guerras Mundiales, de
1914 y 1939, para demostrarlo. Dentro de este drama secular planetario, donde
aniquilar bélicamente al prójimo se ha convertido en una práctica habitual, se
marca un hito, de ninguna manera permisible por la paciencia cósmica, cuando, en
1945, uno de los espíritus satánicos que lidera una de las cabezas de la Bestia,
el presidente Truman, decide el lanzamiento sobre Hiroshima y Nagasaki, dos
indefensas ciudades japonesas, de un nuevo armamento terriblemente devastador: la
bomba atómica. Las llagas eternas de estos holocaustos, marcan el comienzo del
tiempo humano, en el que esta generación perversa ya tiene el poder aniquilador
suficiente para destruir la célula del Cosmos en la que habita y perjudicar
seriamente a las otras que la rodean. Y eso, no puede aceptarlo, ni puede
consentirlo la Justicia Divina. Hasta entonces, "aún no era el fin" de esta
humana gente, según las palabras de Cristo a sus discípulos, pero, a partir del
estallido nuclear, comenzó el devenir de su final. 
 
  
 
Después de la Segunda Guerra Mundial, el rugido de las armas no ha dejado de
sonar, "levantándose pueblo contra pueblo y reino contra reino". Hasta llegar al
año 2.004, mucha sangre se ha derramado en la 2ª mitad del siglo XX y comienzos
del XXI, en los suelos griegos, coreanos, centroamericanos, vietnamitas, afganos,
libaneses, iraníes, iraquíes, soviéticos, palestinos, egipcios, sirios, etíopes,
somalíes, malvinos, bosnios, entre otros muchos. Multitud de conflictos, de mayor
o menor tamaño, más o menos conocidos por la opinión pública, originados por
problemas entre países colindantes, por enfrentamientos religiosos, por motines
raciales, por reivindicaciones territoriales, por deseos independentistas o por
supuestas "limpiezas étnicas". Con crueldades psicológicas increíbles. Y todavía
habrá más "levantamientos de unos contra otros", como dijo Jesús, que
desembocarán, irremediablemente, según se ven las tendencias y contemplan las
profecías, en una Tercera Confrontación Planetaria a corto plazo, de terribles
consecuencias, y que agotará la paciencia de Dios. Como dice cierto refrán: "a la
tercera va la vencida". El hombre insensato de este mundo desdichado tendrá que
enfrentarse a los efectos que ha producido con su proceder equivocado. Y ese será
su fin. 
 
  
 
  
 
2ª SEÑAL: "Vendrían muchos usurpando el nombre de Cristo y engañando a muchos". 
 
  
 
          Así ha sido. El siglo XX los ha contemplado a centenares. Numerosos
han surgido en todos los rincones del mundo, encabezando sectas, fundaciones,
comunidades, doctrinas variopintas y pseudoreligiones. Algunos produciendo
espantosas masacres, asesinatos o suicidios colectivos, que han horrorizado al
mundo. Otros, influyendo sobre las mentes, sobre las conciencias, sobre las
economías de millones de incautos que han caído en sus redes satánicas,
convirtiéndose en simples marionetas de sus fines inconfesables. Los falsos
Mesías han pululado, aún pululan y durante ya poco tiempo pulularán sobre la
tierra, montando escenarios con grandes farsas y espectáculos aparentemente
prodigiosos, concentraciones y aglomeraciones de masas, con los que han captado y
captarán grandes cantidades de adeptos a los que seguirán engañando y lavando el
cerebro hasta el último día. 
 
  
 
Llegado un momento determinado, cae la careta, y los prosélitos, descubierta la
impostura, han comprobado y comprobarán que son farsantes, no teniendo ya a qué
aferrarse. Sobre todo, los seguidores del Falso Profeta, con mayúscula, que
pronto mostrará su verdadera cara. Pero, ¡bien!, porque así aprenderán. 
 
  
 
Cristo sabía de su facilidad de palabra y su poder de sugestión. Por ello,
alertó a sus discípulos, haciéndoles ver que, en su última reencarnación al final
de los tiempos, cuando estarían esperando Su llegada, deberían estar vigilantes y
no confundirse, pues muchos impostores pretenderían hacerse pasar por Él. Como
precaución, no debían ir a ningún lugar donde les dijeran que Él estaba, ya que
su venida sería inconfundible, fulminante y esplendorosa, como después se verá,
tras las señales anunciadas. 
 
  
 
  
 
 3ª SEÑAL: "Habría hambre y terremotos en diversos lugares". 
 
  
 
Basta con echar mano de las estadísticas, para comprender que esta 3ª señal ha
sido y es de una operancia innegable en estos tiempos apocalípticos. Desde los
comienzos de este siglo, por culpa de las guerras, de la sequía, de las plagas,
de la superpoblación, del acaparamiento egoísta de los países ricos en perjuicio
de los pobres, el hambre ha ido creciendo por todo el planeta. A tal extremo ha
llegado la escasez que, a finales de los años 80, se calculó que en el mundo sólo
quedaban existencias de cereales para 58 días. China, por ejemplo, padecía una
sequía terrible, y contemplaba la posibilidad de que el hambre se extendiera por
todo el país. En la Europa del Este y Rusia se racionaban los alimentos y Estados
Unidos perdió un tercio de sus cosechas. 
 
  
 
En Latinoamérica, en la mayor parte de Asia y África, hace tiempo que las
hambrunas son endémicas. Se calcula que 60 millones de personas murieron de
hambre a comienzos de los años 90, y que, ahora, finalizando esa década, cada día
mueren 40.000 bebés en los países subdesarrollados, por falta de alimentos. Y
esto no es nada, comparado con los índices que habrá en los años venideros, tras
haber estallado la Tercera Guerra Mundial. 
 
  
 
En cuanto a los terremotos, se ha ido registrando en estos Tiempos Finales una
creciente actividad sísmica. Y los temblores han ido ganando en intensidad. Desde
1950 a los días que corren, la cifra de grandes terremotos, de índices superiores
a 6 grados en la escala de Richter, casi se han triplicado con respecto a los
producidos en la 1ª mitad del siglo XX. 
 
  
 
Después del terremoto de Agadir, en Marruecos, con 10.000 muertos, el de Chile
con 7.000 víctimas, ambos en 1960, y el de Turquía, de 1.966, con cerca de 6.000
muertes, en los últimos 30 años, se han registrado en el mundo cerca de 40 de los
llamados "seísmos asesinos", causantes de más de un millar de víctimas. Al de
mayo de 1970, devastador de la región peruana de Chimbote, que, con una magnitud
de casi 8 grados, mató 70.000 personas, le siguió el de Guatemala, en febrero de
1976, con 7 grados y medio y la muerte de 25.000 habitantes. Tras el de mayo, en
la región italiana de Friuli, con miles de muertos, decenas de miles de personas
sin hogar y pérdidas materiales de cien mil millones de dólares, en julio de ese
mismo año, un gigantesco temblor, de casi 9 grados de índice, destruyó una amplia
región de China, causando cerca de un millón de muertos, y en noviembre, Turquía
también sería probada, con un saldo de más de 5.000 víctimas mortales. En 1977
hubo terribles temblores en Rumania, en Japón, en Irán, en Europa Oriental y en
Guadalcanal (Islas Salomón), con saldos elevados de víctimas. Irán padeció un
terremoto de 7'7 grados en septiembre de 1978, con una cuenta provisional de más
de 25.000 muertos. Los años sucesivos registraron movimientos importantes en
diversos lugares del globo, hasta que, en septiembre de 1985, un violento seísmo
de 7'9 grados, que afectó a México capital, causó más de 20.000 muertes y
gravísimos daños materiales. Más tarde, en diciembre de 1988, Armenia se vio
sacudida por un fuerte temblor de más de 7 grados, que mató cerca de 70.000
personas. Otra vez Irán, en 1990, vio perder la vida a 55.000 seres humanos, tras
un seísmo de 7'8 grados, tras una cadena de 2.500 temblores en una semana,
habidos en el Japón el año anterior, como una repetición de los 17.000 terremotos
menores habidos en suelo japonés, en 1988, en el espacio de 48 horas. 
 
  
 
En la década de los 90, la tierra no dejó de temblar, y muchos lugares
conocieron los efectos de sus sacudidas, como Pakistán, China, India, Egipto,
Nicaragua, Colombia y Turquía. Ayer, 24 de febrero del 2.004, tuvo lugar el de
Alhucemas, terrible desastre entre otros que han dejado sentir su potencia en los
primeros años de este tercer Milenio. Y todo esto no ha sido "nada más que el
principio de los dolores". En los días que restan para el final de esta
Generación, se incrementarán los temblores devastadores, alcanzando algunos,
magnitudes increíbles en la escala de los grados, como los que arrasarán la
región de Los Ángeles, San Francisco, Nueva York y otras populosas ciudades, con
la muerte masiva de millones de seres. De aquí a poco, se producirán los
terremotos más grandes que jamás se hayan visto. 
 
  
 
Indudablemente, el Cristo dio a sus discípulos unas señales muy claras. 
 
  
 
  
 
4ª SEÑAL: "Habría también pestes, apariciones terroríficas y en el cielo grandes
prodigios". 
 
  
 
          La peste es una enfermedad epidémica que causa gran mortandad. Esto es
sabido. Al aludirla en plural, Jesús indicó, sin duda, la proliferación de
enfermedades infecciosas en los tiempos finales, como una más de las señales a
tener en cuenta por sus discípulos. 
 
  
 
Es ostensible que, en la 2ª mitad del siglo XX, el mundo se ha ido dirigiendo,
paulatinamente, hacia una crisis de la salud pública, y sobre todo en los últimos
25 años, han aparecido más de 40 enfermedades nuevas, como el ébola, el SIDA,
diversas clases de hepatitis y diferentes virus potencialmente mortales, además
del resurgimiento de antiguas enfermedades infecciosas como el cólera, la
tuberculosis, la difteria, la malaria y otras. Y lo peor es que, prácticamente,
la mayoría de los agentes patógenos son resistentes a los tratamientos con
medicamentos e incluso, a algunos antibióticos. 
 
  
 
Según algunas estadísticas, totalmente fiables, en 1995, por ejemplo, de los
casi 60 millones de muertes ocurridas en el planeta Tierra por diferentes causas,
más de una tercera parte fueron provocadas por esas "pestes". La comunidad
internacional, que en las décadas anteriores había llegado a una complacencia
fatal, guiada por el optimismo de que muchas de esas enfermedades infecciosas
podrían ser controladas muy fácilmente, se encuentra ahora, en el año 2.004, con
el hecho inquietante de que, las enfermedades emergentes, amenazan seriamente la
salud de esta Generación.  
 
  
 
Cristo lo señaló y ahora el tiempo lo ha confirmado. Es un hecho tan real e
innegable en los días que corren, como las "apariciones terroríficas" y los
"grandes prodigios" en el cielo. Porque, es evidente que esta generación
actual está viviendo acontecimientos y viendo manifestaciones jamás vistos ni
vividos antes por la Humanidad. Sólo es preciso conectar el televisor o recurrir
a otros medios de información, para comprender que ésta es la época de las
visiones terroríficas, con el culto a las escenas que consagran la violencia, el
terror, el crimen, las drogas, la delincuencia, el odio, la deshumanización, la
degeneración generalizada y la inversión de todos los valores morales y éticos.
Hoy existe el predominio de todo lo que siempre ha aterrado al ser humano,
fomentado por una ciencia sin consciencia, ni conciencia, que ha extendido su
jurisdicción hasta el mismo cielo, donde los "prodigios" de la técnica, con sus
ingenios científicos, han iniciado el dominio del espacio con la intención
malsana de agredir a la Tierra. Y es que, como dijo el Maestro de Maestros, "la
maldad creciente ha enfriado la caridad de los más". 
 
  
 
Sin duda, los discípulos de Jesús han podido comprobar ya esto que Él dijo
entonces. Como saben también que "el que persevere hasta el fin, ése se salvará".

 
  
 
  
 
5ª SEÑAL: "Ellos serían perseguidos, torturados, muertos y odiados por todos los
pueblos, por ser verdaderos cristianos". 
 
  
 
           Eso, también se ha cumplido. Como los que antes fueron, ahora son,
durante décadas, desde el comienzo de los tiempos apocalípticos, los discípulos
reencarnados del mismo Maestro de antaño, el Cristo, han seguido haciendo lo que
Él les enseñó. Esta quinta señal, que Él les dijera, la han comprobado en sus
propias carnes. Les han perseguido, mofado, ridiculizado, escarnecido, negado su
Verdad. Muchos de ellos han sido y serán torturados; otros, muertos y odiados por
todos a causa de que sus palabras irán en contra de los intereses mezquinos de
los que se complacen en ser ciegos y sordos.  
 
  
 
Todos los Justos han sido víctimas de todo tipo de persecuciones, incluso por
parte de sus familiares y amigos más allegados. Muchos, como el Profeta de
Sicilia, Eugenio Siragusa, el nuevo Apóstol de los tiempos postreros y embajador
sublime de los Extraterrestres Angélicos, calumniado, encarcelado y vituperado,
sólo por extender el Amor y la Verdad. Otros morirán, como los dos Testigos
gloriosos del Señor, asesinados por la sola causa de regalar el Bien y difundir
la necesidad de rectificación ante el Final que se aproxima. Pero, pronto, Dios
testimoniará de ellos, y tendrán que reconocerlo todos aquellos que no han
creído, se han mofado o los han perseguido. Ellos son, como entonces fueron,
sandalias y estandartes de Cristo, y allá donde estén Él irá a buscarles y serán
con Él, UNO, en el camino. Pronto, muy pronto será lo que ha de ser, y pasará lo
que ha de suceder. 
 
  
 
6ª SEÑAL: "El Evangelio se predicaría en el mundo entero, en testimonio para
todas las naciones, y entonces vendría el fin". 
 
  
 
Esta señal también se ha cumplido. La Biblia, conteniendo los Evangelios, es el
libro más extendido por el mundo en los años transcurridos durante el siglo XX,
especialmente en su segunda mitad. Es raro que quede sobre la tierra un solo
lugar donde no se conozca la Buena Nueva de la próxima instauración del Reino de
Dios sobre la Tierra. Y si aún lo hay, no tardará en llegar un misionero con su
texto evangélico bajo el brazo. 
 
  
 
Como también han llegado los mensajes de los Consoladores, los Abogados del
Cielo, amonestando sobre el pecado, la justicia y el Juicio, vía Eugenio
Siragusa, el gran profeta y mensajero de Sicilia, que, con su movimiento
mesiánico "Fraternidad Cósmica", durante las últimas décadas de este siglo, ha
hecho llegar la Verdad cósmica, y toda la Verdad evangélica, hasta los más
recónditos rincones de este orbe, mediante sus famosos Boletines, plenos de
sabiduría universal. Esto, antes de ser perseguido y maltratado por la inducción
de los que son lobos bajo la piel de cordero. 
 
  
 
Los hombres de esta Humanidad, ciega, sorda y descreída, ya no podrán decir "No
lo sabía". 
 
  
 
  
 
7ª SEÑAL: "Habría señales en el Sol, en la Luna y en las estrellas". 
 
  
 
Será la última señal que tendrán como referencia sus discípulos, antes de la
inmediata venida de Jesús. En el tiempo en que estamos, es ya un hecho inminente.
Transcurriendo el desarrollo de la última gran prueba para la Tierra, la Tercera
Guerra Mundial o tercer ¡Ay! apocalíptico, que producirá una tribulación tan
grande como no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la volverá a
haber. Llegarán en fechas próximas a ser tan altos los niveles de angustia y
exterminio, que si el Señor no acortara los días venideros, nadie se salvaría;
pero, en atención a los Elegidos, lo hará. 
 
  
 
El Sol se pondrá negro como un saco de crin, la Luna entera como sangre, y las
estrellas del cielo caerán sobre la tierra, como una higuera suelta sus higos
verdes, cuando es azotada por un viento fuerte. Eso dice Juan, en la apertura del
6º Sello de su Apocalipsis. Y eso dijo Cristo a sus Apóstoles. Ambas luminarias
perderán su resplandor y artefactos espaciales caerán sobre la superficie del
planeta, antes de que el mapa del cielo cambie su panorámica y sus columnas se
tambaleen después, cuando el Eje de la Tierra varíe su posición. En el momento
que los discípulos vean todas esas cosas, en un tiempo ya próximo, sabrán que su
Maestro Jesús ya está muy cerca, a las puertas. La tierra y el cielo ofrecerán
otra vista diferente en el momento en que acabe esta generación, y sus anteriores
estructuras pasarán al recuerdo, pero las palabras del Hijo del hombre no
pasarán. Todo tendrá cumplimiento. 
 
  
 
. . . . . . . . . . 
 
  
 
            Bien, aparte de estas 7 grandes señales, totalmente identificables
en el devenir de este tiempo, hay otros 7 signos o avisos dignos de tener en
cuenta, completamente actualizados, o casi, a saber: 
 
  
 
a)     Se escandalizarán muchos ante la corrupción generalizada en todos los
sectores de la sociedad: la política, la banca, las religiones, el deporte, las
inmoralidades de famosos, los adulterios de grandes figuras, etc. 
 
b)     Muchos se traicionarán y se odiarán mutuamente. La traición y el odio
están ya a la orden del día, de manera mutua y generalizada, en todas las
parcelas de las relaciones sociales. Odios y traiciones entre razas, países,
familias, esposos, amigos, socios, partidos y empresas... 
 
c)     Se verá a Jerusalén rodeada de ejércitos enemigos que causarán su
desolación. Sucederá pronto. 
 
d)     La abominación desoladora, predicha por el profeta Daniel, estará
instalada en el lugar santo. ¿Qué mayor abominación puede haber que la cometida
por aquél que, siendo reencarnación de Satán, se quiere hacer pasar por Cristo,
por el mismo Dios? Pronto se verá. 
 
e)     Se oirá el clamor y la angustia de las naciones, inquietas por el
estruendo del mar y de sus olas, expirando de terror y de ansiedad los hombres
por lo que le sobreviene al mundo. 
 
f)       Entregarán a la muerte hermano a hermano, padres a hijos e hijos a
padres. ¿Qué decir de los fratricidios, parricidios e infanticidios tan
frecuentes en los días de hoy, los abortos con los que los padres matan a sus
hijos, la eutanasia con la que los hijos ponen fin a la vejez de sus padres?
¿Acaso no es un hecho cotidiano ya? 
 
g)     En aquel tiempo, las mujeres encinta serán desdichadas. Ese "aquel
tiempo" es hoy, cuando los hombres perversos han edificado desventuras que destruyen la
vida ya desde su comienzo. Porque han saturado el aire de venenos y contaminado
de tal modo el agua y la tierra, que ya les falta la pura fuerza vital. Porque
las simientes de los hombres han sido degeneradas por dinamismos negativos, y en
el vientre de las mujeres ya no existen los adecuados equilibrios naturales de la
fecundación, capaces de crear y edificar la salud del cuerpo y la inmunidad
contra los males, que, genéticamente, se transmiten de padres a hijos,
ampliándolos cada vez más con cínica irresponsabilidad. Porque las drogas y todas
las aberraciones que se practican han debilitado las estructuras portadoras de la
vida, identificada con la Inteligencia Creadora, a quien los hombres llaman Dios.

 
Por esta última señal, por este crimen abominable, y sólo ya por éste, esta
generación merece desaparecer y ser sustituida.  
 
  
 
          Estamos viviendo ya el conflicto terminal de Palestina, en plena
efervescencia de "Paz y seguridad", que cada día más se desvanecen, hasta que, de
pronto, sobrevendrá la ruina, como en su día anunciara Pablo. En fechas ya muy
cercanas los israelitas andarán muy trastornados, porque serán días de venganza
para que se cumpla todo lo que está escrito. 
 
  
 
La primera pregunta de los Apóstoles: "¿cuándo ocurrirá esto?", queda contestada
por las señales anteriores, la mayor parte de las cuales ya las han podido
contemplar, los discípulos vivientes hoy sobre la tierra. 
 
  
 
La segunda pregunta: "¿cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?",
marca el momento culminante, al final de las tribulaciones ya nombradas, tras el
defecto luminoso apreciado en el Sol y en la Luna. Entonces aparecerá en el cielo
la señal del Hijo del hombre, La Cruz (no somos pocos los que ya hemos visto
cruces luminosas en diversos lugares de los cielos del mundo), y muchos serán los
que darán gracias a Dios, y más aún los que quedarán absortos de estupor,
sobrecogidos de terror. Y, unos y otros, verán al Hijo del hombre venir sobre una
"nube" (léase nave) con gran poder y majestad, en una aparición llena de
gloria y esplendor. Cientos y cientos de naves tripuladas por Seres Angélicos (a
los que tantos llaman Alienígenas) acompañarán a Aquél cuyo Reino no es de este
mundo, que ya habrá dado el aviso por medio de sus Ángeles Extraterrestres, para
reunir a todos los Elegidos que se encuentren bajo todos los cielos del mundo. 
 
  
 
Aunque es verdad que Cristo dijo que el día y la hora exactos de esta venida
sólo el Padre los sabía, nada hay escrito sobre que nadie pudiera saber la época:
ÉSTA. En la que va a suceder lo mismo que en los tiempos de Noé, en los días que
precedieron al Diluvio. Ya estamos, como quien dice, "con el agua al cuello", y
sólo se piensa en el disfrute desordenado de los placeres de la materia. Y los
seres inconscientes e irresponsables de esta generación no se darán cuenta, hasta
que la venida de Jesús les cogerá por sorpresa, y ya será tarde. Luego vendrá el
llanto y el crujir de dientes. 
 
  
 
Así se dijo, así está escrito y así será.  
 
  
 
  
 
Los Consoladores: 
 
  
 
Cristo reveló claramente a sus discípulos, que en la Casa del Padre, el Cosmos,
había muchos lugares habitados, muchas moradas donde poder vivir, y que Él iba a
dar las instrucciones para que fuera preparado el sitio al que serían llevados
los Elegidos, por medio de la gran cosmonave "La Nueva Jerusalén", una vez que,
tras los acontecimientos derivados de la alteración del Eje terrestre, el planeta
Tierra permanecería un tiempo, inhabitable. 
 
  
 
Antes de que este desenlace tuviera lugar, Él rogaría al Padre para que les
enviara un grupo Consolador, un conjunto de Abogados defensores celestiales, que
estarían protegiéndoles, ayudándoles, enseñándoles y aconsejándoles siempre,
hasta el final, y cuyas enseñanzas el resto del mundo no podría recibir, pues, ni
creerían en su existencia, ni estarían preparados para ello. 
 
  
 
Estos Defensores, Guías o Maestros Cósmicos, les enseñarían todas las cosas que
antes no había sido posible, porque no tenían la preparación suficiente para
poderlas asimilar, y les recordarían todo aquello que Él, Jesucristo, les había
dicho, reconfortándoles y dándoles constante ánimo, sobre todo en aquellos
momentos en que las pruebas les serían muy difíciles de superar por su dureza.
Pruebas que vendrían, en su mayoría, de un mundo que les odiaría como le habían
odiado a Él, puesto que, como Él, no pertenecían a ese mundo, que sólo les
hubiera acogido y estimado si hubieran tenido una línea de conducta similar a la
de la mayoría de sus moradores. 
 
  
 
Los Abogados Celestiales o Consoladores enviados por el Padre Creador, a los que
el mundo ha llamado y llama "Extraterrestres, Alienígenas o Marcianos", han dado
testimonio de lo dicho por Cristo, década tras década, en estos Tiempos Finales y
todos, sin excepción ni excusa, han escuchado sus palabras, transmitidas por el
incansable siciliano Eugenio Siragusa. Han amonestado a los moradores de la
tierra por haberse olvidado del Padre Creador y haber caído en el pecado. Han
advertido de la proximidad de la Justicia Divina y de la inminencia del Juicio
Final, en el que todos serán juzgados por sus obras, incluyendo al Príncipe de
este mundo, Satanás, y a sus secuaces. Y han fortalecido, amado e instruido (aún
lo hacen y lo harán) a los auténticos hijos de Dios, guiándoles hasta la Verdad
completa, y anunciándoles las cosas venideras. 
 
  
 
Como siempre, se cumple lo dicho por Cristo. Sus discípulos, vivientes en estos
tiempos de agonía planetaria, lloran y gimen, mientras el mundo goza. Sus Almas
se entristecen al contemplar tanta maldad; pero, pronto, su tristeza se cambiará
en alegría: Cuando verán venir a su Señor. 
 
  
 
Aquel día, ya no le preguntarán nada a su Maestro, porque tendrán todas las
respuestas. 
 
 
 
Que la Paz sea con todos vosotros. 
 
José García Álvarez 
 
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