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Asunto:[mutantes] El desarrollo espiritual
Fecha:Miercoles, 1 de Octubre, 2003  00:13:27 (EDT)
Autor:LiebeLicht <LiebeLicht @...com>

El desarrollo espiritual 
 
 
Extraído de: WILBER, Ken: Diario, Ed. Kairós 
 
  
 
 
Existen cuatro estadios o fases del desarrollo espiritual, la creencia, la  
fe, la experiencia directa y la adaptación permanente; dicho de otro modo; uno  
puede creer en el Espíritu, uno puede tener fe en el Espíritu, uno puede  
experimentar directamente el Espíritu y uno puede devenir Espíritu.  
 
1. La creencia es el primer (y, por consiguiente, el más común) de los  
estadios del desarrollo espiritual. La creencia requiere imágenes, símbolos y  
conceptos y, en consecuencia, suele originarse en el nivel mental. Pero el  
desarrollo de la mente atraviesa distintas fases -mágica, mítica, racional y  
visión-lógica-, cada una de las cuales sirve de fundamento a un tipo (y a un
estadio) de  
creencia religiosa o espiritual. 
 
El estadio de las creencias mágicas (ejemplificado por el vudú y los conjuros  
mágicos) es egocéntrico y se da tal fusión entre el sujeto y el objeto que  
aquél cree que la fuerza de su deseo puede llegar a operar sobre el mun­do  
físico y sobre los demás. La creencia mítica, por su parte, suele ser  
so­ciocéntrica y etnocéntrica, lo cual significa que diferentes grupos sostienen
mitos  
diferentes habitualmente exclusivos (es decir, si uno cree, por ejem­plo, que  
Jesús es el salvador de la humanidad, no queda lugar alguno para Krishna), y  
proyecta sus intuiciones espirituales sobre uno o más dioses o diosas
físicamente  
desencarnados que tienen el poder de influir sobre las ac­ciones humanas. La  
creencia racional, que constituye una decisión racio­nal, no representa a Dios o

la Diosa de un modo antropomórfico, sino en tanto que el Fundamento Ultimo  
del Ser y, en ese sentido, desmitologiza la religión. Se trata de una modalidad 

que alcanza su cúspide en la creencia vi­sión-lógica y que explica el  
Fundamento del Ser en tanto que Gran Sistema Holístico, Gaia, la Divinidad, una 

especie de Eco-Espíritu, la «red-de-la­vida», etcétera, recurriendo a ciencias
como  
la teoría sistémica. 
 
Todas estas creencias mentales suelen ir acompañadas de sentimientos o  
sensaciones emocionales muy intensas que no necesariamente son experien­cias  
directas de las realidades espirituales supramentales. En ese sentido, se trata
de  
diferentes modalidades de traslación que pueden ser abrazadas sin transformar en

lo más mínimo el propio nivel de conciencia. Pero, cuando la traslación  
comienza a madurar y la emergencia directa de los dominios supe­riores comienza
a  
presionar al yo, la creencia acaba desembocando en la fe. 
 
2. La fe comienza allí donde la creencia pierde su poder. Porque el hecho es  
que llega un momento en que todas las creencias mentales -precisamen­te por el  
hecho de ser mentales y no supramentales o espirituales- pierden su fuerza,  
pierden su poder sobre la conciencia y comienzan a palidecer por­que, a fin de  
cuentas (por más que uno crea en el Espíritu como «red-de-la-­vida», por  
ejemplo), uno no deja de sentirse como un ego separado, aislado y lleno de
miedos.  
De poco servirá, en tal caso, esforzarse en seguir creyen­do, porque la  
creencia habrá dejado ya de funcionar. Es entonces cuando va tornándose  
dolorosamente evidente que, si bien la mera creencia puede pro­porcionar algún
sentido  
traslativo, no comporta, no obstante, la menor transformación verdadera. (Y las 

cosas pueden ser todavía peores en el caso de que uno sustente creencias  
mágicas o míticas, puesto que tales creencias no sólo no son transformadoras,
sino  
que operan como una fuerza regresiva que aleja a la conciencia de los dominios  
transracionales.) 
 
Pero también hay que decir que, detrás de la creencia mental en Gaia o en la  
«red-de-la-vida», suele ocultarse una auténtica intuición de los domi­nios  
espirituales y transmentales, es decir, una intuición de la Unidad de la Vida.  
Pero esa intuición no podría ser plenamente comprendida mientras nuestra  
conciencia permanezca atrapada en la creencia porque, en última instancia, todas
las  
creencias, tanto las analíticas como las holísticas, son dualistas y sólo  
cobran sentido en presencia de sus opuestos. De lo que se trata no es tanto de  
pensar en la Totalidad como de devenir la Totalidad, algo que sólo podrá ocurrir

cuando uno deje de aferrarse a creencias sobre la Totalidad. Las creencias no  
son más que un sustituto del alimento para el alma, calorías espiritualmente  
vacías que más pronto o más tarde dejarán de fascinarnos y develarán su  
verdadero rostro. 
 
La fe suele ser el paso intermedio que nos permite dar el salto que con­duce  
desde la pérdida de la creencia hasta la experiencia directa. Quizás, por  
ejemplo, la creencia en la Unidad ya no ofrezca un gran consuelo, pero la
persona  
todavía tiene fe en ella. Cuando las creencias se tornan insoste­nibles  
aparece la fe, la llamada débil pero clara de una realidad superior -el
Espíritu,  
Dios, la Diosa, la Unidad, etcétera- que trasciende la creen­cia y se encuentra 

más allá de la mente. La fe constituye la puerta de acce­so a la experiencia  
inmediata de lo supramental y de lo transracional. En ausencia de creencias  
dogmáticas desaparece la convicción, y a falta toda­vía de experiencia directa, 

uno carece de toda certidumbre. La fe es, pues, una tierra de nadie -atestada  
de preguntas y de ninguna respuesta- que se caracteriza por la determinación  
(estimulada por una intuición oculta) a en­contrar nuestra auténtica morada  
espiritual en la experiencia directa. 
 
3. La experiencia directa responde a todas las dudas inherentes a la fe. Se  
trata de un estadio caracterizado par la presencia de dos fases diferen­tes:  
Las «experiencias cumbre» y las «experiencias meseta». 
 
Las experiencias cumbre suelen ser intensas, breves, espontáneas y su­mamente  
transformadoras. Las verdaderas «experiencias cumbre» nos per­miten  
vislumbrar nuestros potenciales transpersonales y supramentales más elevados.
Existen  
varios tipos de «experiencias cumbre», entre las cuales cabe destacar las  
«experiencias cumbre» del nivel psíquico, propias del misticismo natural (el
tipo  
de unidad característico del nivel ordinario), las «experiencias cumbre» del  
nivel sutil, propias del misticismo teísta (el tipo de unidad característico del

nivel sutil), las «experiencias cumbre» del nivel causal, que nos permiten  
atisbar la Vacuidad (la unidad propia del ni­vel causal) y las «experiencias  
cumbre» no duales, que nos abren las puertas a Un Solo Sabor. Resulta evidente, 

como Roger Walsh ha señalado, que cuanto más elevado es el nivel de la  
experiencia, más infrecuente es. (Éste es el motivo por el cual la mayor parte
de  
experiencias de 'consciencia cósmica' son las propias del misticismo natural (o 

unidad del nivel ordinario), el más bajo de los dominios místicos.  
Desafortunadamente, sin embargo, son muchas las personas que consideran
equivocadamente que  
este nivel es Un Solo Sabor, una confusión que adquiere visos de epidemia  
entre los teóricos eco). 
 
La mayor parte de las personas se hallan, comprensiblemente, en el estadio de  
la creencia o de la fe (y, ocasionalmente en el de la magia o del mito). De  
tanto en tanto, sin embargo, algunos individuos pueden tener una «experiencia  
cumbre» de un dominio realmente transpersonal que les sacuda muy profundamente  
(a menudo para mejor, aunque también hay decir que, en ocasiones, para peor).  
En cualquiera de los casos, sin embargo, ya no se trata de creencias que hayan  
leído en un libro o de meras habladurías traslativas, sino de una experiencia  
real de un dominio superior después de la cual el individuo ya no vuelve  
nunca a ser el mismo. 
 
(Digamos, a modo de corta disgresión, que las consecuencias de este tipo de  
experiencia no siempre son positivas. Porque puede darse perfectamente el caso  
de que una persona que se halle en el nivel mítico literal-concreto, por  
ejemplo, tenga una 'experiencia cumbre' del nivel sutil que reactive sus mitos  
concretos y provoque la aparición de un fundamentalismo según el cual su dios  
mítico particular es el único que puede salvar al mundo, no dudando entonces en 

sacrificar los cuerpos de quienes se le opongan en aras de la supuesta salvación

de su alma.  
 
También puede ocurrir, por ejemplo, que alguien que se halle en el nivel  
visión-lógico, tenga una experiencia cumbre» del nivel psíquico, en cuyo caso su

nuevo eco-paradigma» se convierte en el único que puede salvar al planeta y  
tampoco dudará en imponer una suerte de ecofascismo para salvarle. Este tipo de 

fanatismo religioso (que constituye una confusa mezcolanza de verdades  
superiores con ilusiones inferiores) resulta casi imposible de desarticular. Es
cierto  
que las «experiencias cumbre» nos permiten acceder provisionalmente a  
verdades superiores, pero también lo es que esa brevedad puede ir seguida de un 

retroceso a un nivel inferior y acabar sirviendo de justificación para las más  
espantosas creencias) 
 
Pero si  bien las «experiencias cumbre» son de poca duración -desde unos  
pocos minutos hasta unas pocas horas-, las experiencias meseta, por su parte,
son  
más estables y duraderas y tienden a la adaptación permanente. Las  
«experiencias cumbre» suelen presentarse de manera espontánea pero, para
convertir una  
experiencia cumbre en una experiencia meseta -para transformar un breve estado  
alterado en un rasgo duradero-, se requiere una práctica prolongada.  
 
Casi todo el mundo, en algún momento de su vida, puede tener una breve  
experiencia cumbre y sé incluso de algunos casos en os que, sin necesidad de  
práctica sostenida, ha terminado convirtiéndose en una experiencia meseta. Así
pues,  
la creencia y la fe constituyen las modalidades de orientación espiritual  
prevalente, mientras que las «experiencias cumbre», por su parte (raras pero  
auténticas experiencias espirituales), sólo suelen darse en quienes están  
comprometidos con una práctica espiritual sostenida, intensa, prolongada y
profunda.  
 
Al igual que decíamos con respecto a las «experiencias cumbre», las  
«experiencias meseta» pueden darse en los dominios psíquico, sutil , causal y no
dual.  
Veamos un ejemplo, tomado del zen, que abarca estos cuatro dominios. Es  
frecuente que quienes emprendan la práctica de la meditación zen comiencen
contando  
respiraciones, de uno a diez y vuelta a empezar. Cuando el sujeto puede hacer  
eso durante media hora sin perder la cuenta, suele recibir un koan como el de  
mu, por ejemplo (que, por cierto, fue mi primer koan). Así, en los próximos  
tres o cuatro años, el sujeto se enfrasca durante varias horas al día en esta  
práctica, concentrándose de continuo en el sonido mu, al tiempo que se pregunta:

¿cuál es el significado de mu? o ¿quién está concentrándose en mu?. Durante  
ese estadio, el sujeto suele asistir a sesshnis de siete días de práctica muy  
intensa, en donde practica durante el día y la noche. 
 
            La primera experiencia meseta importante tiene lugar cuando el  
sujeto puede mantenerse de manera literalmente ininterrumpida en mu durante la  
mayor parte de las horas de vigilia, en cuyo caso mu pasa a convertirse en  
parte de su conciencia, hasta el punto de que bien podría decirse que uno se
torna  
en mu, o dicho en otras palabras, que el Testigo se mantiene de manera  
constante durante el estado de vigilia ordinaria. Entonces es cuando se le dice
que,  
para penetrar realmente en mu, debe trabajar también en ese koan durante el  
estado de sueño.  
 
(Cuando escuché esto por vez primera creí que se trataba de un chiste, de ese  
tipo de bromas tan característicos de los ritos cuarteleros de iniciación  
machista, del tipo: '¡quien quiera formar parte del primer batallón de
infantería  
deberá comerse tres serpientes vivas!'. Yo creía que estaban tratando de  
asustarme, cuando lo cierto es que simplemente estaban tratando de ayudarme.)
Tras  
otros dos o tres años más de práctica, el sujeto logra mantener una  
concentración sutil en mu durante el estado de sueño, de modo que la conciencia
testigo  
permanece también de manera constante durante el estado del sueño sutil (1) 
 
 
> El estado de sueño es sólo uno de los muchos tipos de fenómenos propios del  
> reino sutil; el típico estado sutil es el savilkalpa samadhi, 'la absorción  
> no dual en la forma' que nos permite permanecer abiertos al dominio sutil  
> mientras despertamos. Según se dice, el estado de sueño es una subclase del  
> nivel sutil en el que no hay fenómenos materiales ordinarios (sólo imágenes y  
> formas). Es por ello que el hecho de entrar conscientemente en el sueño se ha  
> comparado siempre al savikalpa samadhi, ya que ambos evidencia la presencia  
> simultánea de ondas alfa (despertar) y de ondas beta (sueño). Además, el efecto  
> de la evolución de la conciencia es semejante en ambos casos ya que, en  
> cierto modo, uno objetiva el nivel sutil (viéndolo conscientemente como un objeto  
> mientras despierta) y luego pierde su poder, lo trasciende y comienza a  
> adentrarse en el dominio causal.       El nirvikalpa samadhi es el estado típico  
> de la consciencia causal, la cesación pura, sin forma y sin manifestación (un  
> tipo de vacuidad) que nos permite adentrarnos en el dominio causal mientras  
> estamos despiertos (nirvikalpa madura en jnana samadhi, la ausencia de forma  
> radicalmente pura y, en algunas tradiciones, en nirodh, la extinción de todo  
> tipo de objetos). Del mismo modo que el savikalpa y sueño diáfano son  
> análogos, el hecho de mantener la consciencia durante el estado de sueño profundo sin  
> sueños y el nirvikalpa son también análogos, porque tanto en uno como en  
> otro, alfa (vigilia) y delta (lo sin forma) se hallan simultáneamente presentes,  
> de modo que uno puede llevar la conciencia hasta el reino de lo sin forma y  
> abrirse a los no dual. De este modo se trasciende lo causal y el  
> nirvikalpa/jnana (gnosis) da lugar al sahaja, la omnipresencia espontánea de Un Solo  
> Sabor. 
>  
> Pero este proceso no debe pasar necesariamente por el sueño diáfano ni por  
> el sueño diáfano con sueños, ya que el savikalpa samadhi y el nirvikalpa  
> samadhi pueden ser alcanzados durante el estado de vigilia. Cuando el practicante  
> logra una cierta competencia en el savikalpa, suele presentarse el sueño  
> diáfano, precisamente porque ambos son análogos. Del mismo modo, el dominio del  
> nirvikalpa suele verse acompañado del sueño diáfano y lo mismo suele ocurrir  
> en sentido contrario, es decir, que el hecho de seguir meditando durante el  
> estado de sueño y de sueño profundo constituye una forma muy eficaz de entrar  
> en savikalpa y en nirvikalpa y también favorece la apertura a sahaja. No  
> olvidemos que siempre se ha dicho que el yoga del sueño es uno de los métodos más  
> eficaces para alcanzar una experiencia meseta en los dominios sutil y causal  
> que abre la puerta a la adaptación estable (y por tanto a la trascendencia)  
> de esos dominios. 
>  
 
A estas alturas, y en la medida en que el discípulo se aproxima al dominio  
causal no manifiesto (el nivel de la absorción pura), va acercándose también a  
esa explosión conocida con el nombre de satori, el descubrimiento del hielo  
congelado de la absorción causal pura en la Gran Liberación de Un Solo Sabor,
una  
experiencia que también comienza como una experiencia cumbre que, con la  
práctica, acaba convirtiéndose en una experiencia meseta y finalmente en una  
adaptación permanente.(2) 
> Los tres o cuatro estadios diferentes de adaptación que conducen desde el  
> nivel causal/nirvikalpa/nirvana hasta Un Solo Sabor son conocidos con el  
> nombre de estadios postnirvánicos. Existen muchas versiones de estos estadios,  
> pero todas ellas giran en torno a la conciencia constante o el acceso  
> ininterrumpido a la conciencia testigo en los tres estados (primero en forma de  
> experiencia meseta y luego como adaptación estable) que culminan en la desaparición  
> del testigo en   Un Solo Sabor no dual (primero en forma de experiencia  
> cumbre, después como experiencia meseta y finalmente como adaptación estable.) Una  
> vez que se ha consolidado de manera estable la adaptación a Un Solo Sabor,  
> se despliegan los estadios postiluminados. Según se dice, estos estadios  
> concluyen en bhava samadhi, la traslación corporal completa de lo humano a lo  
> divino o, en otras palabras, 'la extinción completa de todas las cosas en el  
> dharmadtu' o, dicho de otro modo, el logro de un cuerpo de luz permanente.         
>                                  (Ver El Ojo del Espíritu para una discusión  
> más detallada sobre los estadios evolutivos postnirvánicos y  
> postiluminados.) Los estadios postnirvánicos              (la esencia del Mahayana y del  
> Vajrayana, que no solo abrazan lo sin forma        (el nirvana) sino que lo  
> integran con el mundo de la forma (el samsara) siempre    ha tenido mucho sentido  
> para mí y, basándome en mi propia experiencia, puedo certificar la realidad  
> de la experiencia ininterrumpida de la conciencia constante y de Un Solo  
> Sabor durante veinticuatro o incluso treinta y seis horas (y hasta, en una sola  
> ocasión, durante once días y once noches). En ninguno de estos casos se trató  
> de una adaptación permanente, pero conozco a varios maestros que, en mi  
> opinión, están ahí y la literatura al respecto está llena de ejemplos a este  
> respecto. Y si digo que los estadios postnirvánicos tienen sentido para mi es  
> porque son, después de todo, simples estadios de adaptación de la no dualidad  
> (los estadios de integración entre el nirvana y el samsara, entre el Espíritu y  
> sus manifestaciones, entre la Vacuidad y la Forma.) Además, los resultados de  
> las investigaciones electroencefalográficas realizadas en este sentido por  
> Alexander   y otros parecen corroborar su existencia.                           
>                                 Pero no puedo decir lo mismo de los estados  
> postiluminados, que ni tienen mucho sentido, ni tampoco he conocido a nadie  
> que plausiblemente se hallara en ellos. Se trata de estadios cuya descripción  
> suele evocar vestigios de la visión mágica del mundo, porque se refieren a  
> cuestiones tales como la transformación del cuerpo en luz, la capacidad de  
> realizar milagros, etc., ninguno de los cuales dispone de evidencia creíble y  
> reproducible.                                                       La  
> 'extinción de todas las cosas en dharmadatu', por su parte, me parece indistinguible  
> de jnana o nirodh o, dicho de otro modo, una regresión de Un Solo Sabor, no un  
> desarrollo hacia él. Y entiéndase que con ello no estoy afirmando su  
> inexistencia, sino tan solo que, comparados con los estadios de los que habla  
> tradición (hasta llegar a los postnirvánicos que anteriormente he bosquejado),  
> existen muchos menos datos sobre los estadios postiluminados, quizás porque son  
> muy raros o tal vez porque realmente no existan. 
 
4. El término adaptación se refiere simplemente al acceso constante y  
permanente  
a un determinado nivel de conciencia. La mayor parte de nosotros ya nos hemos  
adaptado (o, dicho de otro modo, ya hemos evolucionado) a la materia, el  
cuerpo  
y la mente (y por ello podemos acceder a esos niveles siempre que queramos).  
 
También hay personas que han tenido «experiencias cumbre» de los niveles  
transpersonales (psíquico, sutil, causal y no dual). Pero la práctica puede  
permitirnos evolucionar hasta las «experiencias meseta» de esos reinos
superiores  
que,  
con la práctica, acaban convirtiéndose en adaptaciones permanentes que nos  
permiten acceder de manera constante a los niveles psíquico (misticismo  
natural), sutil (misticismo teista), causal (misticismo sin forma) y no dual  
(misticismo integral)  
de un modo tan habitual como hoy en día lo es, para la mayor parte de  
nosotros,  
el acceso a la materia, el cuerpo y la mente. Y esto se manifiesta de un modo  
palpable en la presencia de una conciencia constante (sahaja) que perdura a  
través de los tres estados de vigilia, sueño (savikalpa samadhi) y sueño sin  
sueños (nirvikalpa samadhi). Entonces resulta evidente porqué "lo que no está  
presente en estado de sueño profundo sin sueños no es real".  
 
Lo Real debe hallarse presente en los tres estadios, incluyendo el sueño  
profundo  
sin sueños, y la Conciencia pura es lo único que se halla presente en los  
tres.  
Este hecho resulta perfectamente evidente cuando uno descansa en tanto que  
conciencia pura, vacía y sin forma y "contempla" la aparición, permanencia y  
desaparición de los tres estados, mientras permanece como lo inamovible,  
lo Inmutable, lo No Nacido, liberado en la Vacuidad pura de la que emana  
toda Forma y en la Totalidad resplandeciente de Un Solo Sabor.  
 
      Estas son algunas de las fases por las que atraviesa el camino de  
adaptación a los niveles superiores de nuestra naturaleza espiritual: creencia  
(mágica, mítica, racional y holística); fe (que no es tanto una experiencia  
directa como una intuición de los dominios superiores); experiencia cumbre (de
los  
niveles psíquico, sutil, causal y no dual, aunque no en un orden concreto,  
porque suelen tratarse de situaciones muy puntuales); experiencias meseta (de
los  
niveles psíquico, sutil, causal y no dual, casi siempre en este orden,  porque  
para alcanzar un determinado estadio suele ser necesario el estadio anterior)  
y adaptación permanente (a lo sutil, lo causal y lo no dual, también en ese  
orden y por la misma razón). 
 
      Concluiremos ahora subrayando varios puntos importantes: 
 
     Uno puede hallarse en un nivel relativamente elevado del desarrollo  
espiritual y permanecer todavía en un nivel relativamente bajo en otras líneas
(el  
nivel psíquico profundo, por ejemplo, puede estar muy avanzado, mientras que  
el frontal permanece relativamente estancado).  
 
Todos conocemos a personas espiritualmente desarrolladas que, no obstante,  
son bastante inmaduras en el ámbito sexual, en el de la salud física, en la  
capacidad de establecer relaciones emocionalmente profundas, etcétera. De modo
que  
el acceso constante a Un Solo Sabor no va necesariamente acompañado del  
desarrollo muscular, ni tampoco le proporcionará un nuevo trabajo, ni una pareja
ni  
tampoco  
le curará de sus neurosis. Los contenidos profundos de la sombra no  
desaparecen  
con la meditación y el acceso a los estadios superiores de la práctica  
espiritual porque, contrariamente a lo que sostiene la creencia popular, la  
meditación no es una técnica de descubrimiento. Si lo fuera, la mayor parte de
los  
maestros de meditación no necesitarían psicoterapia, cuando lo cierto es que la 

necesitan  
tanto como los demás.  
 
La meditación no apunta tanto a desvelar el material inconsciente reprimido  
como  
a posibilitar la emergencia de dominios más elevados, con lo cual los  
dominios inferiores siguen siéndolo y tal vez se hallen ahora aún más
reprimidos.  
 
    No estaría, pues, de más combinar la práctica espiritual con una buena  
psicoterapia y lo mismo podríamos decir con respecto al ejercicio del cuerpo  
físico (incluyendo, por ejemplo, el levantamiento de pesas), el cuerpo pránico  
(t'ai chi chuan), el trabajo con el grupo o la comunidad, etcétera, etcétera. El

único modo sano y equilibrado de proceder con el desarrollo superior  
consiste, obviamente, en emprender una práctica realmente integral. 
 
Esto resulta especialmente importante porque la religión civil centrada en la  
persona (y el "paradigma 415") está fundamentalmente anclado en el estadio de  
la creencia holística. Para que la mayor parte de las personas vayan más allá  
de estas traducciones mentales es necesario emprender una auténtica práctica  
transformadora y la práctica integral es, muy probablemente, la más eficaz  
porque  
no solo subraya la transformación del yo, sino también del resto de los  
cuadrantes -en el Gran Tres del 'yo', el 'nosotros' y el 'ello'- prácticas  
transformadoras del yo, de las relaciones, de la comunidad y de la naturaleza,
no sólo  
como un cambio en el tipo de creencia sino en el nivel de la conciencia.  
 
       Aunque haya señalado que el acceso a ciertos niveles requiere de cinco  
o seis años de dura práctica (y a otros todavía superiores un tiempo cinco  
veces superior) no se preocupe por ser solo un principiante.  
 
Emprenda la práctica, tenga en cuenta que cinco o seis años pasan en un abrir  
y cerrar de ojos ya que la recompensa bien merece la pena. Si durante ese  
tiempo,  
por otra parte, no hace más que escuchar a maestros que le hablan de  
creencias  
(ya sean mágicas, míticas, racionales u holísticas) sólo será cinco o seis  
años mayor.  
(Las creencias holísticas están muy bien -y son muy adecuadas- en el dominio  
mental, pero no olvide que la espiritualidad tiene que ver con el dominio  
transmental  
y que la traslación mental nunca le ayudará a trascender la mente, y la  
religión civil centrada en la persona tampoco le liberará de sí mismo.)  
 
Le recomiendo, pues, que asuma una práctica contemplativa, transpersonal y  
supramental. Poco importa lo dura que le parezca la práctica, simplemente  
empiece. Recuerde el viejo chiste:  
¿Cómo puede uno comerse un elefante? de bocado a bocado. 
 
     El hecho es que, unos pocos bocados después, usted ya habrá logrado  
considerables beneficios.  
 
Tal vez pudiera empezar, por ejemplo, con veinte minutos al día con el tipo  
de oración de centramiento que enseña el padre Thomas Keating, una práctica  
cuyos efectos son casi inmediatos (serenidad, apertura, respeto, escucha,  
etcétera).  
 
Practique zikr durante una media hora, vipassana durante cuarenta minutos,  
ejercicios de yoga dos veces al día, visualización tántrica, oración del corazón

o cuenteo de las respiraciones durante quince minutos cada mañana antes de  
levantarse de la cama. Cualquiera de estos abordajes es adecuado,  
el asunto es que organice su práctica del modo que más le guste,  
pero que no tarde en dar los primeros bocados... 
 
      Es cierto que tenemos que ser amables con nosotros mismos, pero no lo  
es menos que también debemos ser firmes. Deje de lado la "compasión idiota",  
trátese a sí mismo con auténtica compasión y comprométase seriamente con la  
práctica. 
 
    La permanencia en estas prácticas acabará evidenciándole la necesidad de  
asistir a un retiro intensivo de varios días al año, lo que le permitirá  
comenzar a convertir las pequeñas «experiencias cumbre» en las experiencias
meseta  
iniciales de la práctica. los años pasarán, pero usted estará madurando e irá  
trascendiendo de un modo lento pero seguro los aspectos inferiores de sí mismo  
y abriéndose a los superiores.  
 
Entonces llegará un día en que mirará hacia atrás y se dará cuenta del sueño  
(porque realmente es un sueño) del que está a punto de despertar. 
 
     El asunto es muy sencillo: Si usted está interesado en una  
espiritualidad aunténticamente transformadora busque un maestro espiritual  
y comprométase con una práctica.  
 
Sin práctica jamás pasará de la fase de la creencia, de la fe o de las  
«experiencias cumbre» esporádicas, nunca evolucionará a las «experiencias
meseta» y  
mucho menos a la adaptación permanente. En el mejor de los casos, será un  
visitante ocasional en el territorio de sus estados superiores, un turista en su

verdadero Yo. 
 
 
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