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Asunto:[mutantes] RV: [GAP] El Niño Inmortal / Jean Hudon
Fecha:Jueves, 12 de Junio, 2003  10:52:35 (-0600)
Autor:Gustavo Gonzalez Lewis <gglezl @..................mx>


Sala Virtual de Traducción de RedLuz
salav-subscribe@...

Desde Quebec, Canadá...

El Niño Inmortal
Por Jean Hudon
The Earth Rainbow Network
"One Planet, One People, One Peace"
<http://www.cybernaute.com/earthconcert2000/>;

Este libro está dedicado a ¡ La Vida!,  esa Fuerza inmortal y eterna sin la
cual nada de lo que conocemos existiría...

CAPITULO I
Nacimiento

Hace mucho, mucho tiempo en una isla perdida en medio de  océanos de
estrellas, en un lugar  jamás recorrido y visto por ser humano alguno, una
chispa de Vida empezó  lentamente a tomar forma y luego a brillar más y más
fuerte  hasta que relució  con  una intensidad casi insoportable. Por
primera vez ­porque siempre  hay  una primera vez ­ la Vida  fue capaz de
manifestar su Presencia difundida a través del universo visible,  en un
preciso punto del espacio-tiempo.

La vida ya estaba ahí cuando se formaron  los primeros átomos de hidrógeno a
partir de la materia prima de los universos.  Y cuando las primeras grandes
nubes de hidrógeno dieron nacimiento a las primeras estrellas, brillando
como diamantes en la bóveda infinita del cielo, de nuevo estaba  allí la
vida  manifestando una señal de su Presencia. ¡Sí! La vida siempre ha estado
en el origen de todo lo que ha tomado forma...

Pero allí, por primera vez, se dieron todas las condiciones necesarias  para
el principio de la gestación de todas las otras formas de Vida, dotadas  de
movimiento y libertad.  Desde estos primeros instantes se escribió en el
gran Libro de la Vida la historia de todos los seres que iban a ser
engendrados en los tiempos por venir.

Todos... Todos estábamos  allí, unidos como Un Solo Ser, Una Sola Mirada, Un
Solo Pensamiento.

El Niño Inmortal acababa  de nacer...

---

¡Sigue! ¡Puja... Puja! Ya casi está! ¡Solamente una vez más!  ¡Sí!  Lo estás
haciendo bien.  Eso es... Oh!   Está saliendo la cabeza...

Y con un último esfuerzo señalado por un enorme suspiro de alivio, Marianne
expulsó de su matriz al pequeño ser que ella había  llevado por casi nueve
meses.

¡Es un niño! ­exclamó Roberto.  Desde las primeras contracciones, él había
acompañado a su  adorada esposa  en   el trabajo de  parto que  dio
nacimiento  a  su primer hijo,  ese ser que  ahora yacía tranquilo sobre el
pecho de su madre, sus ojos  sorprendidos recorriendo todo el cuarto.

Una vez más, una entre una infinidad  de veces , la Vida había completado la
prodigiosa tarea de crear  un cuerpo humano, empezando  por   la sencilla
unión de dos células.  Durante  esos largos meses, a través de un proceso
rápido e ininterrumpido, la historia completa de la Vida había  sido
representada nuevamente durante las  distintas  etapas formativas de este
pequeño cuerpo humano.  Pero el trabajo atento y protector de las fuerzas de
Vida no se  detuvo  allí, porque el nacimiento es solamente el principio de
otro proceso   que abarca  toda una vida y  mucho,  mucho más ...

A  escala cósmica, la vida de un ser  representa solamente un minuto y, sin
embargo, es parte indispensable de un proceso de maduración infinitamente
lento que  va desde la primera chispa de vida a la apoteosis de la
manifestación de vida nunca acabada por completo. Pero por ahora, estas
consideraciones eran de poca relevancia para Marianne y Roberto,  extasiados
ante este precioso regalo que la Vida les había concedido.  Su única
preocupación era darle a su hijo todo el cuidado y la atención necesarios
para ayudarlo a  cumplir  todos los planes que tenían para él.  Pero al
hacer eso, y  sin darse plena cuenta de ello, estaban convirtiéndose en
invaluables colaboradores de las fuerzas de la Vida.  De forma instintiva
sabían qué hacer y por nada en el mundo iban a permitir que alguien más
tomará para sí la responsabilidad sagrada que les habían confiado.

ŒDíme Marianne¹,dijo Roberto mientras  su recién nacido se alimentaba
ansioso  con el   seno de su madre. Œ¿Tú también  sentiste esa poderosa onda
de energía que pasó a través de mi cuerpo justo cuando emergía la cabeza del
bebé?¹

Con  su mente todavía aturdida por la  tremenda   experiencia por la que
acababa de pasar, Marianne cerró sus ojos un momento buscando  en  la
corriente de emociones y sensaciones que había sentido hacía pocos
minutos...  De pronto abrió sus ojos muy grandes mirando fijamente  a  los
de su marido.  'Sí, que extraña sensación.  Y  ahora  la siento nuevamente.
Es como una fuerte corriente eléctrica que corre por  mis  extremidades.  En
el calor de  lo que sucedía, pensé que era simplemente emoción,  pero ahora
que dices que también lo sentiste...'

ŒEra como si de pronto todo el cuarto  se  hubiese llenado de   una gran
presencia magnética¹ añadió Roberto.

ŒQuizá era el alma de nuestro hijo...¹

Œ¿Tú crees?¹ ­preguntó Marianne- Œ¿En verdad piensas que sea posible?  Y,
sin embargo, ambos lo sentimos y no fue nuestra imaginación.   En esto  debe
haber algo que  tenemos que aprender... y comprender¹.

Fueron interrumpidos por la llegada del doctor.   El parto  había progresado
tan bien que la enfermera que asistió al nacimiento  había pensado que no
era  necesario llamarlo.

-Parece que llegué un poco tarde...

ŒOh, pero todo salió bien¹,dijo Roberto.  ¿Sabe?, cuando uno se rinde ante
las fuerzas de la Vida y deja que las cosas tomen su curso natural, siempre
todo sale bien.

ŒAdemás, mire usted¹, añadió Marianne con una amplia sonrisa de
satisfacción: Œ¿No es  un bebé maravilloso?¹

ŒEste.. sí, por supuesto¹, respondió el doctor mientras que  analizaba  a su
manera lo que los padres estaban diciendo,  y dirigía una mirada de reproche
a  la enfermera que había cometido la negligencia de no advertirle con
suficiente tiempo la inminencia del feliz evento.

ŒTodo parece normal¹, concluyó después de un momento, Œregresaré mañana para
ver cómo va la lactancia.¹

ŒDígame, doctor...¹, dijo Roberto cuando el doctor estaba por salir. Œ¿Han
mencionado otros padres haber sentido, ¿cómo podría explicarle?, ¿algo como
un estallido de energía pasando a través de ellos  en el instante en que su
hijo nacía?  Tanto mi esposa como yo sentimos lo mismo y me preguntaba si
ésa es una experiencia común...¹

Sorprendido por  semejante  pregunta, el doctor frunció el ceño y respondió
de manera casual: ŒSaben, ese tipo de cosas en realidad no me interesa y
dudo que nadie más les preste atención.  Lo siento, no puedo ayudarlos.
Supongamos,  por  decir  algo, que se debe al cansancio. ¡Debe ser natural!¹
­resopló, y sin esperar más, se apresuró a salir para atender sus otras
citas.

Unos pocos días  más tarde, después de considerar docenas de nombres,
Roberto y Marianne, todavía no podían decidir un nombre para su hijo.

Œ¿Es qué nunca nos podremos poner de acuerdo  en  un nombre?¹, exclamó
Roberto irritado.  Œ¿Cómo vamos a encontrar el mejor nombre  para nuestro
hijo?¹

ŒQuizá no seamos nosotros los que debamos elegir¹, aventuró Marianne.

ŒQuizá el hecho de que no podamos ponernos de acuerdo  en  un nombre
significa que no lo hemos buscado  de la forma correcta.¹

Œ¿Qué quieres decir?¹ preguntó Roberto, súbitamente intrigado.

ŒCreo que en lugar de estar jugueteando con varios nombres conocidos,
deberíamos simplemente  cerrar los ojos,  quedarnos quietos y  esperar hasta
que el nombre, el único nombre que es adecuado para nuestro hijo, surja en
nuestra mente.¹

Œ¿Y por qué no?¹, respondió Roberto.  ŒVamos a intentarlo y puede que lo
logremos.¹

Entonces, cerrando sus ojos y aquietando sus pensamientos, Roberto y
Marianne se deslizaron lentamente en una especie de trance, tal y como
acostumbraban a hacer desde que se conocieron por primera vez.   Eran la
punta de lanza de esta nueva generación que estaba descubriendo la
importancia de hacer regularmente una pausa en sus actividades diarias para
darse un momento de relajación y  armonizarse interiormente.  Durante muchos
años se  habían beneficiado de estos períodos de meditación y sabían cuánta
paz y serenidad podía darles este ejercicio.

Después de unos cuantos minutos, para su  sorpresa, sucedió un fenómeno en
muchas formas similar al que experimentaron  durante el  nacimiento de su
hijo.  Una vibración intensa abrumó  todo su ser y una gran calma los
envolvió.  Sintieron que atravesaban por una experiencia única que no
olvidarían  en  mucho tiempo. Los rodeó  una suave luz  que  pronto abarcó
todo el cuarto.  Aunque sus ojos estaban cerrados, cada uno  podía percibir
intensamente la presencia del otro y sentir, como un solo ser, la Paz
ilimitada  que  los envolvía.  Y entonces apareció  en  sus mentes, en
letras de fuego, el nombre destinado para el ser nacido de su amor.

Estremeciéndose  del éxtasis y temblando suavemente con las corrientes que
los recorrían, abrieron  los ojos al mismo tiempo y se miraron  por unos
pocos segundos, cada uno mirando profundamente  al  alma del otro,
perfectamente conscientes de que el otro había vivido la misma
experiencia... ¡y sabía!  Roberto y Marianne se levantaron rápidamente  y
fueron al cuarto de su hijo que los esperaba en su cuna  en silencio y con
los ojos abiertos, con una sonrisa serena en el  rostro y con una chispa de
sabiduría en  los ojos...

Marianne lo tomó en sus brazos y  , ambos dijeron al unísono y en voz alta
el nombre que sería el suyo...  ¡Gaia!

Traducción: Rita Calderón
Edición: Mónica Beatriz Benfenati
Formateado y revisión final: Enita Zirnis Z.

Si deseas este libro en inglés puedes escribirle en inglés o francés a Jean
Hudon a globalvisionary@...




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