DECLARACIÓN
Compré un vehículo Toyota Yaris sedán versión GLI
manual, color gris plata, año 2006, nuevo y full equipo, “100%
japonés” según la publicidad del concesionario. Pagado al contado en
dos cheques, el primero de $3.480.000 (del 30/05/06) y el segundo de
$3.621.374 (del 09/06/06), ambos del Banco Santander
Santiago.
El vehículo me fue entregado el viernes 09/06/06,
en la concesionaria Toyota, Bruno Fritsch (Av. Las Condes 11.780)
por el vendedor Don Pedro Barría Kavajin.
El viernes 15/09/06, a las 23:30 hrs. aprox.
conducía mi automóvil a unos 80 kph por autopista Vespucio Sur, en
dirección al poniente. Viajaba acompañado de mi novia. En esos
momentos percibí una gran vibración por el costado izquierdo del
vehículo, que me impedía dirigir adecuadamente el volante. Gracias a
Dios, alcancé a abandonar la autopista y dirigirme hacia la rotonda
Quilín, estacionándome finalmente en Avenida Quilín. Al descender
del automóvil me percaté que había un perno roto en el suelo, el
cual correspondía a la rueda delantera izquierda. Al examinar con
mayor detención descubro con horror, que tres de los pernos que
sujetan la llanta se habían quebrado, permaneciendo esta rueda
sujeta solamente por un perno y resto de hilo de los pernos
fracturados. Al inspeccionar las demás ruedas, observé que la rueda
delantera derecha también presentaba un perno roto.
Posteriormente solicité el servicio de grúa de mi
compañía de seguros (Cruz del Sur), quienes trasladaron el automóvil
hacia mi hogar y consignaron en su informe el estado de las ruedas y
pernos.
Alrededor de las 2:00 AM del día 16/09/06 realicé
la constancia del accidente en la 46ª Comisaría de Carabineros de
Macul.
A la mañana siguiente, me dirigí a la
concesionaria, de la cual no obtuve ninguna respuesta o asesoría por
ausencia de personal responsable, debido al feriado de Fiestas
Patrias (esto significó que no pude salir fuera de Santiago como lo
tenía planificado).
Sólo el miércoles 20/09/06, pude ser atendido por
Don Juan Cereño, jefe de taller. Ese día, el automóvil fue revisado
y supuestamente arreglado por los mecánicos de la
concesionaria.
Es importante señalar que, debido a la demora de
la grúa que debía transportar esa mañana, mi automóvil desde mi
hogar hacia la concesionaria y posteriormente a la espera a la que
me ví obligado, por no recibir un vehículo sustituto de parte del
concesionario, mientras mi vehículo era inspeccionado, no pude
asistir en todo el día a mi trabajo, generándome hasta hoy
perjuicios laborales por dicha ausencia.
En relación a la reparación, se me señaló que los
pernos y todo el material averiado habían sido sustituidos por
repuestos originales; pero no recibí ningún informe escrito y
detallado de los daños que efectivamente se descubrieron y repararon
o los repuestos utilizados.
Además, me dijeron que todas las partes dañadas,
especialmente los pernos serían analizados en “un laboratorio”, sin
mencionarme cuando recibiría una respuesta clara sobre la génesis de
este accidente, que pudo haber tenido consecuencias fatales si la
rueda se desprende totalmente.
Durante esta inspección mecánica, y frente a una
consulta mía en relación a la poca potencia del aire acondicionado
(el cual se consigna en la factura de compra, como original de
fábrica, o sea, JAPONÉS), descubro que no funciona, por estar mal
instalado y que además dicha instalación se realizó en Chile, que no
es por lo que yo pagué). Antes de comprar el vehículo, el vendedor
me señaló que lo único que se instalaba en nuestro país era la radio
con CD, que todo el resto del equipamiento, incluidas las llantas de
aleación, cierre centralizado, alarma, etc. eran originales de
fábrica.
Hasta la fecha, el sistema de aire acondicionado
no ha sido reparado y ningún funcionario de la concesionaria se ha
contactado conmigo.
El vehículo posee una garantía de 100.000 Kms o 5
años.
Considerando estos antecedentes, los cuales
considero gravísimos, por cuanto mi vida y la de mi novia,
estuvieron en serio peligro, solicito el cambio de vehículo en
primera instancia (obviamente con equipamiento japonés original de
fábrica). Además, exijo una indemnización o compensación económica,
por cuanto, me siento engañado, decepcionado y estafado, ya que,
como he señalado, este accidente pudo ser fatal.
Juan Ramón Canales Tapia Santiago,
27/09/06
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