Por: Vianney Vallenilla Instructora en
temas como Calidad y Servicio al Cliente, Supervisión, El lenguaje del Líder,
Excelencia y Crecimiento personal, etc. Las
transformaciones que deseamos se experimenten en nuestra sociedad o en el
circulo donde nos desenvolvemos, no debemos esperarlas de los demás, cuando
nosotros mismos aún no hemos dado el primer paso.
Es común por nuestra idiosincrasia, ver aquello que los otros
no hacen, pero raramente nos evaluamos con objetividad y aceptamos que exigimos
cosas de las cuales carecemos, y eso, debe cambiar.
En tal sentido, es perentorio que nos detengamos por un
instante a reflexionar un poco acerca de nuestra verdadera condición como seres
humanos, para que nos miremos en ese intimo espejo que nos refleja tal cual
somos.
Concienciemos sobre cómo ha sido nuestro aporte y con cuánto
hemos contribuido para edificar, para construir positivamente, pues como
individuos e integrantes de una sociedad o grupo, somos corresponsables de su
situación.
Mucho se habla de calidad, de los principios y leyes que la
rigen .Son incontables las corrientes que al respecto inundan las estanterías de
las bibliotecas y librerías, virtuales o no. No obstante, persiste el silente y
pernicioso proceso de deterioro del ser humano, que inexorablemente se torna
cada vez más egoísta, ambicioso desmedido e individualista, con una patética
inversión de valores, porque al parecer olvidamos que una sociedad es el
resultado de su gente, que su imagen depende del comportamiento y las actitudes
que sus hombres, mujeres y niños asuman tanto en las actividades sencillas como
en las más complejas, desde el hogar y la calle, en las empresas y colegios, en
las plazas e iglesias, es decir en todos los órdenes de la vida.
Ya basta de esperar fórmulas mágicas, ya basta de soslayar la
injerencia que como ciudadanos tenemos .Es tiempo de comenzar con una fehaciente
transformación, un cambio que emerja de nuestro interior, de ese yo particular
que habita en cada uno. Despertemos y cuidemos lo nuestro, pues nadie siembra
rosas en jardín ajeno y la génesis del cambio total está en cada uno de
nosotros.
Si yo trabajo por ser mejor persona, y tú amigo lector, haces
otro tanto, pronto todos estaremos enarbolando la bandera de la calidad
personal, porque se habla de calidad personal cuando practicamos los valores y
nos hacemos dignos de confianza, cuando aportamos lo mejor de cada uno y miramos
a los demás desde su dimensión humana, cuando razonamos acerca de nuestras
limitaciones y nos esforzamos por evolucionar de manera integral dejando atrás,
lo que en el pasado se vivió y enfocamos nuestra visión hacia un panorama
despejado e impoluto. Indudablemente, vamos hacia la calidad personal cuando
decidimos estar de pie y comprendemos que estamos en esta vida como ave de paso,
y que al final de nuestros días nos sentaremos a hacer un inventario de
vida.
Si tenemos calidad personal, entonces si habrá calidad en
todas las funciones que ejecutemos, en el trabajo que realicemos y en nuestra
actitud, lo cual redundará en beneficio de todos los que nos rodean ya que
estaremos coadyuvando a formar un mejor modelo de sociedad
Por ello, la verdadera transformación debe comenzar primero en
nosotros, para poder ser merecedores del distintivo CALIDAD PERSONAL, que nos
llenará de orgullo y nos regocijará como seres humanos conscientes de que
nuestra estadía en este mundo valió la pena, porque dejamos una siembra, una
huella, un camino arado para un mañana mejor.
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