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Asunto: !De Nuevo!! Boletin Ideas para Publicar y Distribuir Libros No. 63
Fecha:Miercoles, 14 de Mayo, 2008  03:43:24 (+0000)
Autor:Jorge Alfonso Sierra Quintero <jasierraq @.......com>

De: DirectLibros - Mercadeo Editorial S.A.       ISSN 1409-4614

Fecha: 10 de mayo de 2008

Para: Suscriptor

Boletín “Ideas para publicar y Distribuir Libros” No. 63

Editor: Jorge Alfonso Sierra Q. – Entrenador y Consultor en Marketing Editorial

Director de DirectLibros-Mercadeo Editorial S.A.

www.MercadeoEditorial.com

Este boletín ha sido declarado de interés cultural por el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes y la Presidencia de la República de Costa Rica

Esta es una Publicación Electrónica quincenal de DirectLibros – Mercadeo Editorial S.A., destinada a la difusión e intercambio de ideas que permitan a escritores, libreros, editores y distribuidores de libros, que sus obras lleguen a los lectores en forma eficiente, eficaz y precisa.

Se distribuye
GRATUITAMENTE, vía e-mail, a todo aquel que lo solicite.
Instrucciones para
SUSCRIBIRSE O DESAFILIARSE,
al final de
este boletín.

 

Un buen libro no solo debe tener algo que decir. Debe, además, estar bien dicho, lo que significa: bien redactado. Eso hará que sea de fácil lectura y comprensión para su Editor y, luego, para su futuro lector. Consulte sin cargo a la Prof. Hilda Lucci, Correctora Literaria y de Estilo y Redactora. 

Visite su página www.hildalucci.com.ar

correcciones@hildalucci.com.ar
traducciones@hildalucci.com.ar
hildalucci@fibertel.com.ar

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Editorial

Por diferentes circunstancias totalmente ajenas a nuestra intención, nos vimos en la necesidad de suspender este boletín por más de dos años. Hoy, con otras perspectivas y objetivos, volvemos con su circulación mensual gratuita. También hemos rediseñado nuestra página Web www.MercadeoEditorial.com , donde encontrará cursos On Line y Libros sobre Marketing Editorial.  Aprovechamos la oportunidad para invitarlo a que nos visite.

 

Esperamos que al honrarnos Usted con su valiosa lectura, podremos seguir debatiendo desde estas páginas situaciones que atañen al mundo editorial y, especialmente, contribuir con nuestras modestas ideas a una mejor circulación del libro y a la incentivación correcta del hábito de la lectura.

-El Editor-

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Incentivar la lectura, pero…. ¿para leer qué?

 

Los análisis, las indagaciones, los esfuerzos y las campañas que se aplican actualmente en todo el mundo para incentivar el hábito lector son tan denodados y reconocidos que –en el fondo– duele que al final no se vean mejores resultados. Surge entonces la pregunta inevitable, ¿por qué?

 

Las respuestas podrían ser tan variadas como las exégesis que se buscan para responder al ansioso interrogante del porqué la gente no lee más. Sin intentar invalidar ninguna de las razones que se esgrimen para razonar el fenómeno, aunque dudemos de sus postulados –falta de estímulos en el hogar, la televisión, los juegos en la computadora, la dudosa calidad de muchos libros promocionados en el mercado, la desidia gubernamental y la carencia de políticas públicas hacia el libro y la lectura, lo erróneo de las lecturas obligatorias, la cultura de la juerga y el licor que se anima entre la juventud, y otros–, hay un punto muy importante que se omite en el análisis.

 

¿Por qué se le da tanto énfasis en confrontar –y por ende estimular– la lectura solamente  con la  de  literatura? Y aún más: ¿cierto tipo o género  de literatura?

 

La pregunta no se debe soslayar ni responder con esquemas simplistas, so pena de caer en actitudes maniqueas, populistas o moralistas, cuando no claramente invalidantes e intolerantes, con una nueva realidad que pide a gritos una visión más amplia del mundo que estamos viviendo.

 

Nadie puede dudar siquiera de la invaluable capacidad de la literatura para humanizar más al ser humano, de estimular su imaginación y creatividad, de sensibilizarlo y de darle una visión del mundo y su realidad, muchas veces poetizada a pesar del horror que pueda estar narrando; tampoco puede dejar de comprender que es posible aprender muchísimo más de las bondades y los horrores que anida en el alma humana y en su insondable pasión leyendo literatura, que estudiando  abigarrados textos y sesudos estudios de psicología.

 

Pero esta capacidad no debería ser sobrevalorada al punto que, evidente o subrepticiamente, se niegue y se invalide las otras infinitas posibilidades que  aprender, divertirse,  crear y adquirir cultura se pueden hacer  desde las otras distintas y múltiples lecturas que también existen.

 

Si tomamos un atajo que nos pueda llevar otra vez a lo que  estamos buscando, podríamos además preguntarnos: ¿Para qué  y por qué leer? Esto nos llevaría incluso a otra pregunta más acuciosa aún: ¿Leer qué y para qué, en qué época o edad e, incluso, en qué etapa del desarrollo personal  de nuestra vida?

 

En la edad infantil ningún ser humano rechaza un libro, y esta aceptación sin condiciones se da hasta aproximadamente los 6 ó 7 años. Esto nos da una clave, porque a partir de esa edad muchos empiezan a abandonar la lectura, a emigrar a otras fuentes de diversión, esparcimiento y conocimiento, y no podemos razonar que, sin discusión, se deba solamente a la falta de estímulos en el hogar, o a que en la escuela no se continúa con este hábito. 

 

Una de las razones puede estar en que desde ese momento es cuando empiezan por parte de los adultos y los profesores los cuestionamientos por la lectura, a buscar la interpretación a lo leído, a la tozuda y vanidosa manía de empezar a decir a ese inocente lector qué es lo que debe leer, en dónde es que está la calidad y la belleza, y a ridiculizarlo e invalidarle su pretendida y honrosa autonomía de escoger e interpretar él mismo sus lecturas.

 

“Supongo que nadie sostiene en serio que estudiar matemáticas o física son tareas menos humanistas, no digamos menos “humanas”, que dedicarse al griego o a la filosofía. Nicolás de Cusa, Descartes, Voltaire, o Goethe se hubieran quedado pasmados al oír hoy semejante dislate en boca de algún pedantuelo letraherido de los que repiten vaciedades sobre la técnica “deshumanizadora” o al leerlo en algún periódico poco exigente con sus colaboraciones.

 

La separación entre cultura científica y cultura literaria es un fenómeno que no se inicia hasta finales del siglo pasado para luego consolidarse en el nuestro, por razones de abarcabilidad de saberes cada vez más técnicos y complejos que desafían las capacidades de cualquier individuo imponiendo la especialización, la cual no es sino una forma de renuncia.

 

Después se hace de necesidad virtud y los letrados claman contra la cuadrícula inhumana de la ciencia, mientras los científicos se burlan de la ineficacia palabrera de sus adversarios. Lo cierto es que esta hemiplejía cultural es una novedad contemporánea, no una constante necesaria, y que encontraría pocos padrinos –si acaso alguno– entre las figuras más ilustres de nuestra tradición intelectual.

 

(…) Sin dudar del interés intrínseco de ninguno de tales saberes. ¿Cómo establecer que es más enriquecedora humanamente la filología de las palabras que la ciencia experimental de las cosas? Considero muy valioso estar advertido de que las enfermedades “venéreas”, por ejemplo, nada tienen que ver etimológicamente con las venas, así como conocer la leyenda mitológica de la amable diosa a la que deben su nombre, pero tampoco me parece desdeñable informarme del desorden fisiológico que suponen tales dolencias, así como de la composición activa de las sustancias capaces de remediarlas. Dudo que el interés estrictamente cultural (la fuerza espiritualmente emancipadora) del primer aprendizaje sea superior al del segundo y desde luego me indignaría ver menospreciar éste por su condición más “práctica” o “técnica”.

 

 En cuanto a la filosofía, cuyo contenido me resulta más familiar, desconfío también de que tenga «per se» especiales virtudes para configurar personalidades críticas o insumisas ante los poderes de éste mundo.

 

Cuando escucho a estudiantes o profesores de mi gremio denunciar como atentados gubernamentales contra el pensamiento libre cualquier reducción del horario de las disciplinas filosóficas en el bachillerato, no puedo menos de sentir cierta incomodidad, incluso mientras me sumo por otras razones a su protesta. Y es que algunas de las personas más conformistas, supersticiosas y rastreras que conozco son catedráticos de filosofía: si yo debiese juzgarla por tales representantes, no me quedaría otro remedio que solicitar la abolición de su estudio en el bachillerato y hasta en la universidad”. (Fernando Savater. El Valor de Educar. Edit. Ariel)

 

No sabemos entonces el porqué insistimos en seguir vanagloriando una cierta y acomodada manera de analizar el “hábito lector” si por un lado nada alcanzamos en nuestros objetivos –al menos es lo que dice– de que cada vez más gente lea más (vale la redundancia) y, por el otro, jamás podemos controvertir postulados tan diáfanos como este que esboza Savater.

 

Tiramos también –otra vez– la piedra y no escondemos la mano. Al menos pocos argumentos tendrán ante Savater quienes gustan de invalidar los conceptos dependiendo de la autoridad que los emita.

 

Y nos quedamos anhelando poder  parodiar a François de Closets diciendo: “Poco importa en último extremo lo que se lea, con tal de que se despierten la curiosidad y el gusto de leer”, pues no será cuestión tanto del qué sino del cómo.

 

Jorge Alfonso Sierra

 

Comentarios a: jasierra@mercadeoeditorial.com

 

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Anécdotas Famosas

 

¿Son “malos” los vendedores de Libros?

 

“Yo de literatura entiendo menos que de matemáticas, por eso va bien la editorial”, le dijo francamente  un día José Manuel Lara Hernández- el todopoderoso dueño de la Editorial Planeta -,  a Josep Massot y a Llátzer Moix, en el curso de una larga entrevista que publicó el periódico “La Vanguardia” de España en octubre de 1991.

 

Lara no engañaba. Siendo el primer poder de la edición española, se mostraba orgulloso, más que de los libros que ponía en la calle Planeta, su sello, de “los 500 vendedores que tengo, algunos de los cuales se sacan 80 millones en comisiones”. Lara no quería al frente de sus editoriales a editores “que se dedican a corregir galeradas”, sino a “ejecutivos que estén pensando en cómo promocionar más los libros”. A Lara no le atraía en exceso la lectura -“aunque ahora pasa una cosa curiosa: a medida que me hago mayor, me gusta más”-. Y Lara admitía sin sonrojarse que “antes me costaba trabajo”.

Recordando esta anécdota, surge la pregunta obligada: Qué será mejor para el mundo editorial en general, ¿duchos e ilustrados editores que publican libros para poquísimos lectores, o grandes vendedores que llevan los libros a muchísimos lectores?

“Un poco de ambos”, diría el cauto pensador.
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Frases para Reflexionar

“El arte es inútil, cierto, pero ¿qué tiene de malo la inutilidad?

La creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta y lo que nos define, en lo esencial como seres humanos. Hacer algo, por puro placer, por la gracia de hacerlo.

¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado a un niño hambriento”

 

-Paul Auster- Escritor estadounidense.  Premio Príncipe de Asturias de las Letras. 

Espere el boletín No. 64 el próximo mes de Junio del 2008.

¡Hasta entonces, si Dios nos da permiso!

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CONTRA LA SACRALIZACION DEL LIBRO. TODOS LOS LIBROS AL VIENTO


de Jorge Alfonso Sierra Quintero.

Si usted es escritor, promotor de lectura, librero, editor, bibliotecario, maestro, profesor, investigador o lector, esta es una obra imprescindible para su biblioteca.

Porque es una obra polémica y distinta. Aquí se combaten clásicos mitos acerca de la lectura... ¿es verdad que la gente ya no lee?, ¿que los libros son caros y por eso la gente ya no los compra?, ¿que no hay nuevos públicos para la literatura? ¿qué las nuevas tecnologías acabarán con el libro? No, no es verdad. Y este libro demuestra por qué y además marca dónde se ubican los obstáculos con los que el mercado del libro se topa.
¿Existen en verdad libros buenos y libros malos? ¿Se puede prescindir así la lectura tan simplistamente? Esta obra muestra que hay mucho para discutir al respecto, y con un inmenso trabajo de documentación que se advierte desde la primera página, le acercará a usted opiniones que disienten de esta postura pertenecientes a autores tan renombrdaos como Ernesto Sábato, García Márquez y Umberto Eco.

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