anoche
tropezó la farolera.
caminaba
tambaleándose, a decir verdad, a causa del permanente consumo de marihuana,
alcohol y pastillas de las últimas semanas, y ayer por fin tropezó,
perdió el equilibrio y se dio la boca contra el cordón de la vereda.
sangró
mucho la farolera, y dejó sus rojas huellas dactilares como testigo.
resulta,
además, que la farolera está secretamente enamorada de un cabo primero que
hace guardia los domingos en un cuartel, se atavia con maquillaje chillón
y vestidos ajustados que le aprietan las nalgas y lo mira y mueve
los ojitos, le dice buendía, y el cabo, que parece tonto, le hace el
saludo militar y le díce buenos días señorita.
pero
resulta que es tonto y no se da por enterado.
en
el cuartel también hay un coronel que le tiene ganas a porque asegura que la
farolera es dueña de las mejores tetas que haya visto jamás, y la acosa en
posición de firme cada vez que pasa diciéndole todo
tipo de guarangadas.
ese
domingo, aprovechando que la farolera estaba shockeada por el tropezón
y con la excusa de asistirla en su desgracia, el coronel le ordenó al cabo
que alzara la barrera para dejarla entrar y hacerse así una fiestita
con el resto del pelotón.
entrada
la noche, ya, los soldados de guardia le dieron salida y la invitaron a volver
la semana siguiente.
un
poco turbada se fue la farolera caminando entre las sombras, sin saber muy bien
en qué se la había pasado todo el día.
y
sacaba cuentas y sacaba cuentas y todas las cuentas le salían mal.
manocruel ©
--