Yo se el por qué…
Yo se por qué tu vida está
vacía,
Por qué inconscientemente se
empaña,
Muchas veces tu
alegría,
Y hay sombras en tu
frente,
Como si de repente se
nublase tu día.
Presiento aún más
allá,
Lo que todavía, no has podido
alcanzar.
Yo Adivino el tesoro de
idealismo,
Que intentas
ocultar,
Pero que esta en el fondo
de ti misma,
Como perla
escondida,
En el abismo insondable
del mar.
Yo se lo que tu vida
necesita,
Conozco esa ternura que
palpita allí,
En tu corazón
apasionado,
Y se el ansia
bendita,
Que siempre has
sofocado,
Tu sueño de hoy, de ayer,
lo que sería,
El porque de tus
anhelos,
La síntesis de todos tus
desvelos,
De tu amor de
mujer!
Unos ojos que al fin de la
jornada,
Recojan tu
cansancio,
Tú fatiga una voz
adorada,
Esa palabra amiga, que el ánimo
levanta,
Y la hace fuerte, unas
manos que borren,
De tu frente despacio, despacio,
Todas las injusticias de
la suerte.
Tu corazón es como una
niña,
Que clama un
cariño,
Firme y seguro, un
alma masculina,
Que te de ese amor
noble,
Para que sea luz en tu
camino,
Y agua de manantial, para
tu sed,
Le falta a tu ambición, el
noble orgullo,
De un hogar que sea tuyo,
Levantado por ti, piedra
por piedra,
Con su jardín de rosas en
capullo,
Y sus muros tapizados por
la hiedra.
…Y te falta en la
tarde,
El beso de un dulce
compañero,
Que impaciente te
mira,
Desde las estrellas del
cielo.
Le hace falta a tu
espera,
Encontrar dos pupilas
soñadoras,
Radiantes como
estrellas,
Que hayan estado
ansiando,
Muchas horas,
Que tú mires en
ellas.
De noche cuando pongo mis
sienes,
En la almohada,
Y hacia otro
mundo,
Quiero mi espíritu
volver.
Camino mucho, mucho
Y al fin de la
jornada,
Las formas de mi madre, se
pierden
En la nada,
Y
tú, y tú…de nuevo
vuelves,
En mi alma a
aparecer.
Te hablo en nombre,
De una gran ilusión.
Con amor
de:
Edgardo.