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Asunto:[LEA-Venezuela] =?UTF-8?Q?=22Constituyente_y_re=2Dcolonizaci=C3=B3n_ind=C3=ADgena=3A_una_res?= =?UTF-8?Q?puesta_a_Luis_Britto_Garc=C3=ADa=22=2FAporrea=2Eorg=2E?=
Fecha:Miercoles, 9 de Agosto, 2017  10:45:40 (-0400)
Autor:Jorge Hinestroza <jlhinestroza @.....com>

Constituyente y re-colonización indígena: una respuesta a Luis Britto García

Hace algunos d√≠as, el reconocido intelectual venezolano Luis Britto Garc√≠a public√≥ el art√≠culo ‚ÄėConstituci√≤n y Unidad Nacional‚Äô (23 de julio, http://luisbrittogarcia.blogspot.com/2017/07/blog-post_23.html) en el cual ofrec√≠a su visi√≥n sobre la cuesti√≥n ind√≠gena en Venezuela, y su relaci√≥n con el Estado, el territorio y los llamados ‚Äúrecursos naturales‚ÄĚ. Vemos con mucha preocupaci√≥n este art√≠culo por sus implicaciones, que van m√¡s all√¡ de lo te√≥rico, en la medida en la que plantea una serie de sospechas sobre los pueblos ind√≠genas del pa√≠s y el sentido de la lucha por sus derechos y territorios, asomando subrepticiamente una eventual criminalizaci√≥n de los mismos. Este planteamiento se produce en un contexto de pol√≠ticas progresivas de flexibilizaci√≥n econ√≥mica, relanzamiento e impulso de numerosos proyectos extractivistas, crecientes presiones del capital transnacional y cambios constitucionales en puerta.

En el texto, Britto Garc√≠a plantea que existe una estrecha identidad entre las reivindicaciones de los pueblos originarios en toda Am√©rica Latina, y diversos organismos de asistencia e intervenci√≥n estadounidense (como el Indian Law Resource Center), que en teor√≠a persiguen consolidar la autonom√≠a de estos pueblos sobre sus territorios. A lo largo del art√≠culo, el autor presenta casos en los que se√Īala que las estrategias de movimientos ind√≠genas latinoamericanos son tuteladas y dirigidas desde Washington, como ser√≠a el caso de los misquitos en Nicaragua, los mayas de Belice, los yanomami en la Amazon√≠a y grupos similares en Ecuador. Su conclusi√≥n apunta a una generalizaci√≥n en la cual indica que ‚Äúgran parte‚ÄĚ de estos movimientos en toda la regi√≥n estar√≠an entonces bajo el paraguas de los financiamientos de los EEUU, siendo instrumentos pasivos para favorecer al imperialismo con el objetivo de afectar la soberan√≠a y unidad de los Estados Nacionales y apropiarse de los recursos naturales de nuestros pa√≠ses.

Inspirado en esta sospecha, Luis Britto cuestiona la categorizaci√≥n de ‚Äúpueblo‚ÄĚ que la Constituci√≥n Bolivariana de Venezuela de 1999 (CRBV) le asigna a los ind√≠genas debido a que supuestamente en los art√≠culos 119 al 126, se le otorgar√≠an a √©stos derechos distintos y superiores respecto al resto de la poblaci√≥n venezolana y se sentar√≠an las bases para constituir numerosos Estados distintos del venezolano. En este sentido, el autor propone bajar de rango valorativo a los pueblos originarios, denomin√¡ndolos ahora solo como 'comunidades', al tiempo que sugiere se deje de usar el concepto de 'tierras' para hablar solo de 'habitats'. Queda tambi√©n claramente cuestionado para Britto el hecho que el Estado tenga que realizar consultas previas e informadas a los ind√≠genas para poder ejecutar el aprovechamiento de los recursos naturales de la Naci√≥n.

A nuestro juicio estos planteamientos est√¡n descontextualizados y son tendenciosos y miopes.¬†En primer lugar, es falso que el reconocimiento de la existencia de diversos pueblos (en plural) en la Naci√≥n venezolana, d√© cabida a supuestos derechos ‚Äúsuperiores‚ÄĚ de los ind√≠genas y allane el camino a la posibilidad jur√≠dica de afectaci√≥n de la integridad territorial, debido a que la CRBV es bastante clara en su Art√≠culo 126:

‚ÄúLos pueblos ind√≠genas, como culturas de ra√≠ces ancestrales, forman parte de la Naci√≥n, del Estado y del pueblo venezolano como¬†√ļnico, soberano e indivisible.¬†De conformidad con esta Constituci√≥n tienen el deber de salvaguardar la integridad y la soberan√≠a nacional.¬†El t√©rmino pueblo no podr√¡ interpretarse en esta Constituci√≥n en el sentido que se le da en el derecho internacional‚ÄĚ (subrayado nuestro).

Si se revisa el conjunto de art√≠culos del Cap√≠tulo VIII 'De los derechos de los pueblos ind√≠genas', y se hace adem√¡s hincapi√© en la explicita delimitaci√≥n y aclaraci√≥n que plantea el art√≠culo 126, no queda claro en qu√© medida √©stos supuestamente amenazar√≠an la unidad de la naci√≥n.

En segundo lugar, los reclamos a una supuesta amenaza ind√≠gena tienen cierto toque de cinismo en la medida en la que, en la realidad concreta, estos derechos consagrados han sido sistem√¡ticamente violados y son realmente escasas las conquistas que se han obtenido hasta la fecha. M√¡s a√ļn, no pocos problemas y conflictos se han suscitado en lo que concierne a la demarcaci√≥n de tierras comunales, la consolidaci√≥n de asentamientos y la ausencia de consultas previas. Luchas como la de los yukpas, liderada por Sabino Romero al precio de su vida; los actuales reclamos de diferentes pueblos ind√≠genas de los estados Bol√≠var y Amazonas por la carencia de consultas para la realizaci√≥n del proyecto del Arco Minero del Orinoco, y por la urgencia de pol√≠ticas efectivas contra el flagelo de la miner√≠a ilegal, son algunos ejemplos de los desmanes cometidos en contra de los derechos de los pobladores originarios venezolanos. De nada sirve preocuparse por ‚Äúla actitud del gobierno estadounidense hacia los ind√≠genas en su propio territorio‚ÄĚ, si se escribe un art√≠culo haciendo completo mutis en lo que respecta al drama de nuestros propios ind√≠genas.

As√≠ que, en vez de inquietarse por lo que establecen unos art√≠culos que no se han cumplido, el profesor Britto Garc√≠a deber√≠a denunciar el incumplimiento de los mismos, deber√≠a investigar cu√¡les son las presiones que han obstaculizado su respeto fiel, para terminar perpetuando la situaci√≥n de injusticia social y ambiental que secularmente ha afectado a los pobladores originarios.

En tercer lugar, Britto Garc√≠a apela a ejemplos for√¡neos para justificar el argumento de la potencial ‚Äėamenaza independentista‚Äô de los pueblos ind√≠genas, cuando es importante dejar en claro que no hay indicio de movimiento separatista alguno en Venezuela que haya sido generado o que est√© en gestaci√≥n, teniendo a los ind√≠genas como base social.

La contracara del problema planteado por Britto, que no es reflejada en su art√≠culo, es el marco hist√≥rico de expoliaci√≥n y exclusi√≥n permanentes que, a lo largo de varios siglos, han sufrido los pueblos originarios latinoamericanos y venezolanos. Es en esta perspectiva hist√≥rica que hay que entender las tensiones que generan en nuestros d√≠as los problemas de tierra y territorio que corresponden en justicia a cada uno de esos pueblos y comunidades, y que pueden ser precisamente la causa de un deseo de separaci√≥n, tal y como ocurri√≥ con los misquitos en la Nicaragua sandinista de los a√Īos 80, caso citado por el autor como ejemplo de sedici√≥n.

Cabe recordar que la c√ļpula sandinista, comenzando por el propio comandante Tom√¡s Borge, admiti√≥ haber cometido lo que califican de graves errores al ignorar y considerar peyorativamente la cultura, las formas organizativas y socio-productivas propias de los misquitos y los afrodescendientes de la costa atl√¡ntica nicarag√ľense, lo que, conjuntamente con la represi√≥n desatada en su contra, propici√≥ la captaci√≥n de un reducido sector de este pueblo por factores somocistas y contrarrevolucionarios. No obstante, es necesario se√Īalar que, luego de llevar a cabo una autocr√≠tica y con el concurso de expertos, se produjo una rectificaci√≥n por parte de las autoridades sandinistas quienes reconocieron las molestias causadas a esa poblaci√≥n y aceptaron la soluci√≥n honrosa de la ‚ÄúAutonom√≠a de la Costa Atl√¡ntica‚ÄĚ.

Convertir a los pueblos indígenas en chivos expiatorios de las maniobras separatistas de grupos dominantes blancos y mestizos, que buscan imponer su perspectiva de clase y sus intereses para apropiarse de determinados recursos, es sumamente injusto y desvía la atención de las verdaderas causas que generan estos procesos.

En cuarto lugar, el reconocimiento de los ind√≠genas como 'pueblos' es en cambio un logro hist√≥rico obtenido a partir de sus luchas y movilizaciones, consagrando el hecho de que, antes que ‚Äėextranjeros‚Äô o ‚Äėmarginales‚Äô, son los pobladores ancestrales de los territorios de nuestra actual Rep√ļblica, y merecen el resarcimiento ante la discriminaci√≥n y el despojo hist√≥rico del desarrollo capitalista/colonialista.

La propuesta de Britto García de eliminar constitucionalmente su condición de pueblos, reproduce el patrón colonial que ha intentado, racismo por medio, homogeneizar a los pueblos diversos, a las diversidades culturales que los constituyen, subsumiéndolos en la identidad nacional monocultural y generando permanentes procesos de etnocidio.

En su art√≠culo, Britto confunde¬†pueblo¬†con¬†Estado. En este sentido es necesario subrayar que el reconocimiento de los pueblos ind√≠genas no tiene porque apuntar a la conformaci√≥n de nuevos Estados. El autor incluso parece obviar el importante debate sobre plurinacionalidad que, reconociendo la existencia de m√ļltiples pueblos dentro de un mismo estado o constituci√≥n, nutri√≥ los pilares ideol√≥gicos del ciclo progresista latinoamericano, del proyecto del Socialismo del Siglo XXI (tambi√©n pensado como indoamericano) y de la idea del Buen Vivir.

En el territorio de Venezuela no hay pueblos que no formen parte de la venezolanidad, que es una y m√ļltiple. Lejos de atentar contra la identidad nacional, el reconocimiento de los derechos culturales y materiales de los pueblos ind√≠genas (que nunca deber√≠an ser disminuidos sino mas bien aumentados) constituyen un componente fundamental para el enriquecimiento significativo y permanente de nuestra identidad y nuestro patrimonio cultural. Britto Garc√≠a deber√≠a entonces sumarse al coro de voces que exige la consulta a todos los pueblos y comunidades que hacen vida en nuestro pa√≠s cuando se trata de proyectos y megaproyectos negociados con grandes transnacionales que involucran recursos y elementos estrat√©gicos relativos a la cesi√≥n de soberan√≠a, la destrucci√≥n masiva de fuentes de agua, biodiversidad y suelos.

Los verdaderos riesgos de p√©rdida de soberan√≠a y fragmentaci√≥n del territorio nacional se asocian hoy en d√≠a a las pol√≠ticas y proyectos extractivistas (como por ejemplo ocurre con el Arco Minero del Orinoco), que se insertan en la l√≥gica y las prescripciones del proyecto regional COSIPLAN-IIIRSA. Como sabemos, dicho proyecto tiene como prop√≥sito la integraci√≥n de los diversos territorios de Am√©rica del Sur, con miras a facilitar el flujo de los ‚Äėrecursos naturales‚Äô expoliados por el gran capital y el reforzamiento de la inserci√≥n subordinada de nuestros pa√≠ses en la globalizaci√≥n neoliberal.

En quinto lugar, con relación al asunto del poder político, Britto invoca a la razón de Estado. En este sentido, conviene recordar que los imperios coloniales y los Estados republicanos post-independencia surgieron en el marco de un antagonismo étnico territorial contra los pueblos y comunidades indígenas, contra sus matrices de vida y sus modos de convivencia. La reducción de la presencia indígena a un asunto geopolítico y de seguridad de Estado, tal y como lo hace Luis Britto, nos retrotrae a ese antagonismo anclado en el eurocentrismo.

La reivindicaci√≥n cerrada de ‚Äúla soberana potestad del Estado de explotar los recursos naturales, sobre todo los del subsuelo, en la totalidad del territorio nacional‚ÄĚ, orienta el argumento pol√≠tico-intelectual del autor hacia el inter√©s y la gesti√≥n que realizan las √©lites administradoras del extractivismo y de la renta en el pa√≠s, actores que, en coalici√≥n con el capital transnacional (sea estadounidense, chino, ruso, europeo, etc.) son los que a fin de cuentas deciden qu√©, cu√¡nto, cu√¡ndo y d√≥nde se extraen los apetecidos ‚Äúrecursos naturales‚ÄĚ para el mercado mundial.

La postura de Britto implica pues, un posicionamiento preferencial ante ese antagonismo étnico territorial que se desarrolla contra los pueblos y comunidades indígenas durante estos procesos de expansión de la apropiación de la naturaleza. De ahí que desestime y desvalorice claramente la consulta previa a los indígenas. Y ante la supremacía de esta potestad estatal, no son sólo los pueblos originarios quienes se ven desarmados, sino también cualquier experiencia territorial (tales como experiencias comunales, productivas y comunitarias) que se pudieran oponer a cualquiera de estos proyectos, a pesar de que en la CRBV estén contempladas las consultas populares y abiertas (arts. 70 y 299).

En nombre del ‚Äúpueblo‚ÄĚ y el ‚Äúdesarrollo‚ÄĚ de la Naci√≥n se ha justificado hist√≥ricamente y en abstracto esta soberana potestad del Estado de explotar los recursos naturales, clausurando adem√¡s las posibilidades de otras gestiones del territorio y de alternativas econ√≥micas. Ya son harto conocidos los resultados que han dejado estos modelos de desarrollo en Am√©rica Latina (pobreza, exclusi√≥n, destrucci√≥n ambiental y dependencia). Dichos resultados han motivado hist√≥ricamente la cr√≠tica y las reivindicaciones pol√≠ticas de diversas expresiones de la izquierda en la regi√≥n, incluso en el marco de la reciente experiencia de los progresismos. En este per√≠odo pol√≠tico de los √ļltimos lustros, aunque se produjo una m√¡s justa distribuci√≥n de las rentas, se agudiz√≥ notablemente la agresi√≥n a los pueblos ind√≠genas, a los territorios y los ecosistemas, profundizando la dependencia de nuestros pa√≠ses al modelo primario exportador y haci√©ndonos finalmente m√¡s vulnerables en el plano internacional ante los efectos de la actual crisis econ√≥mica global.

En sexto y √ļltimo lugar, es preciso reconocer que, renunciando a cualquier pretensi√≥n de idealizar a los pueblos ind√≠genas, √©stos no solo constituyen una parte esencial de la venezolanidad, sino que tambi√©n encarnan modos de vida y saberes de los cuales podr√≠amos aprender para construir alternativas al modelo capitalista rentista y al propio modelo civilizatorio. A pesar de las numerosas agresiones culturales y f√≠sicas a las que son sometidos a√ļn en la actualidad, los pueblos ind√≠genas venezolanos son los principales defensores de las aguas y la biodiversidad del pa√≠s, notablemente amenazadas por las l√≥gicas depredadoras del desarrollismo y las pr√¡cticas de apropiaci√≥n informal sumamente da√Īinas. En este orden de ideas, antes que amenazas y potenciales conspiradores, nuestros pueblos originarios constituyen un factor fundamental que puede contribuir medularmente para salir de la crisis profunda que vive la sociedad venezolana en la actualidad. Es por ello que reivindicamos la consigna ‚ÄėSabino marca el camino‚Äô.

A nuestro juicio, el art√≠culo de Luis Britto Garc√≠a no cae en saco roto. Cada texto tiene su contexto y se incorpora a campos en disputa sobre sujetos, saberes, territorios, valoraciones, derechos y dignidades. M√ļltiples prejuicios y apetencias subyacen detr√¡s de la negaci√≥n de los derechos de los pueblos ind√≠genas. Intereses de transnacionales mineras, petroleras, madereras, entre otras; a los que se suman en su acci√≥n etnocida y ecocida mineros artesanales ‚Äďpor lo general ilegales‚Äď; las √©lites burocr√¡ticas de los Estados que formalizan y legitiman esta l√≥gica de despojo, extracci√≥n y saqueo; todo ello con el concurso de los aparatos argumentales de intelectuales org√¡nicos que apuntalan estos procesos.

El texto de Britto Garc√≠a parece √ļtil para terminar de neutralizar el ya fr√¡gil y carcomido derecho ind√≠gena, lo que generar√≠a un desplazamiento jur√≠dico para finalmente allanar el camino de impulso a la mega-miner√≠a en el Arco Minero del Orinoco y otra serie de proyectos, ahora de la mano de una mayor participaci√≥n e incidencia de las compa√Ī√≠as transnacionales, como se evidencia en el nuevo esquema de negocios propuesto por el Gobierno nacional. Visto as√≠, el art√≠culo contribuye sobre todo a eso que el intelectual mexicano Pablo Gonz√¡lez Casanova denomin√≥ hace ya un tiempo ‚Äúcolonialismo interno‚ÄĚ.

Para finalizar, preocupa la clara advertencia que hace Britto Garc√≠a a quienes puedan oponerse a la tesis por √©l planteada: quien no est√© de acuerdo con este planteamiento es un secesionista, por lo que ‚Äútodo el que quiera dividirnos es nuestro enemigo‚ÄĚ.

Caracas, agosto de 2017

 

*Emiliano Teran Mantovani es¬†soci√≥logo de la UCV, ecologista pol√≠tico y master en Econom√≠a Ecol√≥gica por la Universidad Aut√≥noma de Barcelona.¬†Investigador en ciencias sociales y menci√≥n honor√≠fica del Premio Libertador al Pensamiento Cr√≠tico 2015 por el libro ‚ÄėEl fantasma de la Gran Venezuela‚Äô. Participa en el Grupo Permanente de Trabajo Sobre Alternativas al Desarrollo organizado por la Fundaci√≥n Rosa Luxemburgo y es promotor del Observatorio de Ecolog√≠a Pol√≠tica de Venezuela.

**Francisco Javier Velasco P√¡ez¬†es antrop√≥logo de la UCV y ec√≥logo social, con especializaci√≥n en Ecodesarrollo de la Universidad de Montreal, master en Planificaci√≥n Urbana y Regional menci√≥n Ambiente en la Universidad Mc Gill y doctor en Estudios del Desarrollo del Cendes. Profesor e investigador. Miembro de la Plataforma contra el Arco Minero del Orinoco.