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Asunto:[LEA-Venezuela] EL ACUERDO FRUSTRADO DE PARIS
Fecha:Sabado, 31 de Octubre, 2015  09:53:53 (-0430)
Autor:Julio Centeno <jc-centeno @.......com>

EL ACUERDO FRUSTRADO DE PARIS

Como resultado de las últimas negociaciones sobre el calentamiento global, realizadas en Bonn del 19 al 23 de Octubre 2015, el esperado acuerdo a suscribirse en París en diciembre 2015 frustrará las esperanzas por medidas concretas, eficaces y vinculantes para evitar los escenarios más peligrosos señalados por la comunidad científica internacional. Las negociaciones en marcha priorizan la conveniencia política de conseguir un acuerdo sobre la efectividad de su contenido.

 

Julio César Centeno

 

En la plenaria final, Rusia advirtió sobre la necesidad de un Paris bis (una repetición), ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo este próximo diciembre acorde con la magnitud de la amenaza que se cierne sobre la estabilidad planetaria y la seguridad de la humanidad.

En el origen de esta peligrosa disyuntiva se encuentra la profunda divergencia de intereses entre países industrializados y países en desarrollo, la intención de los países industrializados de desconocer los principios fundamentales del Convenio Marco sobre el Cambio Climático de la Organización de Naciones Unidas suscrito en 1992, las divisiones que se han creado entre los países en desarrollo (Grupo de los 77+China, representando a 130 países) y la intención de los países industrializados de manipular el texto del acuerdo a suscribirse en Paris para adaptarlo a sus intereses estratégicos y evitar sus evidentes responsabilidades por el acelerado calentamiento global en marcha.

Como consecuencia de la debacle en la Cumbre de Copenhaguen en el 2009, oportunidad en la que se debería haber concretado este acuerdo, se inició un proceso de negociación para superar las profundas divergencias entre países industrializados y países en desarrollo, divergencias que provocaron el fracaso de Copenhaguen. Múltiples y tediosas sesiones durante más de 5 años condujeron al Texto de Negociación de Ginebra, formalmente acordado en Febrero 2015 como la única y definitiva base de negociación hacia un acuerdo en Paris en diciembre 2015. A pesar de la complejidad y de las contradicciones del documento, esta decisión fue ratificada en la conferencia de Bonn en Junio 2015.

Las profundas y crecientes divergencias entre países industrializados y países en desarrollo se fundamentan en la tendencia de los primeros a favorecer un nuevo acuerdo sobre el cambio climático, aludiendo a las modificaciones en el escenario internacional desde 1992; mientras que los países en desarrollo mantienen que el acuerdo de París debe ser consistente con lo ya acordado en el Convenio Marco suscrito en 1992 tras 20 años de negociaciones. Este acuerdo establece, entre sus principios fundamentales, la responsabilidad común pero diferenciada y la transferencia de recursos financieros y tecnológicos de los países industrializados a los países en desarrollo.

La tendencia de los países industrializados ha sido la de evadir sus responsabilidades por su desproporcionada emisión de gases de efecto invernadero, en la práctica evadiendo obligaciones ya contraídas en cuanto a responsabilidad diferenciada. Han mantenido una posición igualmente intransigente en cuanto a sus compromisos para la transferencia de tecnologías, según lo acordado en 1992. Aunque han expresado voluntad de transferir 100.000 millones de dólares anuales a los países en desarrollo a partir del 2020, evaden compromisos vinculantes al respecto, mientras destacan que tales aportes, de concretarse, no serían exclusivamente de fondos públicos, en calidad de asistencia, sino que en su mayor parte podrían corresponder a inversiones privadas sujetas a negociaciones comerciales, lo que implica préstamos o compromisos financieros que endeudarían aún más a los países en desarrollo.

Los principales países en desarrollo, como China, India y Brasil, han venido denunciando que el terriblemente frustrante proceso de negociaciones desde la debacle de Copenhaguen es una estrategia premeditada de los países industrializados para retrasar al máximo la entrada en vigencia de un acuerdo que limite sus aspiraciones de ocupar la mayor proporción posible del espacio atmosférico sin costo alguno, aunque sacrifiquen de tal manera las aspiraciones al desarrollo del resto del mundo. De allí lo extremadamente complejo del Texto de Negociación de Ginebra y su inviabilidad como base para la suscripción de un acuerdo, la evasión de compromisos jurídicamente vinculantes y la introducción de un Caballo de Troya en las negociaciones de Lima en diciembre del 2014.

Ante el frustrante avance de las negociaciones desde Copenhaguen 2009 y ante la exasperación de la mayoría de las delegaciones que actúan de buena fe, los países industrializados coronaron sus esfuerzos al lograr imponer en las negociaciones de Bonn en Junio 2015 una táctica operativa según la cual, en lugar de que las negociaciones se mantuvieran abiertas, dirigidas y controladas democráticamente por las delegaciones, se le asignara a los co-presidentes la responsabilidad de proponer el texto de un posible acuerdo, respetando lo establecido en el Texto de Negociación de Ginebra, para luego someterlo a consideración de las plenarias para su ratificación. No por casualidad, en la conferencia de Lima en diciembre del 2014 habían sido elegidos como co-presidentes de las negociaciones Dan Reifsnyder, jefe de la delegación norteamericana y Ahmed Djoghlaf, argelino, con un mandato que se extiende hasta la conferencia final de Paris. Ahmed Djoghlaf sirvió como secretario de la Convención sobre la Diversidad Biológica y coordinador del Global Environment Facility, un sistema financiero basado en Washington y controlado por el Banco Mundial. El Banco Mundial es a su vez un instrumento financiero creado a raíz de la Segunda Guerra Mundial al servicio de los intereses de los países industrializados. Su presidente es siempre un ciudadano de los Estados Unidos de Norteamérica. El norteamericano Dan Reifsnyder, experto negociador, sorprendentemente se ganó la confianza de la mayoría de las delegaciones al señalar: “Nosotros proponemos, ustedes disponen”. Por nosotros se refiere a los co-presidentes, ustedes son los delegados de los países.

Reifsnyder procedió inmediatamente a fraccionar el Texto de Negociación de Ginebra en tres partes: la primera serviría de base para el acuerdo de París; la segunda comprende puntos de controversia que se podrían negociar en próximas conferencias de las partes (COP), mientras la tercera incluye todo lo demás. Pero, cuando los estados miembros han presentado propuestas, o intentado discutir este fraccionamiento arbitrario y sesgado del texto de Ginebra, los co-presidentes son los que deciden, con Reifsnyder a la cabeza, secundado tanto por Djoghlaf como por la secretaria ejecutiva del acuerdo, la costarricense Christiana Figueres. Reifsnyder ha hábilmente convertido el compromiso de “nosotros proponemos, ustedes disponen” en “ustedes proponen, nosotros disponemos”. De esta manera, el texto de negociación rumbo a París quedó efectivamente en manos de la delegación norteamericana.

Cuando algunas delegaciones señalaron, por ejemplo, la indefinición de la transferencia de recursos financieros de los países industrializados a los países en desarrollo, de acuerdo con lo establecido en la convención marco, la reacción de Reifnyder fue que el acuerdo de Paris pudiera incluir referencias a los temas financieros, pero sin incluir cantidades concretas; eso tendría que acordarse y revisarse en sucesivas conferencias de las partes (COP). Múltiples otras propuestas, controversiales por la naturaleza misma de las negociaciones, fueron desviadas por Reifnyder y su etéreo co-presidente para su resolución con la creación de sub-grupos, llamados spin-offs. Si en el sub-grupo no se llegaba a un acuerdo, la propuesta no podía considerarse en la plenaria. Sólo sobre el tema de mitigación se crearon 6 spin-offs en la reunión de junio 2015. Los delegados de los países industrializados en los sub-grupos se aseguraban que tales consensos no se concretaran.

Reifnyder y su asistente co-presidente, Ahmed Djoghlaf, con la complicidad de la secretaria ejecutiva del acuerdo, Christiana Figueres, lograron también que plenarias claves se realizaran a puerta cerrada sólo con la participación de los jefes de delegación, excluyendo a asesores, delegados de organizaciones sociales, ambientalistas, científicos, académicos, prensa y demás observadores. Consiguieron así el encargo de “re escribir” los dos primeros componentes del mutilado Texto de Negociación de Ginebra.

En Septiembre 2015 se reúne en Nueva Delhi, India, el grupo de países conocido como Like-Minded Developing Countries (países en desarrollo afines, conocidos como LMDC por sus siglas en inglés), conformado por China, India, Irán, Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Venezuela, Malasia, Vietnam y Arabia Saudita. El pronunciamiento final señala la necesidad de que la próxima reunión, a realizarse en Bonn en Octubre 2015, encausara la negociación a partir de textos inclusivos, balanceados y contentivos de las posiciones de las partes, sin interpretaciones, “incluyendo claramente opciones reflejando los diferentes puntos de vista de las partes sobre todos los temas”. Se debe restablecer el proceso de negociación dirigido por las partes (party driven), “manteniendo el Convenio Marco como el foro primario intergubernamental para negociar una respuesta global al cambio climático”. Enfatiza que el objetivo del acuerdo de Paris es “la implementación sostenida del Convenio Marco, de acuerdo con los principios y señalamientos del artículo 2, en particular los principios de equidad, responsabilidades comunes pero diferenciadas, capacidades correspondientes y el liderazgo de los países industrializados en la reducción de emisiones, manteniendo la diferenciación entre países en desarrollo y países industrializados en cada elemento del acuerdo”. Enfatiza igualmente que “el acuerdo de París no debe limitarse o centrarse en medidas de mitigación, sino incluir de manera balanceada y exhaustiva los seis elementos identificados en el Mandato de Durban: mitigación, adaptación, finanzas, capacidad, desarrollo y transferencia de tecnologías, así como en la transparencia tanto en acciones, medidas de apoyo, daños y pérdidas”. Este pronunciamiento fue enviado por canales oficiales a la secretaría del Convenio Marco sobre el Cambio Climático y a los co-presidentes de las negociaciones.

En este contexto turbulento se realiza la reunión del 19 al 23 de octubre 2015, la última reunión preparatoria antes de la cumbre de Paris. El grupo de los países en desarrollo (G77+China) destaca allí que el texto de los documentos presentados por los co-presidentes ignora la mayor parte de sus planteamientos y sugerencias, así como los señalamientos del grupo LMDC, por lo que se hacía necesario retomar el Texto de Negociación de Ginebra como el único texto oficial e integral de referencia en las negociaciones conducentes a un acuerdo en Paris. Quedaron así sin efecto los tres componentes fraccionados que los co-presidentes habían tratado de imponer. En segundo lugar, se restableció el proceso de negociación dirigido por las partes, no por los co-presidentes.  

La prepotencia de los co-presidentes, alimentada por la actitud sumisa de múltiples delegaciones, unas bajo presión, otras exacerbadas por el agotamiento de las oportunidades para concretar un acuerdo negociable en Paris en menos de 2 meses, los condujo a tratar de realizar una plenaria donde se propondría una nueva metodología para concluir las negociaciones, sin la presencia del G77+China. Le correspondió a Venezuela denunciar lo absurdo de semejante propuesta e insistir en la necesidad de la presencia del grupo de los países en desarrollo. Se acordó una prórroga que neutralizó la inusitada intención de los co-presidentes.

Los co-presidentes proponen entonces concluir las negociaciones con una plenaria con la participación sólo a los jefes de delegación, como lo habían hecho en oportunidades anteriores.  El G77+China objeta la propuesta, solicitando que la plenaria sea abierta a todos los participantes, incluyendo observadores. Así se consensuó un documento final en esta última reunión negociadora antes de Paris, disponible en el siguiente enlace:

Acuerdo de Paris sobre el Calentamiento Global – borrador del 20 octubre 2015

Todo lo que se encuentra en paréntesis o corchetes está en negociación, carente de consenso. Debido a que no se ha aprobado un reglamento de votación, sólo habrá acuerdo por consenso, con la aprobación de todos los estados miembros. Si esto no ha sido posible en 23 años de negociación, la enorme proporción del texto final de negociación que se lleva a Paris carente de consenso parece indicar que la posibilidad de un acuerdo para efectivamente encarar la amenaza del calentamiento global es cerca de nula.

La dinámica política forzará la firma de algún acuerdo en Paris en diciembre. Expertos en publicidad lo revestirán como un éxito de la diplomacia y una muestra de genuina responsabilidad inter-generacional. Se volverá a hacer referencia a la necesidad de mantener el aumento de temperatura por debajo de los 2°C para finales de siglo, tal y como lo señala la comunidad científica, pero no se especificará como lograrlo, ni con qué medios financieros o tecnológicos. Tampoco se especificarían metas intermedias, ni las responsabilidades de cada parte contratante, ni las penalidades por incumplimiento de los compromisos asumidos.

No faltará mención al compromiso de los países industrializados, voluntario, no vinculante, para transferir 100.000 millones de dólares anuales a los países en desarrollo en el marco del acuerdo. Un compromiso similar al asumido por este mismo grupo de países en la Organización de Naciones Unidas en 1970 de transferir a los países en desarrollo el 0.7% de su producto interno bruto como asistencia al desarrollo. Nunca se ha cumplido. El aporte de Estados Unidos, por ejemplo, nunca ha superado una tercera parte de lo comprometido. En el 2013, 43 años después de asumir este compromiso, el aporte de Estados Unidos fue de 0.2%, Alemania 0.38%, España e Italia 0.16%, Japón 0.23%, Francia 0.41%. Estos aportes se encuentran además normalmente condicionados a la contratación de servicios o empresas del país de origen y a la compra de sus bienes y productos. Esta y múltiples otras experiencias similares son las que justifican la exigencia de los países en desarrollo de que el compromiso de los 100.000 millones de dólares anuales sea parte explícita del acuerdo y jurídicamente vinculante, convirtiéndose junto a la transferencia de tecnología, en condicionantes para el cumplimiento de sus propios compromisos.

El acuerdo de París será un collage de promesas nacionales no vinculantes, peligrosamente sujetas a la voluntad y posibilidades de cada parte contratante. Para Octubre 1, 2015, fecha tope acordada para la presentación de los compromisos voluntarios nacionales, se habían presentado 135 abarcando el 78% de las emisiones globales. En el supuesto de que se cumplieran a cabalidad, la reducción de emisiones para el 2030 sería equivalente a sólo una cuarta parte de la señalada como necesaria para esa misma fecha por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático en su más reciente informe, para evitar un aumento de temperatura superior a los 2°C para finales de siglo. De cumplirse los compromisos voluntarios nacionales presentados hasta la fecha, algo poco probable, el aumento medio de temperatura para finales de siglo superaría los 3°C, un nivel que no se ha registrado en la superficie del planeta desde mediados del plioceno, hace 4 millones de años. Según la Academia Nacional de la Ciencia de Estados Unidos, el nivel del mar entonces se encontraba entre 20 y 24 metros sobre el que conocemos (NAS 2013 – Climate Change Evidence and Causes).

Aunque seguramente se hará referencia a la justicia y la equidad, el acuerdo de París será, en la práctica, una peligrosa fachada que favorece los intereses estratégicos y a corto plazo de a una minoría privilegiada, localizada en países industrializados, mientras penaliza con mayor severidad a la abrumadora mayoría de la población mundial, los habitantes de los países en desarrollo. En París se acordará efectivamente transferir la carga del calentamiento global a los hombros de nuestros descendientes inmediatos, dejándoles como herencia un planeta hostil al desarrollo humano. El acuerdo de Paris, por concretarse en diciembre 2015, entrará en efecto en el 2020.

El calentamiento global amenaza la estabilidad planetaria y la seguridad de toda la humanidad. Durante 23 años se ha dejado la solución en manos de burócratas, algunos incompetentes, otros vendidos a intereses económicos, otros aprovechando la oportunidad para conseguir mezquinos beneficios sectoriales a corto plazo. Es evidente que el proceso de negociación ha fracasado, se han perdido más de dos décadas y se ha exacerbado a límites críticos la magnitud de la amenaza. Urge que la sociedad en conjunto tome conciencia de la naturaleza y magnitud de un fenómeno que amenaza la seguridad de nuestros descendientes más inmediatos y la estabilidad de la naturaleza como la conocemos.

 

Julio César Centeno

Jc-centeno@outlook.com

Octubre 27 2015